Mujer iroqués

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sábado, 11 de abril de 2020

SOBRE GITANOS, MURCIANOS Y LA SEMANA SANTA ANDALUZA (I)


Hace mucho que no escribo en el blog. Y hace mucho más que no escribo sobre religión. Pero esta extraña Semana Santa, caracterizada por la ausencia de procesiones, me ha hecho pensar un poco sobre dos hechos aparentemente inconexos.

En Aegypto, de John Crownley, se plantean dos preguntas: ¿Porqué en el dolar hay una pirámide? y ¿porqué se creía que los gitanos eran magos y brujos?

La pirámide del dolar representa al Gran Sello de los Estados Unidos, y es un símbolo masón, elegido por los Padres Fundadores, que eran masones. Cuando los masones adoptaron el símbolo de la pirámide se proclamaron herederos de la sabiduría secreta y milenaria de Egipto, recibida a través de los textos de Hermes Trismegisto. Éstos, en realidad fueron redactados hacia el siglo II y no tienen ninguna relación con el antiguo Egipto, pero la atribución se mantuvo y prosperó en la Edad Media, ya que todo el mundo sabía que era la más antigua de las civilizaciones, y que sus textos estaban llenos de secretos, dado que era imposible leerlos (hacía siglos que se había perdido el conocimiento de los jeroglíficos) Cuando apareció la masonería, se creó el mito de la sabiduría perdida de los atlantes, transmitida a los egipcios y por estos a los constructores del templo de Salomón que a través de la orden del Temple... (aquí sigue la inacabable colección de paridas sobre las que se sustenta el supuesto legado de masones, rosacruces y similares)

En cuanto a los gitanos, se les creía dotados de misteriosos poderes porque, cuando llegaron a Europa, parecían extraños a ojos de sus habitantes: tenían costumbres nómadas, relaciones de tipo tribal, una lengua ajena al griego y al latín, ropas peculiares y unas características étnicas exóticas para los europeos (piel bronceada, cabellos y ojos oscuros, facciones sensuales). La explicación que se dio fue que gentes tan misteriosas debían venir del misterioso Egipto*.

Por eso se les llamó en España
egitanos (egipcios, ya que Egipto se escribía Egito en el S. SV) que luego derivaría en gitano, y en Inglaterra Egyptians que se convirtió en Gypsy (sí, ambos términos derivan de la misma palabra) Y, puesto que eran egipcios, debían tener poderes y conocimientos secretos.

Así que en el dólar hay una pirámide, y los gitanos eran acusados de practicar la brujería, porque hasta el S. XIX (y a veces, todavía) todo el mundo
sabía que los antiguos egipcios tenían conocimientos y poderes misteriosos**.

Bien, pues en estos días, normalmente, la televisión estaría repleta de imágenes de las procesiones de la Semana Santa, con especial hincapié en las procesiones andaluzas y, por encima de todas, de la Semana Santa Sevillana. Y veríamos a todas horas a las gentes de Sevilla chillando con histerismo, azotándose hasta el éxtasis, deshaciéndose en lágrimas copiosas, gritando piropos atronadores a sus vírgenes, llegando a las manos cada vez que una cofradía chocase con el recorrido de otra, y por supuesto defendiendo que SÚ CRISTO (o virgen, o santo...) no tiene por qué ceder el paso a otro de inferior categoría. Y, en caso de semana santa lluviosa, imágenes de cofrades llorando desesperados por no poder sacar sus pasos y proclamando entre hipidos que llevan todo el año preparándose para ese momento.

Podemos ver escenas similares o incluso de mayor nivel histérico en los festejos del Rocío, con ese asalto multitudinario a la reja que hace parecer las vueltas a la Kaaba en La Meca una tranquila excursión campestre. Y, si nos damos un paseo por las iglesias y catedrales andaluces, saldremos mareados de la cantidad de santos, ángeles, custodias, ornamentos, tapices y dorados que las recubren.

La religiosidad de los andaluces, a ojos de una persona crecida en, pongamos, Valladolid o Huesca, parece totalmente fuera de proporción. Y esas son tierras con profundas raíces culturales cristianas, pero las celebraciones como la Semana Santa se viven con bastante austeridad, y los templos, incluso las grandes catedrales góticas, resultan sobrias por comparación con sus recargadas homólogas al sur de Despeñaperros. Eso nos lleva a preguntarnos ¿porqué? ¿Qué pasa en Andalucía para que allí la religión se viva tan, tan exageradamente?

Pues por la misma razón por la que todo el mundo considera que los murcianos son brutos, cerriles, semianalfabetos y de poca confianza, y que su habla es una lengua de catetos e ignorantes. Sin embargo cualquiera que viva o visite Murcia no verá ningún signo de especial debilidad mental entre sus pobladores, ni costumbres bárbaras o arcaizantes así que ¿porqué se piensa que los murcianos son idiotas?

La respuesta, mañana. Qu
e ya es tarde y me voy a la cama

* En realidad el pueblo romaní viene de Asia, probablemente de la península del Indostán, y no tienen ninguna relación con Egipto

** Cuando Champollion descifró los jeroglíficos y se leyeron por fin papiros y grabados en piedra pudo verse que la cultura egipcia era vital, alegre, y su religión estaba muy alejada de misterios esotéricos y conocimientos ocultos. Pero a día de hoy la leyenda de la sabiduría secreta de la Atlántida y Egipto sigue circulando entre los fanáticos de la conspiración y el ocultismo, adaptada a los tiempos modernos con la inclusión de extraterrestres


viernes, 4 de junio de 2010

Breve guía del improperio (y III)

No quiero cerrar el tema de los insultos sin hacer mención a esas palabras repletas de sabor y tradición que han ido cayendo en el desuso y sólo son empleadas hoy en día por gentes lo bastante mayores como para haber crecido con ellas y personas con un gran conocimiento del idioma castellano y sus raíces. Algunas han sido reivindicadas en los últimos años por humoristas televisivos como los miembros de Oregón Televisión, Muchachada Nui o José Mota. Vaya desde aquí mi admiración y agradecimiento por esos profesionales que reivindican un humor mucho más allá de las risas enlatadas y el chiste facilón.

Se trata de expresiones populares con una gran riqueza sonora y visual, que en ocasiones sólo han sobrevivido en algunas comarcas de nuestra tierra, convirtiéndose en localismos. De ahí que la mayoría carezcan de equivalencias fuera de España, dada la imposibilidad de transcribir a otras lenguas su sonoridad y capacidad evocadora. Vamos a repasar una pequeña parte de este tesoro nacional, digna herencia de nuestros ancestros

MAJADERO es una de mis palabras favoritas. Deriva de la acción culinaria de majar, golpear repetidamente para machacar, como se hace con la mano del mortero, y es una ocurrencia muy feliz, pues el majadero une a su cortedad de luces la insistencia en la tontería, es decir, es el necio machacón. Se trata de un buen ejemplo de fuerza fonética, ya que la sucesión de vocales abiertas se refuerza con la dureza de la J, subrayando así el hartazgo que sentimos ante el que se hace merecedor del apelativo

SOPLAGAITAS es un sinónimo popular de estúpido. Llamamos así a los que creen estar demostrando sus dotes y habilidades sin comprender que se ponen en ridículo. El símil resultará evidente para cualquiera que haya escuchado tocar a un buen gaitero y sufrido después a algún aficionado bienintencionado pero incapaz.

Otra belleza de nuestro idioma es TUMBAOLLAS, con su sinónimo TRAGALDABAS. ¿Necesitan explicación estas maravillas?. Quédense los ascetas con sus raciones desangeladas: quienes pisamos firme sabemos que festejar es zampar y si la gula es pecado lo es por ser placer. Diganme tumbaollas, tragaldabas, arrebañapucheros o tripero, que no me avergonzarán porque, parafraseando a Sancho, al buen comer dicen José.

ZOTE es, sin duda, el término más sonoro y contundente para calificar al torpe de entendederas. Resulta una palabra especialmente sabrosa porque la apertura en Z se prodiga poco en nuestro idioma, pero abunda en palabras ofensivas, como ZOPENCO, que es casi un sinónimo de zote, pero mientras esta señala a los de comprensión lenta, aquella se ciñe a la persona de mollera pétrea.

Existen otros improperios azetados, como ZASCANDIL, persona ligera y enredadora, es decir, liante y culo de mal asiento, o la contundente palabra ZARRAPASTROSO que, según mi chica, se define sin necesidad de diccionario: basta con mirarme.

El personaje de El Cansino Histórico se ha hecho célebre por la retahila de insultos con la que reboza a sus víctimas, y entre ellos destacan dos con Z: ZAMARRO, bruto y tosco, y ZUMALLO, término de origen euskaldún, que define a aquel que canta sus virtudes sin poseerlas (por la zumalla, un simpático pájaro cantor).

De los otros (muchos) términos popularizados por el Cansino sólo destacaré PREGONADO, que gana fama sin mérito, y PUDRECOLCHONES, dicho del holgazán e inutil sin enmienda.

ATROPELLAPASTOS es otra expresión compuesta digna de elogio, que remite quizás al recuerdo del temido caballo de Atila. Y no en vano,pues el atropellapastos o atropellaplatos (versión más doméstica del primero) es aquel que siembra el caos por su torpeza y precipitación.

El CAGAMANDURRIAS es un personaje digno de nuestro desprecio, siendo el hombre (que no mujer) atildado y pagado de sí mismo, que presume  sin gracia ninguna que le adorne. Su mejor sinónimo es un galicismo, PETIMETRE, conversión de petit mâitre, es decir, jefecillo, que se da aires sin tener autoridad. La palabra castellana es una acertada metáfora visual, ya que el señalado camina tan estirado como si llevara una mandurria o bandurria dentro del culo.

Finalmente destacaré dos simpáticos localismos, el aragonés DESUSTANCIADO y el manchego PAN SIN SAL, sinónimos para la persona aburrida, sosa y sin gracia, que pasa por la vida sin dejar tras de sí nada digno de recordar.

En fin, quedan en el tintero cientos, miles de expresiones populares repletas de dignidad y merecedoras de mejor suelte que el olvido y la extinción. Si recordáis alguna de especial significación para vosotros, usadla sin pudor y no dudéis en señalármela, ya que si reunimos suficientes propuestas podremos plantearnos una nueva entrega de ofensas populares.

viernes, 28 de mayo de 2010

Breve guía del improperio (II)

Vamos a centrarnos ahora en los epítetos floridos. En general son términos más modernos que los vistos en la anterior entrada, y se considera que implican un agravio mayor. A diferencia de los insultos clásicos, que suelen referirse a la cortedad de luces, éstos aluden al comportamiento y los hechos. La ignorancia lleva a mucha gente a emplearlos de forma inadecuada, ya que su sentido puede resultar ambiguo para los neófitos y además es posible emplearlos de forma admirativa, lo que añade más confusión al problema. Intentaré echar un poco de luz sobre este enmarañado asunto.

El improperio castellano de mayor peso es la expresión compuesta HIJO DE PUTA. Existen formas similares en otros idiomas, tanto en lenguas latinas (figlio da puttana) como de raíz bárbara (son of a bitch). Cervantes empleó el término en el diálogo de Sancho con el Caballero del Bosque, en el modo elogioso, referido a la hija del buen Panza, ¡Oh hideputa, puta, y qué rejo debe detener la bellaca!, y al vino con el que acompañan la cena, Oh hideputa, bellaco, y cómo es católico!, comentario que Sancho remata añadiendo no es deshonra llamar hijo de puta a nadie cuando cae debajo del entendimiento de alabarle.

Su sentido literal, vástago de meretriz, ha caído afortunadamente en desuso ya que ni nadie puede señalar como indigna a la mujer que ejerce el sexo profesional, ni hay hoy en día escándalo en que una madre busque el goce carnal fuera del vínculo marital, así que su empleo peyorativo se ciñe al modo de actuar del mentado. Decimos que alguien es un hijo de puta cuando sus acciones buscan el propio beneficio a costa del daño ajeno, ya sea de forma abierta o encubierta. Son hijos de puta los corruptos, especuladores, estafadores y prevaricadores, los falsos amigos, los compañeros traicioneros…

El término CABRÓN señalaba antiguamente el desdoro del honor masculino. Se decía cabrón al marido consentidor, que vivía de sus cuernos, tan mentado por Quevedo: Y si está el remedio en eso, a los cabronazos que hay agora en el mundo decildes que se anden diciendo malo y bueno a sus mujeres, a ver si les desmocharán las testas y si podrán restañar el flujo del hueso. Así pues  cabrón era cornudo, y su uso menoscababa la virilidad del ofendido, a quién se suponía manso y acomodaticio. Olvidado ya ese significado, cabrón se ha vuelto un sinónimo casi perfecto de hijo de puta, con el matiz añadido de que se aplica a personas cuyas acciones son tan torcidas que nos ponen furioso, es decir, nos encabronan.

El tercer insulto de origen sexual es el ubicuo MARICA, y su superlativo MARICÓN. Ya no suele usarse para aludir a las tendencias homosexuales, pero sigue siendo válido para describir a la gente cursi que nos mira como si tuviéramos problemas de olor corporal. Son lo que se la cogen con papel de fumar, pijos, redichos, preocupados por lo políticamente correcto. Luego llamaremos maricón al hombre (no se aplica a mujeres) que hace o dice mariconadas.

Mas complejo y sutil es el empleo de la palabra MAMON, porque su homóloga CHUPAPOLLAS resulta muy similar en apariencia, a otra forma compuesta, LAMETRASEROS. No obstante hay claras diferencias entre ellas, de nuevo debidas a la actitud del metafórico chupador.

Ante sus superiores en lo social o económico, el mamón (o chupapollas) y el lametraseros se hacen los encontradizos, doblan la cerviz y despliegan halagos, imitando los gestos de sus amos y atendiendo sus menores deseos. Pero mientras el lametraseros camina de forma servil y amedrentada ante sus semejantes, apaciguándolos con su falta de carácter, el mamón se crece, como si la grandeza de los poderosos se le pegara a fuerza de lengüetazos, y actúa cotidianamente de forma soberbia y fanfarrona. Donde uno recibe el desprecio del público, el otro gana su abierta hostilidad. Si pensáramos en símiles políticos, el mamón podría ser un hipotético ex jefe de gobierno con abdominales de chocolatina y una mueca por sonrisa, y el lametraseros se reflejaría en un ficticio presidente cuyos antepasados pudieron dedicarse a la manufactura de calzado.

El español, sumergido en valkores heteropatriarcales, ve mejor la actitud del mamón, por su relación (aunque sea oral) con los atributos masculinos, mientras que al servil puro se le adjudica la tarea humillante de mantener lustrosos los traseros. Esta valoración es errónea ya que ambas actitudes reflejan a personas acomplejadas y sin peso, sólo que unos disfrazan su vaciedad con grandes voces y los otros se esconden bajo un barniz de falsa bondad, lo que, a mis ojos, los hacen merecedores de similar rechazo.

El CAPULLO, al contrario que el mamón, no suele actuar de forma servil, pero comparte su actitud ufana e hinchada. Un capullo tiene de sí mismo una imagen desmedida y la muestra a todas horas, como si su ego fuera una condecoración. Podemos ver magníficos ejemplos en los círculos artísticos, ya que muchos autores esconden la inanidad de su obra construyéndose una fachada de excentricidad tras la que no hay más que aire caliente. No es raro que el capullo quede avergonzado para regocijo del público, pero en vez de aprender una lección de humildad se limita a remendar los restos del disfraz y continúa su camino como si nada hubiera pasado.

Muy parecido es el GILIPOLLAS, pero éste resulta menos ampuloso en sus maneras y el ridículo le llega por circunstancias ajenas o exceso de énfasis. El gilipollas actúa movido por su entusiasmo, incluso lleno de buenas intenciones, pero sus limitaciones, el azar, o la pura mala suerte le dejan en evidencia, paralizado, sin reaccionar, es decir, como un gilipollas. Para entender mejor su modo de empleo basta recordar cierta tonadilla de Javier Krahe:

Y entré con el salero
al comedor de Marieta
la bella, la traidora
ya estaba acabando el flan

Y yo allí con la sal
como un gilipollas, madre
Y yo allí con la sal
como un gilipollas


Hay quien considera malsonante el término y prefiere símiles como gilipichis o gilipuertas, pero ninguno alcanza la sonoridad rotunda de la elle entre dos vocales abiertas. Además el gilipollas suele ser en el fondo una persona entrañable, cual mascota gorda y torpona a quién es imposible querer mal, así que apenas se puede considerar que esta palabra sea realmente un insulto.

Para cerrar este apartado, quiero mencionar el uso admirativo de estos términos, algunos como superlativos (mamonazo, cabronazo). Muestran sorpresa y asombro a la vez que desagrado, como cuando alguien detestable logra salir con bien de una situación imposible, lo ha logrado el muy hijo de puta, o evidenciando nuestra envidia ante logros supuestamente inmerecidos, ¡Qué mamonazo! ¿como lo habrá conseguido?. Lo que viene a demostrar, por desgracia, que la mayoría de las buenas personas, en el fondo, lo son porque no se atreven a seguir sus instintos, y si tuvieran un ápice de valor se comportarían como verdaderos cabronazos.

domingo, 23 de mayo de 2010

Breve guía del improperio (I)

El castellano es un idioma visceral, muy dado al comentario seco y tajante. Quizás por eso nuestro vocabulario incluye una rica y florida colección de improperios cuyo uso va más allá de la agresión verbal. Empleamos improperios para ofender a un mentado, bien es cierto, pero también (feliz paradoja) para alabarle o describirle, para subrayar la importancia de una acción o simplemente como refuerzo sonoro a nuestra oratoria.

El improperio, como la mayor parte de nuestro legado lingüístico, vive tiempos difíciles. Se usa de forma incorrecta, en situaciones inadecuadas, y su rica diversidad se ve menoscabada, ya que tres o cuatro términos monopolizan toda su área de trabajo. Dado que los medios de comunicación no hacen sino exacerbar esas tendencias y la Real Academia no presta la debida atención a este tesoro cultural, creo llegado el momento de ofrecer al lector una adecuada guía de términos ofensivos y malsonantes, en la confianza de enriquecer nuestro habla cotidiana y preservar nuestra herencia.

Analizaré primero los epítetos clásicos, en principio los de menor carga dialéctica. Sólo referiré aquellos que aluden a la capacidad intelectual del afectado, ya que las ofensas relacionadas con el aspecto físico no merecen la menor atención: los que como yo nos asomamos con prudencia al espejo por las mañanas sabemos que la belleza es pasajera e intrascendente y su reparto resulta notoriamente injusto.

Empezaré por el que podría ser considerado como el insulto medio del castellano, TONTO (-A) y sus sinónimos tontaina, tontaco y tontorrón. Describe a la persona falta o escasa de entendimiento. El tonto es un ser limitado, que no ve más allá de la superficie de las cosas, lo que le hace susceptible de burla y engaño. Pese a la afirmación de que tonto es aquel que hace tonterías, lo cierto es que el tonto suele ser consciente de su condición, lo que le lleva a la prudencia: de ahí la abundancia de tontos muy listos.

Su diminutivo (tontito-a) tiene un matiz cariñoso, siendo muy usual su empleo en familia o dentro de una conversación de pareja. El aumentativo (tontísimo) no aporta gran cosa en cuanto a contenido pero tenemos una amplia familia de términos compuestos que magnifican la condición del tonto. Los hay para todos los gustos (tontolanona, tontolapolla…) pero los más característicos son

    – Tontolaba: tonto de categoría superior, incapaz de apercibir la realidad que le rodea.
    – Tontolculo: tonto muy, pero que muy muy tonto.
    – Tontoloscojones: tonto en grado superlativo, cuya tontería roza ya lo congénito.

Por debajo del tonto nos encontramos con un falso sinónimo, el IDIOTA. Este término designa una limitación que va más allá de la simple falta de raciocinio. La idiocia, de hecho, fue clasificada en otros tiempos como un problema mental, y en años realmente tristes se empleó como justificación de políticas eugenésicas. Debido a ello, es un término que, personalmente, prefiero no usar.

BOBO es un sinónimo casi perfecto de idiota, que suple su escasa musicalidad con la contundencia de la doble o. Además es un improperio realmente breve, siendo superado en cortedad sólo por su homónimo francés, Sot, un término admirable, empleado con gran elegancia por el Cyrano de Rostand


Voilà ce qu’à peu près, mon cher, vous m’auriez dit
Si vous aviez un peu de lettres et d’esprit
Mais d’esprit, ô le plus lamentable des êtres,
Vous n’en eûtes jamais un atome, et de lettres
Vous n’avez que les trois qui forment le mot : sot !


Más allá del idiota o bobo están los términos relacionados con las carencias intelectuales severas, encabezados por el desagradable epíteto subnormal. Dado que esta palabra se aplicaba antaño a personas con graves discapacidades es preferible evitar su uso y el de sus sinónimos (como el infamante mongol). En su lugar propongo un neologismo felizmente acuñado por los geniales Gallardo y Mediavilla en su inmortal obra Makoki en Niu Yos: INNORMAL.

Si volvemos al centro de nuestra escala y subimos un peldaño por encima del tonto nos daremos de bruces con el PARDILLO, personaje que podríamos describir como aquel que, no siendo demasiado tonto, se cree mucho más listo de lo que es, Hablamos pues de la víctima perfecta para charlatanes, sacacuartos y otras gentes de escasos escrúpulos. Esta incapacidad para percibir adecuadamente la propia limitación hace que el pardillo, siendo algo más inteligente que el tonto, sufra con mucho más rigor los problemas derivados de su condición.

Aún más grave es la situación del ESTÚPIDO, que podríamos describir como la persona que no es especialmente tonta pero cuyas acciones, elecciones y decisiones son estúpidas, es decir, contrarias al sentido común. Si pensamos en términos televisivos, el actor Benny Hill solía encarnar personajes tontos, mientras que el Mr. Bean de R. Atkinson encaja en el perfil del estupido.

La estulticia es independiente de las cualidades intelectuales del sujeto, ya que se puede ser una eminencia en varias especialidades del conocimiento sin dejar de ser un completo estúpido. La gravedad de esta condición radica en que causa daños de forma aleatoria e imprevisible: el dolo que sufre el pardillo beneficia al que le engaña, pero el del estúpido no genera beneficio alguno. Un estúpido puede generar un desastre que afecte a todos sus conocidos sin obtener ningún beneficio de ello, y en general perjudicándose a sí mismo por el camino. Y lo hará sin premeditación o malicia, con la mejor de las intenciones y sin aprender nada de sus errores, es decir, estúpidamente*.

En el extremo superior de nuestra escala está el IMBÉCIL. Podría parecer una persona de la misma categoría que el estúpido, pero va un poco más allá, porque el imbécil es aquel que actúa de forma estúpida pero no sufre daños propios o no es consciente de los mismos. Hablamos del bocazas que nos avergüenza públicamente, el impresentable que publica en internet las fotos que creíamos felizmente perdidas, el fantasmón que suelta el volante para que todos vean lo firme que es la dirección de su coche, el gracioso que apunta a todos sus amigos a la lista de correo de una web de zoofilia… Esta persona no se considera perjudicada por las consecuencias de sus actos y si encuentra alguna causa de diversión en ellos va creciéndose hasta convertirse en un genuino elefante en cacharrería o trata de perfeccionar su arte, degenerando en bufón o payaso.

A largo plazo, empero, el imbécil es menos lesivo que el estúpido, ya que la evidencia (para los demás) de su condición y el exacerbamiento de sus acciones le lleva a sufrir el ostracismo social o a acabar rodeado por sus semejantes, en tunas universitarias, peñas deportivas, clubs de fans y otros asociaciones de mal vivir, donde su imbecilidad no destaca demasiado dentro del promedio.

*Para los que deseen profundizar en este espinoso tema recomiendo encarecidamente la lectura de Las leyes fundamentales de la estupidez humana, de Carlo M. Cipolla.

sábado, 15 de mayo de 2010

El castellano es machista

Me duele decirlo porque el castellano es un idioma bello, exacto y elegante, pero no podemos cerrar los ojos: es machista hasta grados enervantes.

Podemos verlo en algo tan anodino como la formación del plural en pronombres y determinantes. Si un conjunto incluye miembros de ambos géneros su plural, indefectiblemente, es masculino. Es decir: si formamos parte de un grupo constituido por mil mujeres y un hombre, debemos pensar en nosotros. Esa es, por cierto, la causa de que los gentilicios se definan  como masculinos (los alemanes, los lucenses, los alfacentaurinos…) con la excepción del mítico pueblo de las amazonas, ya que según la leyenda no había hombres en sus tierras.

Un caso similar se da en las denominaciones profesionales. Antes las profesiones estaban separadas por sexos pero hoy ya no son exclusivas. La mayoría de las masculinas siguen siéndolo (piloto, médico…) pero se buscan eufemismos para los oficios femeninos cuando los ejercen hombres (no hay azafatos, sino asistentes de vuelo).

En una ocupación tradicionalmente femenina como la cocina se usan ambos géneros pero se ha añadido un extranjerismo masculino para señalar la categoría más sublime. La mujer sigue siendo cocinera, pero el artista de los fogones, la estrella, es el chef, puesto ocupado en un 99'9% de los casos por hombres.

Pero si hay una trinchera donde ha encontrado refugio el machismo carpetovetónico es el habla popular. Algo bueno es cojonudo, algo caro vale un huevo, algo soso o molesto es un coñazo, un hombre acobardado es una nenaza o un pichafloja, los valientes le echan cojones y aquello que merece destacarse es la polla. El mejor ejemplo lo encontremos en los términos relativos al oficio más antiguo (y denostado) del mundo

ZORRO: Espadachín californiano enmascarado y justiciero.
ZORRA: Puta.

PERRO: Mejor amigo del hombre.
PERRA: Puta.

TROTÓN: Caballo adiestrado para el paso corto y veloz.
TROTONA: Puta.

BUSCÓN: Pícaro, hombre que se busca la vida.
BUSCONA: Puta.

AVENTURERO: Osado, valiente, arriesgado, hombre de mundo.
AVENTURERA: Puta.

CUALQUIER: Fulano, Mengano, Zutano, y tantos otros.
CUALQUIERA: Puta.

HOMBREZUELO: Hombrecillo, varón mínimo o pequeñito.
MUJERZUELA: Puta.

MANCEBO: Hombre joven y soltero
MANCEBA: puta.

GOLFO: Masa de agua marina parcialmente rodeada de tierra.
GOLFA: Puta.

PUTIN: Honorable jefe del estado ruso.
PUTINA: putilla.

HOMBRE PÚBLICO: Personaje prominente.
MUJER PÚBLICA: Puta.

MI JEFE: Hombre situado jerárquicamente por encima mío.
MI JEFA: Menuda puta ¿Cuantas pollas se habrá comido para que la asciendan?.

HOMBRE QUE COBRA DINERO A CAMBIO DE SEXO: machote, campeón, pichabrava, huevos de oro, supermán, torero ¿Cuál es tu secreto, oh maestro?
MUJER QUE COBRA DINERO A CAMBIO DE SEXO: Puta.

Creo que mi argumentación está sobradamente demostrada así que no añadiré más. El machismo es un problema real de nuestra lengua y debemos hacer todo lo posible por corregirlo. La solución pasa por dejarnos de remilgos y usar la educación y el sentido común, cambiando no tanto nuestros hábitos de hablar como nuestra forma de pensar, porque el habla, después de todo, refleja nuestro interior.

El sentido común por desgracia escasea, y el afán por la corrección política ha llevado a extremos tan cursis como el deleznable intento de una formación política de promover la conversión de la partícula @ en una vocal transgenérica. Aún más lamentable es la decisión por parte de la Academia de feminizar términos como presidente o líder, que no son masculinos, ya que señalan a la persona que realiza una acción indepedientemente de su sexo. Una mujer que preside, asiste o lidera es una presidente, una asistente o una líder.

Aún peor es ver como lo que para el llorado Tierno Galván fue una broma (aquel célebre jóvenes y jóvenas) ha cobrado peso y notoriedad en boca de nuestros representantes, que sienten la necesidad de duplicar el sujeto de sus frases para hacerlas (en su limitado entender) más inclusivas y evitar ofensas o desaires imaginarios.  Y así en las campañas electorales (uno de los momentos en los que el idioma sufre más patadas) oímos florituras como:

… queridos compañeros y compañeras … correcto pero innecesario, si no es posible calcular la proporción de sexos el uso del os es adecuado y no resulta discriminatorio.
…queridos asistentes y asistentas… juro que oí esa expresión en boca de un conferenciante hace cuatro años, por desgracia nadie debió grabarlo para subirlo a YouTube.
 … queridos miembros y miembras … mi favorita: si al menos fuera miembros y vaginas la terminología sería correcta aunque innecesariamente descriptiva, pero no, sueltan el miembras y hasta se les ve felices usándolo.

Por si alguien lo ignora, sólo apuntaré que ¡¡¡¡¡¡NO EXISTEN LAS MIEMBRAS, PEDAZO DE GILIPOLLAS!!!!!!

Señores académicos y políticos, no dudo de su buena fe e intenciones (miento: dudo, y mucho) pero sus iniciativas sólo añaden confusión y descrédito a nuestra gramática. La lengua tiene vida propia y no puede cambiarse a golpe de decreto. Si quieren ayudarnos a liberar al castellano de su lado oscuro, prediquen con el ejemplo, si es que son capaces.

Podríamos terminar aquí este tema, pero no quiero dejar de hacer notar algo a aquellos que, como vimos más arriba, asocian en su boca el valor con la masculinidad. Si los hombres tuviéramos que parir la humanidad se habría extinguido en el neolítico, salvo que la epidural se hubiera descubierto a la vez que el fuego. Antes de usar los genitales como medida de todo lo bueno deberíamos pensar quién se ha encargado de mantener en marcha el mundo mientras nosotros nos colgábamos las medallas, porque por mucho que pese a algunos, no hay marcha atrás, y puede que lo próximo que nos cuelguen del cuello sean nuestras pelotas cortadas.

Merecidamente cortadas, dicho sea de paso.