lunes, 26 de enero de 2015

CINCO HORAS CON MARIO (ENTRE LÍNEAS)


Como muchos de los lectores de mi edad, leí 5 Horas con Mario en el bachillerato, y disfruté. Me pareció una obra sorprendente, fluida y original. Y como muchos de mis compañeros, hice el análisis clásico. Delibes nos retrata las dos Españas que conviven dificultosamente hacia el final de la dictadura. La sociedad rancia y engreída, cubierta de teñarañas y anclada en el pasado que encarna Carmen (nerviosa, incapaz de parar quieta, quejumbrosa), y el futuro, lleno de incertidumbre pero también de esperanza y dinamismo, de la mano de Mario (de cuerpo presente)

Es un retrato muy crudo. Carmen / Menchu desgrana una letanía de quejas y pullas, acumuladas durante veintitantos años de matrimonio, sobre su indefenso y difunto marido. Alardea de su devoción cristiana a la antigua, de sus linajudos orígenes, de su paciencia y fidelidad, de todas las privaciones a las que se ha sometido por amor a su marido, porque si ella hubiera querido, ja ¡si hubiera querido! Y en medio del bombardeo emerge un Mario virtuoso, comprometido, austero, inteligente, preocupado no por las apariencias sino con la realidad, que, pese al silencio impuesto por la muerte, rebate uno tras otro los argumentos de su pesada viuda, dejando al descubierto su hipocresía e incapacidad.

Crudo, directo. Y fácil, muy fácil. Es tan sencillo apedrear a Carmen, si hasta ella dispara contra sí misma: en vez de llorar a su esposo, se preocupa por que sus grandes tetas se marcan mucho bajo el sueter (no son pechos de viuda) y de dar la vuelta a los libros para que no haya tantos lomos de colorines a la vista, que eso no hace luto.

Fácil, e injusto. Carmen no puede defenderse, nadie le ha enseñado a hacerlo. Y ese es el principal argumento en contra de Mario. Se supone que él es un intelectual, un docente preocupado por sus alumnos, consagrado al sagrado deber de educar ¿y su esposa es una analfabeta funcional? Algo no cuadra aquí.

Sí, es cierto, Carmen es superficial, y su frustración nace, en buena medida, de no poder aparentar. Pero ¿es culpable? La educaron para ser, precisamente superficial, para aspirar al oropel, para darse aires y postín. Y, lógicamente, no ha disfrutado de eso al lado de Mario. Pero tampoco ha disfrutado de ninguna alternativa, porque él no se ha molestado en dársela.

Mario anota la Biblia, debate con los sacerdotes, busca más allá de la fe ciega. Pero no con Carmen, ella sólo conoce la apariencia de fe que le enseñaron de niña, y nadie parece haberse molestado en mostrarle otro camino. Si tan importante es su cristianismo renovado para Mario ¿porqué no empezó por explicarselo a su mujer? ¿es que ella no merece la oportunidad de entender ese camino, en vez de seguirlo cogida de la correa de su marido?

Ella se burla, con sus amigas, de un relato escrito por Mario. La primera vez que lee uno. La primera vez ¿es que él está siempre tan ocupado que no ha compartido, siquiera, lo que escribe con su mujer?

Carmen no ha crecido como persona, sigue siendo la misma niña bien que se casó con Mario. Sin cambios, así que ¿qué ha hecho él a lo largo de estos 25 años, más allá de señalarle sus defectos con su sacrosanto ejemplo?

No ha hecho nada. Le da lo mismo. Se casó con una ignorante y la ha mantenido ignorante. El sabio y comprometido Mario no tuvo una compañera, una igual, sino una criada que le mantuvo la casa limpia, los niños alimentados y la cama caliente. Y ni eso, en realidad...

la primera vez, te diste media vuelta y me dijiste buenas noches, me quedé fría, que nunca me hizo nadie un feo así... que es la pura verdad, Mario, que en seguida te pasa y a una la dejas con la miel en los labios, ni disfrutar

Nunca ha hecho hecho el amor con su mujer, simplemente se ha corrido en ella de cuando en cuando. Nunca se ha preocupado por su placer o sus sentimientos. Nunca ha pensado en sus necesidades.

Nunca le ha hablado.

Carmen habla y habla ante el cuerpo de su marido,  por fin él tiene que escucharla. Es una vida de frustración, de deseos insatisfechos, de impotencia, que por fin rompe los diques y se desborda. No piensa callar: lleva callando demasiado tiempo. Callando, y viendo como él dedica sus atenciones, su inteligencia a otras personas. Como Encarna. La comprensiva e inteligente Encarna, siempre rondando a Mario, porque Mario es tan especial...

Delibes se burla de los celos de Carmen, es evidente para todos los lectores que Mario nunca se ha acostado con Encarna ¿para qué, si para él la pasión es apenas un rápido culeo, media vuelta y a dormir? Pero Carmen tiene mucha más razón de la que cree, su marido le da a la amiga lo que le niega a su esposa: afecto, tiempo y atención.

Y sí, claro que Carmen odia a los libros. No es por sus cubiertas de alegres colores. No es por su ignorancia. Es porque Mario siempre prefirio los libros a su compañía. Porque un montón de papel era más importante para el gran intelectual que la persona a quien prometió amar ante ese Dios que tanto le preocupa.

¿Porqué se casaron? Menchu no tuvo elección, aunque pueda parecer otra cosa. Se enamoró de José María y, cuando éste faltó, sólo quedó su hermano Mario. O casada, o monja o solterona, esas eran sus opciones. Pero Mario podía elegir así que ¿porqué eligió a ese saco de defectos sin cerebro ni personalidad? ¿simplemente por sus tetas grandes?

La pulla final: Carmen sí buscó fuera lo que no le daba su esposo. Esa es la gran cruz sobre sus espaldas, quiso ser infiel y, aunque no lo hizo, no fue por su voluntad sino porque la dejaron, una vez más, con la miel en los labios.

Contra ella las piedras ¡adúltera!

Pobre Menchu. Frustrada, sin amor, sin pasión, sin vida propia. Sin voz. Y ahora que, por primera vez en su vida, puede hablar sin ataduras, su propia conciencia la aplasta, por haber soñado siquiera que su vida podría haber sido otra. Mario, que vivió para todos, salvo para ella, vuelve a hacerla callar.

Lo sé: 5 horas con Mario es una metáfora. Pero lo es en muchos más sentidos que los oficiales. Delibes eligió como culpable a la que menos culpa tenía. Mario, es cierto, encarna el futuro, pero ella encarna a aquellos a quienes se les niega todo, incluido el futuro.

Carmen se casó con don perfecto, y sólo era humana.

domingo, 28 de diciembre de 2014

DIARIO DE LA PATERNIDAD RESPONSABLE (XXI) Cerrando el año casi bien


Pues ya se acaba 2014 y... bueno... pues no se ha dado mal. O sea, altibajos, por supuesto, y en determinados momentos bajos muy, muy bajos.

Porque ha sido otro veranito que, en fin... no es que tenga nada en contra de que el chaval asuma las consecuencias de sus actos ¿no? te tomas el curso a la ligera, te tiran en junio y, lógicamente, te quedas sin verano ¿no? Causa y consecuencia.

PERO ME CAGÜEN LOS COJONES PORQUE TAMBIÉN NOSOTROS NOS QUEDAMOS SIN VERANO. 

Es evidente, no vamos a dejarle en casa encadenado a la mesa, con un saco de patatas,un cuenco con agua por si le entra sed y un orinal. Lógicamente apechugas y te quedas con él. Y vale, remontamos de nuevo durante el verano, como el año pasado, y pasamos de curso, pero las ganas de poner un anuncio en el segunda mano, por si alguien necesita un adolescente sanote para picar piedra en el Gobi, están ahí.

También hemos tenido nuestros bajos por comportamiento/actitud/ánimos. Protestas continuadas, gruñidos ante cualquier comentario, peticiones absurdas y afrentas comparativas. Lo que me recuerda, queridos padres dadivosos que le soltáis un aifón ultimo modelo a vuestros retoños/retoñas porque sí, porque hoy es hoy... os odio, sinceramente. Que sí, que estáis en vuestro derecho, pero la decimoctava vez que escucho pues a V su padre le ha comprado el aifón y yo sigo con esta birria de android deseo, con los puños muy apretados, que os sodomicen, os guste, y nadie quiera volver a petaros el culo nunca más.

Peeeeroooo... no hay noche que dure siempre, ni bajos sin sus altos, y a veces el adolescente pejiguero te sorprende para bien. Como cuando se dio cuenta de que le costaba seguir la asignatura de física/química y nos pidió clases extra para no quedarse atrás. Sin que se lo sugiriéramos. Por propia voluntad. Casi me lo como a besos.

Pero mejor que no, porque sigue siendo un vergonzoso y si su madre y yo nos damos un pico en publico se abochorna. No te digo ya si le doy yo un beso.

Idea para performance. Acudir a esperarle a la salida del insti, con una pancarta que diga, hola, D, querido hijo de nuestras entretelas, somos nosotros tu padre y tu madre y comernos la boca con fruición delante de toda su clase. Tengo que darle vueltas al vestuario ¿me quedará bien un corsé con plumas?

Otros altos muy gratificantes, son los de descubrir que le llaman la atención tus aficiones y, quizás sin darse cuenta, sigue tu ejemplo.Como el día que me pidió que le entrenara para correr #snif #lagrimitadepadre

Vale, se arrepintió la tercera vez que salimos, pero lo pidió él al comienzo, y aunque luego dejó caer que en realidad tampoco le apetecía tanto y quizás podríamos dejarlo para cuando no llueva ni haga frío, ha comprendido que es tarde para recular y se va a poner en forma, quiera o no. Aún le oigo mascullar entre dientes algo así como quienmemandaríaabrirlaboca pero el caso es que va cogiendo fondo...

... y esos instantes de entrenar juntos son ideales para las conversaciones padre-hijo. No, no esas que estáis pensando, que ya las tuvimos hace mucho y le aclaramos sin pelos en la lengua todas sus dudas, y algunas que no se atrevió a expresar. Sino otras mucho más concretas como las formas que puede tomar una relación, el respeto, la seguridad sexual... y esta última, igualmente, con pelos y señales

... pero papá, que no es necesario que te molestes, que los adolescentes no perdemos la virginidad hasta los 15, que aún me queda tiempo...

... pues te aguantas y escuchas, que un año pasa volando y quiero que estés bien familiarizado con el preservativo, que te lo pruebes, que te lo dejes puesto y te la m...

...*enrojece hasta las orejas...*se las tapa... LALALALALALALANOTEESCUCHO

... pero, si lo prefieres, puedes tener esta conversación con tu madre. Elige.

... *enrojece sobre lo enrojecido...*se destapa las orejas... vale, sigue....

Luego están esos momentos de madurez que te descolocan, como escucharle decir, viendo las noticias, que las mujeres lo tienen todo mucho más difícil, que no entiende como nadie puede creerse la sarta de mentiras que sueltan desde la moncloa, Génova o Ferraz, o a santo de qué hay que aguantar una familia real.

Y vuelta a las ganas de abrazarle. Pero te contienes, porque en ese preciso momento lo último que quieres es que se azore.

Nuestro pequeño rojete... que ganas de que coja ya fondo y estilo corriendo, para llevármelo de manifa...

En fin, que queda aún mucho camino por delante, y detrás de estos altos vendrán nuevos bajos. Pero ya tenemos las notas del primer trimestre y, sin ser perfectas, son mucho mejores que las del año pasado, y él se esfuerza sin que le insistamos. Bueno, sin que le insistamos demasiado, que de cuando en cuando hay que darle un toque. Pero no es lo mismo un ocasional ejem, ejem que estar todo el año con el látigo en la mano.

No veo la luz al final del túnel. Pero el túnel no está demasiado oscuro y parece que vemos por donde pisamos. Y este año, en vez de regalos chorras, quiere que le federemos en tiro con arco. Así que, con suerte, si llega un apocalipsis y la civilización colapsa, nuestro cachorro podrá cazar conejos y defenderse de los zombis, así que nuestros genes sobrevivirán.

Que es una pequeña esperanza, lo sé, pero oye, ¿y la ilusión que hace?

viernes, 5 de diciembre de 2014

YO HE VENIDO A HABLARLES DE MI LIBRO


Anteayer me llegó un correo de la editorial. Sólo unas pocas palabras, y podrían habérselas ahorrado: con decirme YA habría sido suficiente.

Apenas me lo creo. O sea, sí, me lo creía ¿no? el texto y las ilustraciones ya estaban revisados y enviados, firmé el contrato, el libro estaba en máquinas... pero no lo sentí como real hasta que me dijeron que sí, que ya empezaba la distribución. Y fue un subidón.

Me aceleré, se me quedo cara de tonto, me noté la cabeza caliente, y apenas logré dormir en toda la noche.

Empecé a escribir sobre la PanzerWaffe en 2007, sin un objetivo claro en mente, sólo el de investigar y escribir por puro placer. Dos años después, y tras una primera revisión mientras lo desarrollaba en el Foro Gran Capitán, empecé a pensar en darle a todo aquello una estructura de libro, con la idea de, en algún momento, subir a la red un pdf o algo así.

7 años. Buscar la documentación, localizar las fuentes, localizar otras fuentes para cotejar las primeras... todo eso lleva mucho tiempo, pero yo no tenía ninguna prisa.. Rematé el texto durante el pasado invierno, a falta de corregir los últimos capítulos y di por cerrado el trabajo en la red este mes de mayo. Pensaba dejar pasar unos meses, para tomar un poco de distancia antes de darle la forma definitiva, cuando la editorial HRM se puso en contacto conmigo para sacarlo en papel.

O_O

Así me quedé, en efecto. No sabía si tomármelo en serio, pero me dije ¿porqué no? ¡vamos adelante con ello!.

Hubo que ajustar muchas cosas, empezando por la extensión. No era consciente de cuánto había escrito. Al final se eligió la solución salomónica, dividir el trabajo en dos volúmenes. Aún así tuve que meter tijera a mansalva. Me lo releí entero, recortando párrafo a párrafo, suprimiendo redundancias, abreviando, concentrando. Si en vez de seis palabras puedo usar cinco ¿por qué no? y quizás con cuatro, incluso tres...

Entre medias, escribir otro texto, ya que la editorial me pidió una colaboración en otro volumen, porque uno de los autores no podía hacerse cargo, así que Tanquistas ha sido mi primer trabajo editado, pero no puedo considerarlo mío, o sólo en un 20%

Revisión de la documentación gráfica, para buscar las fuentes de las fotos y ver cuales podían utilizarse sin menoscabo de los derechos de autor. Dibujar, ya que había unos cuantas ilustraciones técnicas y me pareció que lo mejor sería rehacerlas yo mismo y unificar el estilo. Y lo mismo con los mapas, siguiendo las pautas de la propia editorial, a fin de ofrecer un resultado coherente.

Consultas sobre la cubierta, sobre el título definitivo, y los nervios empezando a aflorar. Sobre todo a partir del momento en que, por mi parte, quedó todo cerrado y ya solo me quedaba esperar, y comerme las uñas.

Me las he dejado mondas, ahí ya no queda nada que roer.

Y al fin. Publicado. Y yo en una nube.

Bueno, y si ahora estoy en una nube, cuando reciba mis ejemplares la semana que viene me voy a tener que dar de collejas hasta que mis pies vuelvan a tocar el suelo. Y, cuando coja de nuevo aliento, volver al tajo, porque hay que revisar la segunda parte de cara a su publicación, que ahí queda mucha tarea.

No ha sido sin ayuda. Por una parte, los compañeros de Gran Capitán me han ayudado mucho a la hora de buscar y analizar la documentación, y por otra, hay dos personas que han influido (aunque ellas crean que no es así) en el resultado final

Ana, Molinosme aconsejó un estilo más austero y directo. Revisando las primeras versiones compruebo, en efecto, que lo mío no era florido, sino floripóndico.

Teresa, HonkyMiss, me enseñó cómo construir frases más legibles, evitando parrafadas inacabables y poniéndole un (muy necesario) freno a mi verborrea. Cuando revisé mi texto con los criterios que me sugirió, saqué paja como para llenar un henil.

Gracias. No podría haber contado con mejores editoras/consejeras. Demasiada gente cree que no debe decir nada más que cosas buenas, pero quien te ayuda a mejorar es quien te señala las malas.

Y, ya de paso, gracias también a Ignacio, de HRM, por su amabilidad y paciencia.

He disfrutado escribiendo, he disfrutado editando, y he disfrutado (como un indio en primavera) al saber que mi libro ya estaba impreso. Ahora solo espero que, si alguno lo leéis, sea para disfrutarlo y no para aburriros. Así que, salvo que me tengáis mucho, mucho aprecio, sólo puedo recomendaros su lectura si os interesa la Historia con mayusculas y...

... qué leches COMPRADLO Y YA SE VERÁ.

viernes, 28 de noviembre de 2014

DE LA CABEZA AL PAPEL (III) El color vectorial

El color es, profesionalmente, mi principal dolor de cabeza. Cuando aboceto, pienso en términos de composición, de luz y de sombra, de negros, blancos y grises. Y me siento cómodo en esos términos. Buena parte de mis dibujos, a mi entender, no necesitan más, y dado mi amor por el minimalismo* soy de la opinión de que lo que no es necesario, sobra.

Por desgracia el cliente no suele compartir esa opinión. Creo que nunca he publicado un trabajo en blanco y negro, o al menos no logro recordar niguno. Así que hay un momento en el que tengo que cambiar el chip y pensar en cuatricomía.

No tengo formación artística. En su momento, con 6 años, mis padres me propusieron ir a una academia de pintura pero, afortunadamente, me hicieron caso cuando rechacé la idea. No tuve academia, y a cambio tuve infancia, así que creo que salí ganando.

Lo que manejo de color lo aprendí por mi cuenta, a base de prueba y error, primero con aerógrafo y acuarelas, después con ordenadores. En concreto, me siento muy a gusto con el color vectorial. Illustrator me permite sacar tonos vivos y llenos de luz, y la técnica no difiere mucho del trabajo con aerógrafo (como puede verse en el dibujo del acorazado que encabeza este post, de hecho busqué el aire de las viejas imágenes aerográficas de los años 80 ) así que me manejo con bastante comodidad. No obstante, no puedo utilizar este camino para todo lo que hago, y lo reservo, sobre todo, para iluminar dibujos sencillos, dinámicos, que requieren una ejecución muy limpia.

El proceso es muy simple: trazo cada parte del dibujo que vaya a tener un color específico (en areografía lo habría enmascarado) y lo aplico, ya sea plano o en degradado. Sencillo, pero también trabajoso, y si hablamos de una imagen compleja, como esta comparativa de avispones, muy, muy largo, ya que el tema pedía un nivel de precisión muy elevado.

Otras veces, como en la imagen de Mozart, que no requiere mucho detalle más allá de unos tonos agradables a la vista (y unos volúmenes... errr... rotundos) la cosa es mucho más cómoda, bastan unos pocos retales para definir el trabajo.

No tengo una teoría del color muy coherente, lo uso según me lo pide el cuerpo. En el caso de los accidentes en parques de atracciones, ni siquiera ejecuté un boceto detallado, limitándome a colorear directamente sobre el esbozo: quería una imagen muy, muy suelta, con mucho movimiento. Por eso decidí usar colores muy saturados, para darle fuerza al conjunto sin apenas añadir detalles.

La línea puede ser determinante, por supuesto. En esta doble página sobre leyendas urbanas, el trazo en negro es el núcleo de la imagen, centra la mirada del lector, y en ese caso el color está subordinado y su función es realzar las formas.

Otras veces su función es delimitar los planos, para dar profundidad a la imagen. En el caso de los accidentes sexuales, bastó combinar trazos negros y grises para añadir una tercera dimensión a la escena. El color, además de realzar, me sirvió para llamar la atención sobre los puntos que debían destacarse y reforzar las expresiones, ya que eran la clave para que la imagen resultara divertida y más cercana.

Una opción más suelta es reducir las líneas al mínimo, de forma que, en este caso, al recrear algunas prohibiciones absurdas (todas reales), realcen el color y se integren como un elemento más. 


Finalmente, puedo prescindir de la línea enteramente, como en el acorazado o los avispones, donde ya sólo me enfrento al color. Aquí la decisión es entre volumen o plano, y ambas pueden tener mucha fuerza. La escena de las abejas enfrentándose a la avispa necesitaba profundidad y mucha contundencia, había que conseguir sensación de agobio y eso requería mucho volumen, incluso en el rostro de la víctima, donde unos toques de blanco añaden el efecto de calor insoportable. Un tono plano en el fondo, algunas transparencias para simular el vapor o el movimiento, y listo para entregar.


La última ilustración, en cambio, no sólo prescinde de la línea sino también del volumen. Se trataba de obtener una imagen en la línea de los maniquíes de las revistas de moda, sencilla y estilosa. Como podéis ver, apenas hay detalles, y el conjunto está resuelto con apenas unas pocas formas recortadas. El resto, colores livianos, volutas en el pelo para darle dinamismo aunque no haya movimiento, y un punto de luz para completar el efecto veraniego sin necesidad de sombras duras. Este dibujo apenas requirió una mañana, fue de esas veces en que los dedos están calientes y todo fluye al primer golpe de lápiz**.

Sí, he dicho lápiz. Aparte del que uso para abocetar, trabajo con un lápiz óptico en lugar de ratón, así que, en pantalla o en papel, puedo seguir considerándome un dibujante puro y duro. Y, con años de esfuerzo, creo que también puedo considerarme un colorista bastante aceptable, aunque aún tengo mucho que mejorar.

Todas las ilustraciones, dicho sea de paso, se han publicado en las revistas Muy Interesante, Muy Historia o Muy P&R. Salvo ellos, muy pocos clientes me piden este tipo de trabajo, y es una pena porque, en mi opinión, puede resultar muy agradable a la vista sin necesidad de barroquismos ni alardes técnicos.

* Bueno, alguien dice que lo mío es pereza, pero eso son habladurías sin fundamento
** Sí, una westie. Sucede que hay una que tiene ganado mi corazón, y más corazones, que tiene muchos fans, con permiso de @honkymiss


jueves, 20 de noviembre de 2014

COSAS QUE SÉ DE TI


(Esperaba escribirlo hace dos semanas, pero al final se me echó el tiempo encima y no me salía. Hoy me ha salido por fin, así que, con retraso, feliz cumpleaños) 

Sé que de pequeña eras un trasto. Si tus hermanos eran Zipi y Zape, tú eras una digna compañera. Y siempre que lo pienso, pienso en como nos llevaste de derechitos a los cinco ¿será que cuando hacíamos una trastada, tú ya ibas por delante?

Sé que has trabajado sin cesar por nosotros, del día a la noche, y buena parte de las noches, durante veinte, treinta cuarenta años... y nunca podremos pagarte ese trabajo.

Sé que de ti saqué mucho de lo que soy, como mi ansia de leer, o mi mano para dibujar...

... o mi cabezonería, porque mira que eres cabezona, como buena maña.

Y sé que tienes esa nobleza que no dan el dinero, los apellidos ni los títulos. Se tiene o no se tiene, y tú la tienes. Cuando te hicieron dama de Santiago no te hicieron un honor, se lo hicieron a la Orden.

Sé que tu fe es sincera y profunda, no un vulgar maquillaje, como el da tantos fariseos, y sé que, por eso, a veces te duelo. Pero también sé que estás orgullosa de mí, como lo estás de todos mis hermanos, porque hemos elegido cada uno nuestro camino, y lo seguimos sin dudar.

Sé que soy tu favorito ¿y sabes por qué lo sé? Porque todos, los cinco, cada uno somos tu favorito, y nunca dejaremos de serlo. Pase lo que pase.

Sé que nos quieres, pero también sé que por cada uno de nuestros hijos sientes incluso el doble, y todos te llenan de vida y alegría. Cris, Carmen, Yancy, Pablo, María, Sole, Carlos, Diego, Ale, Jaime, Jesús, Javier, Jorge...

Sé que tus amigas te envidian esa ristra de nietos alegres, gamberros, guapos, inteligentes, arrolladores. Y que no podrías querer más a ninguno de ellos, no te guardas nada.

(y sé, no obstante, que hay una que es especial, muy especial, y no te sonrojes, Ale, que tú también lo sabes)

Sé que no te callas las cosas, y si Cris y yo nos decidimos algún día a diseñar la enseña familiar, elegiremos el lema entre Cada año estás más calvo y A ver si adelgazas, hija.

;-)


Sé lo que es el amor por como os mirabais. Y como nos sigues mirando.

(Sé que, sin saberlo tú, siempre fuiste feminista, otra cosa más que aprendí de ti, como aprendió mi padre)

Sé que tienes una sonrisa genial, de esas que te iluminan el día

Sé qué nombre te dan algunas personas que te conocen por su trabajo, y por saberlo me siento orgulloso, y esta vez soy yo quien se sonroja.

Y me sonrojo cuando mi hijo me dice que mis albóndigas son casi tan buenas como las tuyas, después de todo fuiste tú quien me enseñó a hacerlas.

Igual que sé que, cuando llego al pueblo, si hay albóndigas, es que me toca una tarea de las duras, y quieres que vaya cogiendo fuerzas.

Sé que siempre te preocuparás por nosotros, y que el día que cierres los ojos, lo último que harás es, eso, preocuparte. Porque lo tuyo es un trabajo para toda una vida

Y sé que te quiero, Mamá, y nunca te lo diré bastantes veces. Como nunca te diremos bastantes veces...

... gracias

viernes, 31 de octubre de 2014

APRENDIENDO A SER PEQUEÑO

Me creí grande

Me crecí. Me sentí diferente, más inteligente, más hábil. Mejor. Mejor que los demás. Y me volví un imbécil.

Me lo creí, sí, y me puse en un pedestal, mirando desde arriba, con condescendencia.

Dejé de escuchar. Empecé a perder lo mejor que tenía, lo más valioso: la voz de los demás. Llegó un momento en que les callé y sólo me oí a mí mismo. Y lo peor es que me lo señalaron, pero pensé que era un error. Porque ¿como iba a hacer yo eso, con lo estupendo que era?

Me volví soberbio, porque pensé que no podía hacer nada mal. Me convertí en un prepotente y empecé a pensar que mi opinión era mejor. La mejor. Empecé a tratar a otras personas con desprecio. Incluso, me volví un camorrista, siempre dispuesto a saltar en defensa de MI verdad, que era la buena.

Y, al final, me estrellé.

Perdí mucho. Perdí personas. Perdí afectos. Perdí mi propio respeto. No sé si recuperaré algún día a las personas, o su afecto. Sé que el respeto, el mío, tardaré mucho en recuperarlo.

Ahora estoy viendo las cosas a ras de suelo. Si miro detrás de mí, hay un montón de escombros. Si miro más atrás aún, veo gente a la que pisé desde mi pedestal. Delante sólo queda mi camino.

Si os pisé, si os hice callar, si os ignoré, por favor, perdonadme. Y sí, pese a todo, seguís aquí, gracias. Gracias de corazón. Porque si le doy a alguien todos los motivos para marcharse, y no lo hace, esa persona vale cien veces más que yo.

Soy pequeño. No es nada malo, simplemente es quien soy. Y he empezado a caminar de nuevo, despacio, porque mis piernas no son muy largas, y con cuidado, para no volver a pisar a nadie.

Y sin miedo, porque de tan pequeño, ya no me cabe ni el más mínimo temor.

viernes, 17 de octubre de 2014

DE LA CABEZA AL PAPEL (II) Garabateando


Hay dibujantes capaces de resolver una imagen con un sólo trazo. Autores que, como Sergio Aragonés, plasman lo que tienen en su cabeza casi de forma inmediata, con apenas dos giros de muñeca. He visto a alguno de ellos trabajando (incluído al propio Sergio, en una tarde genial en la librería Electra) y da la impresión de que el lápiz no es un cuerpo extraño en sus manos, sino una prolongación natural, un dedo con corazón de grafito.

No es mi caso. A veces soy capaz de sacar un boceto rápido, pero, en general, soy un dibujante bastante lento.

Para empezar, el papel en blanco me impone mucho: me cuesta lanzar los primeros garabatos. Luego, por suerte, ya va todo más rodado. Empiezo por encuadrar la idea con muchos trazos, muy sueltos, sobre un papel normalucho, el típico que usamos en una impresora, para entendernos. No tiro al detalle, intento definir forma y planos de forma muy básica. Y una vez tengo más o menos claro como quiero distribuirlo todo, paso a otra hoja, esta vez, papel de dibujo.

Cada autor tiene sus manías. La mía es el papel de alto gramaje, a ser posible schoeller satinado o mate, según quiera línea o sombra. No es el mejor papel para lápiz, pero me acostumbré a usarlo en mis tiempos de aerografista y, de alguna manera, me he hecho a su tacto.

El primer boceto propiamente dicho parte del encuadre previo, silueteando y dando estructura con más detalle. Utilizo normalmente un portaminas duro, 2H o superior. De este modo, aunque haga mucha línea, no mancho demasiado y eso me evita borrar. Procuro borrar lo menos posible en esta fase del trabajo. Como he dicho, hago muchos trazos, y sólo al final me centro en definir bien el aspecto general. Si el dibujo resulta claro y no he ensuciado demasiado la hoja, puedo pasar al boceto definitivo directamente. Si no es así, calco contra una ventana las líneas que más me interesan en otra hoja y allá que vamos.

Aquí podéis ver ambos casos. El boceto de la imagen marina estaba muy machacado y no me pareció productivo seguir dibujando sobre esa hoja. en cambio, la imagen del colmado está dibujada directamente sobre los esbozos previos, ya que resultaron muy limpios, y pueden verse los trazos finos bajo el dibujo acabado.

En cualquier caso, lo primero es dibujar, ya de forma precisa y nítida, toda la imagen. Todavía en lapiz duro, pero sin ambigüedad: en el trabajo previo he probado muchas posibilidades con los trazos, ahora me centro en la que más me ha gustado. Luego, tras escanear el dibujo (por si acaso) cambio a una mina más blanda (2B) o, preferiblemente, un lápiz 4B bien afilado. A partir de aquí empiezo a usar trazos firmes y muy nítidos, y empiezo el proceso de sombreado: hasta ahora he trabajado la línea, es el momento de sacar el volumen.

Según vayan a ser el estilo y el acabado, trabajaré más o menos el detalle. Un dibujo vectorial, como el de Mozart, puede resolverse con formas limpias y sencillas. Un arte final complejo, como el de la
anatomía del cuello, requiere mucho m´s trabajo fino, ya que el color tan sólo va a ser un apoyo del trazo. Llegados a este punto, escaneo a menudo los resultados, para prevenir errores que me pudieran obligar a empezar de nuevo. Finalmente tengo una imagen en grises y negros a mi gusto, lineal o difuminada, según mis
necesidades (llamadme raruno, pero no me apaño con los difuminos comerciales, al final lo hago a dedo) y llega, por fin, el momento de sacar la goma

Antes hacía este proceso final sobre el papel, cortando lascas finas de goma (la goma tipo nata es ideal para esto, la de miga es una aberración). Ahora prefiero escanear y trabajar de forma digital. Se trata de usar el borrador, no para corregir, sino para resaltar. El conjunto del dibujo tiene un gris desvaido, y borrando saco las luces por blanco, de forma que ajusto la iluminacion y termino de definir el volumen. Podéis apreciarlo muy bien en el dibujo del caballero medieval.

Llegados a este momento, yo, en ocasiones, me detendría: creo que el lápiz es un medio lleno de vigor, y, en ocasiones, el color sólo es un adorno innecesario. El dibujo de la diosa hindú Durgha que encabeza esta entrada, por ejemplo, no pedía más, una vez lo completé me pareció perfecto. Por desgracia, muy rara vez he podido publicar un dibujo en lápiz puro y duro, así que el siguiente paso es el color. Pero de eso hablaremos otro día. Por hoy, basta decir que, seguramente, soy demasiado meticuloso, de ahí mi lentitud. Que no es en sí un defecto, pero a veces me desespera

Puede dar la impresión, de lo que os he contado, que desperdicio mucho papel, a veces tres o cuatro hojas para un dibujo. Afortunadamente el schoeller es un soporte en el que se borra muy, muy bien, y, una vez escaneados los bocetos más interesantes, puedo reutilizar el material, a veces varias veces