Mujer iroqués

miércoles, 13 de enero de 2021

CROISSANES PARA LOS HOBBITTS


Hace un par de noches, estaba viendo un documental sobre el segundo asedio de Viena. Mientras iba escuchando la historia, y saltando a otros vídeos donde se trataban algunos puntos más en detalle, de pronto empecé a pensar que yo ya conocía esa historia, aunque hasta ese momento siempre había pensado que Viena sólo había sufrido un asedio por parte de los turcos, el llevado a cabo por Soleiman el Magnífico en el siglo XVI. Finalmente caí en la cuenta de porqué me resultaba todo tan familiar:

Estaba rememorando el asedio de Minas Tirith, en la novela de El Señor de los Anillos.

Al principio pensé que había sido una casualidad. No se me ocurría ninguna razón por la cual Tolkien hubiera buscado inspiración en un hecho aislado de la historia centroeuropea para esa parte de su novela, pero empecé a notar muchas similitudes y opté por preguntar en las redes, por si alguien podía resolverme la duda. La mayoría de las respuestas fueron negativas, no hay ningún indicio al respecto en los apuntes o en las cartas del autor ni en los análisis de su hijo Christopher, pero alguien apuntó que esa hipótesis no es descabellada. El usuario Arathornil me comentó que en la guía de lectura de Christina Skull y Wayne G. Hammond se considera como muy probable esa relación. Por desgracia no tengo acceso a esa obra, pero voy a exponeros mi propia argumentación en favor de esta idea.

Ante todo vamos a comparar Minas Tirith y Viena. En principio no parece haber muchos parecidos, más allá de ser ambas capitales de un antiguo reino, pero eso se debe a que tendemos a pensar que la ciudad del Danubio era la corte de Sissi o el escenario donde se desarrolla Amadeus. Sin embargo en los siglos XVI y XVII lo que hoy es Austria era la última línea de defensa de la Cristiandad frente al imperio Otomano, igual que Gondor es la barrera que impide que Mordor se abra paso hacia el Oeste.

Antes que Minas Tirith, la gran fortaleza frente al Enemigo era Minas Ithil, conquistada siglos atrás por Sauron y rebautizada como Minas Morgul. Luego caería Osgiliath, dejando a la ciudad blanca sola frente al poder oscuro.

Europa estuvo a salvo de los turcos mientras Constantinopla permaneció en pie, pero ese último baluarte cayó en 1453. En 1521 le llegó el turno a Belgrado y a partir de ese momento Viena, tras sobrevivir al primer Asedio en 1529, se convirtió en el rompeolas que frenaría los avances otomanos. Su único aliado por el sur, el reino de Hungria, fue destruido dos décadas después.

Tolkien, al parecer, describió en cierta ocasión a Gondor como bizantino. Hoy puede parecer que ese término significa decadente, pero desde un punto de vista histórico el Imperio Oriental fue la salvaguardia de la Europa Medieval. Cuando occidente se fragmentaba en docenas de reinos, el mayor poder cristiano era Bizancio. Y, al igual que Gondor, el Imperio fue debilitándose poco a poco, hasta quedar reducida a la gran Ciudad y unos pocos territorios adyacentes.

Y llegamos al momento del segundo asedio. Pasado su gran momento de gloria en el XVI, cuando la alianza entre los Austrias de España y del Imperio era imbatible, la Francia de Luis XIV ha ido minando la fortaleza de sus enemigos Habsburgo, incluso apoyando subrepticiamente la nueva expansión de los otomanos, que se ha frenado algunas décadas tras la derrota de Lepanto*.

El ejército que llega hasta las puertas de Viena el 14 de julio de 1683 supera en 10 a 1 a los escasos defensores de la ciudad, ya que el emperador Leopoldo se ha retirado hacia Linz tras ser derrotado por una poderosa fuerza de jinetes tártaros, aliados de los turcos. También las tropas húngaras, ahora en el bando otomano, golpean el territorio austríaco

Junto al ejército de los orcos de Mordor, llegan tropas de hombres del Este y del Sur.

Viena no va a ser defendida por su monarca, sino por su gobernador, el Conde Rüdiger von Starhemberg. 

Minas Tirith no está protegida por los descendientes de isildur, sino por los senescales.

El gran visir Kara Mustafá comanda el ejército otomano. Su señor, el sultán Mehmet, en Constantinopla, aguarda la noticia de la caída de Viena. 

Las fuerzas de Mordor no son dirigidas por Sauron, sino por su mano derecha, el Rey Brujo, señor de los Nazgul.

El asedio durará dos meses. En eso Tolkien abrevió muchísimo, en realidad tomar una ciudad bien amurallada no es algo que pueda hacerse en un par de días. Pero lo que nos importa sucede justo al final, en septiembre, al llegar tropas en auxilio de la ciudad.

El viejo rey Jan Sobieski, de la federación polaco lituana, cumple su palabra al emperador y acude al frente de su ejército y contingentes de diversas naciones. Suman unos 60.000 hombres, frente a los 150.000 de los turcos.

La hueste de Rohan cabalga sin descanso para llegar a Gondor, haciendo honor a la vieja alianza, con el rey Theoden al frente. Por el otro flanco, se acerca Aragorn con unos 15000 hombres del sur y una pequeña fuerza de montaraces. Unos 22000 en total, frente a los 200.000 del ejército de Mordor

Han llegado justo a tiempo, casi en el último momento: Viena está a punto de caer, con su guarnición desfallecida de hambre y el asalto definitivo en marcha. Los hombres de Sobieski han logrado rechazar un contraataque de los sitiadores, y llegan cuando el grueso del ejército otomano se lanza sobre las brechas de la muralla. La infantería polaca, aprovechando que los turcos se han concentrado en el asalto, avanza por un flanco, y arranca la batalla decisiva.

Los rohirrim creen que han llegado demasiado tarde, pero escuchan el canto del gallo y saben que la ciudad aún resiste.


Jan Solevski aparece ante las líneas enemigas a través de un bosquecillo, junto a la caballería pesada polaca: los húsares alados. Le siguen todas las fuerzas montadas de la coalición. Los defensores, desde las murallas, ven llegar el auxilio y aguantan la acometida de los otomanos. El propio rey da la orden y encabeza a sus lanceros: 18000 jinetes galopan directamente contra los sitiadores, la mayor carga de caballería de todos los tiempos.

Los jinetes llegan a los campos de Pelennor y Theoden cabalga hacia la batalla, seguido por 6000 lanzas. 

El ejército Otomano, pese a su superioridad numérica, no puede frenar un ataque tan poderoso. Los húsares alados rompen sus líneas y la hueste montada atraviesa la retaguardia turca como un huracán, mientras su infantería desbarata cualquier intento de cortar su avance.

Con sus tropas centradas en la ciudad, el señor de los Nazgul apenas tiene tiempo de reorganizar sus líneas y los rohirrim las van derrotando separadamente. La llegada de los refuerzos dirigidos por Aragorn decide la batalla, formando el yunque contra el que golpea el martillo de los jinetes.

La derrota otomana es absoluta. Kara Mustafá logra escapar en la confusión, pero sus tropas dejan cerca de 20000 muertos en el campo de batalla, y sufren miles de bajas durante la retirada. El visir será ejecutado como castigo por su fracaso. La Divina Puerta nunca se recuperará: si el asedio supuso el climax de su grandeza, su derrota frente a Viena marca el comienzo de su ocaso. En los siguientes años Serbia y buena parte de la actual Rumania serán recuperadas por los Habsburgo y el imperio otomano retrocederá para no volver

Si el asedio de Minas Tirith es el zenith del poder de Sauron, la carga de Rohan marca el inicio de su fin, que llegará con su caída diez días después. El reino de Gondor es restaurado por Aragorn y recupera su poder sobre las tierras al este. El Señor Oscuro ya no volverá a levantarse.

Por supuesto todo esto es una simple elucubración. Es posible que todo lo que acabáis de leer no sean sino una sucesión de casualidades y que yo esté forzándolas para hilar ambas narraciones. Sin embargo Tolkien era un gran erudito, y sería extraño que nunca hubiera oído hablar del Gran Asedio y Jan Sovieski. La historia de la llegada del viejo rey y su carga al frente de los húsares alados recorrió toda Europa, y la liberación de Viena fue festejada con tañír de campanas, misas y festejos. 

Visualmente ambos eventos son el mismo: una ciudad asediada, a punto de caer ante un enemigo  inmensamente superior, una falange de jinetes dirigida por un anciano lanzándose a la batalla en el último momento, una victoria contra toda esperanza.

Como recuerdo del Asedio, los panaderos de Viena elaboraron un bollo que hoy se consume en todo el mundo, el Croissant, una representación comestible de la Media Luna otomana (croissant significa Creciente)

Tolkien no nos dijo qué elaboraron los panaderos de Minas Tirith para la coronación de Aragorn, pero me gusta pensar que durante esos festejos los hobbitts, reponiéndose de sus heridas, disfrutaron en los desayunos de algún bollo ovalado, con forma de ojo, elaborado en crujiente hojaldre. Y, fieles a la costumbre de los medianos, repetirían e incluso tripitirían, porque aniquilar la Oscuridad es un trabajo agotador, y conviene reponer fuerzas de cara a cualquier viaje, incluidos los de regreso.

Con o sin bollería, este año releeré en algún momento El Señor de los Anillos, y os animo a hacerlo. Si es vuestra primera vez, no hagáis caso a quienes sueltan el tópico de que Tolkien dedicaba demasiado espacio a las descripciones. En su obra no sobra ni una sola palabra, ni un solo diálogo, ni una sola descripción: todo tiene sentido y función y, al igual que en un tapiz, si arrancas un hilo, la urdimbre se deshace.

Y, cuando lleguéis a los campos de Pelennor, no olvidéis que una tarde, hace siglos, un viejo polaco desenvainó su espada y emprendió esa misma cabalgada, sin ser consciente de que él y los suyos galopaban directamente hacia la leyenda.

* Puede ser otra casualidad, pero Saruman tiene un papel parecido al de Luis XIV

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