Mujer iroqués

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martes, 16 de julio de 2019

AMARGADOS EN LA RED

En los últimos tiempos han salido comentarios sobre una persona razonablemente popular en las redes a la que sigo desde hace varios años, con quien incluso he interaccionado privadamente (aunque no nos hemos llegado a conocer nunca en el 1.0). Esta persona suele ir contando su día a día en clave de humor en twitter, amén de publicar cada cierto tiempo en su blog.

El caso es que desde hace algo más de un año, se le acusa de inventarse todo lo que publica, de buscar casito, de llevar una doble vida... Incluso cierta escritora de segunda (EJEMLucíaEJEM) ha montado una cruzada personal contra él, bastante furibunda, y abierto un blog para atacarle.

Me hace gracia la acusación de inventar. Me extrañaría que haya alguien aquí (en la blogosfera, en facebook, en twitter, en instagram...) que se limite a comentar su día a día sin maquillarlo un poco. Yo, en general, cuento cosas que me pasan, pero no por ello dejo de hacerlo de forma creativa, a fin de que lo que escribo resulte ameno.

También me da la risa con el argumento de buscar casito... va a ser que quien entra en las redes sociales lo hace forzado por su altruismo, por hacer un favor a la humanidad. EVIDENTEMENTE QUEREMOS QUE NOS HAGAN CASO, de eso va el 2.0.

Es más, lo confieso: YO ESCRIBO PARA QUE ME LEAN. Ya podéis apedrearme.

Y la doble vida, que lo que cuenta es demasiado fantasioso, que le pasan demasiadas cosas, que a ver si nos ha tomado por tontos...

Primer punto: ME LA PELA SI ES FICTICIO O NO, LE LEO PORQUE ME GUSTA LO QUE CUENTA Y COMO LO CUENTA. Que es la razón por la que os leo a la mayoría. No entro aquí para aburrirme. ¿Qué os ha parecido mal lo que ha hecho? Perfecto, dejad de seguirle, yo he dejado de seguirle y mi vida no se ha venido abajo.  Pero dejad los linchamientos para las pelis del Oeste, por favor

Y segundo: NO VIVO DEBAJO DE SU CAMA, así que no puedo juzgar qué parte es real, qué parte es maquillaje y qué parte es ficticia. Y no puedo saberlo por un simple motivo: las cosas suceden.

Como he dicho arriba, yo suelo contar cosas que me pasan, pero no os cuento todo lo que me pasa. De hecho no os cuento la mayor parte de lo que me pasa. Soy una persona bastante anodina, con una vida que pasa desapercibida, tanto como mi persona. Si os cruzáis conmigo por la calle no os fijaréis en mí

Sin embargo, si os contase de verdad nuestra vida, la mía y la de mis personas más cercanas, me llamaríais mentiroso o fantasma. Porque en los últimos 8 años nos han pasado más cosas que en los 30 precedentes, algunas muy surrealistas, unas pocas muy dolorosas, la mayoría muy buenas, tanto que a veces me he despertado pensando que lo habría soñado, pero era real.

Y gente que conozco ha vivido en ese mismo tiempo cosas cien veces más emocionantes que las que he vivido yo, porque como os digo, soy gris y anodino. Y ellas tampoco las cuentan.

Cuando leo algo aparentemente improbable me digo, me han pasado cosas mucho más improbables, así que no juzgues.Y creo que es lo que deberíais hacer todos. Pensad en lo que os sucede diariamente, y veréis que casi todo es improbable.

A la escritora de segunda le diría que en vez de gastar su tiempo acosando a esta persona, debería leerle a ver si aprende algo. He disfrutado mucho más leyendo a este chaval y siguiendo su falsa vida que con sus textos pedantes, quejumbrosos y supuestamente audaces, que se han ido alejando eones de su estilo fresco y desenfadado de los primeros años.

Y a los que se indignan y sueltan bilis porque leen algo que les parece demasiado guay para ser real, pues oye, siento mucho que tu vida sea tan gris. Quizás pasas demasiado tiempo aquí y crees que lo importante es lo que sucede en tu pantalla. Ni se te ocurra coger una novela, no sea que lo que sucede en ella te parezca demasiado intenso como para gustarte.

Para finalizar. Unas cuantas personas se han sumado a la escritora para montar una especie de sociedad detectivesca e intentar descubrir cosas sobre ese chaval, acosarle en su trabajo y sacarle a la luz las vergüenzas.

A todos esos detectives: IROS A CAGAR, PATÉTICOS MIERDOSOS

SI tan listos sois, dedicad vuestros poderes al bien, investigad sobre pederastas, abusadores, corruptos, estafadores...

Y si tanto tiempo libre tenéis, dedicaos al voluntariado. Ya que necesitáis sentiros superiores, al menos haced algo útil de lo que enorgulleceros

Fin del comunicado. Me vuelvo al mundo real, que tengo cosas que hacer. Casualmente de esas cosas que, si os las contara, no las creeríais.

domingo, 3 de mayo de 2015

LA ANTICIENCIA EN LOS MEDIOS (I) Frankenciencia


En los últimos años, el analfabetismo científico de nuestra sociedad se ha ido incrementando hasta un punto en el que empieza a afectar al desarrollo de la propia ciencia. El movimiento antivacunas es, actualmente, su cara más visible, pero hay muchas otras. Tenemos a gente convencida de que les fumigan desde el cielo para ponerles enfermos con la complicidad de gobiernos y farmacéuticas, de que las ondas wifi son una conspiración para que cojan cáncer, de que el cáncer* se cura con agüita de limón pero los científicos nos esconden la verdad, de que los laboratorios se pasan el día insertando genes fosforescentes en alimentos para que a los hombres les crezcan pechos y de que habría que volver a los tiempos felices en los que se araba sin tractores y la vida era felíz, natural, y en contacto con la madre Tierra y los ciclos de la Luna**

Este muestrario de miedos no ha surgido de la nada. Los medios de comunicación favorecen la difusión de todo tipo de noticias del tipo ¡vamos a morir todos!, la red está llena de textos e imágenes que muestran los terrores que la ciencia desencadena sobre la humanidad, y el cine, las series, los tebeos y los libros rebosan de científicos jugando a ser Dios y arrastrando a la humanidad a un agujero de horrores y exterminio.

Dado que hoy tenemos muchas series de éxito protagonizadas por científicos, podría parecer que lo que he dicho es exagerado, pero si las observamos con detenimiento, veremos que hay un patrón: el científico, el cerebrín, es un anormal. Los protagonistas de TBBT son cuatro tarados encabezados por un perfecto autista, y la gracia del argumento es ver como esos inadaptados chocan con la gente normal y trata de adaptarse a la vida real. El doctor House es un científico brillante, con una mente afilada como un bisturí, pero la fuerza de su intelecto le lleva a pisotear incluso a las personas que más le quieren. La doctora Brennan es capaz de desentrañar un asesinato partiendo de un rasguño en un hueso, pero no es capaz de entender una metáfora, y la dinámica de la serie se centra en cómo su compañero Booth logra reconducir su frío intelecto hacia la realidad gracias a su fuerza emocional. El caso más paradigmático es Grissom, el protagonista central de CSI: su intelecto es una herramienta casi perfecta, tan objetiva que no hay matices que se le escapen, ni en lo científico ni en lo emocional. Pero fuera de su trabajo es un completo alien, un obseso del orden cuyas principales aficiones son la cría de cucarachas de carreras o las visitas a una granja de muertos, y cuya vida sentimental es un desierto hasta que empieza a relacionarse con una compañera tan inexpresiva como él (en esencia, Sara es Grissom con tetas)

El reflejo del científico como un ente extraño, incluso una fuerza negativa, nació, más o menos, en el periodo de entreguerras, y se consolidó durante los años de la Guerra Fría. Podemos rastrear hacia atrás en busca de la fuente original del miedo a la ciencia, pero no es necesario: hay un término que se popularizó en los años 60, primeros 70, que, si bien está hoy en desuso, señala certeramente a la causa primigenia. La FrankenCiencia (Frankenscience), la ciencia del doctor Frankenstein.

Victor Frankenstein es el prototipo, el MadDoctor original, tan obsesionado en su búsqueda de la sabiduría que no duda en hollar los senderos prohibidos y sacar a la luz conocimientos que la humanidad no debería poseer. Víctor es un Fausto sin Mefistófeles...

...a man of science who sought to create a man after his own image without reckoning upon God.

El castigo a su desmedido orgullo es el caos y la destrucción: ha desencadenado fuerzas imprevisibles que le arrastrarán, a él y a los suyos, a la condenación. Es la misma idea argumental que subyace, un siglo después, bajo el agumento de JurassicPark, El Hombre Invisible o Prometheus (un nombre elegido a conciencia, como veremos en el párrafo final). Los científicos clonan monstruos, investigan un suero maléfico o investigan en conocimientos arcanos más allá de lo humano, y en lógica consecuencia, hay gritos, terror y muerte. En la película del 93, el doctor Malcolm resume muy bien la idea: la naturaleza ya eliminó a los dinosaurios, luego resucitarlos es ir contra la naturaleza (de nuevo el sagrilegio, reemplazando a Dios por Gea).

La figura del doctor Frankenstein se ha vuelto universal. Cuando, en una narración, aparece un científico obsesionado con la investigación, podemos afirmar, con casi un 99% de seguridad, que sus descubrimientos se volverán contra él y morirá de forma horrible. Al buscar el conocimiento, el MadDoctor se alejará de sus seres queridos, perderá el contacto con la moral y romperá todos los límites. Desencadenará epidemias, creará monstruos, abrirá portales, indagará en el corazón de la materia... todo en nombre de la Ciencia, aunque eso signifique condenar a la humanidad a la extinción.

Este cliché muy triste, por dos motivos. El primero, porque entroniza la ignorancia como algo positivo: mejor no saberlo todo, hay conocimientos que el hombre no debe poseer. Y el segundo, porque la universalidad del mito de Frankenstein demuestra la universalidad de la pereza: nadie se ha molestado en leer la impresionante novela de Mary Shelley, Frankenstein o el moderno Prometheo.

* Siempre que leo el típico mensaje el bicarbonato/los limones/el agua hexgonal...cura el cáncer me pregunto a qué cáncer se referirán, porque los vendedores de humo parecen pensar que el cáncer es una sola enfermedad, no docenas y docenas.
** La época feliz y paradisiaca en la que el 75% de los niños morían antes de cumplir los 5 años, cuando cultivar la tierra significaba vivir agarrado a un arado de sol a sol, y un hongo de la patata podía significar el casi exterminio de una población

domingo, 10 de junio de 2012

¿QUÉ SABEMOS DEL PASADO? Escepticismo y paleontología (y III)


Suele debatirse si el T-rex  era carroñero o cazador. El león, que tenemos entronizado como señor de la caza, es un holgazán nato, y siempre preferirá darse un banquete de carroña gratuita antes que correr tras una presa viva. La hiena manchada, que la gente señala como carroñero por excelencia, es un cazador muy eficaz, y es mas normal que los leones le roben la caza a las hienas que a la inversa. Si no podemos separar con claridad ambos modos de vida en animales vivos ¿cómo vamos a hacerlo en criaturas extinguidas hace millones de años? 

Aquí tenemos  otro titular bien llamativo: predador prehistórico comía a sus presas vivas. Primero, una afirmación así no resulta novedosa: cientos de predadores modernos hacen eso, empezando por las ballenas y acabando por las avispas. Además el que su mandíbula permitiría a este animal arrancar grandes trozos de carne a su víctima, no implica que ésta siguiera con vida durante el proceso. Por supuesto vende más la idea del monstruo descuartizando en vida al aterrado herbívoro, pero ni es algo sorprendente, ni un hecho probado.

Si nos alejamos más atrás, las deducciones se vuelven muy peregrinas, porque trabajamos con criaturas tan ajenas a nosotros que podrían pasar por extraterrestres. Hablar de anomalocaris como terrorífico mónstruo depredadormateria de pesadillas parece muy exagerado, más cuando la noticia es el análisis de su estructura ocular. Como mínimo, creo que deberían usarse adjetivos un poco más sosegados, sobre todo porque un estudio casi paralelo sobre la boca de este animal viene a concluir que no sabemos realmente cómo se alimentaba. 


Tenemos la cuestión del aspecto visual de los animales extintos. A priori, una buena reconstrucción se ajustará a la información disponible en el registro fósil, y será más fiable cuanto más detallado sea éste. Una vez más, es más fácil recrear un animal si está más cerca de nosotros. A veces incluso contamos con información de primera mano Como la que nos ofrecen las pinturas rupestres, que nos indican que megaceros tenía una marca de color en la espalda, o que los leones de las cavernas carecían de melena. Hace poco, por añadir otro ejemplo, se ha averiguado que las pinturas de caballos salvajes cubiertos de manchas son sorprendentemente exactas en ese aspecto.

Pero cuando más nos adentramos en el pasado la información a nuestra disposición se vuelve menos detallada y empiezan a entrar en juego varios factores subjetivos, empezando por las modas. Los velociraptores, por ejemplo, suelen ser representados como seres feroces, siempre en actitud sanguinaria, por no decir de psicópatas. Sin embargo es posible interpretarlos como animales mucho más reposados y, a mi modo de ver, más naturales, como en este boceto. Ambas recreaciones se atienen a los datos disponibles, las diferencias se deben a una simple elección personal. En la otra imagen tenemos un dinosaurio aviano, Anchiornis. Tanto el agresivo monstruito dentudo  como el pajarote de aspecto feliz se basan en los mismos datos anatómicos, pero me decanto mucho más por la criatura relajada. 

Puede parecer que los paleoartistas nos inventamos las cosas: no es así, pero es inevitable que te veas influido por las ideas en boga, y que incorpores elementos que, a su modo, son ideológicos antes que estrictamente científicos. Por ejemplo, sigue siendo muy normal representar a los primeros humanos modernos con piel clara, como en esta soberbia imagen de Burian. Sin embargo nuestra especie nació en África y lo lógico sería que nuestros antepasados tuvieran la piel oscura. Esto se debe a un prejuicio heredado del siglo XIX, cuando se presuponía que los hombres blancos eran la cumbre de la evolución.

Hay veces que los detalles obedecen a puras decisiones estéticas, como en mi recreación de una pareja de neandertales: el pelo claro de la mujer fue una elección personal, simplemente quise darle un aire más actual, y no había ningún motivo para suponer que no tuvieran ese color de pelo. Pocos días después National Geographic publicó un estudio sobre la presencia de cabello pelirrojo en neandertales. Hubo quien pensó que yo había accedido a esa información antes de ser publicada, pero fue una simple casualidad, como digo, la elección del pelo fue totalmente subjetiva.

Como norma básica debemos recordar siempre que, en condiciones normales, la piel o el color no se conservan, y la mayoría de los restos  se limitan a esqueletos u otras partes duras. Lo mismo sucede con las plumas, la estructura de las escamas, las crestas de tejido blando... Un caso como el de Anchiornis, en el que la fosilización ha preservado no sólo el plumaje, sino indicios de su patrón de colores, es tan excepcional que casi parece un milagro. Lo usual es interpretar esos elementos en base a evidencias mucho menores, o por pura intuición. 

Resumiendo un poco todo lo dicho, a la hora de valorar una información paleontológica debemos  recordar que lo que se nos dice puede tener diferentes grados de veracidad, en función de la información realmente aportada por los hallazgos. 

La datación temporal en principio debe aceptarse: los métodos empleados son fiables y contrastados, siempre dentro de unos márgenes de error aceptables
La identificación de los restos igualmente debe considerarse válida siempre y cuando hayan pasado por el proceso estándar de publicación, es decir, la revisión por pares.
Los parentescos con otras especies modernas o extintas pueden verificarse hasta un cierto punto: podemos establecer con bastante seguridad la filiación de una especie, pero no podemos afirmar que sea exactamente  un ancestro directo ni un descendiente. En ese sentido es preferible usar cladogramas antes que arboles evolutivos.
Todo lo referente al comportamiento debe analizarse con precaución. Algunos fósiles incluyen detalles muy concretos de la vida de una criatura, otras características pueden extrapolarse con razonable seguridad, pero algunas afirmaciones sobre el caracter o los hábitos de los seres extintos son puramente especulativos, incluso gratuitos.
En cuanto al aspecto físico, en principio, debemos considerar que las reconstrucciones son acertadas, pero dentro de un mismo abanico de datos podemos encontrarnos reconstrucciones muy diferentes e igualmente válidasno debemos olvidar que incluso los mejores paleoreconstructores tienen sus propios gustos y costumbres a la hora de trabajar, y algunas cuestiones van un poco con la moda.

Y eso es todo. Espero no haberos aburrido y, si en algo ayuda lo dicho a mejorar nuestro  ojo crítico a la hora de evaluar una información, podré darme con una piedra en la boca.

domingo, 11 de julio de 2010

Las rubias se extinguen, o porqué los medios difunden gilipolleces


Hace unos ocho años escuché en un telediario que de acuerdo a un estudio genético y estadístico las personas de pelo rubio se extinguirían hacia el año 2200. Esta noticia dio vueltas una temporada por diversos informativos y reaparece de cuando en cuando, pese a que la OMS, supuesta responsable del estudio, desmintió categóricamente la existencia del informe y su veracidad.

Thomas Huxley decía que los errores eran valiosos porque es posible aprender de ellos. Creo que este ejemplo concreto, si bien no tiene nada que ofrecer a la ciencia, nos permite ojear dos problemas que se están volviendo acuciantes: la incapacidad del público para comprender la información científica y la torpeza de los medios a la hora de difundirla.

La clave para que un error cuaje en la imaginación popular es muy simple: no tiene por que ser verosímil, basta con que lo parezca. El supuesto informe resultaba convincente porque estaba cuajado de terminología compleja, lo que Lorenzo, del Comando Almogávar, llama palabras de las de a mil duros. Cuando la gente escucha cosas como muestreo, recesividad, alomorfismo, variabilidad o poliploidismo deduce que lo que se le está diciendo es serio y trascendente. Es un truco muy usado por las empresas de cosmética, cuya propaganda está cuajada de expresiónes como oxígeno activo, eliminador de radicales libres o restauración cromosómica, o las de detergentes, cuyos productos están tan llenos de elementos tensoactivos, complementos polarizadores y complejos lipidolísicos que me sorprende que todavia les quepa el jabón.

En el caso que nos ocupa todo depende de dos palabras, recesivo y dominante. La noticia explicaba que al ser recesivo, el gen del pelo rubio estaba desapareciendo, porque el gen del pelo moreno, dominante, lo reemplazaba a medida que se extendía el mestizaje. De acuerdo a los datos estadísticos (inexistentes) los últimos rubios morirían en Finlandia. Los medios que difundieron primero la noticia podrían haber evitado el sonrojo comprobando la veracidad de las fuentes, pero en realidad una mínima edición del texto por parte de alguien con dos dedos de frente hubiera detectado el fraude.

El término recesión suele indicar retroceso o decrecimiento, al menos en su uso económico, pero en biología, cuando indicamos que un carácter es genéticamente recesivo queremos decir que no se manifiesta en presencia de un caracter dominante. Simplificando mucho, si una persona tiene dos alelos para el color del pelo, y ambos determinan el color rubio, será rubia, pero si uno de los dos genes determina el color moreno será morena, porque ese gen es dominante y el rubio es recesivo. Eso no significa que el gen rubio sea destruido por el moreno, simplemente no se manifiesta, pero permanece ahí y se transmite a la descendencia. El gen (los genes, no hay uno sólo) del pelo rubio sólo se extinguiría si sus portadores tuvieran menos probabilidades de reproducirse, pero eso no sucede. Las gentes de pelo claro son minoritarias, lo que las hace llamativas y les da una probabilidad de reproducción ligeramente superior al resto, y las que portan el gen sin que se manifieste son indistinguibles de cualquier otra persona morena. Fin de la historia: los genes rubios no van a desaparecer.

Sorprendentemente lo que acabo de decir le suena a chino a la mayoría de la gente, y digo sorprendentemente porque se estudia en la Enseñanza Secundaria. De acuerdo, la mitad de los adolescentes aprobarán por pura lástima de sus profesores y buena parte de la otra mitad habrá olvidado todo lo aprendido en la ESO antes de cumplir los 18 años. Eso explica que el público piense que un gen recesivo está en extinción, pero los periodistas ¿no cursan estudios superiores?

Llegamos a la clave del problema. sí, tienen estudios, pero éstos ignoran olímpicamente todo lo relacionado con las ciencias. Es una situación paradójica: los adalides de las Letras se quejan de que las carreras científicas duras dan de lado las Humanidades, con lo que los científicos son incapaces de comprender las implicaciones sociales y humanas de su trabajo. Nada puedo objetar a este planteamiento, pero los mismos plañideros consideran que los estudiantes de Humanidades no tienen necesidad de entender nada remotamente relacionado con las ciencias. Es absurdo, ni la sociedad ni la cultura viven ajenas a la ciencia. Un sociólogo no puede trabajar sin comprender el impacto que tiene hoy en día la globalización de las redes, un historiador necesita entender las bases de la radiodatación para poder establecer la falsedad o veracidad de un documento o un resto arqueológico y un periodista no debería presentar una información científica si ni siquiera es capaz de discernir cuándo le están gastando una broma.

Para empeorar las cosas las modernas corrientes filosóficas agrupadas bajo la bandera del relativismo pretenden quitarle peso al conocimiento científico, con la excusa de que la verdad depende de las circunstancias sociales y culturales y la ciencia, después de todo, no es más que una cuestión de opiniones. Por supuesto es un punto de vista rentable para ellos, porque les permite opinar sobre lo divino y lo humano sin hacer el más mínimo esfuerzo, pero resulta desastrosa de cara a la comprensión de la ciencia y sus limites.

¿Recordáis a la oveja Dolly? Ese año estuvo plagado de noticias absurdas y debates ridículos sobre la clonación que sólo evidenciaban era la ignorancia de tertulianos y presentadores. Las bobadas que llegan a difundirse acerca del calentamiento global o las fuentes alternativas de energía darían risa si no fuera porque los políticos suelen ser tan ignorantes como los periodistas y se las creen en igual o mayor grado. Por supuesto proclaman ante cualquier micrófono que la ciencia es vital para el desarrollo, pero no dedican ni un segundo de su tiempo a informarse con seriedad y a la hora de decidir sobre las inversiones en sanidad, desarrollo, comunicaciones… lo harán basándose en criterios erróneos e incluso anticientíficos.

Actualmente las deficiencias a nivel universitario se suplen con cursos de postgraduado y especialización, pero estas medidas sólo afectan a pequeños porcentajes de los titulados. La solución a largo plazo pasa por reforzar la atención a las ciencias en la educación secundaria y añadirla de forma curricular a las carreras de humanidades. Es una opción difícil y llevaría tiempo, pero a fecha de hoy no veo otras opciones. Arthur C. Clark decía que la incomprensión de la ciencia podía llevar a que se volviera indistinguible de la magia. Puede que no hayamos llegado tan lejos, pero es alarmante el modo en el que la estulticia puede calar en el público disfrazada de conocimiento.

Para completar este tema quiero presentar un listado de patrañas que pese a su inconsistencia han calado en el saber popular y son vistas como verdades incontestables, empezando por la anécdota relativamente inofensiva que ha abierto esta entrada.

• Los rubios se extinguirán en el siglo 22 (la de la foto parece muy sana pero lo mismo está agonizante y aguanta el tipo por el qué diran)
• Las rubias son tontas (protesto energicamente en nombre de mis amigas P, C, P2, A y mi prima P: rubias todas ellas y más que listas, brillantes)
• Usamos sólo el 15% de nuestro cerebro (o el 10, o el 25, depende de quien lo cite)
• La Coca Cola desatasca cañerías (y yo gastando dinero en fontaneros)
• El calentamiento global causó el desastre del Katrina (ya puestos también podríamos acusarle del naufragio del Titanic)
• Los velocirraptores eran raudos cuales guepardos y listos como chimpancés (cuanto daño puede hacer el cine)
• Los chimpancés son pacíficos, juguetones y vegetarianos (mire usted mal a un chimpancé adulto y ríase usted de Atila el Huno)
• Las angulas se extinguen por la contaminación (el hecho de que nos las comamos a toneladas antes de que puedan reproducirse no tiene nada que ver)
• Los aceleradores de partículas pueden generar agujeros negros (en el bolsillo sí, porque son tirando a carillos)
• Los delfines son seres amables y cuasihumanos (si por cuasihumanos entendemos violadores compulsivos, aceptaremos delfín por animal de compañía)
• Las antenas para móviles, los microondas, las torres de electricidad, y las redes inalámbricas causan cáncer en los niños (da igual cuantas veces se haya demostrado la falsedad de esa afirmación: cada vez que aparece algún avance relacionado con ondas vuelve a ser noticia)
• Todo lo citado da cancer, pero las pulseritas magnéticas nos salvan de todos los males (y el agua imantada, el gran invento del siglo XXI)
• Hay que beber cinco litros de agua todos los días (¿quién puede estar detrás de esto? ¿Lanjarón? ¿Bezoya? porque la del grifo no vale)
• 9 de cada 10 dentistas recomiendan… o 9 de cada diez ginecólogos… o 9 de cada diez dietistas… o 9 de cada diez lo que sea (cuanta unanimidad: seguro que al décimo le marginan en los congresos, le escupen y le señalan con el dedo)
• La cirugía plástica te embellece (confío en que tras el ejemplo de la Esteban las consultas en la Corporación Dermoestética caigan en picado)

En fin, esto es sólo un mínimo muestreo, y que conste que he omitido los saberes populares que aunan la ignorancia con el prejuicio, como que los negros son bailones, los latinos ardorosos, los alemanes eficaces, los argentinos charlatanes, las mujeres intuitivas o los gays ordenados, porque además de preocupantes me resultan particularmente enervantes.

Ya puestos, si alguien conoce algún ejemplo particularmente llamativo (y a ser posible divertido) no dudéis en señalármelo. Podemos dedicar una entrada a analizarlo, buscar sus orígenes y las causas de que haya calado en el imaginario popular. Y sin más doy por cerrado (de momento) el tema y me vuelvo al cretácico, que ando liado con un animoso grupo de velociraptores.

Y no, no estoy viendo el futbol. Por mí que le den con una vuvuzela del revés a la roja, a la azul y al pulpo.