Mujer iroqués

sábado, 29 de febrero de 2020

CUIDADOS (II) Concretando los cuidados emocionales

Ya he definido los cuidados y sus circunstancias. Ahora toca revisar los diferentes tipos. Yo los divido en dos grupos: emocionales y logísticos. Podría decir materiales en vez de logísticos pero prefiero ese término, creo que una vez lleguemos a ese punto lo entenderéis.

Los cuidados emocionales nos ayudan a sobrellevar los momentos difíciles. Situaciones que nos ponen al límite de nuestras fuerzas y nos llevan al borde de la desesperación. Y no se trata sólo de acontecimientos extraordinarios, de hecho la mayor parte de nuestro agotamiento y nuestra tensión provienen del día a día, de situaciones que hemos normalizado de puro cotidianas, pero nos desgastan y nos llevan poco a poco hacia abajo.

Voy a desarrollar algunos los cuidados de este tipo que me parecen más importantes.

_ Escucha activa. Parece fácil, pero implica mucho más que oír lo que esa persona necesita decir. Implica atención, empatía y diálogo constructivo. Aunque el tema te parezca trivial, para tu vínculo no lo es, así que no intentes verlo desde tu perspectiva, sino desde la suya. Y, por supuesto, eso significa que debemos centrarnos en lo que necesita compartir, no compararlo con nuestra propia situación ni desviar la conversación ni mucho menos interrumpirle para mirar mensajes. Igual que hay tiempo de calidad, hay escucha de calidad.

_ Atención. Debemos ser capaces de notar cuándo nuestros vínculos se encuentran mal. En demasiadas ocasiones las personas tienden a ocultar sus problemas, porque sienten que deben afrontarlos solos, así que es preciso estar atentos a los síntomas. Y si vemos indicios de que algo va mal, no debemos callar. Creo que en esos casos lo mejor es ser directos, no preguntar ¿Cómo estás? sino decir lo que estamos notando y expresar con claridad nuestra preocupación. Si pese a todo esa persona prefiere sobrellevar la situación a solas debemos respetar su decisión, recordándole que si cambia de idea estaremos ahí.

Acogimiento/abrigo. En ocasiones no necesitamos escucha o consejo, sólo un paréntesis, un espacio seguro para dejar a un lado la carga, vaciar la cabeza y recuperar fuerzas. Puede ser salir, ir de fiesta, pasar unos días juntos aislados de todo, pasear, o tan sólo disfrutar de unas horas calmadas debajo de una batamanta. Se trata de ayudar a construir ese espacio seguro y disfrutarlo, sí, pero sin olvidar que estamos cuidando, que no se trata de nuestra diversión, sino de su reposo. Quiero decir, que si vais a una rave, será porque te ha propuesto explícitamente ir a una rave, no porque a ti te apetezca mucho asistir.

Respetar el espacio. Esto es algo que en demasiadas ocasiones pasamos por alto. A lo mejor lo que necesita nuestro vínculo es su propio tiempo, su propio espacio y su propio aire, y en ese caso tan importante como saber estar es el saber NO estar. Si estoy agotado y tengo por delante unos días libres, a lo mejor lo último que necesito es que aparezcas en mi puerta para animarme. Puede que no necesite animarme, sólo tener ese tiempo para mí, para recoger, limpiar, disfrutar de una lectura, darme un baño relajado, masturbarme, mirar el techo LO QUE SEA. Sarah Anderson lo explica mucho mejor que yo.


Por supuesto, como dije en la primera entrada, ni somos telépatas ni adivinos, pero como medida preventiva nunca deberíamos dar por hecho que hay que rescatar a alguien de su soledad. Y la manera de hacer las cosas es muy simple: preguntar. No es tan difícil, sólo decir ¿te apetece que vaya a verte, o necesitas intimidad?*.

_ Acompañamiento. Justo lo contrario de lo que acabo de plantear. Hay situaciones en las que es es preciso acompañar físicamente porque afrontarlas en solitario puede ser muy duro. Y debemos estar ahí sí o sí. Por ejemplo, pruebas médicas, intervenciones quirúrgicas, poner una denuncia, hospitalizaciones, exponer un TFC, una charla en público, presentar un libro... algunas de esas situaciones pueden parecernos banales, pero la diferencia entre vivirlas con angustia y pasarlas con calma, puede ser tu presencia y tu apoyo.

Y lo mismo cabe si nuestro vínculo sufre una crisis de ansiedad, un ataque de pánico... si no puedes estar ahí en ese preciso momento, usa el móvil: habla, que escuche tu voz, que te sienta, no intentes solventarlo con un chat.

Cumplidos. Es una palabra que me encanta. Se refiere a decir a esa persona las cosas buenas que pensamos de ella y recordarle todo lo positivo tiene. Sí, suena a obviedad, pero muchas veces se nos olvida lo obvio.

_ Amabilidad. Con este término me refiero a la forma de decir las cosas. Si crees que alguien está actuando equivocadamente no debes mirar para otro lado: debes ser sincero y explícito. Pero también creo que es muy importante ser amable. La sinceridad sin amabilidad puede ser treméndamente cruel. Yo he sido cruel y me he autoengañado diciendo que estaba siendo sincero, que me estaba protegiendo, que no estaba preparado para una situación así... pero son sólo excusas. Fui cruel porque no vi nada malo en serlo, y es un error horrible.

Hay muchas otras formas de cuidar emocionalmente. Algunas, como veis, no son necesariamente presenciales, pero salvo que se trate de relaciones a distancia no es mala idea tener en mente cosas como, en caso de una emergencia ¿cuanto tardaría en llegar hasta ti? Vale, eso suena un poco a paranoia pero quiero decir que es bueno tener un protocolo. Por precaución y por respeto, hacia tu tiempo y hacia el de tus vínculos. Por poner un caso menos exagerado, conviene establecer y respetar una agenda, saber cuando no podemos centrar nuestra atención (por ejemplo por motivos laborales) porque, como hemos visto, estas situaciones requieren ese nivel de atención.

Y aunque no haya ninguna situación mala, tener pequeños espacios dedicados específicamente a nuestro vínculo es algo muy positivo. Reservar, quizás, unas horas al día para simplemente charlar, o mandarnos mensajes moñas, o contarnos chistes bobos... lo que nos apetezca, eso también es cuidar, y cuidarnos. Si no es posible establecer esa, digamos, rutina de afecto (no todos tenemos una vida razonablemente ordenada y previsible, de hecho en nuestro entorno lo imprevisible es más normal) sí reservar parte de nuestro espacio libre, y ofrecérselo cuando surja, nunca como una obligación, sino como una opción. Y si no puede o no desea aprovecharlo, aceptar eso igualmente con una sonrisa, porque tan importante como facilitarle a alguien los momentos duros es facilitarle el poder decir No.

Un último punto antes de terminar: los cuidados no son terapia. Si alguien está mal podemos ayudarle a sobrellevarlo, pero si necesita ayuda más cualificada, salvo que seamos profesionales de la psicología (y tampoco, ya que estaríamos implicados emocionalmente) debemos animarle a buscar esa ayuda.

No esperaba alargarme tanto con el tema de los cuidados emocionales, pero una vez más me ha perdido mi logorrea (¿Hay una palabra equivalente para el concepto "extenderse demasiado al escribir"?) así que dejaremos los cuidados logísticos para otra entrada.

 Y, por favor, si creéis que podéis añadir o corregir algo, no lo dudéis, como dije en la primera entrada esto es sólo mi opinión y mi experiencia, y puedo ser muy ignorante o estar muy equivocado.

* Y, por supuesto, preguntar las cosas de una forma no agresiva , no es lo mismo decir ¿no quieres verme? que ¿necesitas espacio?


jueves, 27 de febrero de 2020

CUIDADOS (I) conceptos básicos

En las últimas semanas he leído bastantes comentarios sobre el tema de los cuidados dentro de las relaciones abiertas. En algunos momentos la conversación derivaba hacia detalles que, personalmente, se me escapan, por demasiado teóricos o demasiado abstractos. Pero creo que vale la pena hablar del tema, por eso me he decidido a desarrollarlo en esta mi (no santa) casa virtual.

Vaya por delante que no tengo la formación ni la experiencia precisas para teorizar, por eso voy a limitarme a opinar sobre lo que conozco de primera mano. Hoy expondré el contexto y en la siguiente entrada iremos a lo concreto, los tipos de cuidados.

Lo primero que debemos hacer es explicar qué son y qué no son los cuidados. Para mí son el conjunto de acciones que mejoran la vida de nuestras personas queridas, de modo que puedan superar mejor las dificultades del día a día y las de las situaciones inesperadas. Eso significa que, salvo en contadas ocasiones, cosas como salir de copas, ir de fiesta, echar un polvo... no son cuidados, sino ocio y diversión compartidos. Por supuesto SÍ puede haber casos en los que esa persona necesite ese desear o sentirse deseada, ese espacio de alegría, y entonces sí hablaremos de cuidados, pero son casos concretos, no una generalidad.

No podemos dejar de lado la palabra esfuerzo. De nuevo desde mi punto de vista, las relaciones y los vínculos implican un esfuerzo. En las relaciones laborales, docentes, familiares, amistosas... hay esfuerzo, no de forma continuada, pero sí en situaciones puntuales, y es absurdo plantearse que las relaciones emocionales no funcionen así.

He oído en demasiadas ocasiones (sobre todo dentro del entorno de la anarquía relacional, pero también en el ámbito poliamoroso) que en las relaciones no hay que esforzarse sino fluir. Llamadme escéptico o materialista, pero en general cuando alguien usa ese tipo de términos, sospecho que no estará ahí cuando sus vínculos realmente necesiten apoyo. Si estás agotado/a, has sufrido acoso en el trabajo, te encuentras en una mala situación económica, tu salud está por los suelos, te han duplicado el alquiler o se te ha caído todo el enyesado de la cocina, probablemente necesites algo más que un guasap con corazoncitos y caras sonrientes o un comentario del tipo cómo te comprendo, voy a hacer biodanza para enviarte mis energías positivas.

Eso no significa que la persona fluida sea un jeta o pase de ti. Puede que realmente piense que eso que está haciendo es cuidarte, igual que hay quien cree que rezar es hacer algo. El problema es que tú vives en la Tierra, y él en el Planeta de las Piruletas.

Otro término con el que no estoy de acuerdo es el de la reciprocidad exacta. Hay quienes requieren más cuidados, y quienes están en mejores condiciones para cuidar. Me gusta mucho el símil de las cucharas  porque asume de forma explícita ese desequilibrio. Algunas personas tienen una cantidad de cucharas muy reducida, y para ellos es tremendamente costoso compartirlas. Otros, en cambio, disponen de una reserva enorme de ellas, y pueden ofrecerlas con asiduidad. Es imposible ajustar las cuentas a cero, siempre va a haber un desequilibrio, porque nuestras circunstancias no son iguales.

Eso no implica que la gente cuidadora tenga un suministro inagotable de cucharas. Tienen más, eso es todo. Pero si en una relación, del tipo que sea, es una sola persona la que siempre aporta los cuidados, acabará viniéndose abajo*. Podemos encontrarnos con gente que toma y nunca ofrece nada, y por eso es importante plantearse la siguiente pregunta:

¿A quien debemos ofrecer o pedir cuidados?

Caso real. Hace años, una conocida con quien no tenía ningún vínculo emocional me solicitó cuidados. Esa persona tenía (tiene) pareja y relaciones, pero esos vínculos no le daban cuidados, así que me los pidió a mí. No se los di: por grande que parezca mi suministro de cucharas, tiene un límite. Y si lo derrocho  mis vínculos (y yo mismo) pueden quedar desatendido. Así que tengo que tener claras las jerarquías.

Hay quien opina que no debe haber ningún tipo de jerarquía en nuestras relaciones. Yo no estoy de acuerdo porque para mí las personas no son intercambiables. Por muy bien que me cayera esa conocida, y por mucho que la encontrase agradable, interesante e incluso atractiva, yo no era quien debía atender sus necesidades. Si no era capaz de pedirle esos cuidados a sus vínculos, o si sus vínculos no eran capaces de ofrecérselos NO ES MI RESPONSABILIDAD

Y llegamos a otro término que mucha gente le causa rechazo. La responsabilidad. Cito a Mosca Cojonera: El poliamor (y similares) no son una forma de tener menos ataduras: es una forma de tener más. (léase responsabilidades donde dice ataduras)

Soy responsable de mis vínculos. Aunque puedo apoyar o ayudar puntualmente a otras personas, mis vínculos son a quienes voy a dedicar mis cuidados de forma consensuada y estable. Y no quiero decir mis amantes o mis amores, porque puedo no tener sexo con una persona o no estar enamorada de ella y sin embargo establecer un vínculo afectivo real.

Esto es bidireccional. Tan responsable es quien cuida como quien es cuidado. Si alguien me ofrece sus cucharas, ni debo derrocharlas ni debo tomarlo como un derecho. Agradezco tus cucharas, me esfuerzo por aprovecharlas y, si más adelante estoy en condiciones de compartir las mías contigo, las ofrezco igual que me ofreces las tuyas.

Puede que os esteis preguntando porqué he escrito términos como ataduras o responsabilidades. Porque una relación de este tipo implica un compromiso, no un gesto ocasional. Si uno de mis vínculos sufre, por ejemplo de depresión, o de acoso laboral, o un problema grave de salud, eso no va a solucionarse mágicamente con unos abracitos, y va a ir para largo. He oído en más de una ocasión comentarios del tipo es que no se puede contar contigo para nada o parece que estés esperando a que me lo esté pasando bien para llamarme. Y yo los habré usado en más de una ocasión y ahora me daría de bofetadas por ello

Repito: bidireccional. Si estoy recibiendo cuidados de alguien, respeto sus espacios, su intimidad y sus tiempos. Puede haber situaciones de emergencia, pero si somos adultos funcionales no podemos descargar el peso de nuestro bienestar en otra persona ni reclamar constantemente su atención.

Esto se consigue acordando las cosas con claridad. Si necesitamos el cuidado de alguien, debemos expresarlo de forma explícita, no esperar a que la otra parte lo intuya. Cuando E y yo vimos que podíamos confiar y entendernos, me expuso con términos concisos el tipo de cuidados que podía requerir de mí y viceversa. Eso nos permitió establecer un mínimo de base, y ese mínimo es una atadura, un compromiso real que sigue vigente mientras no negociemos otro. Todo lo demás es un extra que nos ofrecemos porque lo deseamos, no una obligación.

Atadura. Compromiso. Obligación. Suena muy poco divertido. Pero es que la parte divertida la disfrutamos ambos, no supone un esfuerzo.

Para terminar, esto no significa que una relación sin compromisos ni cuidados sea mala en sí. Se habla mucho dentro del discurso poliamoroso del consumo de cuerpos, presentándolo como algo negativo por la carencia de vínculo emocional, pero en sí la promiscuidad no tiene nada de malo, siempre y cuando las partes implicadas sepan qué está pasando. Y sucede lo mismo en el caso del consumo emocional: hay gente que inicia una relación, disfruta del subidón inicial y, en cuanto se le baja el chute de endorfinas pasa directamente a la próxima. Y ni siquiera da por terminada la previa, porque se trata de una relación abierta y eso evita el conflicto de una ruptura, ya se encargará el tiempo. Ambas posturas son legítimas, insisto, una relación puramente hedonista es tan válida como cualquier otra.

Ahora bien, si eliges relaciones en las que no se te requieren cuidados, no tienes derecho a protestar y quejarte por no recibirlos: eres responsable de cómo decides relacionarte, y debes asumir las consecuencias de esas decisiones.

Un último punto: no puedes cargar con el peso del mundo. No hay nada vergonzoso en decir no puedo y tomarte un respiro, y tus vínculos deben ser capaces de entenderlo y respetarlo.

* la queja de mucha gente (hombres) sobre lo mucho que se divorcian las parejas ahora parece obviar el hecho muy descarado de que el peso de los cuidados en las parejas sigue gravitando desproporcionadamente sobre las mujeres. Y no es que ahora tengan menos paciencia, es que hoy en día tienen una salida

domingo, 23 de febrero de 2020

LOCURAS CHURCHILLIANAS

Demasiado tiempo sin escribir. Tenía el propósito de publicar más seguido en enero, pero ya sabéis lo que pasa con los planes de los ratones y de los hombres. Pero bueno, aquí estoy de vuelta, así que gracias a quienes sigáis por aquí por vuestra paciencia

Hace poco he acabado el trabajo para un nuevo monográfico de tecnología militar, esta vez centrado en los aparatos que no funcionaron como se esperaba, o que resultaban tan sofisticados que resultaba imposible producirlos e incluso usarlos, y dentro de ese proyecto he incluido una sección que se podría resumir en PERO ¿QUIÉN PENSÓ QUE ESTO ERA UNA BUENA IDEA?

Pues bien, dentro de ese apartado de Cacharros Majaretas, hay uno que no me resisto a comentar por aquí, ya que lo tiene todo: ideas imposibles, fantasía desbordante, esfuerzo tecnológico valdío y un rostro famosísimo detrás. Ni más ni menos que el ínclito, el inimitable, el único....*redoble de tambores*... ¡¡¡¡¡WINSTON CHURCHILL!!!!!, que cuando estaba inspirado era para echarse a temblar

Porque, como la Historia la escriben los vencedores, a veces parece que las ideas ridículas sólo se les ocurrían a los alemanes. Pero los aliados en general, y los ingleses en particular, tienen una buena cantidad de inventos absurdos, y el que voy a presentaros es digno, no sé ¿de Julio Verne?

Pues resulta que una mañana nuestro primer ministro británico favorito Winston se levantó así, como animado, y le comentó a su mayordomo ... porque yo me imagino a Winston con un mayordomo, así, muy serio, con su elegante traje negro y su plastrón, y siempre una bandeja a mano con una botella de brandy para el desayuno del señor... Bueno, pues eso, que Winston, se levanta murmurando, qué magnífico día para matar boches, y luego le dice al mayordomo

James, mi buen amigo, estaba yo pensando anoche antes de dormirme, con eso de que en nada tendremos una nueva guerra de trincheras como en 1914, sería una buena cosa que hubiera un tanque subterráneo. 

- Por supuesto, milord. Permítame decirle que me parece un pensamiento muy inspirado

- Nah, una fantasía imposible, mi buen James. Construir algo así sería complicado, costoso... probablemente no lograríamos llevar un proyecto así a buen puerto, es mejor centrarnos en las cosas prácticas

- Si me permite la osadía, milord, añadiría que para construir algo tan formidable hace falta tener los huevos bien puestos, los ingleses, le ruego me disculpe, ya se sabe...


(James, por si no lo habéis deducido, es un mayordomo escocés, y con su delicioso acento de las Highland diría... There aren't english eggs to build an underground tank, Mylord)

...Y Churchill, tomándose su brandy con colacao, le miraría frunciendo el ceño y diría...

_ That there aren't eggs? WHAT ISNT EGGS? HOLD ME MY BRANDY WITH COLACAO !!!!

Y luego cogería su teléfono y diría, Elizabeth, querida, páseme con la oficina de ideas chorras, digoooo, el Departamento de Vehículos Especiales

Y, dicho y hecho, a finales de 1939 estaba en marcha el desarrollo del primer y único tanque subterráneo del mundo, un proyecto que sería conocido como The White Rabbitt (por el conejo de Alicia), Nellie (apodo cariñoso dado por Churchill) o, en nombre clave, The Cultivator nº6.

Por resumir, os diré que se trataba de un vehículo excavador de 130 toneladas de peso y 24 metros de largo, formado por dos cuerpos articulados, el principal situado detrás, con un sistema de tracción oruga y dos motores, uno para mover todo el artefacto y otro para dar potencia a la parte delantera, una sección frontal con dos palas rotatorias a ras de suelo y presidida por una gigantesca reja de arado de 10 toneladas de peso. Éste aparato, en la mente de Winston, excavaría una zanja de algo más de dos metros de profundidad y otros tantos de anchura, avanzando sigilosamente hacia las líneas alemanas, y abriendo así un paso seguro a las tropas que le seguirían para saltar sobre los desprevenidos alemanes surgiendo de la tierra delante de sus trincheras. Aquí abajo podéis ver mi recreación del invento

La idea era que la reja iría abriendo el terreno para facilitar el trabajo de las palas rotatorias: estas recogerían la tierra y los escombros y los expulsarían por las tolvas laterales que se aprecian en la parte delantera. Todo el conjunto iría dirigido por su comandante, asomado a esa especie de torrecita cuadrada que hay en la parte superior, que sería lo único que sobresaldría del suelo. La máquina, por cierto, avanzaba excavando a razón de un kilómetro por hora.

Por increíble que parezca, Winston logró convencer al gobierno de su majestad y al gobierno francés, y se encargaron en firme ¡¡¡240 unidades!!! Es más, entre enero y marzo del 40 los observadores alemanes en la línea Sigfrido informaron de un inusual aumento de la actividad en las líneas francesas, sin poder encontrar una explicación, dado que las patrullas enemigas no parecían estar llevando a cabo nada parecido a un reconocimiento táctico. Lo que ignoraban los alemanes era que lo que hacían los franceses era tomar muestras del terreno, para ver por donde sería más fácil lanzar el ataque con las tuneladoras churchillianas, de las cuales Winston (que aquí vemos asistiendo a una demostración) estaba muy, muy orgulloso


Pero ya sabemos que los mejores planes pueden torcerse por circunstancias incontrolables, y sucedió que la guerra no se desarrolló como se esperaba, y no se formó un frente de trincheras con su tierra de nadie y sus líneas de alambradas, tal y como esperaban ingleses y franceses que pasara, y en su lugar hubo una guerra acorazada de alta velocidad que se llevó Francia por delante en un pis pas, y Nellie dejó de tener sentido antes de nacer

Ojo, por increible que parezca, Nellie FUNCIONABA. Aunque, como podéis ver en las siguientes fotos, no era lo que se dice un aparato de manejo sigiloso y discreto.





He mencionado que esta máquina hubiera tenido sentido en 1914. Sí pero no. Porque Nellie tenía un problemilla, o al menos yo creo que lo tenía, algo en lo que ni Churchill ni los ingenieros del departamento de vehículos especiales tuvieron en cuenta

Recordemos la idea: La maquina irá excavando una zanja seguida por la aguerrida infantería, que saldrá practicamente de debajo del suelo para tomar por sorpresa a los atónitos boches. Vale, obviemos que se les ha visto venir desde varias horas atrás. Imaginemos que todos los centinelas alemanes están ciegos de schnaps porque es el cumpleaños de una prima del Führer y no ha tenido lugar ningún diálogo del tipo Hans, oye, esa zanja de hace un rato sigue avanzando despacito hacia nosotros, lanzando chorros de tierra a gran altura, y el caso es que cada vez que caen cascotes en la cosita cuadrada que hay en medio se oyen como insultos en inglés. Qué raro ¿no?

Pues sucede que la incontenible furia de los infantes ingleses tiene un pequeño e insospechado obstáculo en su camino: La propia Nellie, con sus 130 toneladas y sus 23 metros de largo, QUE ESTÁ JUSTO EN MEDIO ¿O acaso va a asomarse el de la cajita y decirles a los alemanes, señores nazis malvados, que no nos vale ¿eh? cruci, que ahora tenemos que meter la reversa y volver a nuestras líneas, y ya si eso en un par de horas llega el asalto incontenible y sorpresivo. Ustedes, como si no nos hubieran visto ¿vale? y ellos Jawoll, jawoll, ustedes a su aire, hagan, hagan.

En fin, para rematar la historia, os diré el primer prototipo funcional fue presentado en 1941, un año después de la caída de Francia. Así que para unas prisas, pues tampoco era. Winston redujo el pedido a 33 unidades que al final se quedaron en 6, entregadas en 1942. Como excusa, y para justificar el coste de todo el proyecto, se adujo que en realidad esas máquinas eran excavadoras de trincheras (Trench-digger) y que su función era trazar líneas defensivas de emergencia en caso de una invasión paracaidista alemana. Al acabar la guerra las 6 máquinas fueron desguazadas y se corrió un tupido velo sobre el proyecto.

En cierto modo es una pena que no guardasen alguna. Yo, cuando veo las fotos, lo veo ideal para una distopía steampunk, sólo necesita una buena caldera de vapor con una fenomenal chimenea y un elegante ribeteado dorado en la hoja del arado.

Pero, aunque no queden las máquinas, tenemos las fotos y, sobre todo, el testimonio del propio Churchill, que mencionó el proyecto en sus memorias y lo comento con esta, a mi parecer, gloriosa frase, digna del viejo león:


ME DECLARO CULPABLE, PERO NO ARREPENTIDO (I'm guilty, but impenitent)

martes, 31 de diciembre de 2019

SEGUIMOS RESPIRANDO


... pero no nos vendría mal un respiro

Porque menudo año, la leche.

Si tengo que resumir 2019 me salen 8 meses navegando contra el viento y sólo estos últimos cuatro pudiendo bajar un poco la guardia y dándole un respiro a los remeros.

Ha sido difícil en todos los aspectos. Para mí y para mis personas más íntimas. Enfermedades largas, cirugía, bullying, problemas familiares, problemas laborales, mudanzas... hemos pasado por momentos realmente duros, y sólo hemos logrado mantenernos a flote a base de esfuerzo, cuidados y atención.

Paradójicamente, eso es lo mejor de este año: que ante un montón de problemas seguidos y, demasiado a menudo, amontonados, todas hemos respondido sin esperar a que nos preguntaran. Sin pegas, sin excusas, funcionando como un equipo bien entrenado. O como varios. Porque cuando mi madre sufrió un accidente en primavera nadie hizo preguntas, los 5 nos organizamos de inmediato sin un roce, todos decididos a dejar las cosas, no como estaban antes del accidente, sino mejor. Y lo hemos logrado. Aunque también ha ayudado que nuestra madre siempre ha sabido adaptarse a los cambios. También ha sido duro para mi chica y su familia, y por ese lado igualmente nos hemos encontrado con algunas luces, trabajo en equipo, reconciliación y dos niñas saltimbanquis convertidas en grandes (y alborotadoras) amigas. Lazos que surgen donde no lo esperas.

Y nuestra red/polifamilia también ha respondido de inmediato a varias crisis graves, algunas simultáneas, lo que dice mucho de su fexibilidad y energía (Tendríais que ver a las chicas moviendo cajas y muebles como si no hubiera un mañana, o amedrentando capullos sin necesidad de desenfundar el bate de beisbol)

Ha habido proyectos truncados o aplazados, desengaños, caminos que no llevaban a ninguna parte... y una vez asumido que hay que pasar página, nuevos proyectos y nuevos caminos. Difíciles y de recorrido desconocido, pero mejor eso que quedarse enfangados en un lodazal hasta que el barro nos cubra ¿no?

A nivel personal, o mejor dicho individual, porque lo que afecta a mis personas más cercanas me afecta personalmente a mí, ha sido un periplo alrededor del sol muy estresante. No recordaba haber estado tan mal de salud en mucho tiempo. Empezó por una alergia que me cogió de sopetón y me dejó tocado durante buena parte de la primavera, y siguió con una lesión que me ha tenido medio año en barbecho corredor, pudiendo salir lo justo como para no perder del todo la forma, pero sin esforzarme ni una micra más de ahí. Parece que ya estoy recuperado, pero no me atrevo a tocar fanfarrias antes de llevar un mes seguido sin molestias.

El trabajo fue causa de mucha tensión. Por una parte, publiqué mi segundo monográfico de paleontología y, sin falsas modestias, creo que he superado (y mucho) el nivel que alcancé en 2018. Por la otra, en vez de descansar en los meses que siguieron me agobié con la falta de encargos y me comí el coco de mil maneras. Me estalló finalmente la cabeza cuando una publicación de renombre quiso publicar mi trabajo... gratis. Y tal y como lo hicieron me llegué a sentir mal por pretender que me pagasen por mi trabajo, como si les estuviera perjudicando con mi egoísmo.

A partir de ahí, por suerte, me centré. Ahora cojo encargos de todo tipo, no sólo de divulgación, y en estos momentos estoy embarcado en el primero de varios proyectos para el año que viene. Puede que necesitara que me estallara la cabeza, después de todo.

Y hasta logro disfrutar como un crío con pequeñas sorpresas, como una charla o un taller en Cuenca, acompañado de mis amores

No es exactamente trabajo, pero mi afición por la Historia me ha dado alguna alegría. Ha salido la segunda edición de mi primer libro, y tengo en marcha el quinto, no tan avanzado como debería, pero voy cogiendo ritmo. No creo que nunca pueda ganarme la vida escribiendo pero está bien saber que la editorial no ha perdido dinero conmigo. Y grabar mis primeros programas en solitario con AHistoria ha sido tenso pero divertido

Y por fin me he parado a mirarme con crudeza, y he visto cosas que no molan nada. No voy a empezar a gritar ¡contra mí las piedras! pero hay cosas que debo (y he empezado a) corregir.

Menudo año fui a elegir para salir del armario con mis hermanos y mis amigos. Pero total, una vez en medio del oleaje, no me iba de un chapuzón más o menos. Tras un chapuzón literal, por cierto, me reuní con una vieja amiga para decirnos todo lo que no nos dijimos en demasiado tiempo, lo torpes que fuimos (yo, desde luego, lo fui) y recordar lo mucho que nos echábamos de menos.

No todo ha sido catarsis. En estos meses he pasado buenos momentos con una persona que siempre está ahí y que sólo con estar me ha ayudado en los momentos más confusos de esta década que, contra todo pronóstico, ha resultado ser la más movida de mi vida, si exceptuamos el embarazo y los primeros años de nuestro hijo. Y, qué leches, ya nos íbamos mereciendo un poco de calma para disfrutarnos.

Y hablando de nuestro hijo, está a veces de un maduro y sensato que me asusto y me dan ganas de decirle ¿de qué planeta vienes y qué has hecho con mi adolescente? Y otras veces simplemente quiero abrazarle y decirle lo orgulloso que estoy de él por mucha vergüenza que le de.

Mi chica y yo nos regalamos unos días tranquilos cerca del mar, y de verdad nos hacía falta aislarnos un poco y dedicarnos sólo a nosotros. El finde friki padre/hija/nuera 😉 en Zaragoza fue otro regalazo, en compañía de gente estupenda de principio a fin, y ganas de volver pronto para volver a abrazarnos, qué carajo.

(Ojalá más tiempo para estar con las maravillosas personas que me rodean, pero soy afortunado de poder compartir de cuando en cuando una tarde con alguna de ellas)

Una aventura y un megacumpleaños han marcado el cierre de una etapa y el comienzo de la siguiente, con incertidumbre (otra vez) aunque ¿quién quería una vida previsible, M? Tú seguro que no. Y yo tampoco, para qué mentir.

Me he encontrado con una amistad inesperada, y una relación amable (gracias, Eva) Dos regalos a sumar al haber de 2019. Y esos últimos meses, cuando hemos podido bajar la guardia en todos los frentes, he empezado a respirar un poco más calmado. Lo necesitaba.

En resumen, y para no aburriros. El año termina mejor de lo que esperábamos hace unos meses. Mañana nuestras chicas y #putoperro vendrán a disfrutar del cambio de año a casa, y cogeremos fuerzas para hacer frente a lo que sea que nos traiga 2020.

Nuestra pequeña familia de Lilo y Stich sigue remando. Y eso es lo que de verdad me importa. En cuanto a lo demás... ya pensaremos cómo cruzar el próximo río cuando lleguemos a su orilla

martes, 5 de noviembre de 2019

MALDITOS MACROBIÓTICOS O porqué le tengo tirria a Rudolf Hess

Ahora que se habla tanto de fachas, debo confesaros que yo tengo un encono personal con Rudolf Hess. Algunos ya sabéis el porqué pero ¡qué leches! Lo voy a explicar para los paseantes.

El señor Hess era un nazi pata negra, un camisa vieja de los que participaron en el putsch de la cervecería. Posteriormente fue secretario de Hitler en prisión, y ahí compiló y mecanografió Mi Lucha. 

Hess, pese a tener esa cara de pardillo, llegó a ser jefe del Partido Nazi tras la subida de Adolf al poder, organizó grandes apoteosis como las olimpiadas de Berlín y, empezada la guerra, se hizo célebre al volar a Escocia para negociar un acuerdo de paz con Gran Bretaña. 

Espoiler: le salió regular. Los ingleses le trincaron, le pusieron a la fresca y, acabada la guerra, le llevaron a Nuremberg para juzgarlo. Una vez allí, su estrategia de defensa consistió en hacerse el loco. 

Literalmente. Cada vez que el juez o el fiscal preguntaban algo él decía ¿mande? y si le insistían respondía no sé quién es ese Hitler de quien me hablan ¿me pueden devolver mi osito de peluche?



No coló, y se tiró el resto de su vida en Spandau, donde diñó hace ya unos años. 

Pues bien, este buen mozo, al igual que muchos gerifaltes nazis, tenía la capacidad intelectual de una avutarda.

Suponiendo que las avutardas fueran gilipollas.

Que no lo son. Dejemos en paz a las avutardas.

Vamos, que era un gilipollas a a secas.

Pues así como a Himmler le dio por buscar pruebas de que los alemanes estaban emparentados con los samurais, y algunos otros nazis se empeñaron en que el yeti era el antepasado de los arios, al señor Hess se flipó con la macrobiótica.

No voy a explicaros lo que es la macrobiótica. Si tenéis curiosidad, tiráis de wikipedia, que no os lo voy a dar todo masticado.

Volviendo a Hess, el menda creía que gracias a la dieta macrobiótica su mente y su cuerpo se purificarían y alejaría la vejez, la enfermedad y las malas vibraciones.

Así que sólo comía comida macrobiótica. Siempre y en todo lugar. Lo cual tiene su dificultad porque no es que haya muchos restaurantes macrobióticos. Pero él tenía un cocinero macrobiótico que le hacía sus cositas macrobióticas y todo bien.

Peeeeeeeeeero...

(Llega el drama)

Resulta que Adolfo, que era un señor muy hogareño, tenía la costumbre de invitar a comer a sus amiguicos. 

Y Hitler era vegetariano, no macrobiótico.

Que no es lo mismo, OJO.

Aunque Hitler decía que el vegetarianismo le daba paz de espíritu y limpiaba su cuerpo. Y le había quitado la violencia.

HITLER.

SÍ.

QUE GRACIAS AL VEGETARIANISMO YA NO ERA MALO.

Badum tsssss

Pues eso, que Hitler invitaba a comer a su casa a Hess, Goering, Goebbels, Bormann, Ley... la NaziPandi, vamos. Todos juntitos comiendo delicias vegetarianas en amor y compañía.

Pero no. TODOS NO.

Porque Hess, como he dicho, sólo comía macrobiótico, así que se traía un Tupper de casa. Se iba para la cocina, se lo daba a la cocinera de Hitler, y esta se lo servía disimuladamente.

Y resulta que un día Hitler se dio cuenta de la jugada, se cabreó, y le puso de patitas en la calle y ya no le ajuntó más, por malqueda.

Y tenía toda la razón del mundo. Porque mi mamá me enseñó que si vas a casa ajena COMES LO QUE TE PONEN EN EL PLATO.

SIN REMILGOS.

SIN DEJARTE NADA.

Y DAS LAS GRACIAS, QUE SE NOTE QUE HAS IDO A BUENOS COLEGIOS.

Lo dicho, Hitler tenía todo el derecho del mundo a cabrearse. Y por eso le tengo especial inquina a Hess 

Porque por su culpa, por su falta de modales en la mesa LE TENGO QUE DAR LA RAZÓN A HITLER.

Y por eso no le perdonaré jamás y espero que tuviera unas hemorroides del tamaño de un balón de rugby y que la comida macrobiótica estriñera mucho y le hiciera cagar duro. Y que en Spandau el papel higiénico fuera El Elefante.

Y me diréis, qué rencoroso. Y os diré, mucho. Que eso no se me hace a mí, Hess, que yo no olvido.

Imbécil. 

Que eres un imbécil y un maleducado.





lunes, 14 de octubre de 2019

¿DE QUÉ ME SUENA SU CARA? Drama amoroso en un acto



Esta majaronada fue una improvisación para la fiesta del 7º Aniversaurio. Se propuso que quienes quisiéramos hiciéramos algo a partir de la frase ¿De qué me suena tu cara? y me vino a la mente una canción del genial Juako Malavirgen llamada "El Caso Es Que Me suenas" . Con ese pie de partida, me monté la película.


Mi memoria, que en algunas cosas resulta prodigiosa, tiene algunos puntos flojos, entre ellos el de asociar caras y nombres. Me puede pasar estar hablando durante horas con alguien sin tener ni puñetera idea de como se llama pese a habernos encontrado media docena de veces. Pero hay ocasiones en las que el problema se pone realmente serio.

La cosa empezó en una fiesta. Risas, copas, música, perreo, algunas sustancias ilegales... lo normal. Entonces veo como se me acerca una chica y me digo, leches, yo a esa la conozco pero no logro ubicarla... ¿de qué me suena su cara?

Y de pronto la moza se planta delante de mí y me dice ¡hola! ¿te acuerdas de mí? y me planta dos besos. Claro, en esas circunstancias no vas a decirle, pues mira, la verdad es que no tengo ni puta idea de quién eres, así que sales del paso con un ¡hostia, cuanto tiempo, tía! ¡qué alegría verte! y empiezas una conversación que sería de lo más inofensiva de no ser porque A: la chica está francamente bien y b: se la ve muy pero que muy ilusionada de estar ahí hablando conmigo, así que en un momento decido lanzar un envite a ver si saco algún dato para recordar de qué me suena...

_ Oye ¿y sigues currando en lo mismo?


¡El comodín del trabajo nunca falla! Bueno, nunca falla salvo hoy porque me responde...

_ Na, eso era un rollo, ahora estoy tomándome las cosas con calma ¡No como tú, que veo que sigues con tus dibujos a tope!

Vale. Al menos ya sé que no se ha confundido de persona, así que, por seguir echando balones fuera le suelto...

_ Pues ya ves, siempre con los lápices. Y ya sabes que si algún día te apetece que te haga un retrato, me tienes a tu disposición

Un por quedar bien ¿no? pero claro, uno está preparado para un vale, un genial, un ... lo que sea menos...

_ Anda que no eres listo ni nada ¡tú lo que quieres es volver a desnudarme!

Para, para, para, ... volver a desnudarla... ¿VOLVER a desnudarla? ¿QUÉ YA LA HE DESNUDADO, Y NO LO RECUERDO? ... Decidido, hoy mismo dejo las drogas, está claro que me afectan más de lo que pensaba

Y ella que me ve la palidez y se parte de risa...

_ ¡No seas tonto, hombre, que estuvo genial, de verdad! Si no te volví a llamar fue porque se me jodió el móvil y no pude recuperar tu número

¡De pronto veo la luz al final del túnel!

_ Oye, pues eso se arregla en un momento, anota, 6, 9.... y hazme una perdida, no sea que también se me haya borrado

¡Dicho y hecho! y cuando me hace la perdida, sale el mensajito "¿desea añadir el número a contacto" ¡¡¡¡SÍ!!!! le damos al OK y el contacto pertenece a....

¿"Tetas"? ¿En serio? ¿Fui tan gilipollas que no puse Juani Tetas, MariPili Tetas, Carlota Tetas? Vale que sí, que la chica es bastante torácica pero ¿Cómo de pedo iba ese día? normal que no me acuerde de nada

A este paso tampoco me acordaré mucho del día de hoy porque en cuanto levanto la mirada del móvil me mete la lengua hasta el gañote y, no sé ustedes, pero a mí en esas circunstancias se me suelen desconectar muchas neuronas. Y entre morreos y magreos la fiesta acaba sin saber quién leches es la moza, pero al menos hemos quedado para el próximo finde, y digo yo que algo averiguaré entretanto.

Y vaya si averiguo cosas, porque el martes se viene a verme mi colega Carlos, a tomar unas cervezas, y me suelta que ya nos vió a la rubia y a mí (¿era rubia? leches, con tan poca luz no lo tengo claro), que ya sabía que la chica me tenía ganas, que lleva varias semanas apareciendo por el bar, preguntando cuando íbamos a quedar, haciéndose la encontradiza... vamos, que él le tiró un par de indirectas, porque está bien buena, pero que nada, que sólo hablaba de mí todo el rato y no le hizo ni caso, que menuda potra tengo, oyes

¿Potra? ¿con amigos como tú?

¡¡¡MAMON!!!

¡¡¡CABRONAZO!!!

¡¡¡VAYA AMIGO DE MIERDA!!!

¡¡¡METIÉNDOLE FICHA A MI DESCONOCIDA!!!

Bueno, de momento he ido salvando los muebles cuando quedamos, que por suerte siempre hay a mano algún apelativo cariñoso para salir del paso ¿no? Churri, pichurri, pichurrina, cielo, corazón, cariño, amor, cosita, reina, princesa, infanta, duquesa, marquesa, condesa... (la aristocracia da mucho de sí), bombón, quesito, torreznito mío (sí, es de curvas generosas)...

Y cuando estamos follando, pues le llamo cochinadas y mira, por ahí tampoco me ha pillado, Dios bendiga al diccionario de sinónimos.

Reconozco que cuando empezamos a ir a comer a casa de sus padres lo pasé mal, pero me dije, bueno, por aquí al menos sacaré su nombre, pero ¡Ja! ¡Que si quieres arroz, Catalina! Que su princesita ya les había hablado de lo nuestro, que qué bien se nos ve juntos a su muñequita y a mí, que me llevo a su pequeña, que no se me ocurra hacer infeliz a su pitufina... Al final he aceptado la realidad: ellos tampoco se acuerdan de como se llama.

Debo decir que mis amigos, pues muy espabilados no son, que llevamos como 11 meses saliendo y aún no se han coscado de que jamás menciono su nombre. Claro que entre porros y birras, tampoco es que piensen mucho, y ya se sabe, que cuando te echas novia empiezas a ver menos a tus colegas y eso te distancia

Sobre todo de Carlos, hijo de la gran p... ¡¡¡¡QUE NO SÉ COMO NO TE METO, PEDAZO DE , DE, DE...!!!!

Pero no creáis que voy a dejar que esto siga así. No señor, he decidido coger el toro por los cuernos de una vez. Llevo ya un par de meses dándole la murga con que, pese a las apariencias, en el fondo yo soy muy, pero que muy tradicional, y al final ha accedido. Así que, el próximo domingo, y de acuerdo a la tradición, el Padre jeremías se dirigirá a mí primero, y cuando me pregunte

_ José A. ¿Aceptas por legítima esposa a...?

SABRÉ CÓMO LECHES SE LLAMA LA MUJER CON LA QUE VOY A COMPARTIR MI VIDA EN LA RIQUEZA Y EN LA POBREZA.

Y, digo yo, que una vez sepa su nombre, por fin averiguaré de qué me suena su cara

viernes, 13 de septiembre de 2019

EL FALSO FEMINISMO DE MÉRIDA (BRAVE)



Hace unos años, cuando se estrenó la película Brave, parte de la promoción se centró en señalar que, por fin, Disney presentaba una protagonista empoderada y feminista, un ejemplo positivo para las niñas, más allá del modelo felizmente sumiso de la princesa soñando con un novio (Blancanieves, Cenicienta, Bella... etc). Supongo que recordaréis los comentarios, la joven Mérida se rebela contra un destino impuesto, reivindica la libertad de las mujeres ... etc, etc, etc

Vaya esto por delante: la peli me gustó mucho. No es lo mejor de Pixar ni de lejos, pero no aburre y visualmente es un espectáculo magnífico.

Dicho esto... PERSONAJE FEMINISTA MIS COJONES

Veamos los personajes femeninos de esta película: hay cuatro, en total. Mérida, la reina Elinor, Maude, la doncella del castillo, y la Bruja. Pero a los efectos de la historia la Bruja es un simple desencadenante y Maude una caricatura con tetas (literalmente, suele ser mucho más visible su escote que su cara)

El planteamiento que nos hace la película es que Mérida es alegre y vital, y su estirada madre pretende encorsetarla (de nuevo, literalmente) en su esperado papel de princesa, de cara a un matrimonio concertado. Mérida se rebela, reclama su libertad y tras un tonto error con un pastelito hechizado dedica el resto de la peli a evitar que maten a su madre. Final feliz, plas plas, lagrimita tras la reconciliación y chistecito (flojo) en la escena poscréditos.

Bueno, pues no sé donde están el feminismo o el empoderamiento. Mérida no está luchando por los derechos de las mujeres, sino por sus privilegios personales. Es una niña caprichosa, que ha hecho su santa voluntad durante años, cuya infancia y preadolescencia ha consistido en ir y venir sin dar cuentas a nadie, cabalgar, escalar, tirar con arco y robarle la comida a Maude siempre que le ha apetecido, sin dar ni golpe ni una sola vez en todo ese tiempo, porque es la princesa heredera.

El drama se inicia porque su madre, oh, cuan malvada, por fin empieza a prepararla para asumir sus responsabilidades como princesa. Porque sus privilegios implican una responsabilidad. El reino es joven, y se basa en la alianza de cuatro clanes que, décadas atrás, se unieron para luchar con un enemigo común y posteriormente reconocieron la autoridad del rey Fergus (aparentemente) con el acuerdo de que uno de los primogénitos de los clanes sería su sucesor tras casarse con su hija.

La reina Elinor no quiere restringir la libertad de Mérida en nombre de viejas tradiciones machistas, sino evitar una guerra civil, porque ni su esposo ni los tres jefes de los demás clanes suman un pensamiento sensato entre los cuatro. De hecho, lo primero que hacen al verse es liarse a hostias, y sólo se detienen cuando ella les llama la atención. Lo que, por cierto, desmiente que el poder esté en manos de Fergus, un alegre descerebrado como el resto: la verdadera autoridad está en manos de la reina, y la estabilidad es muy frágil: un malentendido, un mal gesto, un desprecio, y los viejos rencores entre los cuatro clanes romperán el reino en pedazos. Ella tiene que elegir entre prevenir una matanza y el capricho de su hija de seguir haciendo lo que le plazca.

¿Cómo reacciona Mérida? Enfadándose, pataleando, cerrándose en banda, ahora no respiro hala, y, finalmente, montando el numerito  que desencadena precisamente lo que su madre intentaba evitar. Y lo peor es que la niñata no se siente responsable por los acontecimientos: le importa un carajo que un montón de guerreros furiosos estén dispuestos a matarse entre ellos, y a destruir todo lo que se ha conseguido a lo largo de varias décadas de paz y equilibrio. El símbolo visual que se nos muestra, la ruptura del tapiz, es muy evidente: su gesto va a destruir todo lo tejido por su madre, que no es su familia, sino la paz.

Pensemos por un momento en como ha ejercido Elinor el poder. Ha negociado pacientemente durante años, ha dirigido, guiado, sugerido... gracias a eso la brutal energía de los clanes no se ha derrochado en nuevas guerras y hay prosperidad. La leyenda del Viejo Reino nos muestra lo que sucede cuando el único poder que se ejerce es el de la fuerza de las armas. Por eso, durante la escena de la pelea en el salón del Castillo, los jefes de los clanes no reivindican el poder para ellos, sino que reclaman la presencia de la reina, porque sin ella todo se viene abajo: basta su ausencia durante un día y una noche para la paz se tambalee.

¿Dónde está ahí el empoderamiento? A Mérida se la pela lo que les pase a todas las demás mujeres del reino, no está reivindicando una mierda para ellas, sólo exige seguir con su jiji y su jaja, sin asumir jamás las consecuencias de sus actos. Es más, esas consecuencias no llegan a resolverse: Merida, imitando a su madre, logra preservar la paz pero luego simplemente deja la solución al problema para más adelante, echando la patata caliente en las manos de los primogénitos.

Llegamos al punto más problemático ¿Cómo debería haber actuado Mérida? ¿Hay opciones racionales, frente a la aceptación sumisa o la pataleta caprichosa?

La hay. Por cierto, no se me ocurrió a mí, sino que surgió (como todo este post) en una conversación con una amiga feminista muy puesta en Historia. No olvidemos en esta historia está ambientada en la Edad Media. Los matrimonios entre las casas reales se concertaban porque lo que estaba en juego no era el amor (ese concepto, el del matrimonio por amor, no surge en el imaginario occidental hasta mediado el siglo XIX) sino el poder. Mérida tenía una alternativa y podría haberla puesto en práctica si en vez de bufar cada vez que su madre intentaba enseñarle cómo reinar, hubiera prestado atención a lo que se le estaba mostrando. Si ella es la encarnación del equilibrio, entonces puede negociar, y debería (sola o en acuerdo con su madre) haber tratado directamente con los jefes de los clanes y con sus hijos las condiciones más favorables para ese acuerdo, garantizándose toda la libertad de acción posible*, dejando un plazo razonable antes del enlace a fin de disfrutar de sus últimos años de diversión y garantizando la estabilidad del reino bajo sus condiciones, no en base al resultado de un torneo de arquería.

Esta opción, por supuesto, no le da la posibilidad de seguir disfrutando toda una vida de eternas vacaciones, pero es que esa posibilidad nunca ha existido: más tarde o más temprano estará obligada a gobernar**. No puede renunciar al trono, ya que el acuerdo entre los clanes implica que la sucesión de Fergus no recaerá en sus tres hijos menores sino en otro de los clanes (y los niños, siendo trillizos, podrían además provocar una nueva guerra como la que destruyó el Antiguo Reino). Puede parecer injusto que el destino de la protagonista tenga que seguir unas reglas de juego que la impiden hacer su plena voluntad, pero eso afecta a todos los protagonistas masculinos y femeninos, y ella tiene más opciones que los demás, porque tiene la llave del poder. Y si ha gozado de esa libertad y esos privilegios, y tiene ese poder en su mano, es porque se esperaba que asumiría sus responsabilidades, no porque su ombligo sea el centro del universo

En cambio, el final feliz que se nos muestra es del todo incoherente. No sólo Mérida no va a asumir una mierda de responsabilidad, sino que encima su madre parece que de pronto ha decidido que, total, vámonos a cabalgar, que no pasa nada. A lo mejor se ha dicho, para qué preocuparme, cuando todo estalle yo ya estaré muerta, probablemente por otra metida de pata de mi hija.

Para terminar, no sólo no veo feminismo en esta película. Tampoco le veo sentido a la propaganda que se le hizo a esta película porque Disney hace mucho que presentó a un personaje femenino empoderado y feminista: MULÁN

Mulán no se rebela porque sus privilegios de niña consentida vayan a acabarse, de hecho al inicio vemos que ha aceptado honrar a su familia casándose y teniendo hijos (la escena de la casamentera). Su rebelión se dirige contra la injusticia de no poder reemplazar a su anciano padre por ser mujer. De hecho sabe que elegir ese camino la pone fuera de la ley y al cortarse el pelo y vestir una armadura, se está jugando la vida. No se trata de una paranoia suya ni una pataleta: tras la batalla en la nieve, por vestir de nuevo como mujer, vuelve a ser invisible y despreciada, porque vive en una sociedad brutalmente misógina (en la antigua China las mujeres no eran personas, mientras que en la cultura celta retratada en Brave eran respetadas y tenían, por ejemplo, derecho al divorcio, a la herencia al trono y a sus bienes)

De ahí la fuerza de la escena en la que el jefe enemigo comprende que es una mujer quien le ha vencido, el enorme simbolismo del momento en el que el emperador (y, con él, todo el pueblo) se inclina ante ella, reconociendo su deuda de gratitud, y la dignidad de su rechazo al puesto de poder que merecidamente se le ofrece, porque no ha buscado nunca ese poder, sólo cumplir con su deber familiar.

Como colofón, si bien Mulán siente su poquico de calorcillo por el capitán Li, por que el mozo está muy bien plantado, no hay ningún momento de romanticismo y es él el que acaba yendo tras ella (después de que el emperador le de una colleja, porque todo lo que tiene de guapo lo tiene de corto)

Así que, si buscáis un personaje Disney empoderado de verdad, tenemos una chica de pelo oscuro y ojos penetrantes, que sabe encontrar una oportunidad táctica en medio de una batalla perdida, maneja la espada sin miedo y reparte hostias como panes. Y en cuanto a la pelirroja caprichosa y malcriada ¿qué podemos decirle sino...




*Si alguien cree que las mujeres no podían ejercer el poder en la antigüedad, debería leer la historia de Cleopatra, Zenobia, Boudicca o, si prefieren ejemplos nacionales, Isabel de Castilla. Esta última, precisamente, se caracteriza por haber sido una de las mejores negociadoras de la Europa del siglo XV

** Y porque en algún momento llegará a ser adulta, y eso implica asumir las consecuencias de sus decisiones