Mujer iroqués

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domingo, 23 de agosto de 2020

OHANA



En alguna ocasión he mencionado películas en este blog. Hoy quiero hablaros de una de mis favoritas. Y, probablemente, la película más importante que ha producido Disney en lo que va de siglo

Jose, somos la familia de Lilo y Stich.

No voy a comentar la magnífica ambientación, la animación impecable, la excelente banda sonora ni el soberbio guión de Lilo y Stich. Cualquiera que la haya visto sabe que es un trabajo perfecto, a la altura de las mejores películas de la era clásica del estudio. Lo que quiero mostraros es lo que de verdad importa en los escasos 85 minutos que dura esta obra maestra.

85 minutos. Parece que nadie es capaz de hacer una buena historia si no cuenta con una trilogía de películas de 150 minutos, 210 en la edición ampliada. Por eso, entre otras muchas cosas, me parece una obra maestra. Todo tiene un sentido narrativo, no hay escenas de relleno ni tiempos muertos.

Vamos al meollo. Hay una niña. Una niña de unos 6, tal vez 7 años. Vive con su hermana mayor, Nani, que tendrá 18 o 19. Son lo que queda de una familia. Sus padres murieron, ellas viven en los restos de una casa que se cae a trozos, sólo se tienen la una a la otra y son víctimas del racismo, el clasismo y la pobreza. Lo que viene a ser lo mismo.

¿Racismo en Lilo y Stich? Sí. Muchísimo racismo. No hablo del que se expresa directamente con Stich, que es considerado poco menos que una alimaña por sus perseguidores, ya que es un híbrido (el cap. Gantu le llama Abominación). Pero está el otro racismo, el eurocéntrico.

Lilo es nativa, y en las Hawaii ser nativo significa ser un ciudadano de segunda en tu propia tierra. Las otras niñas del grupo de baile se burlan de ella, la insultan y le hacen el vacío instigadas por Mertle, una niña rica, picajosa y blanca*. Es la que manda, así que Lilo (que además de nativa es pobre y huérfana) no tiene amigas. Ni siquiera tiene una muñeca de marca, sino una hecha por ella misma, Scrump, a la que abraza cuando se siente sola. Que es casi siempre.



Y clasismo. Las no amigas de Lilo van por la isla a su aire, y nadie piensa que sus padres sean malos padres. Pero Nani y Lilo son pobres, así que siempre están bajo la lupa: si eres pobre, más te vale no cometer el más mínimo error.

No tenemos muchos juguetes

Lilo casi siempre está sola. Nani apenas tiene tiempo para estar con ella porque se mata a trabajar en puestos precarios, ya que ese es el tipo de puesto de trabajo de los nativos. Como su amigo David, que tiene trabajo de... nativo: baila para entretener a los turistas blancos, como el hombre paliducho y de cuello requemado que les ve pasar una y otra vez sin mirarlos. David sólo está un poco mejor que Nani (más animado, menos cansado) porque no tiene una niña a su cargo.

Nani intenta ser madre, hermana y amiga, pero no le llegan las fuerzas, y vive aterrorizada con la idea de que la separen de Lilo. Hasta el punto de que han ensayado qué debe decir Lilo si alguien la pregunta por su día a día. Una escena muy graciosa pero que nos muestra una realidad muy cruda: su familia pende de un hilo muy fino. Y la necesita, necesita desesperadamente seguir con su hermanita. 

Si quieres, puedes irte, pero no te olvidaré. Yo me acuerdo de todos los que se van

Lilo está llena de dolor, lo vemos cuando se tumba en el suelo a escuchar música, o cuando tras unas noches le habla a Stich de su familia. Porque es muy consciente de que la gente que ama acaba desapareciendo, y lo único que puede hacer, lo que la ayuda a seguir adelante, es recordarles. Recordar sus rostros, sus nombres, para que no desaparezcan del todo. Por eso empatiza de esa forma con Stich, porque intuye que ese extraño perrito está incluso más solo que ella, y ella conoce muy bien la soledad

¿Qué les pasó a tus padres? Por las noches te oigo llorar... sé que por eso rompes cosas, y me empujas...

Dolor, pobreza, racismo, soledad... Lilo y Stich no habla de extraterrestres, ni de persecuciones, aunque haya extraterrestres y persecuciones. Habla de lo difícil que es seguir respirando cada día cuando te lo niegan todo, y de lo que significa ser familia. 

La familia no son lazos de sangre. Bueno, sí, lo son**, pero en muchas ocasiones se quedan en eso, y en demasiadas ocasiones esos lazos de sangre excusan cualquier cosa, desde la indiferencia y el abandono hasta el maltrato y los abusos. Pero familia es además la gente que nos importa, y a quien importamos: los que intentaríamos poner a salvo a cualquier precio ante una catástrofe, porque son quienes dan forma y sentido a nuestras vidas.

Al final de la historia  Lilo, Nani, Stich, David, Jumba y Pleakie son una familia. Una familia pequeña y rota, hecha de gente rota, que se cuida y cura sus heridas juntos. Y lo son porque, llegado el momento decisivo (la desaparición de Lilo, secuestrada por Gantu) toman la decisión correcta: darlo TODO en vez de huir o mirar para otro lado. Y eso es lo único que de verdad cuenta: lo que estás dispuesto a sacrificar por aquellos a quienes amas. Su libertad, en el caso de Stich, que acepta la prisión sin luchar porque por fin tiene algo real por lo que hacerlo.

Ohana significa familia, familia significa no te abandonaré, no te olvidaré.

No sé si nosotros somos la familia de Lilo y Stich. Sé que cuando S nos lo dijo casi me eché a llorar, porque no podría habernos dicho algo más bello.

Vosotros sabéis quienes sois. No necesito repetir vuestros nombres: sois mi familia, la de sangre y la elegida, que para mí es lo mismo.

Y os amo

* "Me ha mordido, me tendrán que vacunar". Para Mertle y los que son como ella, Lilo es también un animal
** Tengo el privilegio de haber crecido en una familia que se quiere y se respeta. Y sé que no es lo habitual, por eso digo que es un privilegio

domingo, 1 de noviembre de 2015

SER INVISIBLE


El Hombre Invisible, uno de los primeros personajes con poderes de la ciencia ficción, suele ser un villano. El protagonista de la novela de H. G. Wells quiere usar su poder para chantajear al mundo, pues nadie podrá esquivar su mortal y asesino ataque.Ese planteamiento se mantiene hasta la última versión cinematográfica, donde los protagonistas van cayendo uno por uno ante el monstruo (ya sabéis, la típica peli de se salvan el chico tímido o la chica virgen)

Bueno, pues debo decir que la invisibilidad es el poder más mierder que te puedes echar a la cara. Sí, ya sé lo que estáis pensando: si yo fuera invisible me colaría en los bancos, y en los vestuarios de las animadoras (modo masculino), y le daría de hostias a todos los chulitos que me cruzara y...

Vamos a centrarnos en el hombre-mujer invisible de la ciencia ficción (descartamos el argumento "fue un mago") cuyo cuerpo se vuelve transparente a la luz visible (pero es visible en el espectro infrarrojo, ya que sigue generando calor, circunstancia felizmente aprovechada por Mr Hyde en la segunda serie de The League of Extraordinary Gentleman)

Tenemos, pues, a una persona totalmente transparente (presupongamos que es un hombre, los tíos somos más de hacer este tipo de mongoladas). Nuestro amigo ha inventado el suero de la invisibilidad o le ha picado una araña invisible, así que ya puede salir a la calle a iniciar su reinado de terror y... bueno, eso siempre y cuando viva en un clima cálido, porque como llueva, nieve o se levante el Moncayo (¿qué pasa, que el hombre invisible no puede ser de Zaragoza?) se va a pelar de frío y le van a descubrir por el  tilín tilín de sus helados cojoncillos. Ay, amiguete, la ropa no es invisible, así que hay que salir a la calle en pelotas y descalcito.

De acuerdo, nuestro hombre invisible es murciano: descartamos el frío y la lluvia. Pero como no cruce por los semáforos, su carrera criminal va a durar poquito. Si lo hace a pelo, o por un paso de cebra, el primer conductor se preguntará qué cojones es lo que le ha abollado el capó, y el segundo qué es eso que ha pasado por debajo de sus ruedas.

Supongamos que había suficientes semáforos y nuestro coleguita ha logrado llegar a su objetivo, el vestuario femenino del polideportivo donde compite la selección de boleyplaya brasileña. El mozo se introduce subrepticiamente en una esquina, se agarra el mango feliz y se dispone a darse un homenaje visual... un momento, no, no puede.

Porque el hombre invisible es ciego

Para ver, es necesario que la luz se refleje en la retina del ojo. Si eres transparente, la luz te atraviesa sin reflejarse, así que no hay de donde rascar: un topo tuerto en un túnel del metro ve más que el hombre invisible. Y dado que un bastón flotante cantaría mucho en la acera, nuestro héroe lo tiene negro, no ya para cruzar la calle, sino para esquivar ñordos y meos perrunos, botellas rotas, condones usados, colillas encendidas, cáscaras de pipas, chicles y todo aquello con lo que sus conciudadanos decoren las aceras. Así que, o se para en todas las fuentes disponibles a lavarse los pies, o le delatará la mierda que lleva pegada a los mismos, y el montón de sordas maldiciones que proferirá cada vez que pise un regalito.

Por no mencionar otros detalles, como que si acaba de comer, llevará en el estómago un montón de cosas masticadas (a menos que antes de zamparse un pollo lo vuelva invisible), y como haya tenido caries veremos unos sospechosos empastes flotando a media altura. Y también habrá algo así como una bolsita de pis flotante, salvo que nuestro rompetechos sepa como invisibilizar el ácido úrico.

Estirando mucho mucho mucho nuestra credulidad, si el hombre invisible fuera capaz de ver, tampoco sería demasiado problemático librarse de él. Bastaría con enviar tras él a un comando bien entrenado de vendedores de la ONCE armados de gruesos garrotes. Y, si ha logrado infiltrase en nuestro cuartel general/laboratorio secreto/apartamento en Torrevieja, cubriremos el suelo de tachuelas, apagaremos la luz y nos descojonaremos escuchando los ¡ay! ¡huy! ¡me ca...! ¡ouch! cuando intente acercársenos.

El Hombre invisible, lo mires por donde lo mires, es un loser.

Aún así, habrá quien piense que debe ser genial hacerse invisible: A esas personas, las invito a disfrutar de la experiencia real. Encontrarte entre treinta, cuarenta, cien personas, y que nadie repare en tu presencia. Porque no eres una persona alta y guapa, no tienes una sonrisa deslumbrante, no destacas por la calidad de tus ropas ni lo hermoso de tu timbre de voz. No tienes una vida fascinante. 

No importas.

Da igual que valgas la pena, nadie repara ni un instante en ti, ni se toma la molestia de descubrirlo. Si hablas, no te escuchan, si preguntas, no responden. Si falta un asiento te toca estar en pie, si no hay suficientes plazas eres quien se quede en tierra, si hay planes nadie cuenta contigo y, si no estás, nadie se preocupa ni se pregunta porqué no estás, porque nadie te echa en falta. 

Están en su derecho, ninguna ley puede obligarles a prestarte un solo minuto de atención. Pero eso no hace que duela ni un ápice menos.

Bienvenidos al maravilloso mundo de la invisibilidad, que no es un regalo, sino una cadena. Por mucho que pienses que ya te has acostumbrado a su peso, volverá a doler cada vez que te den de lado y seas consciente de que sigues arrastrándola.

Eres un mendigo. Y nadie va a darte una limosna: no te ven.

lunes, 4 de mayo de 2015

LA ANTICIENCIA EN LOS MEDIOS (II) El verdadero pecado



Leí El moderno Prometheo hace ya muchos años, y lo releí más de una vez. Lo tengo delante de mí, ahora mismo, en una edición magnífica, por cierto, ilustrada por uno de los últimos genios del grabado, Bernie Wrightson. Y, a riesgo de que me acuséis de hacer spoilers, os diré que la historia que se nos cuenta está a años luz del cliché infantiloide inmortalizado por la Universal en 1931.

No esperéis encontrar en esta novela jorobados, laboratorios llenos de luces incandescentes, tormentas eléctricas, gruñidos semihumanos o cerebros defectuosos. La parte científica de la obra apenas está esbozada, lo importante sucede casi de improviso: Victor Frankenstein da vida a una criatura, y al abrir los ojos, tras un sueño reparador, la ve ante él, inmóvil, su mente en blanco, incapaz de pensar, hablar, sentir, siquiera de ser, velando el sueño de su creador. Expectante.

Y Victor la ve fea.


Fea. Ese es el pecado de la criatura. No responde a las altas espectativas estéticas* de Victor, así que éste se deshace de ella. La abandona en un bosque, confiando en que muera de hambre y no deje rastro tras de sí. Luego, sintiendo que su trabajo ha sido un fracaso, retoma su vida tal y como era antes de iniciar su investigación. Poco después, empiezan a suceder cosas, muertes extrañas, y una noche una silueta surge ante él.

La criatura no ha muerto, después de todo. Ha sobrevivido, ha crecido, ha aprendido poco a poco a entender el mundo, y ha entendido que no pertenece a ese mundo. Es diferente a los otros seres vivos, sobre todo a los otros seres humanos. Esa diferencia le convierte en algo horrible, un ser rechazado y perseguido, algo que debe ser aniquilado. Y en su corazón, siente que eso es injusto. El no pidió vivir, alguien le dio la vida. Si tan diferente es de los demás, es porque no fue creado igual, así que vuelve sobre sus pasos, busca una respuesta, y encuentra a su creador. No para buscar venganza, sino para pedir justicia.

La criatura pide a Víctor que no le deje así, porque la soledad y el dolor le están volviendo malvado. Es tarde para deshacer lo hecho, para que Víctor pueda darle una vida con un sentido, con afecto, con lazos, pero su creador puede reparar el daño si le da una compañera, alguien como él, alguien que le vea con los mismos ojos, y que no le sienta extraño. Y Víctor, finalmente accede. Viaja, aprende, y vuelve a trabajar, esta vez en una mujer, una Eva para su Adán.

Y, de nuevo, siente que lo que está creando no es bello. Piensa que la criatura se equivoca, que al ver su fealdad reflejada en otro ser como él, se volverá aún más malvado**, y decide romper su promesa. La mujer no llegará a ver la luz: Victor la destruye antes de darle la vida, y luego trata de justificar lo que ha hecho ante su anterior creación, explicándole sus vagas razones estéticas y morales. Intenta que entienda que la soledad es lo mejor para el, dada su deformidad, incapaz de entender que lo que le ha arrebatado es, ni  más ni menos, que la Esperanza. Es entonces, y sólo entonces, cuando empieza la pesadilla, porque la criatura no dará a su creador la muerte, sino el mismo trato que ha recibido de él. Víctor le condena a la soledad, y le pagará con la misma moneda, arrebatándole todo lo que ama, todo lo que le vincula al mundo y a los hombres, empezando por el amor.


... I shall be with you on your wedding night.

A partir de ahí la vida de Victor empieza a desmoronarse, la criatura va dando muerte a todos los que le aman, y el doctor se ve obligado a huir, perseguido a todas partes por la venganza, hasta que encontrará, finalmente, la muerte, en los hielos del ártico. Allí vemos por última vez a la criatura, y por última vez escuchamos sus palabras, mientras maldice, no a su creador, a quien ha perdonado póstumamente, sino a su destino, que nunca eligió.

My heart was fashioned to be susceptible of love and sympathy, and when wrenched by misery to vice and hatred, it did not endure the violence of the change without torture such as you can not even imagine.


I had no choice but to adapt my nature to an element which I had willingly chosen. The completion of my demoniacal design became an insatiable passion. And now it is ended; there is my last victim!


For while I destroyed his hopes, I did not satisfy my own desires. They were forever ardent and craving; still I desired love and fellowship, and I was still spurned. Was there no injustice in this? Am I to be thought the only criminal, when all humankind sinned against me?


Se pueden extraer lecciones morales de esta obra, por supuesto, pero no son las que nos han transmitido machaconamente. Estamos muy lejos de sacrilegios o conocimientos prohibidos. El pecado de Victor no fue su desmedida curiosidad, sino su necia frivolidad. No hubo maldad en la criatura hasta que su creador se desentendió de ella, no es la ciencia quien se equivoca, es el hombre el que no es capaz de asumir sus actos y responsabilizarse de ellos.

Los medios nos han transmitido un mensaje facilón y edulcorado: saber demasiado es malo, mejor vivir una cómoda mediocridad, a salvo tras nuestra ignorancia. Mejor no hacerse preguntas, porque los que se las hacen, los que buscan las respuestas, son diferentes de nosotros. Cooper, Brennan, Grissom... Frankenstein... se nos presentan como sólo aparentemente humanos: son fríos, incapaces de sentir, están separados de nosotros y, en última instancia, son amenazadores.

Sólo es un cliché, cierto. Un cliché muy triste, que invita a la pereza y la comodidad. Y un cliché sostenido por una mentira: el daño que hizo Victor Frankenstein, a sí mismo y a los que le rodeaban, no fue consecuencia de la Ciencia, sino de su humanidad. Sus pecados fueron la indolencia, la incoherencia, y la incapacidad de asumir las consecuencias de sus decisiones.

Y esos, son pecados muy, muy humanos.

* Victor, probablemente, pertenecería a la corriente conocida como Naturphilosophie, que, entre otras cosas, incorpora un ideal de belleza a la ciencia, a partir de una filosofía finalista.

** Porque, siendo deforme, necesariamente es malvado, y ese mensaje sigue también lloviendonos desde las pantallas.
 




domingo, 3 de mayo de 2015

LA ANTICIENCIA EN LOS MEDIOS (I) Frankenciencia


En los últimos años, el analfabetismo científico de nuestra sociedad se ha ido incrementando hasta un punto en el que empieza a afectar al desarrollo de la propia ciencia. El movimiento antivacunas es, actualmente, su cara más visible, pero hay muchas otras. Tenemos a gente convencida de que les fumigan desde el cielo para ponerles enfermos con la complicidad de gobiernos y farmacéuticas, de que las ondas wifi son una conspiración para que cojan cáncer, de que el cáncer* se cura con agüita de limón pero los científicos nos esconden la verdad, de que los laboratorios se pasan el día insertando genes fosforescentes en alimentos para que a los hombres les crezcan pechos y de que habría que volver a los tiempos felices en los que se araba sin tractores y la vida era felíz, natural, y en contacto con la madre Tierra y los ciclos de la Luna**

Este muestrario de miedos no ha surgido de la nada. Los medios de comunicación favorecen la difusión de todo tipo de noticias del tipo ¡vamos a morir todos!, la red está llena de textos e imágenes que muestran los terrores que la ciencia desencadena sobre la humanidad, y el cine, las series, los tebeos y los libros rebosan de científicos jugando a ser Dios y arrastrando a la humanidad a un agujero de horrores y exterminio.

Dado que hoy tenemos muchas series de éxito protagonizadas por científicos, podría parecer que lo que he dicho es exagerado, pero si las observamos con detenimiento, veremos que hay un patrón: el científico, el cerebrín, es un anormal. Los protagonistas de TBBT son cuatro tarados encabezados por un perfecto autista, y la gracia del argumento es ver como esos inadaptados chocan con la gente normal y trata de adaptarse a la vida real. El doctor House es un científico brillante, con una mente afilada como un bisturí, pero la fuerza de su intelecto le lleva a pisotear incluso a las personas que más le quieren. La doctora Brennan es capaz de desentrañar un asesinato partiendo de un rasguño en un hueso, pero no es capaz de entender una metáfora, y la dinámica de la serie se centra en cómo su compañero Booth logra reconducir su frío intelecto hacia la realidad gracias a su fuerza emocional. El caso más paradigmático es Grissom, el protagonista central de CSI: su intelecto es una herramienta casi perfecta, tan objetiva que no hay matices que se le escapen, ni en lo científico ni en lo emocional. Pero fuera de su trabajo es un completo alien, un obseso del orden cuyas principales aficiones son la cría de cucarachas de carreras o las visitas a una granja de muertos, y cuya vida sentimental es un desierto hasta que empieza a relacionarse con una compañera tan inexpresiva como él (en esencia, Sara es Grissom con tetas)

El reflejo del científico como un ente extraño, incluso una fuerza negativa, nació, más o menos, en el periodo de entreguerras, y se consolidó durante los años de la Guerra Fría. Podemos rastrear hacia atrás en busca de la fuente original del miedo a la ciencia, pero no es necesario: hay un término que se popularizó en los años 60, primeros 70, que, si bien está hoy en desuso, señala certeramente a la causa primigenia. La FrankenCiencia (Frankenscience), la ciencia del doctor Frankenstein.

Victor Frankenstein es el prototipo, el MadDoctor original, tan obsesionado en su búsqueda de la sabiduría que no duda en hollar los senderos prohibidos y sacar a la luz conocimientos que la humanidad no debería poseer. Víctor es un Fausto sin Mefistófeles...

...a man of science who sought to create a man after his own image without reckoning upon God.

El castigo a su desmedido orgullo es el caos y la destrucción: ha desencadenado fuerzas imprevisibles que le arrastrarán, a él y a los suyos, a la condenación. Es la misma idea argumental que subyace, un siglo después, bajo el agumento de JurassicPark, El Hombre Invisible o Prometheus (un nombre elegido a conciencia, como veremos en el párrafo final). Los científicos clonan monstruos, investigan un suero maléfico o investigan en conocimientos arcanos más allá de lo humano, y en lógica consecuencia, hay gritos, terror y muerte. En la película del 93, el doctor Malcolm resume muy bien la idea: la naturaleza ya eliminó a los dinosaurios, luego resucitarlos es ir contra la naturaleza (de nuevo el sagrilegio, reemplazando a Dios por Gea).

La figura del doctor Frankenstein se ha vuelto universal. Cuando, en una narración, aparece un científico obsesionado con la investigación, podemos afirmar, con casi un 99% de seguridad, que sus descubrimientos se volverán contra él y morirá de forma horrible. Al buscar el conocimiento, el MadDoctor se alejará de sus seres queridos, perderá el contacto con la moral y romperá todos los límites. Desencadenará epidemias, creará monstruos, abrirá portales, indagará en el corazón de la materia... todo en nombre de la Ciencia, aunque eso signifique condenar a la humanidad a la extinción.

Este cliché muy triste, por dos motivos. El primero, porque entroniza la ignorancia como algo positivo: mejor no saberlo todo, hay conocimientos que el hombre no debe poseer. Y el segundo, porque la universalidad del mito de Frankenstein demuestra la universalidad de la pereza: nadie se ha molestado en leer la impresionante novela de Mary Shelley, Frankenstein o el moderno Prometheo.

* Siempre que leo el típico mensaje el bicarbonato/los limones/el agua hexgonal...cura el cáncer me pregunto a qué cáncer se referirán, porque los vendedores de humo parecen pensar que el cáncer es una sola enfermedad, no docenas y docenas.
** La época feliz y paradisiaca en la que el 75% de los niños morían antes de cumplir los 5 años, cuando cultivar la tierra significaba vivir agarrado a un arado de sol a sol, y un hongo de la patata podía significar el casi exterminio de una población

miércoles, 28 de mayo de 2014

UN MUNDO FELIZ (y IV) El día a día


El nazismo también ha modificado el día a día de los alemanes. Cada poco tiempo hay grandes demostraciones del partido, y ¡ay de quien no acuda a ellas, sea como partícipe, sea como público! Cada manzana, además de obedecer las normas municipales, depende de la autoridad de un jefecillo de las SA, que debe dar el visto bueno a todo lo que sucede, y ese TODO es muy amplio. Después de todo los camisas pardas* no se sacrificaron por un desagradecido.

Los niños no tienen demasiado tiempo para ser niños. En el colegio se les inculca el espíritu nacional, y su tiempo libre está bien organizado por las Juventudes Hitlerianas, para que se disciplinen desde su más tierna infancia. En cuanto a la educación en sí, lo importante es saberse los principios del nazismo de pe a pa, el resto tampoco importa mucho.

Las iglesias no sólo han visto expropiados todos los colegios: También han pasado por el aro del Partido. Hitler no tuvo nunca demasiada buena opinión de los luteranos así que ordenó que todos los cultos protestantes se unieran, quisieran o no, a la nueva megaestructura religiosa construida en torno a la iglesia católica alemana, el movimiento del Cristianismo Activo**, que sólo nominalmente acepta la autoridad papal, y se limita a arianizar a Jesús (que ha pasado a ser el descendiente de María y un mercenario germano alistado en las legiones) y decir amén a todo lo demás. .

Hay muchos otros aspectos que, con nuestros ojos, parecen surrealistas, como los tres días de vegetarianismo obligatorio por semana***, el movimiento para erradicar la vegetación no aria **** ,los tediosos estudios dirigidos por Himmler sobre el pasado remoto de los alemanes (que implican, entre otras cosas, la destrucción de todo vestigio arqueológico que no encaje en las ideas que el criador de pollos tiene sobre cómo debe ser ese pasado) o la preservación de las tradiciones rurales, es decir, que los campesinos deben vestir como campesinos, hablar como campesinos y vivir como campesinos, de acuerdo al estereotipo que los pensadores nazis (que jamás han cogido un azadón y probablemente no saben ni como se llama) tienen sobre la feliz gente de los campos.

Por supuesto, los hijos de los campesinos deben ser campesinos, salvo que los jefes locales de las HitlerJugend se fijen en ellos y los promocionen en el Partido. El resto, salvo los primogénitos, que pueden heredar las granjas paternas, forman la masa de braceros que cuida los inmensos latifundios formados a base de expropiaciones y compras forzosas por los gerifaltes del partido y del ejército (o del partido y el éjército, porque el Reichsmarshall Goering es dueñode buena parte de Prusia y media Polonia)

Si el entorno rural vive constreñido a un idealismo bucólico las ciudades son también un reflejo de las obsesiones del Führer: la arquitectura es su pasión y Albert Speer es el ejecutor de sus inmensos sueños. Inmensos en todos los aspectos, las ciudades favoritas***** han sido reconstruidas para acomodarse al ideal de magnificencia encarnado por la nueva Berlín, ahora llamada Germania, cuyos ciudadanos caminan como hormigas a la sombra de bloques de 100 metros de altura, y monumentos que dejan enanos a esos bloques, como el Arco de Triunfo de 120 metros o la Cúpula del Pueblo, que se eleva a casi 300. Las ciudades rechazadas como Viena conservan su estilo, aunque de cuando en cuando aparecen monstruos de hormigón aquí y allá, ya que cada gauleiter quiere tener su propio edificio gigante.

La tumba de Hitler ya está en construcción: una columna de 60 m de altura en lo alto de la cual se alzará el catafalco que contendrá sus cenizas, para que todos deban alzar la mirada para verle

Gigantes son también las corporaciones industriales. Los nazis cantaban las loas del individuo ario antes y durante la guerra, pero los jugosos cheques de los industriales pesan mucho más que los ideales y, como vimos antes, con una poltrona asegurada para cada carguito de las SA, la revolución se considera algo ya logrado. Los trabajadores tragan con lo que hay, porque no hay sindicatos fuera de las oficinas del doctor Ley, ni defensa alguna contra los patrones. Así que, fuera de esas vacaciones que cada cierto tiempo les echa el partido a modo de caramelo, y las demostraciones laborales, a las que está prohibido faltar, sólo les queda pasar por el aro. Lo que incluye pagar una parte de sus sueldos a los camisas pardas si quieren asegurarse un puesto mejor.

Quejarse en las fábricas es peligroso. Quejarse en las casas lo es aún más: no faltan vecinos dispuestos a hacer méritos ante el partido ****** y, quien sabe, tal vez tu propio hijo sea quien le vaya con el cuento de lo que murmuras a su jefe disciplinario de las Juventudes Hitlerianas. Porque, ante todo, los niños le deben lealtad al Führer, después al partido y sólo después a su familia.

Esa es la vida, el día a día de los alemanes. No es un infierno ni una continua pesadilla, ya que el nivel de vida es razonable, pero sí un paisaje estéril, sin creatividad ni iniciativa. La cultura, la ciencia, la vida pública y la vida privada se modelan de acuerdo a las ideas y gustos de Hitler y su camarilla de aduladores, y cualquier cambio o avance es considerado una herejía. Una sociedad congelada en base a un pensamiento fosilizado.

¿Hubiera sobrevivido una sociedad como la que hemos visto? Probablemente hubiera salido adelante al menos durante un par de siglos. Con una economía más o menos autárquica, una estructura de sometimiento social bien establecida, y sin un enemigo exterior, sobrevivir no es tan complicado. Recordemos que lo que hundió a la URSS, que tenía un proyecto social bastante más coherente, fue la presión económica de la guerra fría, que imposibilitó la evolución hacia una economía de bienes de consumo. Recordemos, asimismo, que Roma sobrevivió durante siglos por el simple hecho de que no había nadie que rivalizara con ella, e incluso los pueblos germanicos no tenían la intención de destruirla, sino de integrarse en ella. La apatía puede acabar con una sociedad, pero lleva su tiempo.

A la larga, la tendencia del nazismo a formar reinos de taifas, administraciones paralelas e imperios personales habría acabado por disgregarla. Entretanto, el Reich de los mil años se habría arrastrado lentamente, como hizo en su tiempo la España de los Austrias, pero sin los destellos de brillantez que conformaron nuestro Siglo de Oro.

Habrá quien considere algo así como el summum de sus aspiraciones. Seguramente esas personas consideran que en un mundo así ellos serían los elegidos para los privilegios, y puede que no se equivoquen: donde es imposible que destaquen la sensibilidad, la inteligencia, el esfuerzo o el genio, los mediocres, los aduladores y los envidiosos medran sin dificultades.

Yo, personalmente, creo que tuvimos mucha suerte en 1945. Aunque hoy vivimos un presente gris y helado, sabemos que es posible hacer las cosas de otra manera y, quizás, lleguen a hacerse así algún día.

Sólo me preocupa una cosa. Que si, como dicen, vuelve a alzarse el fascismo, ya no estará ahí el Ejército Rojo para pararle los pies.

* La revolución, tan mentada por los nazis en sus discursos, consistió en que los miembros veteranos del partido, los que se habían sacrificado para llevar a Hitler al poder, se adueñaron de los bienes de las familias judías y luego se autonombraron vigilantes de la pureza política de sus vecinos, con el consiguiente flujo de chantajes y sobornos. Una vez eliminada la amenaza política de Ernst Rhöm, Hitler se despreocupó del partido y sus miembros veteranos pudieron hacer lo que les apeteciera, mientras no se inmiscuyeran en política. De hecho el NSDAP entorpeció una y otra vez el esfuerzo de guerra para garantizar sus prebendas, con la eficaz ayuda de Martin Bormann, y en los momentos finales del conflicto sus lideres locales sabotearon muchas medidas de defensa (como planes ordenados de evacuación) , por considerar que implicaban falta de fe en la victoria final. Luego, huyeron a la carrera en cuanto escucharon el primer disparo ruso, dejando a sus administrados a merced del enemigo.

** Heinrich Himmler quería constituir una religión heroica de nuevo cuño, basada en mitos pangermanos. Bormann y Goebbels abogaban por la erradicación de las iglesias. Hitler se burlaba del pseudopaganismo de Himmler, y opinaba que los otros eran demasiado radicales, ya que consideraba que la religión era útil para mantener contenta a la población. Veía más fácil llegar a entenderse con la iglesia Católica, mucho más jerarquizada, que con el resto de cultos. El concepto de Cristianismo Activo era una de las muchas elucubraciones de Rosenberg, el pensador del Partido.

*** Hitler esperaba imponer esa norma por ley tras la guerra, para salvaguardar la salud del pueblo alemán. Según sus propias palabras, desde que dejó de comer carne se había vuelto mejor persona y había dejado atrás todos sus malos instintos. Además, también según sus palabras, los pueblos que habían dominado el mundo en la antigüedad, como romanos y vikingos, eran vegetarianos.

**** Por ejemplo, el roble es claramente ario, mientras que la encina sería un roble degenerado, así que las encinas deben desarraigarse del territorio del Reich, como malas hierbas.

***** Por ejemplo Linz. Estaba decidido a convertir Linz en la capital cultural de Austria, para que Viena, donde su talento como artista no había sido reconocido, se convirtiera en un suburbio de segunda clase.

****** La Alemania nazi, como la rusia de Stalin en los años de las purgas, era el paraíso de la delación.

martes, 27 de mayo de 2014

UN MUNDO FELIZ (III) La vida tras la guerra


(Dados los resultados de las pasadas elecciones al parlamento de Europa, creo que es un buen momento para rematar este tema)

Hay un punto en el que los enterados, sea cual sea su pelaje, coinciden: la vida de los alemanes tras el triunfo del nazismo sería un paraíso. Bueno, vamos a ver qué tal se lleva el pasar diario en ese hipotético III Reich victorioso, tras la llegada de la paz...

... paz relativa, porque Hitler opina que la paz prolongada es perniciosa. En sus conversaciones de sobremesa menciona la necesidad de una guerra de extensión limitada cada cierto tiempo, diez años, por ejemplo. Expediciones de castigo más allá de las fronteras orientales (los Urales) para recordar a los pueblos asiáticos quién es el amo, y de paso hacer una criba en las nuevas generaciones, seleccionando así a los mejores* y evitando que el saludable pueblo alemán caiga en la molicie y la degeneración. Porque la guerra es al hombre lo que la maternidad a la mujer.

Estas guerras no tienen más objetivo, aparte de hacer un poco de darwinismo ario, que el de mantener alto el prestigio del Reich, en la línea de las expediciones de castigo de los romanos. También de Roma toma el Führer sus ideas para la colonización de los nuevos territorios, las fértiles llanuras del Este que forman su ansiado imperio, ya que no piensa construir nuevas urbes que reemplacen a las destruidas: las tierras al oeste del limes son un mosaico de granjas explotadas por los veteranos que han conquistado Europa, tal y como hacían Cesar y Octavio, repartiendo lotes de tierra como compensación por el servicio en las legiones. De este modo Ucrania y la Rusia europea serán germanizadas por el arado.

Claro que hay quien no está muy dispuesto a cambiar la vida de la ciudad por una granja, pero Hitler también ha decretado que los alemanes raciales** se trasladen a los distritos orientales una vez estos queden despoblados***, así que, sí o sí, las granjas son el futuro para una buena cantidad de ciudadanos. No obstante Adolf no ignora los atractivos de la cultura urbana, así que todo el Este está unido por una inmensa red de autopistas. De este modo, el granjero que desee el ocio de la ciudad no tendrá más que coger su volkswagen (que sólo verán tras la guerra, durante la misma toda la producción de escarabajos fue confiscada por el ejército) y conducir uno o dos días para disfrutar de una semana de alegría y esparcimiento cultural. Dicho sea de paso, de ahí viene tanta preocupación por que los esclavos subhumanos aprendan a entender las señales de tráfico, para que sepan por donde cruzar sin morir atropellados.

¿Qué cultura se disfruta en el Reich? Puede parecer muy audaz elucubrar sobre algo así pero en realidad el planteamiento es muy simple: el nivel de culto a la personalidad del Führer es tal que, por comparación, Mao parecería un don nadie en la china comunista, y cultura para los alemanes es lo que Hitler diga que es. Ni más ni menos.

La pintura, por ejemplo, retrocede al siglo XIX. A los ojos de Hitler, todo lo posterior al romanticismo (alemán, por supuesto, el romanticismo francés es basura) debe ir a la hoguera****. Matisse, Lautrec, Picasso, Schiele, Klint, Grosz ... son ya solo un recuerdo del pasado diluido entre humo y cenizas. Lo mismo puede decirse de la escultura. Los nazis sólo ven aceptables las estatuas helenistas, por supuesto de acuerdo a su concepto del helenismo, ya que si Adolf viera el aspecto real de una estatua griega tal y como eran realmente (policromada con los tonos más vivos, incluyendo púrpuras y oro) sufriría una apoplejía. Así que las calles de Alemania están repletas de estatuas imitando el pseudoclasicismo de Arno Brecker, con arios heroicos, de cuerpos musculosos y perfectos, siempre desafiando al mal o contemplando el mañana con rostro estoico (por no decir inexpresivo, uno diría que Brecker no sabía hacer más que una sola cara y no se salía de ella por si acaso)

La música popular se mantiene estrictamente germana. El Jazz y todos sus derivados, infame música de negros, han sido extirpados. Las tiendas de discos rebosan de cantantes vestidos con traje bávaro, mejillas sonrosadas y acordeones en ristre. Y eso en lo que a la música de la calle se refiere, porque la gran música ha sido expurgada de todo lo que no sean valses facilones (los gerifaltes nazis son torpones, es mejor no intentar sacarlos del un dos tres un dos tres) y óperas grandilocuentes, repletas de cantates gordas vestidas de vikinga y un buen TATACHÁN al final para que el público despierte y aplauda. Bach o Mozart, sólo se consideran aceptables como predecesores de Beethoven y Wagner. Y más vale que ninguna ciudad pretenda hacer sombra a Bayreuth, porque la cólera de Hitler caerá sobre ella.

Aparte del Mein Kampf***** en los hogares alemanes hay abundancia de autobiografías, obras sesudas sobre la raza y el futuro, encabezadas por el inevitable El Mito del Siglo XX****** de Rosenberg. La poesía debe ser heroica, o naturalista. La novela debe versar sobre el heroismo y la raza, el teatro debe reflejar el heroismo y la justicia... los cabarets sobreviven gracias a que la mayoría pagan cuantosos sobornos a los jefes locales del partido, y estos son muy amigos de visitar privadamente a cantantes y bailarinas.

Las mujeres, dicho sea de paso, carecen de relevancia social. En las Juventudes Femeninas se forman en el espíritu de entrega al ideal nacionalsocialista. Luego la mayoría pasan a depender de sus maridos en todo, salvo que se conviertan en solteronas o vedettes. Hay excepciones, como Hanna Reitsch o Leni Riefensthal, pero el ejemplo a seguir es la abnegada Magda Goebbels, con seis rubios hijos, y siempre a la sombra de su esposo. Su participación en la vida cultural, fuera de ser intérpretes musicales (¿una compositora? eso sería antinatural) se limita a los géneros menores, adecuados para su fragilidad intelectual. Pueden escribir o pintar sobre niños, flores, atardeceres, princesas... todo aquello que luego leerán o verán las niñas. Y ya.

* Eso pensaba hasta los años finales de la guerra, cuando consideró que la derrota se debía a que los buenos alemanes habían caído luchando y ya solo sobrevivían los cobardes, luego el pueblo alemán ya no merecía sobrevivir
** Las comunidades de origen germano que vivían fuera de las fronteras alemanas, como los alsacianos.
***Las poblaciones del sur de ucrania planteaban un problema racial, ya que su aspecto era claramente germano. Hitler opinó al respecto que las duras condiciones de vida en el Este habían hecho evolucionar a algunas comunidades eslavas a un estado preario. Por supuesto se decretó su exterminio.
**** Cualquier pintor que disgustase a un alto cargo del Partido Nazi podía ir buscandose la vida como tornero o fresador: una acusación de arte degenerado bastaba para condenarle al ostracismo.
**** Era obligatorio que hubiera un ejemplar en cada casa: los ayuntamientos regalaban uno a cada pareja que se casaba, lo que suponía unos jugosos ingresos al Führer, ya que cobraba abultados derechos de autor
***** Un libro tan fatuo, retórico enrevesado y pomposo que hasta los propios nazis lo consideraban ridículo e ilegible, empezando por Hitler y Goebbels.

lunes, 5 de mayo de 2014

UN MUNDO FELIZ (II) Ciudadanía, o ¿qué lugar ocuparía nuestro cuñado?


Bien, ya hemos visto que las naciones no tienen mucha cabida en la Europa nazi pero ¿y las personas? Después de todo los nacional cuñadistas piensan que en esa utopía cada uno recibiría su recompensa en función de su valía, y creen que la suya sería muy apreciada.

En realidad, el sitio de cada europeo en la sociedad nazi depende de dos factores: su origen racial y su idoneidad política.

La cumbre social está reservada para los arios de absoluta pureza y perfectas condiciones físicas, comprometidos en cuerpo y alma con el nacionalsocialismo y seleccionados, ya desde niños, en las Juventudes Hitlerianas: superhombres educados en las Napolas, destinados a ocupar los puestos más importantes del gobierno y el Partido.

El resto de la población germánica goza de todos las ventajas ciudadanos, con preferencia para los miembros del NSDAP (que es como decir todos, ya que nadie quiere quedarse fuera del banquete). Dentro de esa masa rubia, empero, no es lo mismo un prusiano que un alemán racial, como los nativos de los Sudetes o los Alsacianos, y estos a su vez están por encima de los germanos fallidos, belgas y holandeses, a los que se presupone demasiado contaminados ideológica y racialmente. Caso aparte son los nórdicos (daneses, noruegos...) de sangre aria tan pura o más como la de los alemanes, pero de entrega nacionalsocialista tibia.

Dentro del Reich también hay etnias inferiores. Los eslovacos, pese a ser eslavos, demostraron su fidelidad antes de la guerra y durante el conflicto, y si bien están por debajo de cualquier germano de sangre, quedan por encima de los checos. Estos son universalmente despreciados, aptos sólo para trabajo servil. Los checos, a su vez, son casi libres comparados con la población esclava del Este.

Fuera de las fronteras germánicas las categorías se convierten en un puzzle. Los ingleses, por ejemplo, son germánicos de estirpe pero políticamente están clasificados como no afines, y su supervivencia como nación se debe a que no se les considera asimilables. En cierto modo están en cuarentena.

Peor suerte han corrido los franceses: su ascendencia francocelta les convierte en un pueblo semigermánico degenerado, más allá de toda posibilidad de arianización, y su histórico enfrentamiento con Alemania (más el aborrecimiento del Führer por todo lo francés) les ha costado el desmembramiento de su nación y una existencia bajo sospecha.

Los aliados del Reich durante la guerra no son germánicos, sino latinos y magiares. Su categoría varía en base a su devoción. Los italianos están en la cúspide por la fidelidad de Hitler hacia su amigo Mussolini*. Les siguen los rumanos, fieles compañeros de batalla en el Este, y más atrás los españoles, que no participaron activamente en la guerra** y los húngaros. Estos son mirados con desconfianza ya que el gobierno del regente Horthy hizo todo lo posible por proteger a sus súbditos judíos. Estos cuatro pueblos son, pues, racialmente inferiores y políticamente afines. De las cuatro naciones, sólo Italia puede negociar con Alemania en condiciones de cierta igualdad. Las otras tres son tratadas con un mínimo respeto: no es que sus opiniones cuenten, pero se procura no humillarles.

El caso español, por cierto, es aún más ambiguo, ya que su entrega ideológica es buena y sus cualidades como combatientes son apreciadas, pero Hitler les considera incapaces de toda evolución política, un pueblo apto para recibir órdenes, no para darlas. Además hay división étnica: las poblaciones de la cornisa cantábrica (gallegos y astures) tienen cierta idoneidad racial, como algunos núcleos de población extremeña***, y al contrario que el resto de los españoles. Sobre todo los andaluces, que son vistos por los nazis como semiafricanos. Por ende, y pese al histórico antisemitismo español, los alemanes han elaborado listas muy detalladas de apellidos racialmente sospechosos, aprovechando la obsesión de los archivos históricos españoles por la limpieza de sangre.

Los vascos suponen todo un reto para los ideólogos de la segregación racial. Es evidente que no tienen ascendentes judíos, pero también está muy claro que por sus venas no corre ni una sola gota de sangre, no ya germana, sino ni siquiera remotamente indoaria.

Los pueblos balcánicos son súbditos de Italia, y los italianos no se preocupan demasiado de los temas raciales. La única excepción son los griegos, debido a la admiración del nazismo por la antigua Grecia. Los griegos son vistos con simpatía por los amos del continente, e incluso hay quien, como Himmler, se empeña en encontrar vínculos raciales entre los antiguos helenos y las tribus germánicas. Claro que Himmler ve vínculos con cualquier pueblo que llame su atención, y hasta ha buscado conexiones raciales entre los alemanes y los japoneses ****

Italia, por cierto, es la única de las naciones no alemanas económicamente independiente. Rumanía, España y Hungría han visto como su escasa industria nacional ha sido adquirida por una red de consorcios alemanes ***** y están integradas en la economía del Reich como suministradores de materias primas y consumidores de manufacturas.

Resumiendo ampliamente, tenemos una Europa dividida en castas raciales e ideológicas, desde la élite gobernante hasta los pueblos serviles. Hay cuatro países con diversos grados de independencia real, aliados de los vencedores, y dos con libertad vigilada, derrotados en la guerra. Dentro de esa telaraña los españoles ocupan un puesto medio-inferior: pueden ocuparse de sus asuntos, pero carecen de influencia como nación. Simplemente son tolerados, y más tarde o más temprano el gobierno de Franco recibirá sugerencias sobre asuntos como la limpieza racial, o la soberanía sobre sus islas.

¿Donde deja esto a los nostálgicos del nazismo en nuestras latitudes? Pues, en el mejor de los casos, serían ciudadanos de tercera, habitantes de países de tercera, y en los peores, dependiendo de sus apellidos, entrarían a la categoría de cuarterones, parcialmente judíos, e incluso, directamente subhumanos, como los chuetas. Y eso los españoles, con nacionalidad propia: los griegos de Amanecer dorado, por ejemplo, no serían aptos ni para limpiar botas en la Europa Nazi y se podrían dar con un canto en los dientes de ser súbditos del Duce. En realidad nuestros fervorosos neonazis deberían estar más que agradecidos a la victoria aliada del 45, pero ni la gratitud ni la memoria caben en cerebros acostumbrados a rebuznar.

Por cierto, todo lo anterior se refiere, exclusivamente, a los hombres. Las mujeres, en el ideario nacionalsocialista, no existen jurídicamente como personas. Se las considera débiles mentales, y no pueden realizar ninguna actividad ajena a la maternidad y el cuidado del hogar sin permiso expreso de sus padres, hermanos, maridos o hijos. Están obligadas a procrear por el bien de la patria y no deben distraerse de esa sagrada labor. Además se les aplica la legislación racial en un grado más, ya que si bien se considera socialmente admisible que un alemán****** se case con una mujer de categoría inferior a la suya (no son raros los matrimonios con mujeres italianas, por ejemplo), bajo ninguna circunstancia se acepta que una alemana haga lo propio con un latino o un eslovaco.

* La amistad entre ambos dictadores se cimentó durante la crisis del Anchluss. Hitler no olvidó el apoyo de Mussolini ni siquiera en sus horas más bajas, de ahí que ordenase su liberación cuando fue recluido en 1943.

** La División Azul era una división nominal del Heer alemán, no una agrupación militar española, así que en el mejor de los casos puede considerarse a España como nación simpatizante, no como aliada

*** Descendientes de las repoblaciones con emigrantes alemanes en tiempos de Carlos I

**** El ReichsFührer se empezó a interesar por Japón durante la guerra, tras recibir como regalo por parte de la embajada nipona unas espadas antiguas y algunos textos sobre el bushido. Enseguida se lanzó a buscar pruebas de un origen ario de los japoneses. Las obsesiones de Himmler eran comentadas por Hitler con grandes burlas en sus conversaciones privadas

***** Ese proceso empezó en España casi al acabar la guerra civil y sólo la derrota nazi cortó la creciente influencia germana en la industria y, sobre todo, la minería.

****** A excepción de las élites, obligadas a salvaguardar su pureza racial por ley.

viernes, 2 de mayo de 2014

UN MUNDO FELIZ (I) Las nuevas fronteras


Hace 69 años el ejército soviético aplastó al nazismo y la bandera roja se alzó sobre las ruinas humeantes de Berlín. Era el final de una pesadilla que duró más de una década y que, de acuerdo a las previsiones de sus artífices, debería haberse prolongado durante 1000 años.

Ya al día siguiente de la victoria aliada, se oían voces (en España, por cierto, muchas) que lamentaban la derrota del nazismo. Hoy sigue siendo un lugar común en determinados círculos afirmar que, al margen de las atrocidades cometidas durante la guerra (y convenientemente minimizadas por los comentaristas), la victoria hitleriana hubiera dado paso a una edad de Oro para la humanidad. Ese tipo de imbéciles (no se me ocurre otro término para describirles) suelen pasar a afirmar que Hitler era un gran político y un visionario. Por supuesto sin haber leído jamás ni una sola línea sobre el tema, mucho menos haber leídos sus textos, ni siquiera sus discursos. Los nacional-cuñadistas parecen convencidos de que a estas alturas viviríamos (sobre todo ellos) en un paraíso, así que creo interesante analizar cómo habría sido ese Nirvana ario (en el que la mayoría de ellos habrían sido ciudadanos de tercera categoría, como veremos más adelante)

Podemos hacernos una idea de las ideas de futuro del nazismo gracias a la prodigiosa verborrea de Hitler y Goebbels, su ministro de propaganda. Bormann hizo transcribir todas las conversaciones de sobremesa de su amo, y el ministro nos dejó sus diarios, llenos de comentarios sobre la actualidad (pasada por su enfermiza visión de la realidad) y el futuro que llegaría tras la guerra. Hagamos un ejercicio de historia ficción: viajaremos a los años 50, para ver esa Europa renacida bajo la cruz gamada. Supongamos, pues, que Japón no atacó a EEUU, Roosevelt no entró en la guerra, la URSS se desmoronó entre 1941 y 1942 y Gran Bretaña, atenazada por una masiva campaña submarina pidió la paz en 1943.

Ante todo, repasemos el mapa. Las fronteras de la mitad septentrional del continente han desaparecido: Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Dinamarca y Noruega han sido absorbidas por el Reich, agrupando a todos los pueblos de estirpe germánica en una sola nación. Suecia y Suiza, también desaparecieron, más o menos al año de terminar la guerra. Suiza, en concreto, ha sido partida en dos, y su mitad sur es italiana.

Francia sobrevive como estado semiindependiente, sólo en parte. El tratado de paz no se firmó en los 40 ya que las exigencias territoriales eran tan brutales que se decidió esperar al final de la guerra para resolverlas. Alsacia y Lorena están en manos germanas, pero también el tercio norte del país, desde la Borgoña* hasta Calais, es alemán, incluyendo toda la costa del Atlántico hasta Brest. París ya no es la capital, y sólo se salvó de ser demolida** porque Hitler quería que quedase intacta para que la gente pueda comparar su provincianismo con la capital del Reich , la nueva Berlín, rebautizada Germania, surgida tras la guerra por obra y gracia de su arquitecto favorito, Albert Speer.

En cuanto al sur del país, el Rosellón y la costa azul (incluída la ciudad de Mónaco) es ahora italiano, y parte de los departamentos pirenaicos son españoles.

El Este es alemán. Los aliados orientales, Hungría y Rumanía, apenas han recibido algunos territorios menores, y Polonia, Ucrania, Bielorrusia, las tierras bálticas y la Rusia europea hasta los Urales y el Cáucaso son el botín de la victoria. Sólo se han cedido algunas tierras al norte, para Finlandia, que ha recuperado sus fronteras anteriores al 39.

Respecto a los habitantes, los polacos germanizables (de apariencia razonablemente aria) siguen en sus tierras en la idea de ser asimilados en unas pocas generaciones pero la mayoría ha sido eliminada, un proceso iniciado ya en la guerra, al igual que la población rusa y ucraniana. No ha sido preciso exterminarlos activamente como a los judíos o los gitanos: se les dejó morir de hambre y frío tras demoler las principales ciudades rusas (incluídas Moscú y Leningrado). En dos inviernos la mayor parte de la población pereció y los supervivientes fueron empujados más allá de los Urales. Queda sólo una población residual esclavizada.

Sí: esclavos. El término exacto, de labios del Führer, es ilota***. Se les mantiene en un estado de semianimalidad, sin alfabetizar, enseñándoles lo justo para leer los carteles de carretera e interpretar las señales de tráfico y que no mueran atropellados. Esta población servil se utiliza para trabajar en marismas, minas y realizar cualquier labor que resulte indigna para los conquistadores. Viven en las peores tierras y, por orden de Hitler, en todos sus poblachos hay altavoces que transmiten a todas horas música burda, para tenerles entretenidos y sin pensar.

El sur de Europa, salvo la Península Ibérica (que ahora es enteramente española, los portugueses han pagado caro su apoyo a Gran Bretaña), es Italia, desde Córcega hasta el mar Egeo. También el norte de África ya que Franco apenas ha recibido una pequeña parte de las colonias francesas: el resto se ha unido a la Libia italiana, que ahora llega desde Orán hasta Siria.

Las Baleares se mantienen bajo soberanía española, pero Himmler lleva años presionando para convertirlas en un protectorado alemán. Dio los primeros pasos durante la guerra de España****, incluyendo la elaboración de un censo de la población judeobalear, las familias chuetas, que miran con preocupación al futuro y están empezando a emigrar a la Península.

Tras el armisticio, Inglaterra ha salvaguardado su independencia, bajo un gobierno afín, aunque Hitler ha prohibido que se exporten las condiciones políticas del nazismo: no desea que otros pueblos de raíz germánica se fortalezcan, así que en Londres se mantiene una apariencia de parlamento. Los ingleses, por cierto, han conservado sus colonias africanas, pero han perdido todas sus posesiones en Asia a manos de Japón. Francia conserva también algunas tierras en el continente negro, como Madagascar. Angola, Mozambique, Cabo Verde y Guinea Bissau han sido cedidas a Franco.

En cuanto al resto de África, Hitler siempre dijo que no tenía ambiciones de ultramar, sólo alguna pequeña colonia africana para suministrar cacao y caucho a Alemania. Esa pequeña colonia se ha traducido en la totalidad de las antiguas posesiones alemanas más todas las belgas. Rhodesia y Mozambique han sido entregadas a Franco. El ministro de exteriores español, Serrano Suñer, exigió que Timor fuera incluída en el lote, pero Japón acogió su petición con sorna.

*Comentado por Goebbels en sus diarios de 1943
**Declaraciones de Hitler en 1940 recogidas por Albert Speer tras la visita del Führer a París
***La palabra aparece una y otra vez en las conversaciones de sobremesa de Hitler, que al parecer estaba fascinado con la sociedad espartana. Igualmente menciona a menudo las condiciones en las que se les permitiría sobrevivir, incluyendo la música para tenerles distraídos
****Las Baleares estaban en el punto de mira alemán ya en 1938, al parecer con la intención de convertirlas en una gran base naval para segurar la presencia de la Kriegsmarine en el Mediterráneo.

sábado, 2 de octubre de 2010

ALGUNAS RECOMENDACIONES (IV)


Deambulaba yo a mis tiernos 19 abriles (recien cumpliditos) por la librería de un centro comercial cuando me llamó la atención un título: Solaris. El autor no me sonaba de nada pero recordé que un tema musical de la serie Cosmos se llamaba El mar llamado Solaris. La edición (a cargo de Minotauro) era sencilla, casi austera, pero me entró bien por los ojos y dado que el precio no era abusivo me hice con el libro. Así, de la manera más tonta, empezó mi historia de amor con Stanislaw Lem.

El primer fin de semana me leí esa novela tres veces y durante los siguientes años me lancé a la caza de todo lo que pudiera encontrar de su autor. Tuve mucha suerte: Minotauro sólo había editado otra de sus obras (El Invencible) pero Bruguera tenía una buena cantidad de títulos en su entrañable colección LibroAmigo (aquella del gatito en el lomo ¿recordáis?) y Alianza Bolsillo acababa de sacar algunos más. A fecha de hoy mi biblioteca incluye 22 volúmenes de Lem y para mi felicidad de cuando en cuando se editan nuevos títulos en castellano.

¿Qué tiene Lem de especial? Es difícil de explicar. Sus libros se consideran ciencia ficción, pero son más bien ensayos filosóficos. Una filosofía amarga y desesperanzada, porque el tema central de su obra es la imposibilidad de la verdadera comunicación y lo inadecuado de las escalas humanas de valores al confrontarlas con el mundo que nos rodea. Para Lem no estamos mirando las cosas de la forma adecuada, y nos quedamos con lo anecdótico porque somos incapaces de asumir lo importante. Hasta ahí nada demasiado llamativo, hay mucha gente que ve la vida de forma pesimista, pero lo asombroso de Lem es su manera de explicarse. Probablemente sea el mejor escritor europeo de la segunda mitad del siglo XX, a la altura de Graham Greene o Borges, por citar otros dos de mis predilectos.

Uno podría esperar que los libros de Lem fueran oscuros y desesperanzados. Algunos lo son: Solaris, el Invencible, Fiasco, retorno de las Estrellas, regreso a Entia, La voz de su Amo… obras que apenas dejan pasar un rayo de sol en medio de la tristeza, pero también tiene otras formas de narrar.

Algunas de las novelas menos conocidas de Lem son frías, distantes. Observamos los hechos de forma desapasionada, como si los diseccionáramos en un laboratorio. Es el caso de La Fiebre del Heno o La Investigación (dos extrañas historias que podrían describirse como literatura estadística) sus curiosas colecciones de críticas e introducciones a libros no escritos (Vacío Absoluto y Un valor Imaginario) o las desapasionadas (pero fascinantes) andanzas del Piloto Pirx. Pero de lejos lo más llamativo de su producción es su obra humorística, centrada en torno a las andanzas del absurdo cosmonauta Ijon Tichy y los estrambóticos maquinoconstructores Trurl y Klapaucius.

Ijon Tichy navega por un universo surrealista en el que las plantas carnívoras de un planeta turístico fingen ser bares con barra libre para atraer a sus víctimas, las lavadoras y las mesas crecen en ordenadas hileras en campos de cultivo y las máquinas cuentachistes para amenizar el viaje se averían antes de que hallamos salido de la órbita de Júpiter, lo que es una suerte porque son unos chistes horrendos. Los mundos que visita suelen estar gobernados por tiranos con ambiciones incomprensibles (lograr que sus súbditos se vuelvan anfibios, sin ir más lejos) y el vacío entre esos mundos puede estar mucho más lleno de lo previsto, como en el extraño viaje en el que la nave de Tichy cae en un bucle espaciotemporal y la nave acaba atestada de Tichys paradójicos.

Las dos novelas largas protagonizadas por Tichy, Regreso a Entia y Congreso de Futurología, son más realistas, sobre todo la última, en la que nuestro viajero visita el futuro de nuestro mundo, descubriendo una pesadilla frente a la cual las más negras historias de Orwell parecen alegres cuentos de hadas.

Por el contrario las aventuras de Trurl y Klapaucius siempre se mantienen dentro de un registro humorístico. Amigos, rivales y Constructores de gran prestigio, sus servicios son requeridos en las más asombrosas circunstancias. Por cierto que no son personas: la Cyberiada es una recopilación de fábulas para robots. Sus historias desbordan emociones, gallardía, amores imposibles… siempre protagonizados por máquinas, como la IV Expedición, o como Trurl se sirvio de un mujerotron para liberar al príncipe Pantarctico de las torturas del amor, y como luego tuvo que usarse un Lanzaniños (y no miente: éste título describe con notable exactitud la historia referida) Nuestros audaces constructores se enfrentan a piratas espaciales, religiones tecnológicas, totalitarismos militares e incluso criaturas imposibles, como en el magnífico relato Los Dragones y la Probabilidad. Porque no es que los dragones no existan, sino que la probabilidad de encontrarlos aquí y ahora es muy baja.

El surrealismo presente en la obra de Lem fue parte esencial de su vida. Superviviente del holocausto, combatiente frente a los nazis, enfrentado a las absurdas hipótesis bioestalinistas de Lysenko, medico e ingeniero frustrado, filósofo de la ciencia, acabaría saltando a la fama por sus cuentecillos cibernéticos y vería Solaris llevada al cine por Tarkovsky a primeros de los 70, en pleno recrudecimiento del neoestalinismo bajo Breznev, y por Hollywood ya en pleno siglo XXI. Dado su periplo, no es extraño que uno de sus ensayos sobre estadística demostrara, entre otras cosas, su propia inexistencia.

En los últimos años, Alianza y Minotauro se han lanzado a reeditar en castellano la obra de Lem, y Editorial Impedimenta ha adquirido los derechos de sus trabajos inéditos, incluyendo sus ensayos científicos, así que animo a todos los amantes de la buena literatura a darle una oportunidad a este singular polaco. Y sí, dije literatura, porque para Lem la ciencia ficción era un vehículo para llegar a todos los lectores, y sus libros van mucho más allá del diminuto ghetto del fandom.

Si alguien quiere intentarlo, le recomiendo que empiece por las distancias cortas: la cyberiada y los Diarios de las estrellas son un modo excelente de abrirse el apetito. El siguiente paso es Solaris y a partir de ahí el límite es el cielo. Sí, yo empecé al revés, pero siempre he sido bastante raruno.

En cuanto al cine, la peli estrenada en 2002 es fácil de conseguir, pero yo no me molestaría ni en echarle un vistazo a la carátula. El propio Lem se llevó una gran decepción ya que lo único mínimamente salvable era el culo de Clooney. La de Tarkovsky, al contrario, es una verdadera joya para los amantes de la ciencia ficción, pero antes de intentar verla recomiendo precaución: son cuatro horas de ciencia ficción de arte y ensayo en ruso subtitulado. No es para mentes débiles.

Poco más puedo decir. Esta semana voy a releer una de sus obras más extrañas, Memorias encontradas en una bañera, que podría describirse como la novela que habría escrito Kafka si hubiera follado de cuando en cuando y no se hubiera tomado la vida tan en serio. La disfrutaré, estoy seguro, pero no tanto como la primera vez que le hinqué el diente. De hecho acabo de darme cuenta de que os envidio. Sí, envidio a todos los que no habéis leído Solaris porque podréis hacerlo cualquier día de estos y quizás (sólo quizás) alguno de vosotros sentirá el mismo asombro que disfruté hace casi tres décadas.

Y si encima vuestra máquina de contar chistes funciona bien os habréis ganado mi odio para toda la eternidad, cabritos suertudos.

lunes, 21 de junio de 2010

Algunas recomendaciones (III)

Por fin he iniciado la demorada limpieza de mi biblioteca. De momento ya he bajado dos carros (uso el de la compra) al contenedor de reciclado y he cedido en adopción un par de docenas de títulos. Pero esta vez el dolor de la criba se ha visto mitigado por una maravillosa sorpresa, porque he recuperado Mi Familia y Otros Animales. Resulta que sí me lo devolvieron pero quedó traspapelado junto a otros trastos y apareció al apartar una torre de papelotes: cubierto por un dedo de polvo pero entero, con sus esquinas gastadas y sus restos de arenilla. Le he dedicado una cariñosa relectura, para volver a disfrutar de una traducción con un sabor ya inencontrable (debido a la puta corrección política la actual edición de Alianza ha eliminado el impagable acento de Spyros Chalikiopoulos)

En tan feliz circunstancia, creo llegado el momento de una nueva entrada sobre uno de mis autores fetiche: Philip K. Dick

Descubría este señor gracias a mi amigo PG. Los que me conocéis me consideráis bastante frikie pero al lado de PG parezco anodino y estandarizado. Entablamos amistad a los 16 años, tras una encendida discusión sobre El Señor de los Anillos, y en su biblioteca pude disponer de obras tan dispares como El Libro Rojo del Cole (ah, tiempos felices), las Fundacion (la trilogía básica, no la basura posterior), Cómo tener la Casa como un Cerdo (imprescindible volumen de autoayuda) y ¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas? de Dick.

Leí Sueñan… poco después de ver Blade Runner, y me llevé dos sorpresas: la primera, que la novela no tenía nada que ver con la película. Los protagonistas y la acción son similares, pero la historia de los androides es tan solo un fondo sobre el que desarrollar la trama de la obra. La segunda fue que Dick era fascinante: me quedé atrapado de principio a fin y dio comienzo una cacería febril en busca de más títulos. Me llevó años, pero entre librerías comerciales y libreros de viejo conseguí prácticamente todo lo que se ha publicado de Dick en castellano.

No es ciencia ficción al uso. Sus historias transcurren en un futuro más o menos cercano pero no hay heroicas hazañas, invasiones extraterrestres o brillantes naves espaciales. Sus protagonistas son vulgares, incluso inadaptados, como el restaurador de cerámicas de Gestarescala, cuya profesión ha dejado de ser útil, o el protagonista de Tiempo Desarticulado, que se gana la vida rellenando un concurso de prensa. Su visión del futuro es sucia y gris pero tampoco trata de hacer antiutopías.

¿De qué habla entonces? De Dick: sus obsesiones, sus frustraciones, sus paranoias y la realidad que aparentemente le rodeaba. Aparentemente es la clave: era un enfermo mental, hijo de una madre posesiva, incompetente y fanática de la farmacopea, crecido en un entorno social absurdo, y consumidor compulsivo de anfetaminas y sustancias más psicoactivas. Su obra trata de dos temas: la pérdida de la fe y la imposibilidad de distinguir lo real de lo irreal.  Es decir, lo que él sentía.

Ninguno de sus mundos iguala la insanía de Los Clanes de la Luna Alfana, cuyos habitantes pertenecen a la tribu de los Depresivos, al clan de los Obsesivo-compulsivos o a la hermandad de Esquizofrénicos. El protagonista, lider de los Paranoicos, se plantea si entrar en la sala de reunión de los clanes o hacer entrar al doble robótico por si le disparan pero ¿y si sospechan que mandará al robot por delante? entonces lo lógico es entrar él, pero quizás han deducido que el descubriría que sospechan que mandará primero al robot y esperarán que entre el primero para asesinarle… Pero la luna de Alfa no es amenazadora: mucho más siniestro es el retrato que hace Dick de otras sociedades muy similares a la nuestra, cuyos pequeños matices las vuelven escalofriantes en su familiaridad.

En su cuento Foster, estás muerto, asistimos al día a día de un niño aterrorizado porque va a morir: su padre no paga la mensualidad del refugio atómico de la escuela, y cuando los rusos lancen las bombas no le dejarán entrar. Cuando va de la escuela a casa corre enloquecido de la puerta de un refugio a otro, confiando en que si llega el ataque podrá colarse dentro, y vive pegado al escaparate de una tienda de refugios, estudiando ansioso los últimos modelos. ¿Absurdo? No tanto: en esos años los niños recibían clases de supervivencia en caso de un ataque nuclear y todo el mundo construía refugios para una guerra que pensaba inminente.

Dick y su primera mujer eran beats, y un día él recibio la visita de unos agentes del FBI: querían que espiara a su esposa, sospechosa de comunismo. Él racionalizó que el mejor camuflaje para un comunista sería el de miembro del FBI, y de sus debates con los agentes nació El Ojo en el Cielo.

En varias de sus obras, como en Dr. Bloodymoney, Dick revela la obsesión por su hermana melliza muerta a poco de nacer, que se convertiría en una presencia fantasma a lo largo de su vida. ¿Suena enfermizo? Su madre enterró a la niña en un nicho con el nombre de ambos hermanos, para que se reunieran en la muerte, luego no es extraño que el pequeño Philip tuviera sueños confusos.

Su segunda esposa (se casó cinco veces) le convenció para hacer algo que no fuera ciencia ficción, y escribió Confesiones de un artista de mierda, protagonizada por un esquizofrénico cuya dominante hermana se obsesiona con la juvenil pareja de Beats que viven al lado, arruina su matrimonio y el de ellos y se casa con el joven recién divorciado. Su esposa, que se obsesionó con Dick y su mujer, arruinó su matrimonio y el de ellos y se casó con él nada más obtener el divorcio, se sintió agredida por la novela (vaya usted a saber porqué) lo que aparejó su segundo divorcio.

En 1974 Dick perdió los últimos asideros con la realidad al descubrir que un judío cristiano del siglo III llamado Tomás se había reencarnado en su cuerpo y trataba de escapar de las garras del Imperio Romano, que nunca desapareció. Nos lo contó en tres novelas, o mejor dicho una novela contada tres veces: Valis, Radio Libre Albemuth y La Invasión Divina.

Stanislaw Lem (hablaré de él otro día) escribió en Polonia un artículo sobre Dick, a quien consideraba el escritor americano más relevante de la segunda mitad del siglo, y logró que una editorial publicara Ubik, la espeluznante historia de unos personajes que ignoran que han fallecido. Dick debía ir a Varsovia para firmar los contratos y Lem organizó un evento con otros entusiastas de la ciencia ficción, para ofrecer a su visitante una espléndida bienvenida y dedicarle un pequeño congreso literario. Entonces recibió una carta del agente de Dick, explicándole que su representado había llegado a la conclusión de que Lem no existía, que se trataba de un ente ficticio creado por el KGB a petición de Nixon para hacerle viajar a Varsovia y, una vez allí, asesinarle y reemplazarle por un doble. Quizás Lem no se sorprendió demasiado, después de todo ya había demostrado en un ensayo su propia inexistencia.

Todo lo que pueda deciros de Dick es poco: en la última década Minotauro ha ido recuperando sus títulos (excepto Ubik, publicado por Factoría de Ideas), así que no tendréis dificultades para haceros con su obra. Recomiendo empezar por sus relatos breves, editados en cinco volúmenes, y considero imprescindibles Sueñan los Androides, Ubik, Tiempo de Marte, Fluyan mis lágrimas dijo el policía, una mirada a la oscuridad, Dr Bloodymoney, y Los Tres Estigmas de Palmer Eldritch.

Dosificadlo: es adictivo y peligroso, puede llegar a hacerte dudar de lo que ves y logra ponerte un escalofrío en la espalda con las situaciones más cotidianas. Y si llaman a vuestro teléfono de madrugada, no respondáis, no sea que una voz angustiada os revele la terrible verdad, que Dick está vivo y nosotros estamos muertos.