Mujer iroqués

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sábado, 24 de febrero de 2024

Donde vivimos la magia




La magia existe. Mucha gente piensa que se trata de agitar una varita y pronunciar un hechizo. No, eso no funciona. La magia es la creación de un espacio y unas condiciones en las que suceden cosas estadísticamente improbables. Los magos profesionales, como Randy, Tamariz, Copperfield... lo hacen estimulando la mente de su público de forma que dejen a un lado su mirada analítica y se entreguen a la maravilla. Pero también puede surgir de forma no intencionada.

Marisol no es maga profesional, y no pensaba en ello cuando abrió su local en la calle Lavapiés. Pero, sin pretenderlo, creó un espacio en el que la magia era posible: El Dinosaurio Todavía Estaba Allí o, como pronto fue conocido, el Dino, a secas.

La clave no era el local en sí, sino ella. Es una mujer muy peculiar, con un carácter firme y una visión del mundo que no coincide con la de quienes la rodean. Cuando quiso escribir poesía la dijeron ¿qué sabes tú de poesía? lo que escribas no va a interesar a nadie. Cuando quiso seguir su camino, y no el que otras personas habían previsto para ella la dijeron ¿cambiar de vida, a tu edad? menuda locura. Y cuando quiso tener un local centrado en los buenos los vinos, la buena mesa y la poesía la dijeron ¿Abrir un bar? si tú no sabes nada de hostelería.

El primer Dino era pequeñito y cuqui
El primer Dino era pequeño y cuqui. Y perverso, pero esa es otra historia

Pues resulta que es una buena poeta (mejor de lo que ella misma cree) ha seguido su camino pese a todas las dificultades (y han sido muchas, y acompañadas de muchos dolores) y ha regentado un local de vinos y poesía (y excelentes platos con nombres sorprendentes) en el que la magia podía ser.

Ser, un verbo que no usamos con toda la intensidad que merece

Yo la conocí en 2012, en una quedada de Golfxs con Principios en el primer Dino (pasado un tiempo, decidió trasladarse a un local mayor, en la calle Ave María) y me dejó sorprendido por cómo lidió con un imbécil que había venido a montar un escándalo. Le hizo frente con firmeza y tranquilidad, y pensé, esa mujer tiene un buen par de ovarios.

Buenos no: buenísimos, y forrados de titanio. Pero eso lo supe más tarde.

Libre se escribe con M de Marisol

Empezamos a conocernos un poco mejor cuando nuestro Grupo de Lectura empezó a acudir al Dino, y no éramos la gente más rara que podías encontrarte ahí. Siendo ella una persona fuera de la norma, su local atraía a otras personas fuera de la norma. La policía debía flipar en colores cuando pasaba por esa calle los miércoles, cuando se celebraban las jornadas de Shibari para todos los públicos. El día que alguien empezó a atar a su modelo en la reja de la ventana, por la parte de fuera, pararon el coche y bajaron frotándose los ojos y buscando en el código qué delito se estaba cometiendo, porque eso debía ser delito ¿no?

Cuando abrió el segundo Dino ya nos teníamos confianza. Flirteábamos, nos reíamos, teníamos pequeñas charlas muy amenas, sacaba a pasear alguna vez a su perrete*... nos habíamos hecho amigos casi sin darnos cuenta. Y, cuando supo a qué me dedicaba, me propuso hacer una exposición de mi trabajo sobre dinosaurios en el Dino, que ahora era, además, una pequeña galería de arte y un espacio para presentaciones y recitales. 

Mi primera exposición, y mi hijo ya me sacaba media cabeza

Yo estaba seguro de que Marisa se sentiría muy a gusto en el Dino, y que ella y Marisol iban a gustarse. Así que un día fuimos allí. Casualmente era noche de poesía. Casualmente Marisol recitaba. Y, casualmente, escuché unos versos suyos que no conocía, y que me atravesaron el pecho y se clavaron bajo mis huesos. Casualmente o no, Marisol y Marisa tuvieron una conversación sin que yo lo supiera: ellas iniciaron una firme amistad y unas semanas después Marisol me llamó para proponerme una cita.

Si enamorarse por un poema no es magia, que baje Houdini y lo diga.

Una vez Marisol me dijo, siempre te veo con mujeres poderosas. Y ellas lo son

Así, en 2016, empezamos a ser pareja, y ya va para 8 años, para pasmo de mucha gente, que no entiende qué es lo que está pasando. Y de esa forma el Dino se convirtió en mi segundo hogar, y empecé a sentir y aceptar la magia.

La gente fuera de la norma atrae a más personas fuera de la norma. Y si se supera una cierta masa crítica, la magia surge. Para muestra, cuatro pinceladas

Una tarde, ella y yo estábamos hablando sobre si hacerse trenzas de estilo africano sería apropiación cultural, y de pronto entró una diosa. Sí, una diosa en forma humana que resolvió nuestras dudas. Y aún volvió un par de veces más, quizás porque quiso bendecirnos con su presencia antes de volver a su panteón, o porque le entusiasmó el plato secreto que Marisol sólo ofrecía a las personas especiales.

En un maravilloso aniversaurio intimamos con una artista que parecía vivir entre dos mundos, y fuimos amigos, apoyo y familia hasta que, una buena mañana, desapareció sin dejar rastro. Quiero creer que regresó a la parte de su vida de la que nunca nos hablaba y que estará bien. Ojalá leas algún día estas palabras, C.

Una tarde de poco movimiento, justo cuando ella se estaba planteando adelantar el cierre, vino un chaval a preguntar si habría sitio para tomar unas copas y tapeo, y acto seguido una docena  larga de paleontólogos entraron y se adueñaron del local. Entre ellos yo tenía algunos conocidos, y se quedaron muy sorprendidos al verme ahí.

Hemos llorado todos juntos, sin pretenderlo pero sin poder resistirnos, a moco tendido, mientras una mujer entonaba en el escenario Canto a la Libertad, de Labordeta. Y luego, aun llorando, nos abrazamos unos a otros, conocidos y desconocidos.


Como digo, me he pasado ahí buena parte de mis días en los últimos 7 años. He sido cliente, masajista, limpiador, recadero, camarero, pinche... creo que lo único que no he hecho es servir cervezas. He comido y cenado de lujo, compartido magníficos debates, reuniones estupendas, disfrutado de recitales y lecturas geniales, hecho amigos y amigas, cuidado a una niña que, de alguna forma, se convirtió en mi hija, reído, llorado, bailado, me he indignado, he celebrado varios cumpleaños, uno de ellos por sorpresa... y me he subido más de una vez al escenario, como podéis comprobar aquí.

Y, por asombroso que resulte, no me han apedreado

El Dino ha sido un rincón seguro para personas que no se sentían seguras ni en su casa. Ha sido un espacio LGTB permanente, no sólo en la semana del Orgullo. Ha sido punto de encuentro y escenario, photocall, referencia para muchos y sorpresa para muchos otros. Se nos han juntado cenas familiares con sesiones de cuerdas, tardes de dibujo con charlas sobre sexo, akelarres feministas** y noches de danza vikinga.

También conocí en el Dino a Eva, mi amigaamada, y allí fuimos tejiendo una amistad que un día resultó ser amor. Así que si hoy estoy casado tres veces es porque un día Marisol abrió el Dino.

Allí hemos sido familia. Simple y llanamente.

Por desgracia, quienes no conocierais de antes el Dino ya no lo podréis descubrir. Todo tiene un final, y, tras una década llena de emociones (y agotadora) Marisol ha echado el cierre y terminado esa aventura para empezar con otras nuevas. Porque así como hay que saber construir, también es bueno saber cuando soltar. Además, la magia, como he dicho, no depende de un espacio físico, sino que la hacemos nosotros. Y una vez la conoces, ya no te abandona.

El último aniversaurio fue, finalmente, el último. Con risas, canciones y baile. Y, sobre todo, amor

No sé qué vendrá ahora, y eso es lo mejor. Vivir sabiendo cual será el siguiente paso es aburrido, yo prefiero disfrutar la próxima sorpresa, y eso es otra cosa que me ha enseñado el Dino: que vale la pena sorprenderse.

* Blue merece una entrada aparte, así que hoy no le mencionaré más

** En una presentación del Manifiesto Scum Silvia, una amiga que hice ahí (y qué paciencia tuviste, Silvia) me pidió que fuera como representante masculino por si a las asistentes les apetecía linchar a alguien. Y allá que fui.


lunes, 19 de diciembre de 2022

Sentirte. Sentirme

Fue una tarde, en una sesión de terapia. 

Sí, terapia. No era simplemente masaje, había mucho más.

Desde hacía un tiempo, la sesión de shiatsu concluía con un largo abrazo. Sentados el uno frente al otro. Nuestras piernas abiertas, abrazándonos también. Notaste que tenía la piel de los brazos seca y me propusiste darme un poco de aceite. Me pareció bien. Te pedí permiso para hacer lo mismo y ambos nos quitamos la camiseta. Luego nos abrazamos de nuevo. Pero esta vez no había tela entre nosotros y sentí el calor de tu piel en la mía. 

Por primera vez.

Alguna sesión más adelante, estando en la misma situación, abrazados con el torso desnudo, te pedí permiso para tomar tu pecho en mi mano. Me miraste sorprendida pero, por alguna razón, no te sentiste incómoda y me dijiste que sí. O quizás si te sentiste incómoda pero también sentiste curiosidad por saber qué iba a pasar.

Tomé, en efecto, tu pecho izquierdo en mi mano derecha. No lo cogí: lo alcé ligeramente por debajo, con la palma de mi mano. Sentí su peso, su firmeza. Su calor, diferente al de la piel que lo rodea. Su suavidad. Sentí que era hermoso, no estéticamente, ni por su sexualidad. Eran los pechos que habían alimentado a tu hijo. Eran parte de ti, no un adorno o un juguete.

Me sentí un privilegiado. Retiré mi mano con cuidado y te di las gracias. Tú seguías mirándome sorprendida. Lo que yo había hecho no te había incomodado, de hecho te había agradado. Pero te desconcertaba.

Yo también estaba desconcertado. No era capaz de entender porqué te pedí eso, ni porqué aceptaste. Sí sentí que había compartido algo que no conocís previamente.

Mucho tiempo después, más de un año, de hecho, intimamos. En esa primera noche estuvimos horas y horas abrazados, desnudos. Hablando con la voz, pero también con la piel. Sólo eso, hablando. Pero hubo algo antes que me dejó asombrado: nuestro primer beso.

Sin ansia, sin tensión. Rozar apenas nuestros labios, sentir, rozarnos un poco más intensamente, prolongar esa caricia, abrazarnos suavemente, acariciar nuestros rostros el uno al otro mientras el beso seguía tomando forma, sin prisa. 

No sé cuanto tiempo nos besamos, sé que nos miramos y te reíste al leer la sorpresa en mi cara. Y esa noche, mientras hablábamos, nos besamos durante horas.

Hubo otras noches, exploramos un poco más allá, y sentimos que era agradable. Y de nuevo te pedí permiso. Para besar tu sexo. No pusiste cara de sorpresa cuando lo hice. La pusiste después, cuando lo besé. Porque hice eso, exactamente eso: besarlo. No lamerlo, ni acariciarlo ni estimularlo: besarlo. Y besé tu vientre al subir de nuevo a abrazarte. Tu vientre me parecía (y me parece) bellísimo. Y esta vez me sorprendí yo, porque al rozarlo con mis labios, noté un estremecimiento en tu piel. Y al acercar finalmente mi rostro al tuyo leí tu sorpresa y también... reconocimiento.

Hace poco me dijiste, sentí que me venerabas. Y era cierto. 

Esa noche, o una de las siguientes, me pediste tú permiso para besar mi sexo. Y yo también sentí algo sorprendente cuando lo hiciste. Me estabas acariciando con tus labios. Igual que cuando me acariciabas con tus manos, no intentando que me excitase o que eyaculara, sólo acariciándolo.

Un día te pedí permiso para besar tus pechos. Sí. Nos pedimos permiso muy a menudo. En realidad, siempre.

Cuando me dijiste, hazlo con cuidado, procuré cuidarlos. Y recibí una caricia dulcísima en mis labios al besarlos. Con respeto y amor.

Y así hemos transitado, ambos, de sorpresa en sorpresa. descubriéndonos, unas veces con miedo, otras con confianza. Descubriendo tu yo masculino, el mío femenino. Tu pene, mi vulva. Tu risa, la mía. Siempre con cuidado y...

... dulzura.

Incluso en los momentos más intensos, cuando ardemos y rompemos todos los límites que pensábamos que eran inamovibles unos minutos antes. Dulzura incluso en mitad del incendio.

Y preguntando. Pidiendo permiso. Sí, todavía, a día de hoy. Y recordando que no pedimos permiso para escuchar un sí, sino para escuchar una respuesta. Porque un sí es tan válido como un no.

Aunque, en el fondo, creo que siempre hacemos la misma petición, aunque cambien las palabras, las situaciones, las sensaciones, la pregunta siempre es la misma:

Por favor ¿puedo sentirte?


Y la respuesta, sea cual sea, es recibida con un gracias.


miércoles, 19 de octubre de 2022

ME APETECE QUEJARME UN POCO (un poco mucho)


Sé que me voy a meter en un jardín, pero allá voy: ESTOY HASTA EL ORTO DE LAS BANDERITAS A LA MEDIDA PARA ORIENTACIONES SEXUALES Y AFECTIVAS

Si se eligió la bandera arco iris para el movimiento LGTB fue porque el arco iris abarca TODOS los colores. Simboliza todas las opciones, y lo simboliza correctamente. Es cierto que además tenía un significado new age, ya sabeis, el amarillo es el sol, el rojo la vida, el morado el espíritu... y eso hoy en día ya se ha perdido (afortunadamente, a ver si ya vamos sacándonos de encima todas las herencias chorras de ese movimiento pijipi)

En cualquier caso, insisto, el arco iris representa TODO, por eso es un símbolo magnífico, elegante y muy agradable de ver. En buena lógica, si representa todos los colores, todo el mundo está incluido ahí, sea cual sea su opción/elección/tendencia/diversidad. Pero no, desde hace más o menos una década y media tooooooooodo el mundo quiere tener su propia bandera.

Y la razón, al parecer, es que nadie se siente adecuadamente representado al 100%. Según algunas personas, eso es debido a que la comunidad gay masculina se ha apoderado de ese símblo y ahora sólo les representa a ellos. Pues mira, NO. 

Evidentemente, la lucha por los derechos de la gente gay ha sido la más visible desde los 70, pero eso no significa que la bandera arcoiris pertenezca a ese movimiento. Y si alguien se cree con derecho a quedársela, lo mejor que se puede hacer con esa persona es reírse en su putera cara (de hecho incluso hubo un juicio cuando alguien quiso exigir la posesión de los derechos sobre la bandera arcoiris, Y PERDIÓ)

Así que no, el arcoiris no representa a la comunidad gay masculina en exclusiva, aunque ellos hayan sido los más visibles y el orgullo gay, en demasiados sitios (Madrid, por ejemplo) se haya convertido en una fiesta de exhibición de señores con dinero y gym.

Entonces ¿porqué ese afán en buscar representación exclusiva para cada tendencia? Pues, desde mi punto de vista (que puede ser erróneo) porque, al parecer, aquí se trata de demostrar que se es más especial y se está más oprimido que el otro. Y, por supuesto, da igual qué categoría quieras representar, esa también se subdividirá porque EH, QUE YO ESTOY MÁS OPRIMIDO QUE TÚ

Y sí, estoy mirando a los pansexuales, mejor dicho, pijobis. Esa gente que se considera oprimida si se les dice que son bisexuales porque ellos aman más allá del género y no más alla del sexo, o algo así (nunca he visto que nadie diera una explicación coherente, quizás sea porque la mayor parte de la gente pansexual que he visto en redes se caracterizaba por ser, oh sorpresa, pijos niños de papá)

A esa gente taaaaaannnnn oprimida y sufridora porque al parecer no respetan sus matices dialécticos (bueno, no creo que sepan lo que es la dialéctica, pero aceptamos pulpo por animal de compañía) sólo puedo decirles ANDA Y QUE TE FOLLEN MAL, POCO Y DE MALA GANA.

Pero, volviendo a las banderas, inevitablemente, la más patética tenía que ser la del poliamor, QUE PARECE UN SOBRANTE DE REPÚBLICA EXOVIÉTICA

No, no voy a enlazarla aquí, porque cualquiera de sus versiones (que no hay acuerdo ni en cual es la buena) es HORRENDA.

Y me la pela muy fuerte lo que diga ningún gurú de mierda. 

_ A: NO NECESITO UNA BANDERA POLI

_ B: NADIE ME HA CONSULTADO SOBRE EL DISEÑO

_ C: DE HECHO YO NO VOTÉ A NADIE PARA QUE DISEÑARA UNA MIERDA NI DECIDIERA POR MÍ


Y ya tener los güevazos de decir que estás oprimido por ser poli... sí, es una mierrrrrrrda no poder tener una relación legal con mi otra pareja y tener que buscar maneras laterales de vincularnos o de encontrar atajos para poder proteger a los menores, pero a mi nadie me ha dado una paliza ni me han perseguido por la calle ni me han echado de un trabajo ni he sido repudiado por mi familia por ser poliamoroso, así que mi situación no es buena, pero no creo que se pueda hablar de opresión, si lo comparamos con otras opresiones mucho más graves. Y, realmente, el cambio legal que se necesitaría para cubrir nuestras reivindicaciones es muy pequeño, sólo haría falta buena voluntad política. 

Y dar ejemplo, sacarlo a la luz más allá de la anécdota de le famose de turno, la noticia con clickbait o la película topica del jiji y el jaja. Demostrar que es real y SE PUEDE. 

La cuestión es que nadie me mira mal, nadie me señala por la calle, si acaso piensan que estoy mal de la azotea pero hasta mi madre a sus 86 católicos y conservadores años ha querido conocer a Eva, joder.

Por supuesto, ayuda mucho el hecho de que soy hombre, si fuera mujer dirían MIRA QUÉ PUTA.

Pero, amigo, eso no es opresión por ser poliamorosa, eso es POR SER MUJER, luego no hace falta una bandera poliamorosa femenina SINO UNA BANDERA MORADA MUY GRANDE Y MÁS APOYO A LA LUCHA FEMINISTA INCLUSIVA, LA QUE NO DEJA FUERA A NINGUNA MUJER, CIS O TRANS.

En fin, exigir mi exclusiva parcelita que me represente bien a mi y sólo a mi porque "yo yo yo yo yo soy más especial que tú" sirve exactamente para NADA. Es atomizar cualquier reivindicación. Es esa cantinela de "yo no voto a tal partido porque no me representa al 100%"

No necesito mi bandera personalizada, ni camisetas ni merchandising exclusivo de mi orientación o elección. Me siento perfectamente representado por la bandera arcoiris, y además me gusta PORQUE ES PRECIOSA.

Es que, de verdad, MENUDOS HORRORES ESTÉTICOS QUE HAY POR AHÍ

Es que como el mensaje monogamo habla de la media naranja, yo creo que nuestro símbolo como poliamorosos debe ser un racimo de uvas.

¿PERO TÚ TE HAS OIDO BIEN, MAJADERO? ¿Y PORQUÉ NO UNA MACEDONIA, O YA PUESTOS UNA JARRA DE SANGRÍA, RAMPANTE SOBRE CAMPO DE LISES?

Y luego tenemos el otro lado, el de los bienintencionados que quieren actualizar la bandera arcoiris porque así todo el mundo podrá incluirse.

Hemos añadido el triangulo con la raya marron para incluir la lucha racial. De acuerdo, entiendo la buena intención, pero a ver cuanto tarda en salir alguien diciendo que ese color no representa a la comunidad nativo americana o a la sinoespañola y exija otra raya color siena tostado. O una franja extra de azul cobalto porque patatitas. Porque si añades más colores, al final la única opción es añadirlos TODOS

Y así, donde había un símbolo conceptualmente universal (INSISTO, EL ARCO IRIS SIMBOLIZA  TODOS LOS COLORES, Y SOLO NECESITA 6 FRANJAS PORQUE ES UN SÍMBOLO, NO UNA FOTO REALISTA DEL ESPECTRO VISIBLE) tenemos un mar de banderitas diminutas y peleadas o un catálogo pantone de 10000 rayitas.

Y hasta aquí mi desahogo de señor mayor, protestón y viejuno, porque no veo solución. Por desgracia, buena parte de la falta de eficacia de los movimientos sociales se debe, precisamente, a que el sistema se sostiene atomizándonos, y repitiendo la idea de que lo importante es el individuo y no la colectividad.

Gracias por asistir a mi tedtalk quejica. Besos a todes (si es que aceptáis y deseáis ese beso)



jueves, 28 de julio de 2022

OHANA IV: Eva



_ (Jose de 2022) Hola. Vengo del futuro. ¿Sabes, esa chica que conociste ayer? Pues, dentro de unos años, seréis pareja

_ (Jose de 2017) Tú flipas

_ (Marisol) Hazle caso, escucha a las brujas a tu alrededor

 Sí, esa habría sido mi reacción. Y la de Marisol.

Era miércoles, día de cuerdas en El Dinosaurio (los miércoles se celebraban quedadas de shibari) y alguien propuso echar una partida de ¿Bang? No, era algo de fantasy.

Ese día vi a Eva por primera vez. Una mujer menudita, de gafas y pelo corto, muy alegre. Su forma de hablar y de mirar era traviesa y risueña. Y nos metió una soberana paliza con las cartas.

Esa tarde hablamos un poco en la barra y nos caímos bien. No nos vimos muy seguido, pero con el tiempo fuimos cogiendo algo de confianza.

Tiempo después conocí a E, su hijo, que tenía 4 años. Vino a ver con él la expo de dinosaurios que hice en El Dinosaurio y le llevé en brazos, explicándole cada imagen. Creo que se lo pasó bien porque no quería bajar.

Un día Eva me propuso una sesión de masaje/shiatsu. Yo solía ir a fisioterapia  así que me dije ¿porqué no? puede que sea buena.

Es buena. De hecho es una excelente masajista, pero va más allá. Lo llama su poder de bruja. Yo lo llamo lectura: lee a su paciente, con las manos, con los ojos, con la piel... y aplica lo que lee.

Puede ser desconcertante. Hay quien se asusta porque te explica lo que ve y les coge por sorpresa. Quizás por eso muchos no repetían. 

Yo repetí. Eva se convirtió en mi masajista, o, mejor dicho, mi terapeuta. No era una cuestión de relajación física. Hablábamos, mucho, y nuestras conversaciones me aliviaban. No porque me dijera lo que quería oír, sino por mostrarme lo que no quería mirar. Me hizo ver que llevaba mucho peso que no era mío, y que no cuidaba de mí mismo. También vio partes de mí que no me atrevía a sacar, y buscó cómo darme herramientas para ello. En ocasiones, al acabar una sesión, me parecía que algo se había disipado, y en otras me parecía que había abierto una puerta y no sabía a donde llevaba.

No era unidireccional. A medida que pasaba el tiempo nos atrevimos, poco a poco, a compartir temas muy personales, tanto ella como yo. Y así, escuchándonos, fuimos ganando más confianza. 

Meses después pasé por un momento muy duro. En Polimad me señalaron (y era cierto) que era invasivo, abusivo, agobiante y, en general, un machito de mierda. Llamé a Eva para disculparme y despedirme, porque también lo fui con ella. Y, para mi sorpresa, me dijo que no deseaba dejar de vernos. Sí, era consciente de como había actuado yo, pero me veía capaz de corregir mis cagadas*, y quería darme esa oportunidad.

En 2019 se vio en una situación difícil. Más que difícil. Confió en mí y me pidió consejo y apoyo. Afortunadamente, pude dárselos. Y pasamos de ser amistades a amigos. Amigos reales.

Entonces llegaron 2020 y la pandemia. Tras la cuarentena quedamos para una sesión y, entonces, pasó algo que no esperábamos: nos abrazamos intensamente, antes y después del masaje. Estuvimos ¿media hora? tal vez más, abrazados. Sin hablar mucho, sólo sintiendo. Al acabar estábamos mareados, como borrachos. Entendimos que nos habíamos echado muchísimo de menos, pero también supimos que ahí había algo de lo que no habíamos sido conscientes. Creo que ambos nos asustamos, pero ninguno salió corriendo.

Empezamos a comprender que, más allá de las sesiones de terapia, e incluso de nuestra amistad, nos estábamos cuidando, el uno al otro. Un mes o dos después, muerto de miedo, me atreví a decir te amo. Y, para mi sorpresa, ella me dijo, yo a ti también.

Nos preguntamos ¿qué somos entonces, el uno para el otro? Amigos no abarcaba lo suficiente, y las otras palabras que suelen usarse no contenían lo que sentíamos. Y, de pronto, de forma espontánea, surgió una palabra. Que era solo nuestra.

Amigaamada

Amigoamado

Los siguientes meses fueron de mucha precaución: no queríamos dar nada por supuesto y, muy despacio, fuimos acercándonos. No había atracción sexual, así que exploramos lo que creímos sería una amistad intima con mucha calma, viendo a dónde nos llevaba.

En Navidad me hizo un regalo. Unos mitones en los que había bordado mis iniciales. Ese día, le dije a su hijo, E, quiero que sepas que amo a tu madre. Y creo que primero dijo ¡Por fin! y luego añadió, con esa mirada tan suya, que ve más allá de lo que tiene delante, ya lo sabía. Y ella también te ama a ti, me lo ha dicho.

Pasamos nuestra primera noche juntos justo cuando se desataba la tormenta sobre Madrid y la nieve empezaba a borrar la ciudad. Esa noche bajamos con cuidado nuestras barreras y, entre los dos, creamos un espacio seguro en el que mostrarnos desnudos. Teníamos mucho miedo, pero nos abrazamos y no dejamos que nos dominara. Hablamos de cosas que nunca habíamos hablado con nadie, expresamos, escuchamos, lloramos, nos dimos aire el uno al otro para seguir... fue una noche de catarsis. Al final, emocionalmente agotados, nos dormimos. 

No nos despertamos hasta la tarde del día siguiente. Y al levantar la persiana de la terraza nos encontramos con casi un metro de nieve y un silencio como yo no había escuchado jamás.

Casi sin darnos cuenta, empezamos a explorar nuestra sexualidad y, sobre todo, nuestra sensualidad. No nos poníamos, no era una fiebre feroz en plan, dios, cómo te deseo. Descubrimos que hacernos el amor era algo que surgía de forma natural, sin prisa y sin temor. Y a medida que exploramos, empezamos a ir mucho más allá de lo que habíamos imaginado. 

Todo ha sido paulatino, hemos ido muy despacio. Ambos tenemos vidas complejas, y encajar algo así en ellas requiere afecto y cuidado, porque no deseamos romper lo que tenemos ni lo que previamente teníamos. Pero eso no significa que pensemos y planifiquemos cada paso. De hecho, todo ha fluido casi sin rozamiento. 

Hubo un momento clave, cuando, estando juntos en un festival, una tragedia golpeó a mi familia. Marisa me dijo, no intentes correr de regreso, no puedes hacer nada, quédate ahí, Eva te cuidará. Y así fue. Al regresar, cuando se vieron, se abrazaron: un gesto de unión entre ellas, gracias por cuidarle, gracias por confiar en mí. Una manera de decir, esto es real, y queremos que permanezca.

Han pasado dos años, quizás un poco más. Poco a poco nos hemos ido dando más espacio, y haciendo que vernos deje de ser algo especial, una cita, para convertirse en algo natural. Incluso hemos empezado a hacer vida cotidiana, compartiendo, no lo mágico y apasionado, sino el día a día. Planificar la compra, tener unas horas de trabajar juntos, cada uno en lo suyo, cocinar, una jornada de limpieza. Intentar que su gata comprenda que las 5 de la mañana no es hora de ponerse a cazar nuestros pies...

Quizás lo más importante, hemos aprendido a comunicarnos. A veces con miedo, porque el miedo está presente, y hemos aprendido que es valioso, y que al ponerlo en palabras le damos una dimensión real, y podemos gestionarlo. Y hemos aprendido a expresar nuestras dudas y nuestro asombro.

También hemos comprendido que No es una respuesta tan válida como Sí. Y no tememos un No porque, sin él, el Sí no vale nada nada

No siempre estamos de acuerdo, lo que no es malo. La diferencia es positiva: ambos aprendemos del otro y encontramos formas diferentes de ver las cosas, fuera de la caja, más allá de nuestra forma previa de pensar**. 

Ha conocido a mi familia, a mi madre, le he hablado de ella a mis hermanos, primos y sobrinos, mi amiga Susana lleva un tiempo diciéndome TÚ, MALQUEDA ¿CUANDO VOY A CONOCER A EVA? Y lo mismo con su familia. No queremos ser un secreto para nadie, porque los secretos son aquello de lo que te avergüenzas, y no vamos a avergonzarnos de amar

Evidentemente nuestra relación tiene límites, y muchas incertidumbres. Pero esos límites no son paredes rígidas e inamovibles, y las incertidumbres son parte de cualquier vínculo. No sabemos qué ríos nos tocará atravesar, pero ya veremos como lo hacemos cuando lleguemos a la orilla.

Entretanto, seguimos caminando, cogiéndonos de la mano y sintiendo que, a donde quiera que nos lleve este camino que estamos creando juntos, estaremos bien.


Y, de cuando en cuando, nos hacemos esa pregunta. ¿Cómo sucedió? ¿Cómo pudimos enamorarnos sin darnos cuenta siquiera? y ¿Cuando pasó eso?

A día de hoy, no hemos podido responderla, y en el fondo me gusta que sea así. No es necesario saberlo todo

*Quiero creer que he sido capaz de dejar atrás esa actitud de mierda, pero me llevó mucho tiempo. Asumir que eres el malo de tu propia película es algo muy duro de tragar

**Por ejemplo, gracias a ella, he empezado a entender el significado de la magia, o al menos uno de sus significados

miércoles, 8 de junio de 2022

OHANA III. C


Hace muchos años, alguien me hizo un encargo desde Tasmania.

No, no estoy bromeando, un señor me escribió un correo desde Tasmania, para encargarme una pequeña secuencia animada con un tilacino. Construí el tilacino, hice la secuencia, y aproveché el modelo para sacar algunos renders como el que veis en esta entrada. Luego subí esos renders a la red, y C los vio.

Me dio follow en twitter, y le devolví el follow. Empezamos a hablar y, al poco, nos cogimos confianza.

Se acercaba el verano ¿2013? y Gs con Ps iba a celebrar una fiesta de despedida. C me dijo, jo, que envidia, aquí nunca pasan cosas tan chulas (vivía en el remoto norte, más allá del muro, en tierras de bárbaros con costumbres retrógradas) y le dije, vente, estás unos días en Madrid, y vamos juntos.

Supongo que ese flussssssh que se oyó hacia el septentrión era ella poniéndose colorada, porque se ponía muy colorada. Se lo sigue poniendo. Le he mostrado este texto antes de publicarlo y sus mejillas han contribuido al calentamiento global.

Hubo muchos jaleos, muchos mensajes, muchos malentendidos... pero al final vino. La recogí en la estación y al verla pensé, qué maja, me gusta. Llegamos a casa, nos dimos una ducha juntos, y luego preparamos la comida a la espera de que llegaran mi chica del trabajo y nuestro hijo del cole. Estaba cada vez más asustada, en plan...

_ Pero ¿tú mujer sabe que me quedo con vosotros un par de días?
_ Sí
_ Y sabe *tono de cara rojo tomate* que vamos a ir a esa fiesta
_ Sí
_ Y lo que puede que hagamos en esa fiesta
_ Sí
_ *Ojos abiertos como platos* ¿Y le da igual?
_ No, no le da igual, le parece bien.

En fin, fue un fiestón, y para nosotros fue un comienzo bueno. Le siguieron muchas movidas, muchas idas y venidas y muchas emociones muy intensas. Y no todas las gestionamos bien. De hecho, muchas las gestionamos fatal. Para ambos era una primera vez en muchos aspectos y no entiendo como logramos no matarnos por el camino. No nos hicimos daño a propósito, pero metimos muchas veces la pata, yo y ella, y más a menudo yo.

Mantuvimos una relación, lo dejamos, lo retomamos, ella vino a vivir a Madrid, fuimos amigos, fuimos amigos y amantes, y después de ser amantes logramos seguir siendo amigos. Y a día de hoy seguimos siendo amigos y seguimos queriéndonos. Así que, quizás, no lo hicimos todo mal.

Ella se siente, en ocasiones, torpe, y a veces se creía cobarde. Yo, que la veo con más objetividad, la considero valiente, inteligente y cuidadosa. Cuidadosa en el sentido de cuidar a quien quiere. 

Es tímida, guapetona, grande y fuerte. Fuerte nivel, me podría matar con un brazo atado a la espalda. Hablé de ella en mi monólogo y ella podrá deciros que no exageré ni un ápice. Se ilusiona con lo que hace, porque por fin, después de muchos años, ha descubierto el placer de hacer las cosas por ella misma, no para contentar a otros. Y es un placer escucharla cuando habla de sus plantas (resulta que tiene muy buena mano con plantas complicadas, a mí se me mueren todas) o de su nueva amiga *guiño, guiño*.

Y, sí, puede que mi criterio no sea neutral, pero sé de alguien (a quien no mencionaré porque es menor de edad) que la quiere y la admira, y esa opinión vale mil veces la mía.

9 años ya de aquel encargo desde Tasmania

Bendito tilacino

jueves, 7 de abril de 2022

OHANA II El porqué

 
Ya hacealgún tiempo que no escribo por aquí. Tanto que por un momento me he preguntado si no debería dar por cerrada esta bitácora, pero al final me siento cómodo teniendo este espacio para hablar de lo divino y lo humano, sin limitaciones de espacio ni tiempo. Y sabiendo que lo que aquí pongo, aquí sigue, y cualquiera puede buscar y leer las cosas que he ido escribiendo en los últimos ¿12 años?

En cualquier caso, vengo pensando de unos meses para acá en tocar algunos asuntos muy personales, no tanto porque crea que quien entre a leer por aquí vaya a encontrarlo interesante (aunque supongo que para algunas personas lo será) sino porque lo que no se menciona, no existe. Y hay hechos y personas que merecen estar a plena luz y recibir nombre.

Sobre todo, personas. Personas que son parte de mi vida y que me hacen preguntarme qué he hecho de bueno para ser tan afortunado. Empezando, como ya supondréis, por mi chica. Si hay un karma y un equilibrio universal, en mi próxima vida me tocará ser grillo, para compensar el habernos conocido.

Pero no es sólo de Marisa de quien quiero hablaros, porque ya la conocéis y suscribo cada palabra que he escrito sobre ella desde que abrí mi blog. Ni de nuestro hijo, personaje queridísimo por los lectores gracias a la serie de entradas del Diario de la Paternidad Responsable. Aunque sí que prometo entradas nuevas sobre ellos, porque es maravilloso llevar más de treinta años al lado de una persona y seguir sorprendiéndome cada día.

Bueno, vamos a tirarnos a la piscina. No es que vaya a salir del armario, del armario ya salimos hace cuatro años, y aquí tenéis el escalofriante documento gráfico que inmortalizó el momento:


Venga, sin anestesia. Algunas de las personas que leéis Episcophagus ya lo sabíais, y otros lo habréis supuesto, pero para el resto, quiero explicar el porqué de Ohana. Como alguien dijo hace un par de años, somos la familia de Lilo y Stich, y eso significa que somos algo más que una familia biológica. De hecho, somos una red.

Hace unos 11 años, Marisa y yo abrimos nuestra pareja. En realidad no, porque para abrir algo primero debería estar cerrado, y nosotros nunca sentimos que fuéramos un espacio cerrado. Lo que sucedió hace 11 años es que, por primera vez, eso dejó de ser algo indefinido y se convirtió en un hecho tangible.

Yo inicié una relación que duró varios años y que, por desgracia, terminó de forma muy dolorosa, probablemente porque no supimos como gestionar nuestras emociones, y eran tan intensas que resultaron devastadoras. A partir de ahí, seguimos caminando y algunas personas empezaron a entrar en nuestras vidas. 

Poco a poco, y sin haberlo previsto, Ohana surgió, fue creciendo, y se volvió muy real.

Alguien tendrá en estos momentos en la cabeza cierta palabrita. Sí, esa que empieza por poli y acaba por amor. Y sí, de acuerdo, el término viene a describir (someramente) nuestra red, pero apenas es un maquillaje. En realidad poliamor es una palabra paraguas, es (como dijo una vez Vimes) nuestro verbo pitufar. Significa, literalmente, cualquier relación afectiva/romántico/sexual en la que hay más de dos personas implicadas. Y eso abarca tanto que, al igual que el verbo pitufar, tampoco significa nada en concreto.

En estos años, de hecho, he estado mucho tiempo* en espacios poli (Poliamor Madrid, en concreto, pero he tenido contactos con Poliamor Valencia y Poliamor Barcelona) y, para qué mentir, nunca he sentido que encajáramos del todo ahí. La mayoría de las personas que conocí en ese mundillo eran gente sin vínculos estables, y pocas de las relaciones que vi forjarse en ese tiempo se planteaban como proyectos a futuro, más allá del subidón inicial (la NRE). Ojo, SI LAS HABÍA Y SÍ LAS HAY, pero no eran mayoritarias. También se hablaba muchísimo de cuidados, pero en demasiadas ocasiones sentí que esa palabra no era más que un eufemismo, dado que nadie parecía estar dispuesto a concretar de qué estaban hablando cuando usaban dicho término.

(Dicho sea de paso, por eso decidí escribir mi propia guía de los cuidados, que ustedes pueden consultar en el puesto instalado en el hall del teatro)


Finalmente, apenas conocí personas que tuvieran una estructura orientada a la crianza. Así que, puede que el término poliamor cubriera también nuestra red, pero éramos más bien una anomalía, un ñu en medio de una manada de cebras. Por eso prefiero pensar que simplemente somos personas que han elegido amar sin exclusividad, libremente.

Pero bueno, si os gusta la palabra, usadla.

Otra razón por la que no me acaba de convencer el término es que, por mucho que se repita hasta la saciedad que de lo que se trata es de formar vínculos emocionales, para la mayoría de los usuarios la cuestión importante es la sexual. Y de nuevo, somos anómalos.

Ohana está formada a partir de unos vínculos que se han ido entretejiendo, y la mayor parte de esos vínculos no tienen un caracter sexual. Puede que en un principio sí lo tuvieran, pero no ahora. Y, en dos de los más cercanos e íntimos, el sexo no está ni se le espera. Cuando planteé esa cuestión en una reunión de Polimad, una chica me miró con sorna y me dijo ¿Y en que se diferencia ese vínculo de la amistad?

No me molesté en decirle que había claras diferencias, tuve claro que, a sus ojos, yo era una especie de pringado**.

Bueno, sea cual sea el caso, y nos designemos como nos designemos, funciona. Y es lo único que me parece relevante.

En cuanto a como funciona, no hay exactamente una jerarquía. No pienso que haya una Pareja Principal sino una centralidad, un núcleo, el que formamos Marisa, Diego y yo. Y a partir de ese núcleo, se ha ido tejiendo el resto. Tampoco es lo que se conoce como Anarquía Relacional, porque, de acuerdo a ese concepto, todas las relaciones deben tener el mismo valor y no se deben establecer etiquetas ni categorías. Y eso no me parece ni siquiera funcional, por una razón muy simple: no creo que haya dos personas iguales ni dos vínculos iguales. 

Alguien dijo una vez, en el contexto de la Agamia, que las relaciones deberían ser equivalentes, y que debería ser tan sencillo y cotidiano quedar con alguien para follar que para tomar un café. A lo cual yo pensé, es que contigo yo NO me tomaría un café, porque no siento la más mínima confianza en ti. 

Ni los vínculos ni las personas son intercambiables. Son, precisamente, las personas, con su maravillosa variedad, lo que nos hace ricos. Y, en las siguientes entradas de esta serie, os hablaré de ellas.

Parafraseando a Ana Belén Rivero, nuestra Ohana es pobre en euros, pero rica en personas.

Y yo, personalmente, me siento millonario

* Dejé poliamor Madrid a finales de 2018 después de que una amiga me señalara CON TODA RAZÖN que mi comportamiento era abusivo e invasivo. Me costó mucho asimilar que, en efecto, ése era Yo.

** Sé que esa persona, cuando dejé polimad, me puso a bajar de un burro. Supongo que tendría sus motivos, y no fue la única



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domingo, 28 de febrero de 2021

CUIDADOS (IV) Las expectativas

Uno de los temas recurrentes en el mundo de las relaciones abiertas es el problema de las expectativas. Resumiendo mucho el argumento general, se viene a decir que tú no eres responsable de las expectativas de otras personas, y a la inversa, que poner unas expectativas demasiado altas en una relación es una forma segura de ahogarla.

Una vez más no hay nada que objetar a esos dos planteamientos. Una vez más, su aplicación práctica puede convertirse con excesiva facilidad en una excusa con la que justificar todo tipo de actitudes y omisiones más que cuestionables, porque facilitan señalar al otro (y sus expectativas) como causa de cualquier desavenencia y sirven de tapadera para nuestro propio egoísmo.

Sobre el papel, se supone que al iniciar una relación deberíamos hablar y consensuar qué debemos esperar de la otra persona. Por desgracia, lo que sucede con demasiada frecuencia es que se da por hecho que, como las expectativas son el problema, debemos reducirlas al mínimo, e incluso deberíamos prescindir de ellas absolutamente, dejando que la relación fluya de forma libre y natural.

A estas alturas del blog supongo que ya sabréis lo mucho que aborrezco ese concepto de fluir.

Para los narcisistas, egoístas, depredadores, o simples perezosos, esa rebaja de las expectativas es una bendición, ya que les permite desatender, abandonar e incluso maltratar a sus relaciones manteniendo en todo momento su aura de santidad. Ellos* no están actuando mal, la culpa es de la otra parte, que se ha creado unas expectativas irreales y además te está asfixiando con ellas.

Evidentemente una relación sin expectativas es perfectamente legítima, siempre y cuando ambas partes estén de acuerdo en ello. Si vuestro único interés es tener a alguien con quien poder echar un polvo o ir a una fiesta, no hay nada malo en ello. 

(He dicho de acuerdo en ello y debería añadir de forma equilibrada, porque he visto relaciones en las que una de las partes siente amenazada su libertad porque la otra le mande un DM  una vez al mes, pero exigen que esa persona cuyas expectativas le parecen tan asfixiantes esté siempre dispuesta a prestarle atención) 

Pero si nuestras relaciones van más allá de lo puramente lúdico, y sobre todo si intentamos construir redes, las expectativas no deberían ser un problema sino una forma de establecer unos mínimos sólidos sobre los que funcionar.

¿Qué puedo esperar, razonablemente, de alguien con quien establezco una relación de intimidad y confianza? (y esto vale para cualquier relación, no sólo las abiertas) Personalmente creo que hay siete puntos irrenunciables, aunque supongo que cada persona tendrá sus propios baremos y límites, así que no lo toméis como un texto sagrado

_ Sinceridad. De partida, porque para establecer un acuerdo razonable es preciso que seamos francos en lo que la relación se refiere. Si sólo busco sexo, debería decirlo abiertamente, no esconderlo bajo un montón de palabrería bonita. A medio y largo plazo, porque si vemos que esa persona nos está mintiendo** y miente a otras personas, lo más sensato es alejarnos, ya que no vamos a poder confiar ni sentirnos seguros. Y si oculta vuestra relación a otras personas con excusas como esto es algo que solo nos incumbe a nosotros, deberías preguntarte cuánto te aprecia realmente

_ Amabilidad. No me cansaré de decirlo, la sinceridad sin amabilidad es crueldad. Si alguien nos golpea una y otra vez con su sinceridad, probablemente no le importemos una mierda.

_ Atención. No se trata de que alguien esté pendiente de nosotros las 24 horas del día, pero sí que responda cuando necesitamos hablar, aunque sea para decir ahora no puedo, te llamo en cuanto esté libre. 

_ Comunicación. Explica porqué haces las cosas. Si la otra persona te propone, por ejemplo, pasar unos días juntos, y prefieres no hacerlo, explícale tus razones, aunque sean pereza o cansancio. No dejes a la otra persona intentando entender qué sucede (y, volviendo al punto inicial, no mientas) 

_ Seguridad. Y hablo de seguridad personal. Deberíamos poder confiar en que alguien que tiene una relación con nosotros no va a hacernos daño de forma activa ni por omisión.

_ Implicación. Si tienes la sensación de que tú llevas todo el peso de la relación, probablemente esa relación sólo exista para ti. No tienes porqué ser tú quien siempre proponga, organice y atienda. Y si hay algún tipo de gasto, salvo que vuestra situación económica sea muy dispar no deberías ser tú quién pague siempre.

_ Respeto. Si alguien ridiculiza tus planteamientos, si te caricaturiza ante otras personas o si se burla de tus ideas, y cuando se lo señalas, en vez de rectificar responde algo así como no se te pude hacer ni una broma, asegúrate de que cierre la puerta por fuera.  

Creo que el concepto está claro: tenemos derecho a esperar que aquellos con quienes nos relacionamos actúen de forma ética, responsable y equitativa, es decir, que sean adultos funcionales, capaces de responsabilizarse de sus actos y decisiones, y asumir su parte de la relación. No se trata de buscar una absoluta reciprocidad, sino de saber que la otra persona responderá, y de que al vincularnos estamos sumando, no siendo utilizados ni parasitados.

Que quede claro, nadie puede obligarte a asumir esas expectativas. Puedes considerar que son ataduras inaceptables y optar por relaciones sin la más mínima responsabilidad afectiva ni ética. Como dije al principio es una elección perfectamente legítima.

Pero si eliges fluir, al menos asume las consecuencias de esa elección, y no exijas a las demás personas lo que tú no estás dispuesto a dar.

* Utilizo el género deliberadamente. Por supuesto que hay mujeres que actúan así, pero en esta sociedad todo está encarrilado a favorecer y justificar ese comportamiento en los hombres, y por eso lo normal es que ese comportamiento sea masculino***

**Todos mentimos en algún momento, el problema es cuando comprobamos que alguien miente de forma continuada y sin necesidad, probablemente porque para él lo cómodo es mentir

*** Si te ha venido a la boca un not all men, es que te has equivocado de blog. Aire.

domingo, 23 de agosto de 2020

OHANA



En alguna ocasión he mencionado películas en este blog. Hoy quiero hablaros de una de mis favoritas. Y, probablemente, la película más importante que ha producido Disney en lo que va de siglo

Jose, somos la familia de Lilo y Stich.

No voy a comentar la magnífica ambientación, la animación impecable, la excelente banda sonora ni el soberbio guión de Lilo y Stich. Cualquiera que la haya visto sabe que es un trabajo perfecto, a la altura de las mejores películas de la era clásica del estudio. Lo que quiero mostraros es lo que de verdad importa en los escasos 85 minutos que dura esta obra maestra.

85 minutos. Parece que nadie es capaz de hacer una buena historia si no cuenta con una trilogía de películas de 150 minutos, 210 en la edición ampliada. Por eso, entre otras muchas cosas, me parece una obra maestra. Todo tiene un sentido narrativo, no hay escenas de relleno ni tiempos muertos.

Vamos al meollo. Hay una niña. Una niña de unos 6, tal vez 7 años. Vive con su hermana mayor, Nani, que tendrá 18 o 19. Son lo que queda de una familia. Sus padres murieron, ellas viven en los restos de una casa que se cae a trozos, sólo se tienen la una a la otra y son víctimas del racismo, el clasismo y la pobreza. Lo que viene a ser lo mismo.

¿Racismo en Lilo y Stich? Sí. Muchísimo racismo. No hablo del que se expresa directamente con Stich, que es considerado poco menos que una alimaña por sus perseguidores, ya que es un híbrido (el cap. Gantu le llama Abominación). Pero está el otro racismo, el eurocéntrico.

Lilo es nativa, y en las Hawaii ser nativo significa ser un ciudadano de segunda en tu propia tierra. Las otras niñas del grupo de baile se burlan de ella, la insultan y le hacen el vacío instigadas por Mertle, una niña rica, picajosa y blanca*. Es la que manda, así que Lilo (que además de nativa es pobre y huérfana) no tiene amigas. Ni siquiera tiene una muñeca de marca, sino una hecha por ella misma, Scrump, a la que abraza cuando se siente sola. Que es casi siempre.



Y clasismo. Las no amigas de Lilo van por la isla a su aire, y nadie piensa que sus padres sean malos padres. Pero Nani y Lilo son pobres, así que siempre están bajo la lupa: si eres pobre, más te vale no cometer el más mínimo error.

No tenemos muchos juguetes

Lilo casi siempre está sola. Nani apenas tiene tiempo para estar con ella porque se mata a trabajar en puestos precarios, ya que ese es el tipo de puesto de trabajo de los nativos. Como su amigo David, que tiene trabajo de... nativo: baila para entretener a los turistas blancos, como el hombre paliducho y de cuello requemado que les ve pasar una y otra vez sin mirarlos. David sólo está un poco mejor que Nani (más animado, menos cansado) porque no tiene una niña a su cargo.

Nani intenta ser madre, hermana y amiga, pero no le llegan las fuerzas, y vive aterrorizada con la idea de que la separen de Lilo. Hasta el punto de que han ensayado qué debe decir Lilo si alguien la pregunta por su día a día. Una escena muy graciosa pero que nos muestra una realidad muy cruda: su familia pende de un hilo muy fino. Y la necesita, necesita desesperadamente seguir con su hermanita. 

Si quieres, puedes irte, pero no te olvidaré. Yo me acuerdo de todos los que se van

Lilo está llena de dolor, lo vemos cuando se tumba en el suelo a escuchar música, o cuando tras unas noches le habla a Stich de su familia. Porque es muy consciente de que la gente que ama acaba desapareciendo, y lo único que puede hacer, lo que la ayuda a seguir adelante, es recordarles. Recordar sus rostros, sus nombres, para que no desaparezcan del todo. Por eso empatiza de esa forma con Stich, porque intuye que ese extraño perrito está incluso más solo que ella, y ella conoce muy bien la soledad

¿Qué les pasó a tus padres? Por las noches te oigo llorar... sé que por eso rompes cosas, y me empujas...

Dolor, pobreza, racismo, soledad... Lilo y Stich no habla de extraterrestres, ni de persecuciones, aunque haya extraterrestres y persecuciones. Habla de lo difícil que es seguir respirando cada día cuando te lo niegan todo, y de lo que significa ser familia. 

La familia no son lazos de sangre. Bueno, sí, lo son**, pero en muchas ocasiones se quedan en eso, y en demasiadas ocasiones esos lazos de sangre excusan cualquier cosa, desde la indiferencia y el abandono hasta el maltrato y los abusos. Pero familia es además la gente que nos importa, y a quien importamos: los que intentaríamos poner a salvo a cualquier precio ante una catástrofe, porque son quienes dan forma y sentido a nuestras vidas.

Al final de la historia  Lilo, Nani, Stich, David, Jumba y Pleakie son una familia. Una familia pequeña y rota, hecha de gente rota, que se cuida y cura sus heridas juntos. Y lo son porque, llegado el momento decisivo (la desaparición de Lilo, secuestrada por Gantu) toman la decisión correcta: darlo TODO en vez de huir o mirar para otro lado. Y eso es lo único que de verdad cuenta: lo que estás dispuesto a sacrificar por aquellos a quienes amas. Su libertad, en el caso de Stich, que acepta la prisión sin luchar porque por fin tiene algo real por lo que hacerlo.

Ohana significa familia, familia significa no te abandonaré, no te olvidaré.

No sé si nosotros somos la familia de Lilo y Stich. Sé que cuando S nos lo dijo casi me eché a llorar, porque no podría habernos dicho algo más bello.

Vosotros sabéis quienes sois. No necesito repetir vuestros nombres: sois mi familia, la de sangre y la elegida, que para mí es lo mismo.

Y os amo

* "Me ha mordido, me tendrán que vacunar". Para Mertle y los que son como ella, Lilo es también un animal
** Tengo el privilegio de haber crecido en una familia que se quiere y se respeta. Y sé que no es lo habitual, por eso digo que es un privilegio

domingo, 1 de marzo de 2020

CUIDADOS (III) Cuidados logísticos

Llegamos a la parte más ¿materialista? del tema. Puede ser una buena palabra, después de todo yo soy materialista, desde el momento en el que creo que las cosas que nos suceden tienen bases materiales.

¿Porqué llamo logísticos a este tipo de cuidados? La logística (cito al diccionario) es el conjunto de los medios necesarios para llevar a cabo un fin determinado. En nuestro caso, el fin es el bienestar de nuestras personas más íntimas y de nosotros mismos, y si bien muchos de los medios que llevan a ese fin son de tipo no material, como los reseñados en la anterior entrada, otros son mucho más físicos. Vamos a ver algunos ejemplos.

_ Mudanzas. Todas conocemos unas diez mil anécdotas graciosas sobre mudanzas, sobre el escaqueo, el follón... pero eso no debería esconder el hecho de que una mudanza puede ser un trastorno muy duro y que es un momento en el que no basta con hacer acto de presencia, además hay que hacerlo de forma útil y razonada. No se trata sólo de cargar cajas, hay que asegurarse de que cuando la mudanza acabe dejes preparado un espacio realmente habitable. Caso real: en la que hicimos hace dos años el primer porte fue colectivo, para llevar los elementos más grandes, y en los siguientes una parte de los asistentes siguió con los portes mientras la otra iba montando armarios y distribuyendo los elementos más básicos, de forma que esa noche se pudiera dormir ahí y empezar a hacer vida a la mañana siguiente. Hacer acto de presencia, saludar y marcharse no es una ayuda, como no lo es mandar corazones y abrazos.

_ Transporte. Caso real, persona lesionada necesita apoyo para llevar bombona de butano. En esta ocasión quien acudió fue alguien que es una intersección (maravillosa) con nuestra red. De nuevo es importante tener claro quienes son las personas que realmente están ahí y cual es su disponibilidad y eficacia.

Sí, suena de lo más frío, pero como dije al principio de esta serie me parece absurdo creer que la gente es intercambiable. Es tan simple como saber que yo no tengo coche, luego yo no podría ayudar en esa situación. Y alguien con una lesión de espalda no debería ayudarnos a mover muebles. Hay que saber siempre con quién puedes contar en cada situación*.

_ Habitabilidad. Caso real, alguien necesita resolver una acumulación prolongada de caos en su casa. Esa persona podría hacerlo por su cuenta, poco a poco, pero ese mismo esfuerzo puede resultar menos gravoso si estamos disponibles para vaciar estanterías, mover, fregar, clasificar, empaquetar... y de nuevo calculando con frialdad cuantas personas debemos estar para no estorbarnos unas a otras y resultar lo más eficaces posible.

_ Planificación de actividades. En todo grupo hay una lamentable tendencia a descargar esas funciones en la persona que sabe. Pero como ya he dicho en varias ocasiones, si somos adultos funcionales, todos deberíamos ser capaces de planificar y no dejar que sea siempre la misma cabeza la que se coma ese esfuerzo. Y si de verdad sólo ella está en condiciones de hacerlo, procurad descargarla de todo el trabajo adicional que suponga esa planificación. Por muy capaz que parezca alguien de asumir peso, si lo asume todo, se romperá.

Todo lo que estoy diciendo de nuevo son lugares comunes, pero no por ello deberíamos dejar de machacarlos. Caso real, una conocida necesitaba ayuda para una reparación doméstica. Aunque nuestra relación no iba más allá de una simpatía mutua acudí a ayudarla porque NI UNO SOLO DE SUS VÍNCULOS SE OFRECIÓ. Debían estar demasiado ocupados fluyendo, no pensemos mal.

La cuestión es que estas ayudas que suenan tan banales son las que mejor encajan en la metáfora que vimos inicialmente, la de las cucharas. Si una persona se encuentra con situaciones como esas y no tiene ayuda, va a consumir una cantidad desproporcionada de cucharas. Y eso puede parecer intrascendente a quienes de partida tienen una buena reserva, pero hay quien va siempre muy, muy justa.

Y eso por lo que se refiere a situaciones puntuales, pero hay al menos dos formas de cuidados cotidianos que pueden ser básicos a la hora de apoyar.

_ Cocinar de forma cooperativa. Qué chorrada ¿verdad? Qué pedestre. Pero puede suponer una diferencia muy grande si cuando planificamos nuestras comidas lo hacemos de modo que esas comidas puedan compartirse.

Caso práctico. Si trabajas en casa puedes planificar bien tus tiempos de cocina. Si decides preparar croquetas, el trabajo previo (hacer la masa con el relleno y dejarlo reposar) es exactamente el mismo si preparas 50 croquetas que si preparas 90. La diferencia viene a la hora de envolver, ya que ahí sales a croqueta por minuto. Diferencia final, 40 minutos. Si le pasas esas 40 croquetas a alguien para que las congele y dosifique, a razón de 7 por vez tiene entre cinco y seis comidas resueltas, lo que supone facilmente unas 10 horas de trabajo suyo ahorradas por 40 minutos tuyos. Quien dice croquetas dice guisos, escabeches, empanadas, bollería... y de paso llenas tu instagram de fotos apetitosas

Y no se trata solo de guisar. Hablamos de cosas como planificar compras, organizar un grupo de consumo... insisto, sé que es algo muy básico, muy banal, pero es que el mayor gasto de energía, de cucharas, es el día a día, el agotamiento, el sentir que todo recae sobre nuestras cabezas. Si una persona llega a casa sin fuerzas, sin tiempo para respirar porque vivimos situaciones laborales que más parecen un paso por un exprimidor de limones que un modo de ganarnos la vida, el saber que no tienes que ponerte a cocinar en ese momento puede ser la diferencia entre consumir tu última cuchara o poder descansar un poco. Y más si esa comida es, además, un gesto de afecto, con todo lo que implica

La cultura del tupper, esa que vinculamos a nuestras madres y abuelas, debería ser parte integrante de nuestras relaciones. Si es que de verdad nuestras redes son nuestras familias elegidas, y no una distracción temporal.

_ Crianza. Y llegamos a la madre del cordero. Si entre tus vínculos hay personas con peques, y vuestra confianza mutua es la necesaria para algo tan importante, podéis colaborar en la crianza. Si no lo habéis vivido no podéis imaginar el desgaste físico y emocional que supone maternar.

¿Qué implica esto? que las personas de una red que vayan a colaborar en una crianza deben estar bien organizadas, de modo que siempre haya alguien disponible tanto para el día a día (ir y venir del cole, revisiones médicas, ocio) como en casos de emergencia (enfermedad, accidentes, puentes, festivos sólo lectivos...) de modo que esa persona a nuestro cuidado nunca se sienta dejada de lado y su padre/madre pueda respirar, e incluso dedicarse un poco a sí misma. Le estás dando lo que más falta le hace: TIEMPO

Eso es importantísimo, si nos involucramos en una crianza NOS COMPROMETEMOS. Hace unos años Alicia Murillo habló de lo dura que puede ser la vivencia poliamorosa para les peques, sobre todo si quienes están a su cargo se dejan llevar continuamente por la NRE y además toman sus decisiones en base a sus emociones del momento. Siento decirlo así, porque suena a que si hay menores en juego tu libertad se ve restringida, pero criar implica dar a esa persona que no puede defenderse una estabilidad emocional y presencial. No puede ser que une peque vea como sus personas de referencia, sus cuidadores, van cambiando cada pocos meses. Algo así le supone, por una parte, tener que adaptarse una y otra vez a situaciones nuevas y estresantes, y por la otra puede llegar a sentir que sus afectos son algo volátil y sus emociones carecen de valor para los demás.

Si te comprometes en una crianza ES PARA CUMPLIR. Si no va a ser así, no se te ocurra ni proponerlo ni pensarlo siquiera. Asume que no es para un día o una semana, que te comprometes a largo plazo. Y que en esa relación lo importante no vais a ser los adultos, que si hay que trocear un pollo, te vas a comer el pescuezo y lo harás asegurando que está delicioso

Si hay menores contigo, no sexteas, no fumas, no llevas drogas (ni una miserable pastilla) ni vas a recogerle oliendo a alcohol, hablas de forma correcta y, si conduces, vas en primera y con el freno de mano echado.

Y añadiré una dificultad más. No basta con que tu vínculo y tú esteis de acuerdo y tengáis esa confianza. Debes contar también con la confianza y la aceptación del/la menor. Si no cuentas con su confianza, con su permiso, NI TE ACERQUES.

Siento ponerme tan radical y tajante, pero he conocido al menos un caso muy doloroso y no quiero ver que se repite por la inconsciencia o la falta de compromiso de quien no sabe donde se está metiendo.

Ahora bien, si todo encaja, y si cuentas con esa aceptación, entiende que te están haciendo un presente valiosísimo y doble. Por una parte estás recibiendo un regalo de la confianza más elevada que puedes imaginar, y por el otro tienes la oportunidad de hacer algo muy valioso, un aporte real, quizás el más importante en términos de cucharas.

Se dice, hace falta la tribu para criar a un niño. Bueno, se supone que lo que hacemos no es pasar el rato, que estamos configurando algo diferente. Y no es mala cosa formar una tribu

Y aquí termino mi exposición. Sé que lo que he contado en estas tres entradas no contiene nada revolucionario, no ha sonado nada glamouroso y no se parece en nada a esa vida festiva y plena que se supone vivimos cuando entramos en las relaciones abiertas (y que existe, ojo, hay redes de afecto sin problemas de cucharas, benditos sean)

Como dije al comienzo de todo, sólo puedo hablar de lo que conozco, y no tengo los conocimientos necesarios para teorizar sobre nuevos marcos de referencia. Pero si vosotros los tenéis, no pasa nada si, mientras teorizáis, dedicáis parte de vuestro tiempo a lo práctico. A compartir vuestras cucharas, porque sin ellas no hay teoría que valga una mierda.

Anexo de última hora: si queréis leer más sobre este tipo de temas (lo que no te cuentan de las relaciones abiertas, o lo que creemos que sabemos, hasta que nos damos con la realidad) os recomiendo con fervor que visitéis https://31ninjas.home.blog/


* Hay casos muy evidentes. Si uno de tus vínculos necesita hospitalidad, sólo podrás ayudar si tienes espacio para acoger**. Si necesita un respaldo económico, como un aval para un alquiler, sólo podrás apoyar si tu situación económica es buena. Y no nos engañemos, vivimos en unos tiempos de precariedad que hacen que esos casos sean muy reales, no algo que vaya a pasar en lugares ignotos

** Y sólo podrás hacer eso si vuestra confianza y sobre todo vuestra flexibilidad y adaptabilidad es la adecuada como para convivir sin que eso se vuelva un lastre. Estamos hablando de una situación que puede ser muy problemática

sábado, 29 de febrero de 2020

CUIDADOS (II) Concretando los cuidados emocionales

Ya he definido los cuidados y sus circunstancias. Ahora toca revisar los diferentes tipos. Yo los divido en dos grupos: emocionales y logísticos. Podría decir materiales en vez de logísticos pero prefiero ese término, creo que una vez lleguemos a ese punto lo entenderéis.

Los cuidados emocionales nos ayudan a sobrellevar los momentos difíciles. Situaciones que nos ponen al límite de nuestras fuerzas y nos llevan al borde de la desesperación. Y no se trata sólo de acontecimientos extraordinarios, de hecho la mayor parte de nuestro agotamiento y nuestra tensión provienen del día a día, de situaciones que hemos normalizado de puro cotidianas, pero nos desgastan y nos llevan poco a poco hacia abajo.

Voy a desarrollar algunos los cuidados de este tipo que me parecen más importantes.

_ Escucha activa. Parece fácil, pero implica mucho más que oír lo que esa persona necesita decir. Implica atención, empatía y diálogo constructivo. Aunque el tema te parezca trivial, para tu vínculo no lo es, así que no intentes verlo desde tu perspectiva, sino desde la suya. Y, por supuesto, eso significa que debemos centrarnos en lo que necesita compartir, no compararlo con nuestra propia situación ni desviar la conversación ni mucho menos interrumpirle para mirar mensajes. Igual que hay tiempo de calidad, hay escucha de calidad.

_ Atención. Debemos ser capaces de notar cuándo nuestros vínculos se encuentran mal. En demasiadas ocasiones las personas tienden a ocultar sus problemas, porque sienten que deben afrontarlos solos, así que es preciso estar atentos a los síntomas. Y si vemos indicios de que algo va mal, no debemos callar. Creo que en esos casos lo mejor es ser directos, no preguntar ¿Cómo estás? sino decir lo que estamos notando y expresar con claridad nuestra preocupación. Si pese a todo esa persona prefiere sobrellevar la situación a solas debemos respetar su decisión, recordándole que si cambia de idea estaremos ahí.

Acogimiento/abrigo. En ocasiones no necesitamos escucha o consejo, sólo un paréntesis, un espacio seguro para dejar a un lado la carga, vaciar la cabeza y recuperar fuerzas. Puede ser salir, ir de fiesta, pasar unos días juntos aislados de todo, pasear, o tan sólo disfrutar de unas horas calmadas debajo de una batamanta. Se trata de ayudar a construir ese espacio seguro y disfrutarlo, sí, pero sin olvidar que estamos cuidando, que no se trata de nuestra diversión, sino de su reposo. Quiero decir, que si vais a una rave, será porque te ha propuesto explícitamente ir a una rave, no porque a ti te apetezca mucho asistir.

Respetar el espacio. Esto es algo que en demasiadas ocasiones pasamos por alto. A lo mejor lo que necesita nuestro vínculo es su propio tiempo, su propio espacio y su propio aire, y en ese caso tan importante como saber estar es el saber NO estar. Si estoy agotado y tengo por delante unos días libres, a lo mejor lo último que necesito es que aparezcas en mi puerta para animarme. Puede que no necesite animarme, sólo tener ese tiempo para mí, para recoger, limpiar, disfrutar de una lectura, darme un baño relajado, masturbarme, mirar el techo LO QUE SEA. Sarah Anderson lo explica mucho mejor que yo.


Por supuesto, como dije en la primera entrada, ni somos telépatas ni adivinos, pero como medida preventiva nunca deberíamos dar por hecho que hay que rescatar a alguien de su soledad. Y la manera de hacer las cosas es muy simple: preguntar. No es tan difícil, sólo decir ¿te apetece que vaya a verte, o necesitas intimidad?*.

_ Acompañamiento. Justo lo contrario de lo que acabo de plantear. Hay situaciones en las que es es preciso acompañar físicamente porque afrontarlas en solitario puede ser muy duro. Y debemos estar ahí sí o sí. Por ejemplo, pruebas médicas, intervenciones quirúrgicas, poner una denuncia, hospitalizaciones, exponer un TFC, una charla en público, presentar un libro... algunas de esas situaciones pueden parecernos banales, pero la diferencia entre vivirlas con angustia y pasarlas con calma, puede ser tu presencia y tu apoyo.

Y lo mismo cabe si nuestro vínculo sufre una crisis de ansiedad, un ataque de pánico... si no puedes estar ahí en ese preciso momento, usa el móvil: habla, que escuche tu voz, que te sienta, no intentes solventarlo con un chat.

Cumplidos. Es una palabra que me encanta. Se refiere a decir a esa persona las cosas buenas que pensamos de ella y recordarle todo lo positivo tiene. Sí, suena a obviedad, pero muchas veces se nos olvida lo obvio.

_ Amabilidad. Con este término me refiero a la forma de decir las cosas. Si crees que alguien está actuando equivocadamente no debes mirar para otro lado: debes ser sincero y explícito. Pero también creo que es muy importante ser amable. La sinceridad sin amabilidad puede ser treméndamente cruel. Yo he sido cruel y me he autoengañado diciendo que estaba siendo sincero, que me estaba protegiendo, que no estaba preparado para una situación así... pero son sólo excusas. Fui cruel porque no vi nada malo en serlo, y es un error horrible.

Hay muchas otras formas de cuidar emocionalmente. Algunas, como veis, no son necesariamente presenciales, pero salvo que se trate de relaciones a distancia no es mala idea tener en mente cosas como, en caso de una emergencia ¿cuanto tardaría en llegar hasta ti? Vale, eso suena un poco a paranoia pero quiero decir que es bueno tener un protocolo. Por precaución y por respeto, hacia tu tiempo y hacia el de tus vínculos. Por poner un caso menos exagerado, conviene establecer y respetar una agenda, saber cuando no podemos centrar nuestra atención (por ejemplo por motivos laborales) porque, como hemos visto, estas situaciones requieren ese nivel de atención.

Y aunque no haya ninguna situación mala, tener pequeños espacios dedicados específicamente a nuestro vínculo es algo muy positivo. Reservar, quizás, unas horas al día para simplemente charlar, o mandarnos mensajes moñas, o contarnos chistes bobos... lo que nos apetezca, eso también es cuidar, y cuidarnos. Si no es posible establecer esa, digamos, rutina de afecto (no todos tenemos una vida razonablemente ordenada y previsible, de hecho en nuestro entorno lo imprevisible es más normal) sí reservar parte de nuestro espacio libre, y ofrecérselo cuando surja, nunca como una obligación, sino como una opción. Y si no puede o no desea aprovecharlo, aceptar eso igualmente con una sonrisa, porque tan importante como facilitarle a alguien los momentos duros es facilitarle el poder decir No.

Un último punto antes de terminar: los cuidados no son terapia. Si alguien está mal podemos ayudarle a sobrellevarlo, pero si necesita ayuda más cualificada, salvo que seamos profesionales de la psicología (y tampoco, ya que estaríamos implicados emocionalmente) debemos animarle a buscar esa ayuda.

No esperaba alargarme tanto con el tema de los cuidados emocionales, pero una vez más me ha perdido mi logorrea (¿Hay una palabra equivalente para el concepto "extenderse demasiado al escribir"?) así que dejaremos los cuidados logísticos para otra entrada.

 Y, por favor, si creéis que podéis añadir o corregir algo, no lo dudéis, como dije en la primera entrada esto es sólo mi opinión y mi experiencia, y puedo ser muy ignorante o estar muy equivocado.

* Y, por supuesto, preguntar las cosas de una forma no agresiva , no es lo mismo decir ¿no quieres verme? que ¿necesitas espacio?


jueves, 27 de febrero de 2020

CUIDADOS (I) conceptos básicos

En las últimas semanas he leído bastantes comentarios sobre el tema de los cuidados dentro de las relaciones abiertas. En algunos momentos la conversación derivaba hacia detalles que, personalmente, se me escapan, por demasiado teóricos o demasiado abstractos. Pero creo que vale la pena hablar del tema, por eso me he decidido a desarrollarlo en esta mi (no santa) casa virtual.

Vaya por delante que no tengo la formación ni la experiencia precisas para teorizar, por eso voy a limitarme a opinar sobre lo que conozco de primera mano. Hoy expondré el contexto y en la siguiente entrada iremos a lo concreto, los tipos de cuidados.

Lo primero que debemos hacer es explicar qué son y qué no son los cuidados. Para mí son el conjunto de acciones que mejoran la vida de nuestras personas queridas, de modo que puedan superar mejor las dificultades del día a día y las de las situaciones inesperadas. Eso significa que, salvo en contadas ocasiones, cosas como salir de copas, ir de fiesta, echar un polvo... no son cuidados, sino ocio y diversión compartidos. Por supuesto SÍ puede haber casos en los que esa persona necesite ese desear o sentirse deseada, ese espacio de alegría, y entonces sí hablaremos de cuidados, pero son casos concretos, no una generalidad.

No podemos dejar de lado la palabra esfuerzo. De nuevo desde mi punto de vista, las relaciones y los vínculos implican un esfuerzo. En las relaciones laborales, docentes, familiares, amistosas... hay esfuerzo, no de forma continuada, pero sí en situaciones puntuales, y es absurdo plantearse que las relaciones emocionales no funcionen así.

He oído en demasiadas ocasiones (sobre todo dentro del entorno de la anarquía relacional, pero también en el ámbito poliamoroso) que en las relaciones no hay que esforzarse sino fluir. Llamadme escéptico o materialista, pero en general cuando alguien usa ese tipo de términos, sospecho que no estará ahí cuando sus vínculos realmente necesiten apoyo. Si estás agotado/a, has sufrido acoso en el trabajo, te encuentras en una mala situación económica, tu salud está por los suelos, te han duplicado el alquiler o se te ha caído todo el enyesado de la cocina, probablemente necesites algo más que un guasap con corazoncitos y caras sonrientes o un comentario del tipo cómo te comprendo, voy a hacer biodanza para enviarte mis energías positivas.

Eso no significa que la persona fluida sea un jeta o pase de ti. Puede que realmente piense que eso que está haciendo es cuidarte, igual que hay quien cree que rezar es hacer algo. El problema es que tú vives en la Tierra, y él en el Planeta de las Piruletas.

Otro término con el que no estoy de acuerdo es el de la reciprocidad exacta. Hay quienes requieren más cuidados, y quienes están en mejores condiciones para cuidar. Me gusta mucho el símil de las cucharas  porque asume de forma explícita ese desequilibrio. Algunas personas tienen una cantidad de cucharas muy reducida, y para ellos es tremendamente costoso compartirlas. Otros, en cambio, disponen de una reserva enorme de ellas, y pueden ofrecerlas con asiduidad. Es imposible ajustar las cuentas a cero, siempre va a haber un desequilibrio, porque nuestras circunstancias no son iguales.

Eso no implica que la gente cuidadora tenga un suministro inagotable de cucharas. Tienen más, eso es todo. Pero si en una relación, del tipo que sea, es una sola persona la que siempre aporta los cuidados, acabará viniéndose abajo*. Podemos encontrarnos con gente que toma y nunca ofrece nada, y por eso es importante plantearse la siguiente pregunta:

¿A quien debemos ofrecer o pedir cuidados?

Caso real. Hace años, una conocida con quien no tenía ningún vínculo emocional me solicitó cuidados. Esa persona tenía (tiene) pareja y relaciones, pero esos vínculos no le daban cuidados, así que me los pidió a mí. No se los di: por grande que parezca mi suministro de cucharas, tiene un límite. Y si lo derrocho  mis vínculos (y yo mismo) pueden quedar desatendido. Así que tengo que tener claras las jerarquías.

Hay quien opina que no debe haber ningún tipo de jerarquía en nuestras relaciones. Yo no estoy de acuerdo porque para mí las personas no son intercambiables. Por muy bien que me cayera esa conocida, y por mucho que la encontrase agradable, interesante e incluso atractiva, yo no era quien debía atender sus necesidades. Si no era capaz de pedirle esos cuidados a sus vínculos, o si sus vínculos no eran capaces de ofrecérselos NO ES MI RESPONSABILIDAD

Y llegamos a otro término que mucha gente le causa rechazo. La responsabilidad. Cito a Mosca Cojonera: El poliamor (y similares) no son una forma de tener menos ataduras: es una forma de tener más. (léase responsabilidades donde dice ataduras)

Soy responsable de mis vínculos. Aunque puedo apoyar o ayudar puntualmente a otras personas, mis vínculos son a quienes voy a dedicar mis cuidados de forma consensuada y estable. Y no quiero decir mis amantes o mis amores, porque puedo no tener sexo con una persona o no estar enamorada de ella y sin embargo establecer un vínculo afectivo real.

Esto es bidireccional. Tan responsable es quien cuida como quien es cuidado. Si alguien me ofrece sus cucharas, ni debo derrocharlas ni debo tomarlo como un derecho. Agradezco tus cucharas, me esfuerzo por aprovecharlas y, si más adelante estoy en condiciones de compartir las mías contigo, las ofrezco igual que me ofreces las tuyas.

Puede que os esteis preguntando porqué he escrito términos como ataduras o responsabilidades. Porque una relación de este tipo implica un compromiso, no un gesto ocasional. Si uno de mis vínculos sufre, por ejemplo de depresión, o de acoso laboral, o un problema grave de salud, eso no va a solucionarse mágicamente con unos abracitos, y va a ir para largo. He oído en más de una ocasión comentarios del tipo es que no se puede contar contigo para nada o parece que estés esperando a que me lo esté pasando bien para llamarme. Y yo los habré usado en más de una ocasión y ahora me daría de bofetadas por ello

Repito: bidireccional. Si estoy recibiendo cuidados de alguien, respeto sus espacios, su intimidad y sus tiempos. Puede haber situaciones de emergencia, pero si somos adultos funcionales no podemos descargar el peso de nuestro bienestar en otra persona ni reclamar constantemente su atención.

Esto se consigue acordando las cosas con claridad. Si necesitamos el cuidado de alguien, debemos expresarlo de forma explícita, no esperar a que la otra parte lo intuya. Cuando E y yo vimos que podíamos confiar y entendernos, me expuso con términos concisos el tipo de cuidados que podía requerir de mí y viceversa. Eso nos permitió establecer un mínimo de base, y ese mínimo es una atadura, un compromiso real que sigue vigente mientras no negociemos otro. Todo lo demás es un extra que nos ofrecemos porque lo deseamos, no una obligación.

Atadura. Compromiso. Obligación. Suena muy poco divertido. Pero es que la parte divertida la disfrutamos ambos, no supone un esfuerzo.

Para terminar, esto no significa que una relación sin compromisos ni cuidados sea mala en sí. Se habla mucho dentro del discurso poliamoroso del consumo de cuerpos, presentándolo como algo negativo por la carencia de vínculo emocional, pero en sí la promiscuidad no tiene nada de malo, siempre y cuando las partes implicadas sepan qué está pasando. Y sucede lo mismo en el caso del consumo emocional: hay gente que inicia una relación, disfruta del subidón inicial y, en cuanto se le baja el chute de endorfinas pasa directamente a la próxima. Y ni siquiera da por terminada la previa, porque se trata de una relación abierta y eso evita el conflicto de una ruptura, ya se encargará el tiempo. Ambas posturas son legítimas, insisto, una relación puramente hedonista es tan válida como cualquier otra.

Ahora bien, si eliges relaciones en las que no se te requieren cuidados, no tienes derecho a protestar y quejarte por no recibirlos: eres responsable de cómo decides relacionarte, y debes asumir las consecuencias de esas decisiones.

Un último punto: no puedes cargar con el peso del mundo. No hay nada vergonzoso en decir no puedo y tomarte un respiro, y tus vínculos deben ser capaces de entenderlo y respetarlo.

* la queja de mucha gente (hombres) sobre lo mucho que se divorcian las parejas ahora parece obviar el hecho muy descarado de que el peso de los cuidados en las parejas sigue gravitando desproporcionadamente sobre las mujeres. Y no es que ahora tengan menos paciencia, es que hoy en día tienen una salida