Mujer iroqués

lunes, 24 de diciembre de 2012

OTRO AÑO QUE PASA...


... y tras años de recibir malas noticias diariamente empiezas a pensar que en realidad nunca será de otra manera, que ya todo será gris.

Pero me niego a dejar de ver en color. Pese a todo disfruto de mi vida y quiero creer que he logrado que las personas a las que quiero hayan disfrutado un poco más, por escaso que sea ese poco.

Disfruto tocando las narices de palabra y obra, con Teteras y Mahomas, a los que sienten que la risa es una imperdonable ofensa a la santidad de sus creencias. Francamente, si no queréis que nadie se ría de vuestras creencias tenéis dos caminos: guardaroslas para vosotros o dejad de creer en cosas que llaman a la risa.

Disfruto haciendo mi trabajo lo mejor posible en todo momento, y he tenido el placer añadido de que mi esfuerzo sea valorado. Sé que soy un privilegiado y no me avergüenzo por ello. Y mientras pueda seguir trabajando, haré lo que esté en mi mano por seguir disfrutando.

Disfruto con cada mínima luz que nos llega. Hace poco el Tribunal Constitucional nos dio una, ratificando el derecho de la gente a amarse y aún me dura la sonrisa al ver a la caverna enfurecida y vociferando.

Disfruto pensando, hablando y escribiendo, sea en el mundo real o en el virtual.

Disfruto aprendiendo, y este año he aprendido mucho. Sobre mí mismo, para empezar.

Disfruto viendo a mi hijo salir poco a poco adelante pese a muchos patinazos. Si tengo que sumarlo todo, hoy es un poco mejor y más maduro que el año pasado, y no ha perdido ni un gramo de alegría, así que todos los sinsabores compensan sobradamente.

Disfruto sabiendo que mi chica es peleona, obstinada y valiente. Y disfruto sabiendo que mi hijo lo ve y aprende que nadie regala nada si no estás dispuesto a luchar. Aunque solo sirva para que nadie pueda decir que no luchamos.

Disfruto sabiendo que mi familia, mal que bien, va tirando hacia adelante. Lo más duro ha sido ver partir a mi hermano Suso, Teresa y toda su chiquillería. Les añoro, sobre todo a mis sobrinas Ale y Yancy, pero sé que están bien y eso vale por todas las añoranzas posibles.

Disfruto de mis amigos. Es triste ver como algunos se quedan por el camino, cuando comprendes que ya nada te unía a ellos salvo unos recuerdos y en realidad la persona que te está hablando es una extraña. Pero los que no te han desengañado y los nuevos que vas haciendo te dan calor sobrado para seguir caminando.

Disfruto del calor de gente diversa y variada, cuando todo el mundo aboga por lo homogéneo y gris. Disfruto descubriendo que en medio de toda la mediocridad y estupidez que nos rodea, sigo encontrando personas inteligentes, decididas, bellas y capaces de reírse. Y de reírse de sí mismos, la más sana de las risas. 

Disfruto porque apenas hace año y medio que conocí a HonkyMiss y descubrir que es mi amiga más íntima es toda una conmoción. Justo cuando piensas que nada puede sorprenderte, el azar hace que dos caminos se crucen y te llena de asombro. Disfruto el asombro y comprendo que aún me esperan sorpresas y no puedo dar nada por supuesto.

Disfruto quitándome equipaje de encima. Porque hay cosas que simplemente son eso, cosas, y no necesitas arrastrarlas contigo.

Disfruto de una buena charla, de una fiesta, de un paseo, de un beso, de un abrazo, de una sonrisa.

Disfruto todos los días cuando voy a dormirme y noto que me quedan ánimos para levantarme al día siguiente. No sé si durará, ni cuanto, pero sigo notándolo. Y me gusta

Veremos si dentro de un año me quedan fuerzas para escribir. De momento aún las tengo. Y las disfruto.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

NAVIDAD, BLANCA NAVIDAD (o lo que queda de ella)


(La versión inicial de esta entrada se publicó en el blog de Dominación donde encontraréis otras alegres historias sobre fiestas religiosas)

Ya se acercan, niños, las felices fechas navideñas, cuando recordamos el milagroso acontecer de Jesús, adornamos el Árbol y festejamos la llegada de los pastores a adorar al niño, seguidos de los Reyes de Oriente cargados de presentes. Días familiares, para montar en conclave un precioso y nevado Belén con su angelito, su pozo, sus patitos, sus ovejas y una preciosa Estrella guía.

Bueno, no voy a asombrar a nadie si, como ateo, considero todo lo anterior como una solemne majadería. Ni existen angelitos, ni nieva en Belén, ni, de acuerdo a la versión editada y corregida por el Papa de Roma, Dios hizo volar por los aires las capas exteriores de una desdichada gigante roja para que la usaran como GPS unos pastores que debían conocerse los caminos de la zona mejor que sus pollas* ni unos reyes sabios que tan sabios no debían ser, ya que fueron preguntando el camino en vez de mirar los carteles, y mira que los romanos señalizaban bien las cosas.

(Las escrituras no aclaran el número de Sabios de Oriente, ni les da título de Majestades. Se decidió que eran tres a finales del medievo, pero ya puestos podían haber dicho que eran doce, y que la caravana llegaba hasta Damasco, y que además traían seismil cuatrocientos pajes y miles de elefantes cargados de marfil, rubíes y uranio. Y un helicóptero. Para mi humilde pensar, tres camellos, tres reyes y tres pajes quedan poco majestuosos)

A ver, no se trata de que el evento no sea verosimil. Que no lo es, por mucho que SS. SS Benedicto Equisuvepalito haya intentado darle credibilidad, suprimiendo seres imaginarios como unicornios, mulas, bueyes y estrellas con cola. Que para mí tenía más gracia con el ganado, ojo, pero si el Papa dice que los bueyes y las mulas no existen, pues no existen, que para eso es el Papa, y no como Rouco, un vil gran visir que quiere ser Papa en lugar del Papa.

 Es que aunque Ratzi me enseñara la partida de nacimiento, y una foto firmada por Darth Vader sosteniendo al Niño y diciéndole cuchicuchicuchi ¿quien es tú papá, preciosidad? la cosa seguiría chirriándome. Porque lo del portal, los pastores y, sobre todo, las fechas elegidas, huelen muy mal. Es más, de haber una buena oficina de registro de derechos en tiempos de Nerón, la Iglesia hubiera tenido que hacer frente a una demanda judicial de las de muchos, muchos denarios.

En tiempos de la expansión del cristianismo por el Imperio, había otros cultos que tenían mucha aceptación esntre las clases populares, y más concretamente entre las legiones. Y las legiones, queridos alumnos, eran un target preferente para hacer conversiones

... un momento... ¿los curas se iban a predicar a campamentos llenos de romanos depiladitos, en minifalda y con arreos de cuero?.... bueno, de eso podemos hablar otro día...

La cuestión es que entre las tropas estaba ampliamente extendido el culto de Mitra, mucho más que el cristianismo. Eso era un problema porque no es lo mismo desollar a una filósofa entrada en años que hacer lo mismo con 6000 señores hechos, derechos y bien armados, así que los obispos decidieron tratar la cuestión del mitraismo con cierta mano izquierda. Y resulta que el dios Mitra, que no es un Dios creador sino un Dios Hijo, engendrado por el Sol Padre, viene al mundo en una cueva un 25 de diciembre (cosas de ser un dios solar, mirushté) y es adorado por unos alegres pastorcillos a los que les es anunciado el nacimiento por... sí, lo sé, suena familiar ¿verdad?

En vez de condenar abiertamente el mitraismo, lo que les hubiera granjeado graves problemas (los señores con espada, por muy minifalderos que vayan, suelen ser poco razonables) los obispos optaron por el sincretismo, calzando una fiesta similar al nacimiento de Mitra en las mismas fechas y adornándola con elementos parecidos. No adoptaron, en cambio, la costumbre mitraica de degollar toros para banquetear por aquello de que los toros salen tirando a carillos. En su lugar vendieron la idea de que la felicidad y los banquetes vienen después, en la otra vida... vamos, que el cristianismo venía a asemejarse a una demo, prometiendo más para luego, para la versión de pago que aún estamos esperando.

No es el único mangoneo navideño. En esas fechas se celebraban en Roma las Saturnales, la fiesta preferida de los esclavos, ya que se les eximía de trabajo y podían celebrar opíparos festines. Los esclavos eran otro coto de conversiones para los primeros cristianos, así que la cena-comida de Navidad fue reemplazando al banquete saturnal. Ahí no hubo más pezones que dejar las viandas, porque si tras bautizar a un esclavo le dices que le vas a cambiar la mejor comilona del año por una deliciosa jornada de ayuno y oración lo más probable es que te sorprendas al descubrir que la pila bautismal cabe holgadamente en tu culo.

Debo desmentir un punto que suele mencionarse en estas fechas. Lo de que el árbol de Navidad fue un remedo de los árboles que se adornaban por las saturnales y bla, bla, bla... señores míos, el primer arbol pascual no se vio en Occidente hasta el siglo XVI, y pocas saturnales debían celebrarse en esas fechas, pocos romanos minifalderos habría por la zona, y menos aún en Alemania, que es de donde nos viene la estúpida costumbre de torturar a un abeto incinerándolo con lucecicas incandescentes y adornándolo con espumillón y cojoncillos de colores.

Por cierto que lo de los tres reyes magos, mencionado más arriba, podría ser un préstamo directo del judaísmo, ya que a Abraham y Sara les fue anunciado el nacimiento de su hijo Isaac por tres sabios que les visitaron en su campamento (se ve que los desiertos están llenos de sabios despistados y si no pones por ahí una supernova no saben salir)

Pero resulta que no, porque según Susan los reyes magos no vienen de Oriente (¿?) sino de Occidente (¿?¿?¿?) y más en concreto de Tartessos (¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?). Cágate lorito

O en su versión bilingüe, Shit you, little green exotic bird.

Pongo a Mitra por testigo que no hay una sola alusión a Tartessos en el Nuevo testamento. Hay alguna referencia en Reyes, en concreto cuando la construcción del templo de Salomón, pero en tiempos de Augusto Tartessos llevaba ya varios siglos enterrada debajo de alguna ciudad fenicia que a su vez yacería bajo alguna ciudad griega que estaría entonces convirtiendose en ciudad romana. O sea, que no. Y espero impaciente a que el Papa me explique porqué precisamente de Tartessos, y no de la última Thule o, puestos a fardar, de la Atlántida, Cimeria o Lemuria, para animar a los frikies más patéticos a unirse a las celebraciones.

Además, después de decir que los Reyes Magos eran del Betis, el Papa va y nos suelta que no son Reyes ni magos, y que en realidad son simbólicos ¿pero esto que es? El Belén se nos ha quedado en nada.

Recapitulemos. Fuera el portal, remedo de la cueva de Mitra, fuera el buey y la Mula, fuera la absurda estrella con faralaes, los pastores desperdigados por el corcho porque sin estrella no saben llegar y los reyes magos metafóricos viniendo de occidente, sin camellos, sin pajes, sin corona y bailándose un fandango. Y por supuesto, adios al árbol. Menos mal que Bene no se ha hecho con un mapa meteorológico de la zona porque entonces el mercado de la harina, elemento tradicional para nevar el Belén, sufriría una crisis dentro de la crisis.

¡Santidad, pare ya, que nos jode usted las fiestas!

Por suerte hace ya décadas que me negué a poner belenes/árboles/colgajillosconpelotascharoladas y mi política de resistencia pasiva** ha dado sus frutos, así que no tengo que preocuparme de las opiniones vaticanas. Donde no hay Belén, no se pueden quitar figurillas. Pero no dejo de lamentarme por los pobres niños, hijos de fieles católicos, que verán castrado por orden papal el feliz momento de colocar pastores en tropel, y la ordenada caravana de camellos y pajes...siempre chicos con ceñidas calzas, en plan sota de bastos... ¿porqué los Reyes los reyes nunca contratan chicas para traer los regalos?***

Pero al menos los pastorcillos siguen dispersos por ahí, y podrán seguir follándose a las ovejas, como he visto hacer en alegre zarabanda en más de un belén y más de tres.

Y siempre nos quedará el Caganer****

Felices fiestas, amiguitos.

Actualización a 25 de diciembre: mi madre opina que el Papa se equivoca en lo del buey y la mula porque, como es hombre, no entiende de partos. Si María iba de 9 meses la pobre apenas podría dar un paso, luego iría en mula. Y con la pelona que estaba cayendo no iba a dejar al animalico fuera de la cueva, pasando frío, luego mula, al menos, había. Y debo decir que es un argumento i-rre-fu-ta-ble.

Tome nota y aprenda, Santidad.

*Por romántico que suene, el oficio de pastor es de hacerse muchas pajas. Quizás de ahí venga la imagen de los pastorcillos acercándose al belén mientras tocan la zambomba. Y eso podría explicar, por añadidura, porque todo el terreno aparece como nevado, que son muchos pastorcillos.

**Resumida en la frase YO NO LO PUSE Y YO NO LO RECOJO.

*** No seamos mal pensados, quizás no contratan chicas porque decir “camellos y pajas” no suena muy bien.

**** Hasta que el Papa decida que los señores cagando también son seres mitológicos y/o metafóricos, que todo puede pasar.

martes, 20 de noviembre de 2012

DIARIO DE LA PATERNIDAD RESPONSABLE (XIII) (Malas) razones para tener descendencia


A lo largo de mi (no siempre acertada) experiencia parental, una y cien veces me he encontrado ante el espejo, haciéndome la misma pregunta.

¿Cómo me metí en este berenjenal?

Pese a mis desvelos, he sido incapaz de hallar una respuesta positiva. No hubo una razón específica que nos moviera a ser padres. Simplemente lo hablamos y no vimos motivos para no hacerlo.

Esto, por mucho que nos vendan burras de colores, es lo usual*. Decides tener un hijo y ya está. Bueno, o sucede que ponerte gomita o tomar pildoricas te molesta, follas a pelo, y un día descubres que lo de las pollasabejitas y los coñosflores era cierto. Como queda mal decir vamos a tener un hijo porque somos idiotas te buscas alguna justificación, mencionas algo del reloj biológico y santas pascuas.

Pero hay gente que sí, necesita buscar un motivo, y realmente cree esos cuentos sobre la belleza de la maternidad, la felicidad de tener hijos y sentirse realizados.

Bienvenidos al parque del terror, criaturicas: cuando la gente busca excusas para reproducirse, el determinismo biológico parece una opción racional y sensata. Porque las razones por las que una, dos o más personas (que de todo puede haber en la viña del señor) se lían a traer niños al mundo son, por decirlo suavemente, ingenuas cuando no estúpidas*.

Demos un repaso a las más usuales.

Perpetuar mis apellidos. Hay gente que ve su legado familiar tan impresionante que su deber para con la Historia es transmitirlo a una nueva generación. A ver, alma de cántaro, el universo seguirá dando vueltas aunque se extingan los García, los Smith o los Dupont. Otra cosa es que tu mami sea señora adinerada y en su testamento haya cláusulas del tipo y aquel que antes diera heredero varon a nuestro linaje, se hará merecedor de todos mis bienes. Pero mamis de esas quedan pocas, y a veces les da a por huir con un cubano y fundirse la pasta, así que, por favor, piénsatelo dos veces antes de poner tus gónadas en el asador.

Compartir nuestro amor. Vuestro amor es tan grande y maravilloso que retenerlo sólo para vosotros os parece mezquino. Y en vez de quedar con unas cuantas personas de confianza para compartir ese amor de forma desinteresada y dionisíaca, se os mete en la cabeza la idea de tener un retoño para abrumarle de cariño y cuidados. Pero sucede, queridos, que vuestra soñada vida familiar al estilo Sonrisas y lágrimas no va a estar llena de canciones por los alpes, sino de cacas, meos, vomitos, noches en vela, instantes del tipo te-toca-a-ti... y eso durante el primer año, que se supone que es el bueno, que luego llega la parte de la crianza, las rutinas y la paciencia ad infinitum.

Eso sí, si vuestro amor sobrevive a esta experiencia, es realmente sólido y durará. 

Cimentar nuestro amor. O sea, como tenéis dudas, las cosas no acaban de cuajar y en el fondo os da miedo asumir que a lo mejor os habéis equivocado, en vez de coger el toro por los cuernos vais a soltar en medio de la marejada un bebé, a ver si os sirve de flotador.

Aceptemos la realidad: los niños adoptados tienen más derechos que los biológicos, porque a alguien capaz de pensar que un hijo es una tirita, habría que retirarle los genitales a título preventivo.

Hay una variante de lo anterior aún más aterradora. Porque algunas personas, ante la posibilidad de una ruptura, preñan o se preñan para salvar su pareja. Y así nace un bebé que será visto como un grillete con bola de plomo por uno de sus progenitores, y esgrimido por el otro como escudo ante cualquier crítica o disputa. ¡Bienvenida a una vida de mierda, personita! tu psicoanalista de cabecera te espera frotándose las manos.

Mi vida es perfecta y un hijo hará que sea aún más perfecta. Esta gente vive la fantasía de que su vida seguirá siendo chupimolona y además habrá un dulce bebé gorjeando en sus brazos. No es culpa suya, las revistas de maternidad, con esos fotos de bellísimas madres y bebés cuquísimos alimentándose de tetas sonrosado-redondeadas hacen mucho daño. Si eres mujer piensas yo quiero ser así de guay (y si eres tío yo quiero esas tetas tan guays)

Malas noticias: despídete de tu vida de ensueño. Un bebé no es un adorno ni un juguete y ¡oh, sorpresa! no tiene botón de off, así que al acabar el día te arrastras miserablemente a la cama confiando en que te deje dormir al menos un par de horas seguidas, por aquello de que no se te caigan los ojos al suelo, y en general resulta una esperanza es falaz**.

Los que Dios me dé. Vale, valiente, pues disfruta de la experiencia, que Dios cuando se pone puede ser muy dadivoso. No os sorprenderá saber que mi opinión sobre los padres de niños-tirita se aplica igualmente a los que hacen lo que ordene su amiguito imaginario.

Mi hijo será el báculo de mi vejez. Errrr... ¿como decirlo sutilmente? No confiéis en alguien a quién aún no conocéis. Si tenéis miedo a la vejez, procurad estar preparados: haced ejercicio, manteneos en la mejor forma posible, abrid un plan de pensiones ahora mismo y customizad el coche con unas cuantas planchas de blindaje, paneles solares y una torre con ametralladora ¡MadMax a tope!

Si luego, después de todo, vuestro hijo está a vuestro lado, os llevaréis una grata sorpresa y él tendrá un buga molón.

Porque no tengo voluntad. Sin excusas, ni relojes ni leches. Hay gente que tiene hijos porque no se atreve a decir NO cuando su pareja se lo propone. Sé de uno que no quería tener hijos y, según sus propias palabras, lo negociaremos. Tiene cuatro y confío en que nunca lleve la negociación salarial de su empresa***.

Sinceramente, si tenéis que buscar un argumento para defender vuestra decisión de dejar algunos cromosomas a la posteridad, tenéis un serio problema. Sospecho que quien lo hace en el fondo piensa que se está equivocando, pero busca algún modo de disimularlo. Y no creo que sea una buena política. Yo, como padre, no veo nada malo en serlo, creo que soy feliz y pienso que mi vida es buena. Pero sé que de no haber tenido hijos mi vida no sería mejor ni peor. Sólo distinta.Y no me siento un monstruo por pensar así.

Los hijos simplemente suceden. Si es vuestro caso, tragad saliva, mantened la frente alta y no os comáis la cabeza. Y no os asusteís demasiado. Suele salir bien.

*Hay quien en un momento dado se plantea el dilema de los hijos, sopesa friamente los pros y los contras y decide de forma enteramente racional. Estas personas se llaman marcianos y tienen la fea costumbre de secuestrar frikis para practicarles sondas anales.

**Salvo que estés podrido de pasta. Entonces alguien te lo cría mientras sigues adelante con tu vida a tope, parando un par de veces al día para jugar con la criaturica mientras tu niñera, friega los baños, a ver si la muy holgazana piensa que la pagas para hacer el vago, que esas panchitas son todas iguales. 

*** Esa es la gente que un día va al trabajo con una recortada y masacra a toda la oficina. Luego los supervivientes dicen parecía tan normal...




miércoles, 7 de noviembre de 2012

ESPÉRAME


Hoy, y sin que sirva de precedente, voy a dar voz a otra persona.

Hace más de veinte años, ya casi treinta, escuché un poema en un documental de la serie El Mundo en Guerra. Según el narrador, la mayoría de los soldados del Ejército Rojo lo llevaban en sus bolsillos. Recuerdo que me impresionó, pero con los años lo olvidé. 

Tiempo después me aficioné a los autores rusos/soviéticos y lei bastante novela y algunos versos. Entendí (muy parcialmente) la importancia de la Poesía para el pueblo soviético en los años más duros y, entre otros autores, lei algunas cosas de un tal Konstantin SImonov que, pese a ser traducidos (mi ruso es igual a cero) me gustaron, no sólo por sus palabras, sino por el modo de marcar el ritmo. Ignoraba, o mejor dicho, no recordaba que aquellos versos que me emocionaron eran de ese autor.

Hace unos años, reeditaron la serie documental en DVD, me hice con ella, y volví a escuchar el poema. Se me hizo un nudo en la garganta y se me llenaron los ojos de lágrimas. De las buenas, si entendéis a que tipo de lágrimas me refiero. Quizás porque soy más maduro, he vivido un poco más y entiendo con mucha más crudeza lo que significan esas palabras, el dolor y la belleza que guardan. Quizás porque pese a mi coraza de humor e ironía, soy un enclenque sentimental. 

Quizás, simplemente, porque, al margen de lenguas o distancias, esas frases entran bajo la piel de quien quiera que ame o haya amado.

He vuelto a leerlo hace poco, y sigo sintiendo la misma desazón. Las causas, no las sé. Juzgad vosotros mismos. 

Los versos originales, por cierto, fueron dedicados a la mujer de la fotografía, Valentina Serova.

No he encontrado una traducción oficial, ya que hay varias en la red, todas diferentes. Yo he adaptado un poco la que más coincide con mis sensaciones de aquella primera vez.

Y, al transcribirla, he tenido que dejar el teclado, porque sigue golpeándome con la misma intensidad. Si esto fuera un papel, lo encontraríais húmedo.

Espérame, de Konstantin SImonov.
Espérame y volveré,
Pero espérame con todas tus fuerzas
Porque la espera será dura

Espérame.
Aunque las lluvias amarillas
te llenen de tristeza, espérame.


Espérame aunque la nieve caiga y vuelva a caer,

espérame aunque el calor te sofoque,
Espérame aunque los que me olvidaron ayer
ya no me esperen.


Espérame aunque ya no lleguen cartas del frente.
Espérame aunque todos los que me esperaban
se hayan cansado de esperar.


Espérame y volveré,
No hagas caso
de quienes te digan
que es hora de que me olvides.

Y cuando mi madre y mis hermanos crean
que ya no volveré,
y mis amigos se cansen de esperarme,
y se sienten junto al fuego,
y beban vino amargo
por mi recuerdo...


Espérame. 
Y no te precipites a beber con ellos.

Y cuando todos me den por muerto,
cuando se olviden de mi existencia
y el viento se lleve mis recuerdos.
Espérame,

Y aunque la nieve cubra los caminos
y las flores mueran de frío,
no dejes de esperarme,
 
Y un día,
tal vez el que menos esperes,
cuando ya ni sepas lo que es una sonrisa,
cuando despiertes por la mañana
y abras la puerta para ir al pozo
a lo lejos, por el camino, me verás venir.

Y los que no me esperaban,
dirán que tuve suerte
y como no supieron esperar
no podrán comprender
Que Tú fuiste quien me salvó.


Y sólo Tú y Yo sabremos,
que logré regresar
porque nunca desesperaste.

martes, 30 de octubre de 2012

DE CÓMO ME VOLVÍ GUAPO, Y POR QUÉ.



Por una vez, voy a regodearme en mi persona, en plan Narciso. Es más, me voy a echar unas flores ¡qué carallo!

Los hechos son inapelables. Desde hace un tiempo, para mi asombro, me siento guapo. Fardón, incluso.

Sin embargo me miro al espejo y no noto demasiados cambios. La misma nariz, la misma boca, los mismos ojos (preciosos ojos azules, lo único chulo de mi cara desde que nací). Sí, las gafas de ahora son mucho más favorecedoras que las de hace veinte años, pero salvo que haya aumentado mucho el volumen de mujeres fetichistas de la marca Alenaflelú, eso no lo justifica ¿no?

Si se tratase solo de mis amigas podría pensar que se están quedando conmigo cuando me sueltan un piropo, o que tras tantos años han empezado a sentir compasión de mis huesos. Sin embargo me he visto en un par de situaciones con personas a las que apenas acababa de conocer que podríamos considerar... prometedoras.

No es que ninguna moza se haya abalanzado sobre mí en el metro, me haya arrancado la ropa a mordiscos y luego, tras tumbarme de un empellón, me haya dirigido un estentóreo ¡Fóllame cual perra en celo como si no fuera a amanecer! pero...

#Notamental: idea para una miniserie conmigo de protagonista, posible título Encuentros en el metro.

(perdón por la interrupción) ... sí me he dado cuenta de que esas personas no verían con desagrado la idea de tener algún roce conmigo. O al menos sin demasiadas nauseas. Y eso, señores míos, es todo un cambio con respecto a mi (no demasiado) añorada juventud.

Hablemos sin tapujos: yo no me comía una rosca. Y sin embargo mi piel era más tersa, mi culo más respingón, mi flexibilidad, excelent...

... de acuerdo, flexible no era, de hecho soy más flexible ahora gracias al pilates de lo que lo fui veinte años atrás. Pero leches, era joven, y se supone que eso es un valor a tener en cuenta ¿no? Y si mi cuerpo avanza hacia su decadencia ¿qué es lo que sucede?

Llevo unos años dándole vueltas al tema, y he llegado a algunas conclusiones. Si ahora soy más visible para las contrarias, eso puede deberse a las siguientes razones:

1 - El porcentaje de astigmáticas no diagnosticadas ha crecido exponencialmente en las últimas décadas. Las pobres me ven borroso y me confunden con otro.

2 - Los gustos estéticos han sufrido una profunda transformación sin que me enterase y de pronto soy un referente de belleza masculina.

3 - Fui atropellado hace ocho o nueve años por un trailer de transporte de ganado porcino y desde entonces estoy en coma. Las mujeres que me sonríen forman parte de una bella ensoñación generada por mi subconsciente para no aburrirse.

4 - Morfeo me dio a elegir entre la pastillica azul y la roja y la que elegí estaba caducada

5 - Soy el protagonista de una sitcom llamada #CosasdeJose y nadie se ha acordado de decírmelo. Eso explicaría las risas enlatadas que escucho cada vez que Steve Urkell entra en mi salón.

6 - Realmente sucede que algunas personas que hace años no me hubieran mirado dos veces hoy me encuentran agradable.

La primera posibilidad no parece muy razonable a nivel estadístico, y desechadas las cuatro siguientes, por lo inviable de justificarlas cientificamente, sólo me queda desarrollar la sexta.

Como ya he dicho, mi físico no ha mejorado, en el mejor de los casos a lo sumo se ha mantenido, así que la explicación, o las explicaciones, están en otra parte.

Hay un cambio muy evidente de entonces para acá. Poco a poco, esforzándome mucho, empecé a ligar. Eso puede parecer un oximorón absurdo, pero no lo es (no es absurdo, digo, porque oximorón, lo es)

La realidad es que mientras no tienes pareja, o ligue, o al menos un roce, eres un pardillo. Tus amigas no te ven como persona de interés porque vas arrastrando tu aire de perdedor contigo, y eso no cambia hasta que tienes tus primeros escarceos y sales del agujero. Y es una gran putada, porque significa que no empiezas a interesar a tus conocidas hasta que estás con otra persona. Manda güevos ¿no? Es como la política bancaria, si no tienes un céntimo nadie te concede un triste préstamo, pero si eres muchimillonario los banqueros se pegan por lamer tu glande mientras te ofrecen dinero a carretadas*.

Lo interesante del asunto viene después. Al fin y al cabo lo único que sucede al empezar a tener una mínima vida sentimental es que sales del pelotón de los torpes. Pero el tiempo va pasando y trae algunos factores inesperados.

El primero es la permanencia. Tuve la improbable suerte de enamorarme de una persona maravillosa, y seguir enamorado año tras año. Yo pensaba que eso era algo normal, pero hace tiempo fui viendo que no, que lo normal parece ser el hastío. Y, perdonadme la cursilería, la ilusión sienta bien. Y el deseo, también: follar con gusto ayuda a tener el ánimo alto y el cutis luminoso.

Esto ha tenido un efecto colateral. No ando por ahí en plan buitre lanzándome sobre todo lo que se mueve, y eso es algo que siempre favorece. Los necesitados dan bastante grima.

El tiempo también me ha dado años de confianza, y eso se nota. La autoestima no es simplemente una palabra, es una especia suave y muy sugerente. Y me he convertido en un buen conversador, otro factor muy positivo (aunque tenga que andar con mil ojos, porque llevo dentro a un verborreico peligrosísimo, y a veces cuesta mantenerle a raya)

Y también me ha pulido. Llevo muchas décadas viéndome, y en ese tiempo he aprendido qué cosas me sentaban bien. Mi estilo no es muy depurado ni muy sofisticado, pero me va. No ganaré premios de elegancia, pero al menos he dejado atrás mis años de harapiento desastrado.

Sí, sigo siendo el mismo chaval feucho y bajito, pero llevo siéndolo el suficiente número de años como para haber desarrollado a fondo mis aspectos más positivos y reducido (o al menos acallado) los peores. Porque este es un mundo despiadado y, como la Reina Roja, la única manera de mantenerse en el sitio y no dejarse arrastrar sin más es mejorar siempre.

Y aquí viene la parte graciosa.

A los guapetes, eso no les funciona.

Salvo honrosas excepciones, altamente follables (y conozco más de un tío que podría hacer temblar mi heterosexualidad), los guapos viven una juventud acomodada. No tienen que esforzarse para ligar, porque se lo dan hecho**. Así que no necesitan ser buenos conversadores, ni aguzar el ingenio, ni aprender cual es su lado bueno, porque todos lo son, ni qué corte de pelo les queda mejor, porque les sienta bien todo.

Pero ¡ay, amiguetes! el tiempo también pasa para ellos, y mientras que los que ya éramos feotes de partida vamos remontando el oleaje de los años, e incluso a veces logramos surfear, a los guapos la marea les pilla desprevenidos y  les lanza contra los arrecifes. No hablo por hablar. Cierto conocido, alto y guapo, que enloquecía a las mozas, se ha convertido en un cuarentón patético y desgarbado, con la espalda bastante curvada y sin ningún aliciente que disimule su decadencia, porque nunca tuvo necesidad de desarrollarlo y ahora ya es tarde.

Para ti no pasan los años, dicen mis amigas. Claro que pasan, pero de partida yo tenía poco que perder. Los otros, en cambio, tenían mucho. Y como lo van perdiendo, yo gano en la comparación. Hablando en plata, están ahora donde estaba yo al empezar.

En fin, podría dar ahora algunos sabios consejos para que las víctimas del tiempo puedan asumir el peso de los años y recuperar de algún modo el atractivo perdido, pero en el fondo soy una muy mala persona así que...

... a joderse, mamarrachos ¿no os hacía tanta gracia que no me comiera un rosco? Bienvenidos a mi mundo de entonces, espero que lo disfrutéis.

p.d.: que (no) os follen

Y para el resto del público, tranquilidad: aunque hoy me haya permitido un capricho, no voy a ensorbecerme demasiado. Además, no faltará algún alma desinteresada que me de un collejón y me vuelva a poner los pies en el suelo.

¿Alguna voluntaria?

* Noté, por cierto, un reavivamiento inesperado de mi atractivo tras tener un hijo. Demostrar la viabilidad de mis espermatozoides y presentar un bebé bien guapo como prueba me hizo subir un par de grados en el interés femenino. O será que a partir de un momento el pertenecer a la categoría hombres que no emigran a otro continente si se les menciona la posibilidad de tener un hijo suma puntos extra.

** Hasta los veintipocos años la belleza pesa más que cualquier otro factor, incluso eclipsa el resto. Pasada esa edad es posible que la novia del guapo descubra asombrada que es tartamudo y sufre de flatulencias incontrolables desde los 9 años.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Día Internacional de la Blasfemia


En esta señalada fecha no quiero dejar pasar la oportunidad de haceros saber que Dios es un señor bajito (1'51, lo de Altísimo es sólo cuando lleva tacón cubano), panzón (el sedentarismo pasa factura, está en todas partes no es una metáfora, es que está realmente muy gordo) y miope (por eso monta las masacres que monta, no puede apuntar bien así que tira a boleo, ya sea a sodomitas, gomorreos o soldados del faraón).

Ninguna de esas cosas serían un problema si no fuera porque además es un resentido. Se ve que en su cole le pegaban (bajito, gordo, gafotas...) y por eso acumuló un odio cerval por la humanidad. Como Bill Gates, pero sin dinero. Además no tiene abuela y, claro, cuando no hay nadie que te haga un buen plato de croquetas, la bilis se acumula sin cesar. Ah, y como no le gusta mirarse al espejo (es un acomplejado, por eso no quiere que le hagan retratos) su higiene deja mucho que desear. Por eso la palabra de Dios huele a mierda: sufre de halitosis.

Dicho sea de paso, tiene muy poco éxito con las mujeres. Ninguno, para ser exacto: el único polvo de su vida lo echó por delegación en una paloma, o algo así (tenía plumas, eso seguro) y su fan más íntima era una vieja albanesa más reseca que un bacalao y con tendencia al sadismo*. De ahí su aborrecimiento por el género femenino, y de paso por cualquiera que disfrute del sexo, bien en compañía, bien en modo de autoservicio**.

Aun así, sé que hay quienes necesitan llenar el vacío de sus mentes adorando a algún señor invisible, de otro modo podrían empezar a pensar que tendrían que sentirse responsables de sus propios actos, y eso es muy duro. Si ése es vuestro caso, yo os aconsejo que os busquéis uno más majo. 

Podría aconsejaros seguir a mi diosa helénica favorita, Afrodita callipigia (Afrodita del Culo al Aire, señora del retoce y la alegría con un punto de picardía) pero entiendo que pasar de rezarle a un barbudo casposo para rendir homenaje a la dama de las nalgas más bellas es un salto demasiado extremo, así que optaré por un dios masculino.
Mi propuesta es Hotei, dios de la felicidad en China y Japón. Al contrarió que Alah/Yahvé/Dios-para- los-amigos, Hotei fue real. Era un monje budista itinerante que tenía don de gentes. Como se llevaba bien con todo el mundo, solían regalarle cosas, y cuando consideraba que ya tenía suficientes, las metía en un saco y se acercaba al pueblo que le quedara más a mano. Una vez allí, organizaba una gran fiesta para todo el mundo, así que para los campesinos ver aparecer por el camino a Hotei, con su saco, pronto fue una señal de buena fortuna.

Era todo virtudes: tragaldabas, buen bebedor, amigo del baile, fumador de opio y aficionado a las mozas. Tras morir, su recuerdo, lejos de borrarse, fue pasando de boca en boca hasta convertirse en deidad, como encarnación feliz del Budda.

Hotei no hace milagros, no hay que rezarle nunca y no es necesario peregrinar de rodillas a ningún lado. Para seguir sus preceptos basta con reir, follar, amar, disfrutar y dejar que cada cual disfrute a su aire, sin juzgarle. No hay días sagrados ni preceptos inamovibles. Cualquier momento es bueno para relajarnos y dejar que la vida, simplemente, pase.

Bien fácil os lo pongo.

Pero vamos, que si os gustan los hombrecillos inexistentes, iracundos y rezumantes de rencor, sois muy libres de arrodillaros ante una sotana o un madero. Yo no os señalaré por ello, me limitaré a no imitaros y reir de cuando en cuando a vuestra salud, para que al menos alguien os recuerde con una sonrisa.
Y hablando de sonrisas, si pese a ser creyentes habéis logrado llegar hasta aquí sin sentir escandalo y  esbozando eso, una sonrisa, me consideraré afortunado, porque eso indica que aún no lo tenéis todo perdido.

Besos blasfemos y cariñosos para toda la gente sonriente.

* Alguien que niega analgésicos a un enfermo para que el dolor le acerque más a Jesús, por mucho que la disfracen de santa, es una vulgar sádica.

** Cosa rara porque Él bien que le da al manubrio, a ver de dónde pensáis que salía el maná.

jueves, 27 de septiembre de 2012

SUEÑO (II) Una mirada al absurdo


De lo comentado en mi primer texto sobre sueños, podríais deducir que mi mundo onírico consta de escenas extrañas pero profundas, repletas de significados múltiples y respuestas secretas a mis dudas diarias. 

Nada más lejos de la realidad: mis sueños están plagados de momentos sin sentido, caóticos o, como veréis a continuación, vodevilescos. Porque esta mañana, al despertar, tenía uno grabado con nitidez en mi mente. Y menudo sueño. 

Pongo a la Tetera por testiga de que lo que sigue es, punto por punto, mi sueño. Sin añadidos.

Me veo en mi casa, mejor dicho, nuestra casa, la vieja casa de mis padres en Madrid, en V de la S. Estoy en el baño grande, examinando la taza del WC, que tiene un atasco. No es tan raro, esa taza tuvo algún que otro atasco y me tocó resolverlos (nada grave, agua hirviendo y todo volvió a su ser)

No estoy solo: A está conmigo. Es una conocida que ha trabajado conmigo en algunos medios. No tenemos una relación muy estrecha, pero en general nos caemos bien. No es que sienta una especial atracción sexual hacia ella, pero el caso es que se me acerca por detrás y me mete la mano bajo la camiseta. Sorprendido, me vuelvo y me planta un beso.

Como digo, no es mi tipo, pero total, ya que estamos... así que paso del atasco, nos abrazamos y vamos al dormitorio grande. Ojo, tampoco es que ella esté devorada por la pasión, es más bien un por pasar el rato. La casa, hablando de todo un poco, está vacía. Y entonces recuerdo que no tengo que ir a comprar preservativos porque, por casualidad, llevo en la cartera uno de los que me dieron hace un par de meses en la sauna Premium....

...de acuerdo, sí, esa podría ser otra historia interesante, pero ahora no viene al caso. Lo que importa es que tengo preservativo y es de buena calidad.

Nos acomodamos, nos desnudamos, nos reímos, empezamos a meternos mano, lamemos con desparpajo ...

En ese momento a A se le cae un pezón. Así, sin más. Pero oye, ella no parece darle importancia, luego que no voy a dársela yo ¿no? así que me calzo mi chubasquero y nos ponemos a la faena.

Los soñadores veteranos saben que es raro soñar con un polvo sin interrupciones. Éste no es una excepción. Oigo como se abre la puerta de la casa y entran mis padres.

Y nuestro perro.

Y mis hermanas. Las dos. 

Con sus cinco hijos. 

Y dos amigos, uno de ellos MG con su chica,. Hace años que no nos vemos, pero joder ¿no podía elegir otro momento para venir a por tebeos? Porque vienen a por tebeos.

De alguna manera logro salir al balcón y vestirme antes de que entren ¿qué hace mi ropa en el balcón, a todo esto?

Ah, casi lo olvido, también llaman al telefonillo. Mi tía M, que insiste en que me ponga para contarme como le ha ido el verano.

Entonces compruebo que hice mal en desentenderme del WC. En el baño ha empezado una inundación. Pero no puedo atenderla porque todo el mundo, de pronto, confiesa que en realidad han venido a hacerme una pregunta:

¿Qué tipo de marisco se cría en los manglares de BanglaDesh? *

En ese momento suena el despertador. Son las 9. Me lleva unos minutos reacomodar mi cabeza porque tengo todo lo anterior ante mis ojos, en alegres colores, por cierto. Y mi coco está lleno de dudas.

¿Por qué aparece A en mis sueños? es la primera vez ¿y follando? ¡si no nos molamos! ¿Y porqué se le cae un pezón? (el derecho, por más señas) ¿Estaba mal sujeto?

Puedo entender que MG se pase a por tebeos, de hecho tengo algún mortadelo que me regaló él, pero no me suena que su chica fuera aficionada.

¿Y por qué mi tía M no ha subido con mis padres?

En fin, como podéis ver no puedo esperar de este sueño impactantes revelaciones sobre mi yo inconsciente. Hablando en plata, soy puta carne de Freud. Así que si la próxima vez que me veáis por la calle os cambiais de acera, lo entenderé.

Buenas noches y soñad con los angelitos. Yo, si puedo pedir, con rematar el polvo me daré por satisfecho, que no me gusta dejar las cosas sin acabar.

Dicho sea de paso, en los manglares de BanglaDesh, si mal no recuerdo, se crían langostinos. Con graves daños para el ecosistema, por cierto: el manglar está cada vez más deteriorado por la sobreexplotación.

A demain.

*Me juego una pierna a que esa pregunta se debe a una polémica sobre invertebrados que tengo con mi amiga R. Esta me la pagas, guapa.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

¿POR QUÉ SOY ATEO? (II)


Ya he expuesto los motivos que pueden llevarte al agnosticismo. Pero yo no me describo como agnóstico, sino como ATEO.

¡Pero no puedes demostrar que Dios no existe!

He oído ese argumento mil veces, y me sigue pareciendo tan vacío ahora como la primera vez. Claro que puedo demostrarlo. Basta con demostrar que ese dios concreto es obra de los hombres, porque, por propia definición, un dios no puede ser una creación de sus seguidores. Y eso es fácil de hacer.

Yahvé, deidad de las tres grandes religiones monoteistas actuales. La evidencia de su existencia y, según los fanáticos, su grandeza, es la palabra revelada, es decir, el Libro. Pues si cogemos ese libro, sin más, no necesitamos mucho esfuerzo para entender que la palabra es falsa. Ni la Tierra tiene 4000 años, ni los humanos surgen de la nada, ni la Tierra es el centro del Universo, ni hubo un diluvio que  anegara el planeta por encima de las montañas, ni... es más, el texto, por si mismo, evidencia diversas etapas en su redacción y recopilación, y es posible seguir el origen de sus mitos y verificar que son préstamos relativamente modernos de religiones más antiguas y totalmente ajenas al dios de los judíos. Es decir, la Biblia es obra de los hombres, y ni siquiera es una obra demasiado sólida.

Podemos repetir el mismo proceso con cualquier deidad concreta, y llegamos al mismo punto: los dioses son obra de los hombres, ergo, son falsos. Del mismo modo que puedo afirmar que no existen Thor, Zeus o Anubis, puedo demostrar que no existen Aláh, Yahvé o Shiva

Bueno, pero es que los cristianos no creemos en el Dios del Antiguo Testamento sino en Jesus.

No, queridos, no. Sin el Dios bíblico, Jesús sólo es un hombre. Muy majete y buenrollista, pero sólo un hombre. Luego si el AT no es más que un montón de cuentos mal escritos, el cristianismo es un cascarón vacío.

Pero no puedes demostrar la inexistencia de una deidad no concreta, un poder benéfico del universo, una energía, un llámalo X, un algo...

Ahí os estaba esperando. Ese es el argumento más estúpido de todos. No, no puedo, porque no lo necesito. Para que la respuesta a una pregunta sea X, ésta debe ser igual de valida al menos que el resto de las respuestas posibles.

La reina Cretina de Grecia (perdón, Sofía de Grecia) dijo Se ha de enseñar religión en los colegios, al menos hasta cierta edad: los niños necesitan una explicación del origen del mundo y de la vida. No dudo que la necesiten, pero no necesito el concepto Dios para explicar esas cosas. El origen de la humanidad (y de las especies vivas modernas y extintas) se explica mediante la teoría de la selección natural. La inteligencia no requiere ninguna intervención milagrosa, sólo un crecimiento suficiente del cerebro y cientos de miles de años de evolución cultural. El origen de la vida se puede explicar mediante simple bioquímica. El de la Tierra es una cuestión de polvo estelar, masa y gravedad, y en cuanto al universo, los físicos han logrado llegar en sus cálculos al instante mismo de su inicio, hace 14000 millones de años. Sabemos qué ocasiona la luz. Sabemos qué son los colores. Estamos empezando a entender qué es la masa.

Nadie nace creyendo en Dios. NADIE.  La idea de Dios es inculcada en la mente de los niños por los adultos, igual que la de los Reyes Magos, Santa Claus o el Ratón Pérez. Luego bastaría con no hacerlo para que la religión se extinga como una vela, del mismo modo que si dejamos de hacer el paripé con los dientes y las almohadas el Ratón Pérez y el Hada de los Dientes se borraran de nuestra imaginación sin dejar rastro. Y ambas cosas sucederían en una única generación.

La explicación religiosa pudo tener sentido hace cientos de años, cuando no había otra. Pero hoy por hoy no es válida porque tenemos otras que sí lo son. Y, lo que es mejor, no es necesaria tragárselas ciegamente, porque podemos poner a prueba su validez. Y si nuevos datos reales invalidan una respuesta, a su vez el estudio de esos datos darán nuevas respuestas, del mismo modo que cada descubrimiento, en vez de fosilizarse y calcificarse como la religión, abre nuevas puertas y plantea nuevas preguntas que ni siquiera existirían si aceptáramos la validez de la respuesta Dios.

Todas y cada una de las explicaciones religiosas sobre el mundo han sido refutadas por la ciencia. Actualmente los teístas, los agnósticos perezosos y los fanáticos bíblicos se aferran no ya a sus creencias, sino a los puntos aún no explicados, en la idea de que si la ciencia no ha aclarado algún detalle de algo, por nimio que sea, ese detalle demostrará la existencia de Dios. Hace años presentaron ante un juez el flagelo de las bacterias como la prueba irreductible de la necesidad de un creador. Los científicos, en vez de aceptar ciegamente su explicación, se limitaron a explicar, paso por paso, cómo surge el flagelo bacteriano. Ahora dicen que no podemos saber que pasó antes del Big Bang luego tiene que haber un Dios. No sé si lo llegaremos a saber alguna vez, pero sí sé cómo no llegaremos a saberlo jamás: aceptando su respuesta y dejando de buscar la correcta.

La última trinchera de los religiosos es que el temor de Dios es necesario para sostener la moral y la honradez, pues sin su mirada amorosa (y la amenaza del sufrimiento eterno, ya de paso) el hombre cae en el barro. No voy a dar ejemplos de la moral y honradez de los ateos. Ni siquiera de la mía. Me basta con ser consciente de que hasta el siglo XIX no hubo ateos, luego todos y cada uno de los crímenes cometidos en los últimos cuatro milenios, desde el nacimiento de las civilizaciones hasta los comienzos del siglo XIX fueron cometidos por gente religiosa, que creía firmemente en un dios, o incluso en muchos, y los más atroces de esos crímenes contaron con el beneplácito (teórico) de esos dioses. Luego la idea de la deidad tampoco sirve de mucho como garante del bien.

Resumiendo, no necesito demostrar la inexistencia de llámalo X, porque no necesito a llámalo X para nada. No hay espacio para él: no explica nada, no aporta nada. Lo dijo Laplace, cuando Napoleón le preguntó porqué no nombraba a DIos al exponer su estudio sobre la gravedad y los movimeintos planetarios: Sire, nunca he necesitado esa hipótesis.

Nosotros tampoco la necesitamos. Y no necesitamos explicar algo innecesario. Si tu respuesta es Dios, tu pregunta simplemente está mal planteada.

Por eso soy ateo.

sábado, 1 de septiembre de 2012

¿POR QUÉ SOY ATEO? (I)

Bueno, por si alguien aún no se ha enterado (hay gente muy despistada en la red, y no descarto que aparezca alguna lectora* nueva que no haya navegado previamente en mi bitácora) haré una declaración: soy ateo. No agnóstico ni indiferente ni no practicante ni ninguna de las etiquetas comodas y políticamente correctas que te encuentras por ahí. Ateo. Rotunda, positiva, activa y enérgicamente ateo.

Puntualizaré el término activamente. No es que tenga previsto entrar en la Almudena con un Kalashnikov y abundante munición, disparando contra todo aquel que levante las manos al cielo y me diga ¡no me mate, por el amor de Dios! Ahí como mucho entraría con una bola de demolición, porque esa catedral es un engendro lamentable y un bombardeo con napalm me parece la mejor manera de mejorar su estética. Lo que quiero decir es que defiendo mi postura de forma activa y racional, colaboro en actividades a favor de la separación efectiva entre el estado y la religión y denuncio el abuso de poder y la perniciosa influencia de las religiones organizadas en nuestra sociedad.

El caso es que soy una persona muy dada a comerme el coco y ya hace tiempo que me dediqué a rememorar los pasos que me llevaron desde la fe aborregada del niño educado en el catolicismo al ateismo militante. Las visitas veteranas supondrán que no hay demasiado que especular al respecto: de niño los curas de mi colegio me educaron a fuerza de hostias ergo me volví ateo.

Deducción sencilla y elegante, pero falaz. Por un lado, aunque cobré lo mío y lo de mi primo, yo no me cuento entre los niños más apaleados de clase, ya que era un estudiante tirando a bueno. Por el otro, la bilis de un montón de frailes amargados te quita la fe en los frailes, no en Dios. Si no fuera así este país se habría llenado de ateos ya en el siglo de Oro, porque los curas llevan aplicando con saña lo de la letra con sangre entra desde hace cienes y cienes de años.

Mi primer paso hacia el ateismo fue el muermo. Porque en cuanto tuve un poco de raciocinio fui muy consciente de que las misas eran aburridísimas, y a medida que fui creciendo lo hizo el tedio. El mismo tedio que tenía, por cierto, uno de los curas que me confesaban, porque fuera cual fuese el volumen de pajas declaradas ante el confesionario, siempre me respondía mmmmrssszzzzzcincopadrenuestrosyunavemaríajjjzzzzzzzzzz... antes de seguir durmiendo. 

Vamos, que un día tuve que ser sincero conmigo mismo y aceptar que la religión es un peñazo. Pero de nuevo debo decir que eso no te lleva al ateismo, sino a las posturas antes citadas, las comodonas. Buena parte de la gente que se describe a sí misma como católica en las encuestas añade después la coletilla no practicante, lo que traducido al castellano crudo viene a significar para echar la siesta me tumbo tan ricamente en el sofá, no en un banco de misa, que están duros y el cura luego te mira mal y total por unos ronquiditos de nada.

¿Exagero? Visitad cualquier iglesia de pueblo (se supone que la fe es más profunda en el medio rural, siempre me he preguntado porqué**) durante la temporada lectiva de misas, esto es, fuera de las fiestas del santo patrono. Sólo veréis a una docena de viejecillas murmurando ycontuespíritu y desafinando el quealegríacuandomedijeeeeeeronnnnnnn. El resto del pueblo no pisa la iglesia más que cuando hay permiso para hacerlo borrachos.

La pereza es asimismo la responsable del agnosticismo, ya que el que se declara agnóstico en general quiere decir en realidad no me creo una mierda de lo que dicen las curas pero me da demasiada pereza pensar el porqué. Sumado, en ocasiones a esa manía de querer contentar a tirios y troyanos y que se traduce en memeces del tipo todas las creencias/ideas/costumbres son respetables (lo que es otro indicio de pereza, porque muchos de los que sueltan esa flor por la boca son incapaces de articular una sola idea correctamente razonada)

Por cierto, y al hilo del anterior párrafo, las creencias/ideas/costumbres no tienen porqué ser respetables, del mismo modo que no tienen porqué serlo las personas. Pasado el primer hola, el respeto hay que merecerlo. 

* Digo lectora porque llevo tiempo viendo que, salvo el día aquel de las pajas, la mayor parte de mi público es femenino
** Porqué se supone eso, no porqué es más profunda, ya que tengo muy claro que no lo es.

lunes, 20 de agosto de 2012

SUEÑO


Cuando empiezo a dormirme por unos instantes soy consciente de estar comenzando a soñar. Al despertar, en unos segundos pierdo el hilo de lo que estaba viviendo un instante antes. Pero a veces, no tantas como quisiera, los sueños se quedan grabados y los recuerdo con claridad. Antes era más común, pero incluso hoy sigo recibiendo destellos de lo que pasa por mi cabeza cuando todo se desconecta.

Soñé que quemaban viva a una mujer en la plaza del pueblo. Recuerdo la humareda y los gritos. No sé como pude soñar algo así con tan solo seis años.

No es mi peor pesadilla.

Sueño con mi padre. En nuestra vieja casa en V. de la S. Hablamos por los codos, y cuando abro los ojos me siento bien, contento por haber compartido con él unos minutos más, aunque sea sólo en mi mente.

A veces es mi abuela. Recuerdo un sueño jugando al trivial, nos miramos y sonreímos, porque vamos a ganar. La Yaya y yo siempre ganábamos cuando íbamos de pareja.

Soñé algunas noches seguidas con mi amiga P, follando y riendo. Ella dice ya ves, al final mi madre tenía razón, y ya no podemos contener las carcajadas. Tras la primera, cada una de esas noches me fui a la cama ansiando soñar.

Recuerdo soñar con un payaso atroz, mirándome desde el fondo de la piscina antes de huir por el desagüe. Luego le veo, subido a unos enormes zancos, acercándose a mis primas M y C, que no le ven, porque estan recogiendo algo en la huerta. Grito, pero no me sale voz. Corro, pero no me muevo del sitio. Tenía 9 años.

A los 20 y tantos lei It, de Stephen King. Soñé con el payaso de la piscina tres noches seguidas.

Sueño con Ella. Abrazados, desnudos, siento sus pechos grandes y cálidos contra el mío, su abrazo estrecho, nuestros alientos, nuestro ritmo. Sentí su orgasmo con tanta intensidad alrededor de mi pene que mi propia erección me despertó, con su súbita rigidez.

Vuelo en más de la mitad de los sueños que recuerdo. Unas veces es como bucear, pero en el aire, otras como caminar. Y en ocasiones simplemente veo una escalera y me deslizo sobre ella sin tocar los peldaños. Sueño con la escalera tan a menudo que a veces pienso al hacerlo que es tal y como recuerdo en mis sueños.

Soñé que moría mientras volaba, y sin embargo el sueño siguió más allá, pero yo sólo era un espectador.

Mi peor pesadilla tuvo lugar hace cuatro años.

Soñé que Ella había muerto. No sé cómo ni porqué, sólo sé que debía entrar en casa y decírselo a nuestro hijo. ¿Cómo le dices a un niño que su madre no volverá?

Me desperté al notar algo mojado en mi cara. Era la almohada, la había empapado de lágrimas.

A menudo me sumerjo en un río ancho y caudaloso, y cuando estoy bajo el agua, clara y no muy fría, comprendo que sólo tengo que respirar como lo haría fuera de ella. Buceo horas y horas pensando ¿como no se me ocurrió nunca que fuera tan fácil?

Una noche me miré al espejo y vi que era una mujer. Conocí a un chaval en un bar. Nos besamos. Follamos.

No recuerdo su cara ¿afortunadamente?

De cuando en cuando me veo de vuelta en la Universidad, en el examen de cálculo infinitesimal. O de uniforme, en el servicio militar. De pronto recuerdo que ya aprobé esa maldita asignatura, o que ya me licencié.  Entonces sé que es un sueño, y despierto para volver a dormir.

Soñé con T poco después de conocernos. Paseábamos por un prado. La abracé por detrás. Recuerdo su vientre bajo mis manos, hundir mi rostro en su cabellera. Respiré hondo. Pensé su pelo huele a verano.

Soñé con un cielo estrellado y tenebroso. Estaba aterrado, porque me di cuenta de que la mitad del cielo era un sólo ser inmenso, cuajado de soles, y estaba girando su rostro. Me buscaba.

Intento marcar un teléfono. Siempre me confundo con alguna cifra y cada vez estoy más nervioso. Sigo intentándolo, me desespero, es una llamada importante. Suelo despertarme angustiado.

Estaba con L, una amiga de la escuela. Nadando desnudos. Nos acariciamos sin prisa. Me desperté. Me había quedado dormido en clase de zootecnia. L estaba a mi lado, tomando apuntes.

Pensé qué raro, yo no me duermo nunca en clase de zoo. Terminé de despertarme: estaba en mi cama y era de noche.

Nunca le conté ese sueño a L.

Sueño con mi perro Rocco. Ya ha pasado cuatro veces, al menos. Sé que está muerto: yo le abrazaba mientras su corazón se detenía poco a poco, tras la inyección. Así que sé que es un sueño cuando le veo, pero me alegro de verle y poder volver a abrazarle vivo. Siento su calor, sus lametones, sus patazas sobre mis hombros.

Estoy en la estación de Avenida de América, en el andén de la línea 6, que tiene farolas y el techo negro. Pero sé que no hay techo, que es la noche, y vuelo hacia ella. Un dragón vuela conmigo ¿ha salido del túnel, en lugar del tren?

Paseo a menudo con Ella por mis sueños. De la mano. Siempre vamos de la mano. Recuerdo un paseo por un parque con insectos gigantes, quietos como estatuas. Miramos cada detalle de sus corazas y alas como si fueran obras de arte. De hecho lo son.

Una tarde en BUP pasé horas y horas estudiando latín para un examen, y me fui a la cama, desesperado porque no lograba retener nada. Esa noche soñé que estudiaba latín, horas y horas. Al despertar tenía el tema asimilado.

Colerigde logró sacar del sueño 300 buenos versos. Yo un examen con notable: no es gran cosa, pero me conformo.

A veces, de día y despierto, siento que soy feliz. Quizás más de lo que me corresponde. Y pienso que en cualquier momento me despertaré, y descubriré que todo ha sido un sueño, y mi felicidad en realidad le sucede a otro.

Aún no me he despertado.

lunes, 23 de julio de 2012

DIARIO DE LA PATERNIDAD RESPONSABLE (XII) Cambios


D cumple doce años. No es una cifra más: pasaremos del colegio al instituto y nos adentramos en los procelosos mares de la adolescencia.

Supongo que deberíamos estar acojonados, pero como mencioné en la anterior entrada de esta serie, lo llevamos bastante bien. Vemos los cambios, los interiorizamos y vamos capeando las tormentas ha medida que surgen.

Cambios bastante evidentes en algunas cosas. R, al saber la edad de D, me dijo ya tendrá pelos en los güevos. Pues sí. Helos ahí. Negros, rizados y largos. Sólo ahí, dicho sea de paso. Parece que no va a heredar mi propensión al hirsutismo corporal, porque a su edad yo ya tenía las patas peludas y me dejé barba por primera vez a los 17. Eso que se ahorrará en láseres, que el macho ibérico ya no se lleva.

(También le crecen otras cosas, no va a ser Nacho Vidal, pero tampoco tendrá complejos)

Hablando de complejos, se ahorrará el de feo. Los genes de mi chica han ganado el partido de calle, salvo en el único apartado donde yo jugaba con ventaja, los ojos. Y me acusaréis de frívolo, y qué más da que un niño sea feo o guapo, lo importante es quererlos a todos por igual...

... como si fueran humanos, añadía un impresentable amigo mío. Ese amigo que tenemos todos, que nos llena de vergüenza propia y ajena pero al cual nunca acabamos de mandar a la mierda

Que no digo que no sea cierto, lo de quererlos y eso, pero lo cierto es que siendo guapo se te abren más puertas. Si no ¿por qué piden en tantos trabajos buena presencia física? Puedo entenderlo (no del todo) en puestos de cara al público pero ¿telefonistas? ¿personal de mantenimiento? ¿administrativos? ¿A la gente fea le salen mal las cuentas, o la voz les suena peor al teléfono?

También va a ser bastante alto, ya sobrepasa a su madre, pero al contrario que esos progenitores del ¡Ay, que bien me crece! no le vemos demasiadas ventajas. No es que yo tenga nada contra los altos, ojo. La sal de la tierra, siempre lo he dicho. Si no existieran habría que inventarlos. Incluso tengo amigos que son altos, y les quiero igual que a los otros. Como si fueran humanos.

Peeeeerooooo...  no son rentables ¿Ustedes saben lo que engulle un adolescente de talla normal? Pues imagínense uno KingSize. A estas alturas (1'61) ya estamos pensando en un candado para la nevera, y creciendo a este ritmo en dos años tendremos una termita de 1'80.

Si al menos comiera en plan equilibrado, dieta mediterránea y tal... pero noooooooo, nunca le ves atiborrarse de lechuga o tomate, no. Siempre ataca los plátanos, el chocolate, los helados, MIS yogures de mora, el jamón...

¿Porqué nunca tenemos cocacola en la nevera? Mi amigo J siempre merienda cocacola y bollos. Sí, y por eso tu amigo J está en forma, de pera por más señas ¡Pero yo tengo hambre! Comiste hace media hora, no puedes tener hambre ¡pero comí muy poco! Nadie te impedía repetir verduras
... siguen unos segundos de silencio mientras el chaval coge aliento...
¡¿POR QUÉ SIEMPRE TENÉIS QUE PONERME VERDURAS?¡LASVERDURAS SON LO PEOR DEL MUNDO!¡NO QUIERO COMER NUNCA MÁS VERDURAS!...etc, etc...

(Era sobre todo tomate y pimientos, luego en propiedad no eran verduras sino rojuras, pero esos matices se le escapan)

Y lo que cuesta vestirlo. Si con 12 ya calza un 45 ¿de donde sacaremos los zapatos dentro de dos años?

También hay cambios en la actitud. Ahora alterna entre extremos de cariño que rayan en lo pegajoso* y momentos de desapego e indignación, que casualmente suelen coincidir cuando A: no le dejamos empapuzarse a deshoras, B: le pedimos que deje ya la puñetera PSP y C: le sugerimos que recoja su cuarto antes de que los restos bajo su cama empiecen a desarrollar conciencia de clase. Cualquiera de esas situaciones le parecen pruebas incontestables de un complot contra su persona.

Otra evidencia de un cambio importante es su creciente interés en todo lo relacionado con el sexo. Por más que intente negarlo, basta con observarle cuando estamos viendo alguna serie. En el momento en el que alguna protagonista asoma en tetas, su interés, de por sí bastante disperso, se focaliza. Dan ganas de hacérle notar que me doy cuenta, aunque sólo fuera para ver que excusa intentará improvisar sobre la marcha para dejar muy claro que, aunque pueda parecer otra cosa, él no estaba mirando esas tetas**.

En eso no ha cambiado. Sigue negando la mayor con firmeza. Da igual que le hayas sorprendido en la cocina, con la puerta del congelador abierta de par en par y tres colajets bajo la camisa. No, no es que esté intentando comerse el postre de tres días de una sentada, es que debido a un cúmulo de circunstancias azarosas él tropezó con una silla y al caer, abrió accidentalmente la puerta del congelador, momento que aprovecharon lo maléficos polos para inentar escapar de su prisión ocultándose bajo su ropa.

Casi estoy deseando pillarle algún día haciéndose pajas sólo por escuchar sus balbuceantes explicaciones y atesorarlas para reirme en mis años de vejez. Casi. Como dije tiempo ha, hay cosas que es mejor respetar para evitar incomodidades al pajeante, y salvo que le de por hacer molinetes con la chorra en el pasillo, haré lo posible por respetar su intimidad. Y le diré donde guardo los cleenex.

Puede parecer de lo dicho hasta ahora que tenemos un bandarra peludo creciendo bajo nuestro techo pero no es así. Hay otros cambios más sutiles: como la limpieza de libros que ha hecho en su cuarto, sacando de ahí los Jeronimos Stilton y otras cosas infantiles. Y uno que me sonroja cuando lo noto, y es que intenta pasar más tiempo conmigo.

A veces es incómodo. Estoy trabajando y, concentrado, no me doy cuanta de que está detrás mío hasta que me abraza. Eso puede suponer que se me vaya una raya o deje un polígono fuera de sitio, porque tiendo a sobresaltarme. Pero tras el sobresalto me queda una sensación muy especial. Cálida. Agradable. La de que, después de todo, seguimos llevándolo bien.

Seguimos riéndonos pese a las broncas ocasionales. Seguimos disfrutando pese a los disgustos (afortunadamente cada vez más ocasionales). Seguimos asombrados de verle interesarse por cosas nuevas, pese a lo cansino que se pone cuando pregunta sin parar (y puede ser MUY cansino)

Lo disfruto, porque sé que se avecinan otros cambios, y añoraré estos momentos cuando se vuelva un adolescente hosco, enfadado con el mundo y conmigo, que apenas me dirigirá un mmmmf cuando le diga buenos días. Recordar estos momentos me ayudará a morderme la lengua, sabiendo que bajo la tormenta hormonal está nuestro hijo, y que esos años también pasarán, porque los cambios no van a cesar.

Yo no he dejado de cambiar en 46 años. Tengo mucha curiosidad por ir viendo los suyos. Para bien o para mal, eso no podremos saberlo hasta que lleguen.

Y mientras tanto, duplicaré la compra de cleenex, a ver si me voy a quedar sin, que uno también tiene derecho a darse una alegría artesanal de cuando en cuando.

* Incluso es celoso: basta que me ve hacer una carantoña a su madre para que se lance en tromba a abrazarla, y en estos días de calor eso es un tanto incómodo.

** Como si no supiera sobradamente qué cuando está ante la tele en solitario, con el volumen bien bajo, para que no escuchemos lo que está viendo, está viendo lo que le hemos dicho que no vea. Y piensa que nos engaña, el muy pardillo. En fin.

domingo, 8 de julio de 2012

NO ES IMPRESCINDIBLE: POR ESO AMAMOS

Sé que lo que escribo hoy no va a entretener demasiado a mis lectores habituales. Algunos dirán que soy un cursi, otros que me estoy dando al sentimentalismo facilón. Francamente, me importa un pito. Escribo lo que me pide mi corazón, el resto no cuenta.

Amar no es como comer o beber. No es como respirar. No podemos vivir sin oxígeno, sí vivir sin amor. Aunque vivida así, la vida no vale gran cosa. Puedes seguir caminando, pero no importará demasiado hacia donde te dirijas.

No es fácil. Nos cuentan tantas historias donde el amor triunfa ante los obstáculos, que acabamos por creernos que una vez das el primer paso todo sale rodado. y no es así. Más allá de la primera pasión, el amor tiene que crecer a su ritmo, y debes alimentarlo. Porque si lo das por supuesto, tal vez un día se apague y no seas capaz de saber en que momento empezó a escapársete de entre los dedos.

Duele. Eso no podemos controlarlo, porque hay otra persona implicada y a veces nuestro amor hace daño a quien nunca quisimos dañar. Porque no es comer, o respirar, no es mecánico ni aprendido, no sigue normas estrictas ni cauces confiables.

No sabes donde te llevará. No sabes si serás correspondido, si durará o te abrasará, si quedará un dulce rescoldo que te mantenga caliente o de pronto te sentirás vacío y helado.

Pero...

Merece la pena sentir ese calor. Ese fuego ardiendo por tus venas. Merece la pena mirar a los ojos del amado y ver ese mismo calor. Sentir su sonrisa frente a la tuya, vuestras miradas brillando juntas.

Su beso. Su abrazo. No por el placer del beso o el abrazo en sí, sino por el calor que dejan en tu persona, porque cada gesto, cada caricia, cada instante compartido, te hacen más grande. Más libre.

Más entero.

Soy afortunado. Conozco el amor. Lo vivo, Lo siento. Lo respiro.

Cada día.

Soy más afortunado aún. Porque sé que el amor no es una frontera, ni una barrera. No cierra puertas. No corta alas. Se entrega con libertad, y crece sin ahogarte. Y sé que un amor puede brotar junto a otro sin que se nieguen el sol o el oxígeno, y florecer de modos que nunca soñaste.

Y sí, duele. Ver sufrir al amado te desgarra, más aún si no puedes hacer nada por paliar su dolor, sólo estar ahí, para darle tu calor e intentar que sus heridas no le dejen insensible ni le hielen.

Amo y me aman. Tal vez más de lo que merezco. No reniego de un sólo instante de amor, aunque algunos traigan dolor. El dolor me recuerda que sigo vivo. Y que, si continúo caminando, es porque mis pasos tienen sentido.

Pienso seguir amando. Aunque duela. Y mucho.

Gracias por amarme.

lunes, 25 de junio de 2012

¡TETAS!


Desde hace años una historia sobre tetas aparece cíclicamente por la red y desaparece al poco tiempo. Se trata de un estudio médico que afirma que la excitación sexual provocada por mirar los pechos de una mujer diez minutos al día mejora la salud cardiaca y alarga la esperanza de vida del varón entre 5 y 10 años, según la versión de cada momento. Este informe, atribuido a investigadores alemanes, apareció por primera vez en 2007 y se publicó (y publica) en los grandes medios de prensa, lo que demuestra (una vez más) que las tragaderas de las agencias de noticias son desmesuradamente grandes.

No es necesario entender de medicina para darse cuenta de que se trata de un cuento chino. Para poner a prueba semejante hipótesis sería necesario establecer tres grupos de pacientes: uno sufriría a diario diez minutos de exposición a tetas, el otro no podría verlas bajo ninguna circunstancia y un tercero serviría para descartar el efecto placebo. Dado que basta con conectarse a internet para verse sumergido en un oceano mamario, veo muy difícil que un señor pueda mirar unas tetas exclusivamente durante diez minutos y en condiciones controladas salvo que lo encerremos en una habitación a oscuras, y para los traslados le coloquemos un ronzal de burro, no sea que pase al lado de un anuncio de desodorante-lencería-perfumes-dulcedemembrillo* y el experimento se vaya a hacer puñetas. El segundo grupo sería más fácil de conseguir, basta con hacer un casting de informáticos aficionados a los juegos de rol pero, para el tercero, la cosa es peliaguda, porque estos deberían creer que ven tetas, pero sin que fuera cierto.

¿Debemos excluir del estudio a los técnicos de mamografía, o a los cirujanos especializados en implantes mamarios? ¿La sobreexposición a las tetas tiene efectos adversos?

En el supuesto estudio no se especifica si las cualidades organolépticas de las tetas implicadas varían el resultado final. Y no es por ser puntilloso, pero no parece un modo muy científico de hacer un análisis ¿Vale cualquier par? ¿Sirven las de tu madre? ¿Con una sola tenemos la mitad de los resultados? ¿Da igual que sean grandes, pequeñas, firmes, caídas, juveniles, maduras...? ¿Influye el color de la piel, la amplitud de la areola, el tamaño del pezón, si éste está erecto o en reposo...? ¿Si en vez de dos ves muchas a la vez, tu salud mejora notablemente? ¿Si están siliconadas, no cuenta? ¿Basta con ver siempre las mismas dos tetas, o el corazón agradece la variedad?

¿Y qué me dicen de Benny Hill? El inglés que más tetas vio a lo largo de su vida murió a los 68 años de un problema coronario, cuando su corazón debería haber sido prácticamente inmortal.

Por otra parte sería necesario exponer a tres grupos de mujeres a la misma exposición dado que de media las mujeres tienen una mayor longevidad que los hombres, y si el factor tetas estuviera implicado eso tiraría por tierra el argumento de la excitación sexual, salvo que asumamos que todas las mujeres se excitan viendo las tetas de sus amigas, o las suyas propias.

Lo que me recuerda que las mujeres sois unas suertudas ¿Que queréis ver tetas? Os levantáis la camiseta y ¡ahí están! 

En cualquier caso, éste es sólo uno de los muchos mitos sobre tetas que nos encontramos por la red a poco que raspemos un poco. Uno de los más extendidos es el del porqué de nuestra atracción por ellas. Según los freudianos, es un deseo motivado por nuestra asociación de la teta a la lactancia en los primeros meses de vida. Resumiendo el argumento, el bebé toma teta, es feliz, e identifica teta con felicidad, quedándole asociada a la figura materna. Y, como luego todo hombre desea follarse a su madre por no se qué de un griego llamado Edipo (mira que son raros los griegos ¿eh?), pues está todo claro, al pasmarse ante dos tetas el adulto revive el edipismo asociado al bienestar y la calidez y ¡zas! se empalma.

A ver, señores del diván. Si así fuera, los nenes criados a biberón no sentirían el más mínimo interés por los pechos femeninos y en cambio se pondrían burrotes al ver una tetina de goma. Y habría cienes y cienes de mujeres enamoradas de las tetas, las suyas y las de su prima. Y los hombres homosexuales tendrían sentimientos muy contradictorios, dicho sea de paso.

Cielos ¿habrá alguna línea de estudio investigando la relación entre lactancia materna y lesbianismo de las hijas?

Luego está la discusión sobre el tamaño-forma-firmeza perfectos, como si las tetas fueran unos complementos de moda. Un tema que daría risa si no fuera por el daño que hace a la autoestima de millones de personas. Hace unos años estaba de moda en determinados ambientes prometerle a la niña unas tetas nuevas y bonitas si sacaba buenas notas en el insti. Por cierto, la RAE debería añadir al término bonitas el significado grandes hasta que a la cría se le lesionen las vértebras dorsales por el peso.  Ojo, no tengo nada en contra de la mamoplastia, sé que a veces es necesaria pero llegado un momento parece que todo se centra en más, más, más, como en una carrera de armamentos. A ver, si tan importante es llenar las calles de tetas como sandías ¿porqué no empezamos ya a plantarselas también a los tíos? ¡Si será por falta de silicona!

Borrad eso. Si los tíos nos pusiéramos tetas, nos pasaríamos el día sobándolas con fruición, un espectáculo muy poco decoroso para tiernos infantes y santas monjas. Por no hablar de lo poco que saldríamos de casa.

_Cariño, que no llegamos al cine
_ Ay, hija qué prisas, déjame un poquito en paz, que tengo las manos ocupadas...

Y con lo competitivos que somos. Uf, quita, quita.

_¡Mira María, que las tengo más gordas que las tuyas, chincha y rabia!

Y luego están los mermaos que acusan a las tetas de todos los males del mundo, y pretenden ocultarlas bajo siete llaves, como el hojatolah Kazem Seddiqi, que declaró en abril de 2010 que DIos enviaba terremotos como castigo por los escotes de las mujeres indecorosas. Jennifer McCreight, una joven de mente inquieta y científica, decidió verificar la validez de esa hipótesis, para lo que propuso que el 26 de ese mes se celebrara el día planetario de los canalillos al viento, a fin de provocar un BoobQuake (Tetamoto, en mi humilde traducción).

El día llegó, las tetas disfrutaron del sol matinal y el frescor de la tarde. Mi chica (foto de apertura) colaboró en tan magno evento y, por añadidura, tuve el placer de conocer la genial sonrisa y maravilloso escote de mi amiga R. En cuanto a resultado del experimento, cero. Hubo terremotos, porque SIEMPRE hay terremotos en algún lugar del planeta, pero en ningún momento se superó la media diaria de esas fechas. Y aquí viene el punto más interesante, porque si extrapolamos adecuadamente los datos, el Tetamoto's day puede usarse como prueba de la inexistencia de Dios. Si la exhibición masiva de deliciosa y satinada piel por todo el planeta no trajo un aumento de la actividad sísimica, ésto sólo puede puede atribuirse a dos causas, mutuamente excluyentes:

A. DIOS NO EXISTE
B. A DIOS LE MOLAN LAS TETAS

La A no requiere explicación: si no hay Dios, podríamos sacar a la luz todas las tetas del planeta y eso no alteraría ni un infinitésimo el desplazamiento de las placas tectónicas.

La B parece razonable, ya que los sacerdotes de todas los cultos monoteistas insisten en el carácter masculino de Dios, luego si el bueno de Jahvé es hombre, es normal que le molen las tetas ¿no? Pero los mismos sacerdotes insisten en que Dios aborrece la impudicia. Y la Biblia lo dice muy claramente en el Levítico, porque aquel que contempla la desnudez de la mujer ajena (lo que incluye sus tetas) incurre en pecado mortal y su sangre recaerá sobre el pueblo.

Luego si a Dios no le molan las tetas, y no hubo terremotos extra el Tetamoto's day, sólo nos queda la opción A, ergo DIOS NO EXISTE.

Libradas pues las tetas de mentiras, infundios y oprobios, y demostrada por añadidura la inexistencia de Dios, sólo nos queda agradecer y ovacionar a sus dueñas. Yo no puedo presumir de ser un gran experto ya que hasta ahora sólo he conocido a nivel personal cinco pares, pero todas me parecieron y parecen maravillosas, en su variedad de forma, color, firmeza y tamaño. Porque tras ellas había cinco mujeres fantásticas que me concedieron el honor (qué digo el honor ¡el privilegio!) de compartir bellos momentos tetiles.

Gracias, señoritas. De corazón.

Y como colofón musical, un tema de esos montruos insignes del rocanrol patrio, dedicado a los más llamativos elementos de la anatomía femenina.


*Los cuarentones aún recordamos con vergüenza la lamentable campaña publicitaria de la chica de los membrillos

domingo, 10 de junio de 2012

¿QUÉ SABEMOS DEL PASADO? Escepticismo y paleontología (y III)


Suele debatirse si el T-rex  era carroñero o cazador. El león, que tenemos entronizado como señor de la caza, es un holgazán nato, y siempre preferirá darse un banquete de carroña gratuita antes que correr tras una presa viva. La hiena manchada, que la gente señala como carroñero por excelencia, es un cazador muy eficaz, y es mas normal que los leones le roben la caza a las hienas que a la inversa. Si no podemos separar con claridad ambos modos de vida en animales vivos ¿cómo vamos a hacerlo en criaturas extinguidas hace millones de años? 

Aquí tenemos  otro titular bien llamativo: predador prehistórico comía a sus presas vivas. Primero, una afirmación así no resulta novedosa: cientos de predadores modernos hacen eso, empezando por las ballenas y acabando por las avispas. Además el que su mandíbula permitiría a este animal arrancar grandes trozos de carne a su víctima, no implica que ésta siguiera con vida durante el proceso. Por supuesto vende más la idea del monstruo descuartizando en vida al aterrado herbívoro, pero ni es algo sorprendente, ni un hecho probado.

Si nos alejamos más atrás, las deducciones se vuelven muy peregrinas, porque trabajamos con criaturas tan ajenas a nosotros que podrían pasar por extraterrestres. Hablar de anomalocaris como terrorífico mónstruo depredadormateria de pesadillas parece muy exagerado, más cuando la noticia es el análisis de su estructura ocular. Como mínimo, creo que deberían usarse adjetivos un poco más sosegados, sobre todo porque un estudio casi paralelo sobre la boca de este animal viene a concluir que no sabemos realmente cómo se alimentaba. 


Tenemos la cuestión del aspecto visual de los animales extintos. A priori, una buena reconstrucción se ajustará a la información disponible en el registro fósil, y será más fiable cuanto más detallado sea éste. Una vez más, es más fácil recrear un animal si está más cerca de nosotros. A veces incluso contamos con información de primera mano Como la que nos ofrecen las pinturas rupestres, que nos indican que megaceros tenía una marca de color en la espalda, o que los leones de las cavernas carecían de melena. Hace poco, por añadir otro ejemplo, se ha averiguado que las pinturas de caballos salvajes cubiertos de manchas son sorprendentemente exactas en ese aspecto.

Pero cuando más nos adentramos en el pasado la información a nuestra disposición se vuelve menos detallada y empiezan a entrar en juego varios factores subjetivos, empezando por las modas. Los velociraptores, por ejemplo, suelen ser representados como seres feroces, siempre en actitud sanguinaria, por no decir de psicópatas. Sin embargo es posible interpretarlos como animales mucho más reposados y, a mi modo de ver, más naturales, como en este boceto. Ambas recreaciones se atienen a los datos disponibles, las diferencias se deben a una simple elección personal. En la otra imagen tenemos un dinosaurio aviano, Anchiornis. Tanto el agresivo monstruito dentudo  como el pajarote de aspecto feliz se basan en los mismos datos anatómicos, pero me decanto mucho más por la criatura relajada. 

Puede parecer que los paleoartistas nos inventamos las cosas: no es así, pero es inevitable que te veas influido por las ideas en boga, y que incorpores elementos que, a su modo, son ideológicos antes que estrictamente científicos. Por ejemplo, sigue siendo muy normal representar a los primeros humanos modernos con piel clara, como en esta soberbia imagen de Burian. Sin embargo nuestra especie nació en África y lo lógico sería que nuestros antepasados tuvieran la piel oscura. Esto se debe a un prejuicio heredado del siglo XIX, cuando se presuponía que los hombres blancos eran la cumbre de la evolución.

Hay veces que los detalles obedecen a puras decisiones estéticas, como en mi recreación de una pareja de neandertales: el pelo claro de la mujer fue una elección personal, simplemente quise darle un aire más actual, y no había ningún motivo para suponer que no tuvieran ese color de pelo. Pocos días después National Geographic publicó un estudio sobre la presencia de cabello pelirrojo en neandertales. Hubo quien pensó que yo había accedido a esa información antes de ser publicada, pero fue una simple casualidad, como digo, la elección del pelo fue totalmente subjetiva.

Como norma básica debemos recordar siempre que, en condiciones normales, la piel o el color no se conservan, y la mayoría de los restos  se limitan a esqueletos u otras partes duras. Lo mismo sucede con las plumas, la estructura de las escamas, las crestas de tejido blando... Un caso como el de Anchiornis, en el que la fosilización ha preservado no sólo el plumaje, sino indicios de su patrón de colores, es tan excepcional que casi parece un milagro. Lo usual es interpretar esos elementos en base a evidencias mucho menores, o por pura intuición. 

Resumiendo un poco todo lo dicho, a la hora de valorar una información paleontológica debemos  recordar que lo que se nos dice puede tener diferentes grados de veracidad, en función de la información realmente aportada por los hallazgos. 

La datación temporal en principio debe aceptarse: los métodos empleados son fiables y contrastados, siempre dentro de unos márgenes de error aceptables
La identificación de los restos igualmente debe considerarse válida siempre y cuando hayan pasado por el proceso estándar de publicación, es decir, la revisión por pares.
Los parentescos con otras especies modernas o extintas pueden verificarse hasta un cierto punto: podemos establecer con bastante seguridad la filiación de una especie, pero no podemos afirmar que sea exactamente  un ancestro directo ni un descendiente. En ese sentido es preferible usar cladogramas antes que arboles evolutivos.
Todo lo referente al comportamiento debe analizarse con precaución. Algunos fósiles incluyen detalles muy concretos de la vida de una criatura, otras características pueden extrapolarse con razonable seguridad, pero algunas afirmaciones sobre el caracter o los hábitos de los seres extintos son puramente especulativos, incluso gratuitos.
En cuanto al aspecto físico, en principio, debemos considerar que las reconstrucciones son acertadas, pero dentro de un mismo abanico de datos podemos encontrarnos reconstrucciones muy diferentes e igualmente válidasno debemos olvidar que incluso los mejores paleoreconstructores tienen sus propios gustos y costumbres a la hora de trabajar, y algunas cuestiones van un poco con la moda.

Y eso es todo. Espero no haberos aburrido y, si en algo ayuda lo dicho a mejorar nuestro  ojo crítico a la hora de evaluar una información, podré darme con una piedra en la boca.