Mujer iroqués

sábado, 24 de septiembre de 2011

DIARIO DE LA PATERNIDAD RESPONSABLE (IX) Miedo


(Para Diana, que está a punto de conocer a su hijo. Estoy seguro de que ella lo hará cien veces mejor que yo)

Uno de los defectos de los padres es la impaciencia. Apenas tienes a tu bebé recién nacido ya estás deseando ver el día en que se graduará en la universidad, o temiendo el instante en el que le partirán el corazón por primera vez, o abrazarle cuando se lo curen. No es que, en sí, desear que el tiempo vuele sea un problema. El problema es que, en general, el tiempo sí vuela y recibes lo que querías, mucho antes de lo que esperabas. Y centuplicado.

Le ves en su cunita, agitando brazos y piernas y piensas en el momento en que te hará caritas y pedorretas. Unas semanas después es imposible acercarse a menos de un metro y medio sin recibir metralla en los ojos.

Le tienes en brazos y piensas lo gracioso que será verle gatear. Antes de que hayas acabado de respirar estás tapando todos los enchufes de la casa y apartando obstáculos para que el pequeño suicida no logre electrocutarse ni desnucarse.

Le ves gatear y piensas, es tan pequeñito y tan mono y tan comestible y será precioso verle ponerse en pie y dar los primeros pasos. A los pocos meses has tenido que vaciar todos los estantes hasta 1 metro de altura para evitar que tu miniAtila haga pedazos todos los objetos frágiles de tu hogar.

Le ves balbuceando y piensas, ¿Cuándo dirá sus primeras palabras?. Y al poco te sorprendes diciéndote ¿Se callará de una puta vez? ¡QUIERO UN BOTÓN DE OFF!

Pero no escarmentamos, y un día piensas ¿Cuando se hará mayor? Y un día te levantas y te das cuenta de que tienes en casa un preadolescente.

Por mucho que te ciegue el amor paternal, los síntomas están a la vista. Tu pequeño gateador le saca a estas alturas media cabeza a su madre. La nevera, por arte de birlibirloque, se vacía de la noche a la mañana, por rápido que intentes reponer las viandas. Cuando la criaturica sale de la ducha, cada vez es más difícil no fijarse en la matita de vello... y de pronto notas ciertos cambios en su caracter.
No es que antes tuviéramos en casa un dulce y obediente niñito, pero lo que antes eran sordos murmullos de protesta, miradas bajas fingiendo arrepentimiento o expresiones de bambi intentando enternecer nuestros pétreos corazones, ahora son portazos, gestos despectivos, exigencias a todas horas y sonoros ¡¿Porqué tengo que (recoger-hacer los deberes-ir al colegio-lavarme los dientes-hacer la cama-intentar vestirse como un ser vagamente humano-dejar de hurgarse lanariz en público... infinitas posibilidades)?! ¡¿Porqué no puedo tener (una videoconsolanueva, un perro, un gato, un caballo, una moto, una tele en su cuarto, un iPhone, un ordenador personal, el triple de paga... si será por pedir)?! ¡¡¡¡DÉJAME EN PAZ!!! (+portazo) Nada demasiado grave, todavía, o al menos nada que no se solucione con las fórmulas mágicas...

- Porque soy tu padre-madre-ambos en feliz acuerdo y te lo mando
- Porque el dinero no crece en los árboles
- A tu cuarto, castigado una semana sin tele ni ADS

Pero sabes que el efecto de estas sentencias se diluirá en un año, puede que en unos meses, y empiezas a tener miedo. Por ti, y por tu pareja, pero también por él... sobre todo por él. Ya no hay más aplazamientos, antes de un año tu niño se estará ahogando en un mar de hormonas y ni siquiera dejará que le eches un cable.

No es que no hayas tenido preavisos. Llevamos casi tres años notando como su curiosidad sobre determinados asuntos... digamos, anatómicos, han ido en aumento. No puedo olvidar el día en que, con 8 años, se metió en mi cuarto de trabajo, ojeó el Jueves que tenía al lado del ordenador, y me dijo...

- Papá, esta señora...(Clara de Noche)...
- ¿Sí?
- ...esta fo, ¿verdad?
- ...mmmsíii, en efecto, está fo.
-...Oye...y mamá y tú...¿también fo?
-...mmmsíii, en efecto, mamá y yo también fo
-...y...¿os gusta fo?
-...mmmsíii, a mamá y a mí nos gusta mucho fo.
-...ah, vale...

En ese momento acabó el interrogatorio y D salió del cuarto. Por suerte, porque en ese preciso momento estaba a punto de decirle ... y si tú no fueras tan puñetero y no hubiera que llevarte a rastras a la cama y lavarte a la fuerza y te acostaras a tu hora sin tantas protestas y no nos dejaras tan agotados podríamos fo mucho más, pero como llegamos rotos a la cama, aquí, en general, ni fo, ni jo ni pollas con volatines en vinagre!!!

Otro síntoma muy evidente es lo mucho que se le van los ojos detrás de las chicas desde hace unos meses. Lo que me lleva a temer que en un breve plazo mi amiga S, temiendo por la integridad de su hija V (la mejor amiga de mi hijo) se comprará una espingarda y mucha munición.

Las ansias de marcar territorio van en aumento. Nos cuesta mucho tener un ratito para nosotros solos. Estamos en el salón, relajados, mirándonos a los ojos, él acaba de cenar, se ha ido a leer a su cuerto, nos cojemos la mano... pasos por el pasillo, niño plasta, tebeo en ristre, se sienta justo entrambos. Le mandamos para su cuarto explicándole que llevamos todo el día sin vernos y nos apetece estar un ratito solos, él se va rezongando siyonohagonada, noesjusto, yonoestabamolestando, esquenomequeréis, yosoloqueríaestarconvosotros... y a los cuatro minutos justos vuelve a aparecer con alguna pregunta absurda y haciendo amago de volver a sentarse de carabina.

Por fin llega la hora de acostarse, le apagamos la luz, le damos su beso, buenas noches, buenas noches, buenas noches, volvemos a relajarnos, momento romántico... pasos por el pasillo, niño asomante, esquetengosed-pis-caca-nopuedodormir ¿mepuedoquedarunratito? en momentos así uno descubre que el instinto paternal es tremendamente fuerte, porque si no existiera esa misma noche me ficharían por hijicidio.

Pero ese no es el problema. las molestias son lo de menos. Las tenemos asumidas desde hace tiempo, y sabemos que irán a más, pero no me preocupan. Lo que me desasosiega, lo que me quita el sueño desde hace meses, y no se me va de la mente es el miedo. Han pasado ya tres décadas, pero mi memoria es dolorosamente exacta. Recuerdo las noches de comerme la cabeza pensando que nadie me entendía, los rechazos, la sensación de soledad, los calores, las tensiones con mis padres y mis hermanos, el pánico/deseo/vergüenza... frente a las chicas, ... también recuerdo los buenos momentos, los abrazos, las risas, la sensación momentánea de calma cuando todo encajaba por unos instantes... pero, quizás por la disparidad de sentimientos, pienso que lo malo fue, de lejos, mucho más intenso que lo bueno.

Si sirviera de algo, me sentaría a su lado* y le diría, sé como te estás sintiendo, lo recuerdo, está grabado a fuego en mi mente. Y no puedo mentirte, irá a peor, y pensarás a veces que no puedes con ello, y te caerás mil veces y nosotros no podremos hacer nada para evitarlo, y nos odiarás por no ayudarte, pero es necesario caerse antes de levantarse. Y saldrá bien, te levantarás, caminarás solo, y entonces de verdad empezarás a vivir.

Pero sería inútil. El único modo de crecer es creciendo. Sólo podemos observar y, en lo posible, evitar que le duela demasiado. Y tendremos que aguantar desaires, desplantes y momentos horribles, porque seremos los que le pondrán trabas, los que no le dejarán salir a deshoras, mirarán con suspicacia a sus amigos, y le marcarán límites que él querrá saltarse. A sus ojos, todo nuestro empeño será cortarle las alas. Y nos va a odiar, porque le queremos, y haremos todo lo que esté en nuestra mano para que no le hagan daño ni se lo haga a sí mismo.

Me queda el consuelo de que, al contrario que yo a su edad, mi hijo tiene facilidad para hacer amigos, lo que le evitará algunos momentos amargos. Y es muy guapo, lo que quizás le ahorre algunos complejos. Pero el resto se lo comerá entero. Y nosotros tendremos que verlo.

En apenas unos meses mi hijo será un adolescente y empezará la tormenta, estemos o no preparados, y me temo que yo, al menos, no lo estoy.

Siento no poder rematar este texto con una frase ingeniosa o un comentario divertido. Pensaba que podría explicaros lo que siento de forma ligera, y que lograría haceros esbozar una sonrisa cómplice, pero no me sale. Tengo demasiado miedo.

* En realidad a quien quisiera de verdad tranquilizar es al niño angustiado que fui hace 30 años y que sigue escondido en algún lugar. Quisiera encontrarle, darle un abrazo y decirle, no tengas tanto miedo, saldrá bien, te prometo que todo saldrá bien.

18 comentarios:

caterina dijo...

Creo que la tormenta pasa y la labor de los padres es precisamente hacer su ayuda invisible para que no haya conflicto...

Pero todo pasará, ya verás, todo va a salir bien...

José Antonio Peñas dijo...

Lo sé, pero le veo por las mañanas, empezando su último año en el colegio, y me da el bajón. Y a mi chica, lo mismo. Ya ves, vaya par de asustados profesionales...

Oye, ahora que caigo, es la primera vez que comentas por aquí. Muchas gracias y un besazo (a ver si nos conocemos pronto y te lo doy en vivo)

Teresa, la de la ventana dijo...

Si eres capaz de hablar sobre el tema de la manera en que lo haces, no me cabe duda de que eres un buen padre. Pero milagros... ni Dios los hace. El deberá estrellarse, como todos hemos hecho, y levantarse solo. Mejor si tiene al lado unos padres con la mercromina preparada y un abrazo siempre dispuesto. Y eso, me parece que tu hijo lo tiene más que asegurado...

Boticaria dijo...

Hola, es la primera vez que entro en tu blog, había leído comentarios tuyos en el de Moli, y desde allí vengo. Me ha llamado la atención el título del post.
Tengo que decirte que has descrito a la perfección mis sentimientos, bueno, te has quedado un poquito corto, si cabe. Yo no tengo miedo, lo que tengo es pánico, porque mis churumbeles tienes respectivamente 15 (chica), 13 (chico) y 11 (chico). Así que multiplica tu dosis de miedo y voilà, aquí tienes tu ración de pánico elevada al cubo. No es fácil, no. Un saludo. Seguiré por aquí.

Leticia dijo...

Precioso Peñas. Aterrador, pero precioso. Gracias

José Antonio Peñas dijo...

Jo, Leticia, perdona, lo último que querría es que ahora te asustes tú.

Tricius dijo...

Pe mas mira q me queda lejos pero aún así has conseguido meterme el miedo en el cuerpo.

José Antonio Peñas dijo...

Menos mal que sólo nos asustamos después de tener un hijo, si lo hiciéramos antes, nos extinguiríamos.

Phaskyy dijo...

En la mayoría de tus entradas he aprendido algo y siempre he sentido que poca cosa tendría yo que enseñarte. Pero mira tú por donde…esta es la mía. Yo por ahí ya he pasado.
Mis dos criaturos (así llama un buen amigo a su hijo) ya han pasado la edad del tuyo.
Tengo la impresión y creo que no me equivoco, que te preocupas mucho por la educación de tu hijo,(cosa que me alegra muchísimo) Eso te será recompensado (seguro).
Es difícil, si. Muy difícil
Volcamos en nuestros hijos nuestras ansias. Deseamos que hagan lo que nosotros no pudimos hacer, que disfruten de los momentos del mismo modo que nosotros lo hacemos ahora,( quizás sea por darnos una segunda oportunidad en la madurez que no pudimos o no supimos aprovechar en la adolescencia.) desearemos que se enamoren de quien les correspondan, que ningún amigo le deje en la estacada, que no se queden nunca solos ,.que sean brillantes en lo que les guste hacer, que trabajen en lo que les guste y que estén sanos(esto lo pongo en primer lugar)
Pero ellos………...ellos sufirán y no lo podremos evitar.
Se enamorarán y tu lo harás a la vez que ellos y serás feliz si los ves felices. Te enamorarás de su pareja si ella o el lo está.(#quefelizestamihij@). Pasarás del amor al odio si ves que le hacen daño. Pasará por tu cabeza de todo, (#yomatoalcapullloese) Pero te aguantarás.
Esto es la vida.
Mira hacia atrás.
Mírate ahora,
¿No crees que muchos de los que creías que te hacían sombra en tu adolescencia ahora se quedan en nada a tu lado? ¿De que les sirvió correr?¿Por qué todo les salía bordado? ¿Por qué eran mas altos? ¿Por qué mas guapos? ….Es nuestro momento. Lo disfrutamos creo yo, mas que ellos ahora.
Suena un poco rollo maso , pero creo que el sufrimiento en eso nos hace fuertes y nos engrandece ante este tipo de cosas.
Si te sirve de consuelo, vuelve a mirarte. Yo lo hago. Y cuando les veo pasar por todo eso me digo….- no te preocupes…saldrá de esta y aprenderá.

Un abrazo fuerte y muchas gracias por poder disfrutar de estos ratillos.

P.D NO te retrases tanto en el siguiente.

José Antonio Peñas dijo...

Eso es cierto. He visto cómo los machos alfa de la manada se acomodaban, dando por supuesto que nunca dejarían de ser guays. Los que tuvimos que ganárnoslo todo sufriendo estábamos mejor preparados para enfrentarnos a la vida, una vez superamos el miedo. Ahora les veo de cuando en cuando y pienso si tienen mi edad ¿porqué me parecen viejos? ¿qué les pasó? ¿Dónde se les cayeron las ganas de vivir?

José Antonio Peñas dijo...

Gracias, Boticaria. Por desgracia el mal de muchos no me impedirá seguir aterrado.

Y, por cierto, bienvenida y encantado de saludarte

Phaskyy dijo...

Mientras ell@s corrían, otros nos ejercitábamos. Ell@s ganaron una etapa. Pero ¿quien gana la carrera?

Irene dijo...

Si, se ve clariiiito el porvenir. Yo aun estoy en la parte de tratar de que no se mate el mismo (4 años), pero ya noto en su personalidad que la adolescencia va a ser dura. Y no se si te pasa, pero muchas veces pienso "coño, mi mama/papa tenia razon" o "con razon esto o aquello". Por lo pronto pienso que mantenerlo entretenido para que no piense tonterias es buena practica.

Anónimo dijo...

Joseantonio eres un ca...ón.
Creo que es la primera vez que me haces llorar en la torta de años. Y lo peor es que estoy en la oficina. Explíqueselo usted a la sección de "solteros sin hijos que viven felices".
Me queda la esperanza de que lo sobrellevaremos juntos.
Y por cierto, lo de la espingarda es más tema de J.
Besos de tu cosufridora S.

José Antonio Peñas dijo...

Lo siento. No era mi intención darle mal cuerpo a nadie. Menos que nadie, a ti.

sonia dijo...

Se pasa igual de rapido que las pedorretas. Cuando te des cuenta se afeitará, volverá un dia pasado de copas o te dará mil vueltas en cultura cinefila o musical. A mi me ha pasado. Mi preadolescente coñazo se ha transformado en un joven maravilloso. Solo hay una receta: amor + humor. Y los tres siguientes vienen arreando. Un beso .

C. Martín dijo...

Es que yo siempre he creído que tenía que ser al revés, que nacieran con quince años y que fueran descumpliendo, que yo cuando nacieron necesitaba poder hablar con ellos y cuando te acostumbras a que son bebés, de repente te encuentras con personitas y, lo que es peor, personitas que se parecen escandalosamente a como tú eras de pequeño o que reconoces a tu hermano en sus actitudes, gestos y hasta reacciones.
Y resulta que es en eso en lo que consiste ser padres y que es tan difícil que cuando eres hijo ves lo mal que lo hacen y cuando eres padre te das cuenta de que no hay forma de acertar ni fórmulas mágicas.
A mí me sirve de consuelo que se darán cuenta algún día de que su madre les quiso muchísimo.

Grândola dijo...

Me siento plenamente identificada con tu escrito. Soy madre de hija preadolescente y ya estoy empezando a ver lo que le produce la media hormona, que de momento, tiene revolucionada. No me quiero ni imaginar cuando eclosionen todas. Paciencia, es algo físico, con el tiempo se les pasará.