lunes, 21 de julio de 2014

DIARIO DE LA PATERNIDAD RESPONSABLE (XX) Comunicación


El fruto de mis desvelos cumple 14 años, y ya estoy en esa fase tan temida al ver acercarse la adolescencia de tu retoño: la dificultad de la comunicación.

Dado que nuestro hijo es de natural hablador, resulta duro asumir que, en realidad, buena parte de lo que sale por su boca es ruido de fondo sin contenido, y que lo que creemos conversaciones son, en realidad monólogos desde dos direcciones* que, solo ocasionalmente, coinciden en apariencia.

Si lo que queremos es información, tendremos que extraerla, y no será una tarea fácil

Así pues, vamos a adentrarnos en los procelosos mares del diálogo adulto-adolescente.

Todos los casos expuestos a continuación dramatizan hechos reales. Ningún adolescente resultó herido en el proceso, aunque ganas de arrojarlo por la ventana, pues sí que hubo, para qué vamos a negarlo

Ante todo,olvidemos las respuestas coherentes, correctamente estructuradas y con una dicción clara e inteligible. Hablamos de comunicación a un nivel muy, muy básico.

Mi hijo entra por la puerta, de regreso del instituto. Pregunto: ¿qué tal te ha ido el día? respuesta

...mmmien

Lo que viene a decir, resumidamente, el instituto no se ha derrumbado, no me he dormido en ninguna clase (o si lo ha hecho no he llamado la atención del profesor), y déjame en paz, que estoy cansado y vengo con hambre, por cierto ¿qué hay para comer?

Asombroso ¿verdad? Toda esa información en apenas seis letras.

Una pregunta más concreta no siempre obtendrá respuestas más detalladas. Por ejemplo ¿te has lavado los dientes?

...

Dado que sabes que no se ha movido del salón en las últimas dos horas eres consciente de que NO se ha lavado los dientes, así que su respuesta debe tener otros significados, que podríamos resumir en estoy tan a gustito aquí tocándome el ombligo (o zonas adyacentes) mientras veo Modern Family, así que déjame en paz.

Si de lo que se trata es de asegurarnos de que nuestras instrucciones (por ejemplo, para que se caliente la cena, porque llegaremos tarde) han sido comprendidas, debemos desconfiar de las apariencias. Lo más probable es que, mientras detallamos los pasos a seguir, tras los aparentemente interesados ojos de nuestro hijo haya un vacío en el que resuene alguna tonadilla publicitaria o un zumbido monocorde.

Al llegar al final de nuestra exposición, lógicamente preguntaremos ¿de acuerdo? y la respuesta será un contundente ¡Claro! que podríamos traducir como ... pues se ha quedado buena mañana y ¡ondia! ese señor de ahí delante parece estar mascullando algo... mmm... me resulta familiar... y no parece hostil... bueno, por si acaso le diré sí a todo, a ver si me deja en paz.

El resultado es que cuando los bomberos derriban la puerta, tu hijo jura y perjura que en ningún momento le dijiste que no se debía meter un plato recubierto de albal en el microondas, es más, no recuerda haber mantenido ninguna conversación contigo en las últimas tres semanas. Para otra vez, sera más productivo tatuarle las instrucciones en la retina, para que las vea aunque cierre los ojos.

Adentrarse en asuntos más íntimos puede ser tan peligroso como avanzar por un campo de minas, pero si, pese a todo, te aventuras a decir X parece atractivo/a y yo diría que te mira mucho, notarás primero cómo baja la temperatura del cuarto, luego verás en los ojos de tu retoño una expresión que viene a decir ¿Qué sabrás tú al respecto si debes tener como 2 o 3000 años y jamás has sabido lo que es sentir ese calor que... Entonces se bloqueará, porque de pronto por su imaginación habrá pasado la idea de que en algún momento del pasado, sus padres tuvieron sexo, al menos una vez. En ese momento notarás cómo intenta contener las nauseas. Finalmente, si ha logrado no vomitar, responderá...

...Gnnnmm?

Que podría traducirse, en esencia, por DÉJAME EN PAZ

A estas alturas habréis notado un elemento común en esas respuestas ¿verdad? Sí. Nuestro hijo quiere QUE LE DEJEN EN PAZ. Y encontraremos el mismo deseo cuando le pidamos que recoja su cuarto, que se lave, coma de una manera civilizada, camine sin encorvarse como Nosferatu o se siente a estudiar, que mañana tiene examen.

Ojo, no es por desidia, es simplemente que, para él, ninguna de esas cosas tiene verdadera importancia cuando podría estar haciendo, qué se yo... NADA. Y el que vengas tú a entrometerte, preguntar, investigar o forzarle a hacer lo que sea que quieres que haga, le parece una intromisión en su intimidad

Por cierto, probablemente cualquier cosa que le digáis, sea cual sea, le parecerá ofensivo. Y aunque se lo susurres, opinará que le estás gritando (y lo opinará a grandes voces). No, no es que tenga un problema de oído o comprensión, es sólo que está marcando su territorio y tú eres un potencial intruso. Da igual que la casa sea tuya, es SU territorio.

Eso implica que si quieres ver, qué se yo, las noticias, le parezca notablemente injusto que jamás le dejes un poco de tiempo para ver la televisión, más aún cuando sabe perfectamente que ya viste las noticias hace dos meses. No sirve de nada argumentar que él se ha tirado SEIS HORAS viendo los Simpson, y además se ha visto por octocentésima vez el episodio en que Homer y Flanders van a Las Vegas, porque NO ES LO MISMO.

A ver, no nos pongamos trágicos tampoco, que por suerte no siempre es así. Hay momentos de verdadera comunicación, incluso puedes encontrarte con un abrazo por sorpresa y un te quiero. Y no, no es que esté intentando sacar algo, de verdad te lo ha dicho porque quiere que lo sepas.

Ojo, también hay actitudes sospechosas por exceso. S llevó** a su hija V y una amiga al concierto de One Direction. A la mañana siguiente (bueno, cuando la chica salió del coma emocional era mediodía)  V se lanzó en brazos de su madre, que se vio en medio de una granizada de muamuamua eres la mejor mami del mundo muamuamua te quiero eres genial muamuamua gracias gracias gracias muamuamua no podría ser más feliz muamuamua gracias muamuamua...

Por suerte S es una veterana de estas lides y no se dejó deslumbrar por el momento de gloria. El ataque de entusiasmo hijil vino a durar, más o menos, lo que tardó en pedirle a la agradecida retoña que recogiera su cuarto. Pero oye, mientras dura, es como si Stalin en persona acaba de otorgarte la Orden de la Victoria.

¿Qué puedo deciros? La realidad es que, en general, el adolescente no se comunica porque no quiere hacerlo, y tratar de sacarle información concreta es un trabajo largo, tedioso y repleto de miradas tensas. No hay una solución sencilla, sólo almacenar paciencia (mucha, muchísima, muchisisísima), mantenerse firme (no nos engañemos, no puedes jugar a ser el colegui de tu hijo, TÚ ERES EL RESPONSABLE, ergo, TÚ MANDAS) y disponer de unas tragaderas amplias, porque vas a tragar mucha bilis.

También os digo que sí, pese a todo de cuando en cuando hay una respuesta a tus esfuerzos, a veces es positiva y, ocasionalmente, de verdad, te ves abrumado por un alud de cariño sincero.

Vale, en las sitcoms los padres siempre acaban el capítulo sintiendose orgullosísimos de los logros de sus hijos. Eso es en EEUU, y en la tele, y esos niños parecen de otro planeta. Aquí y ahora, incluso un ocasional te quiero es recompensa más que suficiente para coger fuerzas y seguir adelante

* confieso que el del otro monólogo soy yo, que sin darme cuenta dejo de escuchar y sigo a lo mío. Si veis que me pasa, dadme un zapatazo en la cara

** en realidad iba a ir la otra madre, ya que desde hacía meses S había dejado claro que no, de ninguna manera, bajo ninguna circunstancia pensaba ir a ningún concierto, pero oh, sorpresa, la noche antes del concierto surgió un imprevisto y S tuvo que hacer frente a dos ojos suplicantes

miércoles, 2 de julio de 2014

ALGUNAS RECOMENDACIONES_Y SÓLO SON PATOS (II)


Barks no sólo era un maestro en los relatos largos. También dibujaba historias breves, y sabía aprovechar ese espacio. Dado que no podía desarrollar argumentos complejos, iba directamente a la acción, en la más pura tradición del slastick.

Sus historias cortas son pinceladas de cotidianeidad. Podemos ver a Donald trabajando de socorrista o bombero, o enfrentado a su vecino, mr. Jones, con quien comparte una larga historia de enemistad. Nos encontramos a los niños disfrutando de un rato de ocio en el campo, participando con su tío en un concurso radiofónico, o tramando alguna travesura que, inevitablemente, acaba recayendo sobre la cabeza de Donald. Vemos sus piques con su puñetero y afortunado primo Narciso, sus devaneos en torno a Daisy, o sus problemas con la autoridad. Porque Donald es un caracter fuerte, y eso a veces puede traer problemas.

También hay alusiones a días señalados, como Acción de gracias (sí, patos comiendo pavo, no pongáis esa cara, no hay de qué escandalizarse) y, a veces, pequeños detalles que complementan las historias largas.

Por ejemplo, en Gladstone's terrible secret descubrimos que el emperifollado Narciso tiene un oscuro pasado que esconder, y en Getting that Healthy, whelthy feeling, Gilito recuerda con nostalgia su infancia, y el día en que, por primera vez, ganó una moneda con su propio esfuerzo. Sí, esa moneda.

Vemos detalles prácticos, como el modo en que se valora una moneda rara, y en cierta ocasión (Some Heir over the Rainbow) descubrimos que Donald no es el heredero de Gilito: son los niños, que algún día deberán gestionar esa fortuna de nueve fantastillones, cuatro biliojillones un centrifugallón de dólares y 16 céntimos.

Todos estos pequeños detalles se perdieron a partir del 66, tras la jubilación de Barks. Todavía hizo guiones durante un tiempo para la Wester Publishing (la editorial que gestionaba los comics de Disney) pero pronto su trabajo fue reemplazado por otros autores, mediocres por no decir pésimos.

Los comics Disney decayeron y, finalmente, los derechos de producción fueron cedidos a una editorial italiana, Mondadori. El nivel de dibujo mejoró, y hubo algunas historias notables por su calidad gráfica y de guión (sobre todo las de Giorgio Cavazzano, un mago del dinamismo) pero la continuidad, la lógica del universo creado por Barks, se fue por el retrete.

Donald pasó a ser un gorrón holgazán y maltratador, que apaliza a sus sobrinos a la primera de cambio. Gilito se convirtió en un ser despreciable, un avaro miserable y estafador, sin el más mínimo escrúpulo. Daisy quedó como figurante sin personalidad... incluso la historicidad fue desechada: Gilito nace en Alaska y se vuelve rico antes de cumplir 20 años: todas sus aventuras de juventud fueron borradas de un plumazo. Todos los patos pasan a estar emparentados, Daisy es prima de Donald y de Narciso, los tres son sobrinos de Gilito...

Así habría quedado todo, pero en los 80, la editorial Gladstone publicó una reedición de Barks, y un dibujante llamado Don Rosa decidió hacer un homenaje a aquellas maravillosas aventuras. The Son of the Sun lo cambió todo. No era una copia, era, de nuevo, la aventura en estado puro.

Con ayuda de Barks, Rosa reunió todos los pequeños detalles, las pistas, los retales que había ido dejando el maestro en su trabajo, y dio forma a una saga monumental: life and times of Scrooge McDuck. Y fue un bombazo. Recibió premios, se editó por todo el mundo y dio origen a una nueva edad de oro para los patos. Conocimos la infancia de Gilito, a su familia, pobre y orgullosa, y su decisión de no rendirse jamás. Le vimos crecer y recorrer el mundo, entablando amistades* y enemistades, de aventura en aventura, siempre duro y honrado, hasta el día decisivo en que, en el Klondike, puso la primera piedra de su fortuna. Le vimos enamorarse y perder toda esperanza, sufrimos con él la muerte de su madre, y asistimos a la construcción del imperio McDuck. Y vimos su pecado, el día negro en que olvidó su camino y perdió lo único que realmente importaba. Y le vimos recuperarlo, años después, enlazando magistralmente con la primera historia de Barks.

En los siguientes diez años Rosa revisitó y volvió a poner en pie el mundo de Barks, ampliándolo incluso**, y, como él, no se limitó a las grandes sagas: también volvió su mirada al día a día. Con premisas simples pero sólidas: Donald es un espíritu libre, un diógenes que sólo está dispuesto a complicarse la vida por sus sobrinos, por los que haría cualquier cosa. Igual que los niños harían cualquier cosa por su tío, al que adoran (salvo, quizás, ser tranquilos). Y todos siempre dispuestos a acudir cuando lo necesite el gran patriarca, Gilito, que nunca les confesará que lo único realmente valioso que posee, su verdadera riqueza, son ellos. Y que, aparte de trabajar duro, tiene otra habilidad, que descubrimos en Return to Xanadu***

Si tuviera que elegir dos historias de Rosa, tendría muchas dudas, pero creo que serían The Quest for Kalevala, una recreación de la gran saga de Finlandia, tan impresionante que los maestros fineses lo usan para enseñar a sus alumnos el sentido de su mitología nacional, y, The Dream of a Lifetime. En esta magistral historia, los Apandadores se introducen en la mente de Gilito dormido, convencidos de que soñará con su dinero y encontrarán las claves de sus cuentas bancarias. Ignoran que Gilito sueña, noche tras noche, con su vida, sus aventuras, sus amigos.... junto a ellos y Donald (que acude en ayuda de su tío) vamos recorriendo escenarios y sentimientos, hasta el instante en que, por fin, siquiera en sueños, logra reunirse con su amor.

Barks nunca llegó a dibujar la última historia de Gilito, aunque le puso fecha. Rosa tampoco se atrevió a tanto. Solo sabemos que murió en 1967, centenario, y que, como no, fue en una aventura****.

Barks casi igualó en edad a su creación. Murió a los 99 años, en el cambio de siglo. Mientras trabajó nunca fue reconocido. La política de Disney era que todos los trabajos se firmaban como WaltDisney, así que sus lectores nunca conocieron su nombre ni su rostro, ni los de los demás autores que trabajaron a la vez que él.

Pero siempre supieron que había alguien especial tras esas historias de patos. Y, cuando se jubiló, la editorial recibió cientos de cartas de niños, que preguntaban, y cito textualmente...

Por favor ¿podría decirme si le ha pasado algo al dibujante bueno?

* Personas especiales, como el futuro presidente Teddy Roosevelt, con quien le unirá una amistad de décadas.
** Por ejemplo, al presentarnos a Matilda, hermana de Gilito, en A letter from Home. Su otra hermana, ya fallecida, era Hortense, la madre de Donald. 
***Hacer muñecas. Desde niño, ya que, con un trapo y un poco de madera, él hacía muñecas para sus hermanas.
****Hace un par de veranos me atreví a imaginar cómo sería esa aventura. Pero, aunque creo que logré construir un gran final, no llegaría a los talones a nada que imaginaran Carl o Don

domingo, 29 de junio de 2014

LA GUERRA DE LAS MÁQUINAS (y III)

Mi texto sobre la Gran Guerra se completó con dos recuadros, limitados a 1200 caracteres. Helos aquí, ilustrados de mi propia mano

EL ARMA DEFINITIVA

Cuando Lord Fisher asistió en 1906 a la botadura del HMS Dreadnought, estaba convencido de tener ante sí el  arma definitiva. Era un diseño revolucionario, un gigante armado con diez piezas de 305 mm en torres dobles, que, pese a su blindaje de 280 mm, podía navegar a 21,5 nudos, gracias a sus novedosas turbinas de vapor. Su sola existencia dejó obsoletos a todos los buques del momento y supuso el arranque de una frenética carrera naval entre Alemania y Gran Bretaña. Ambas naciones quedaron al borde de la ruina por el tremendo esfuerzo industrial, que se saldó con ventaja inglesa al comienzo de la guerra, 24 dreadnought frente a 15.


El monstruoso gasto no se  amortizó jamás: durante la Gran Guerra no se produjo el choque decisivo para el que nacieron esos acorazados. La escuadra del Kaiser acabó sus días como chatarra en Scapa Flow y, en los años 20 y 30, muchos de los colosos aún en servicio fueron desguazados tras el tratado de Washington.


De nuevo soplaron vientos de guerra: entre 1939 y 1945 lucharon otra vez los viejos Dreadnought junto a otros más recientes y poderosos, y de nuevo de forma infructuosa. Los Bismark, Tirpiz, Yamato, Musashi, California, Arizona, Roma, Prince of Wales, Repulse… todos fueron víctimas de la némesis de los acorazados, un diminuto enemigo en el que no pensó nadie cuando se puso la quilla del Dreadnought: el aeroplano, el arma naval definitiva.

EL FANTASMA DEL DESIERTO

Lawrence de Arabia no luchaba contra los turcos sobre un blanco caballo, alfanje en mano, como le inmortalizó el cine. Él prefería usar un coche blindado. Y no uno cualquiera, porque Lawrence fue a la guerra a bordo de uno de los mejores automóviles de todos los tiempos. el Armoured Car Rolls-Royce, version militar del legendario SilverGhost, la Joya de la Corona. Los Rolls de batalla se movían por la arena y los pedregales con la misma elegancia con que lo hubieran hecho por las calles de Londres. Su motor de seis cilindros y 50 HP le permitía alcanzar los 90 km/h y su fiabilidad mecánica era asombrosa, sobre todo en  las durísimas condiciones del desierto. Protegidos por un blindaje de 9 mm, su torre giratoria armada con una ametralladora Vickers les daba una potencia de fuego muy respetable.


Lawrence y sus irregulares los emplearon en misiones de exploración y sabotaje. golpeando allí donde menos se les esperase. Tras la guerra siguieron en activo hasta 1925, cuando pasaron a la reserva. Pero los Silver Ghost aún volverían a luchar en 1940, esta vez contra las tropes de Mussolini. Finalmente, y tras varias modernizaciones, los últimos Rolls se jubilaron en 1942, reemplazados por otro automóvil de leyenda, el Jeep Willys.

Podríamos citar muchos elogios del Armoured Car Rolls Royce, pero basta con el que le dedicó el propio Lawrence: Un Rolls en el desierto vale más que un diamante.

LA GUERRA DE LAS MÁQUINAS (II)


Cadenas en el barro

Al comienzo de la guerra, el coronel E. D. Swinton pensó en acorazar los los tractores oruga Holt para usarlos en combate. Escribió un memorando y lo envió al War Office, donde la idea fue rechazada. El proyecto dio vueltas por la burocracia y, en 1915 el azar lo llevó a las manos más inesperadas: las del inquieto Winston Churchill, primer Lord del Almirantazgo.

Churchill puso toda su energía a promover la idea. Por seguridad el proyecto se camufló como un diseño de aljibes (watertanks). El nombre perduró y los tanques fueron una realidad en enero de 1916 cuando el primer carro de combate del mundo, el Mark I, entró en producción. Era feo, ruidoso, sucio y lento, pero podía atravesar cualquier terreno, y era invulnerable a las ametralladoras.

Swinton y Churchill avisaron contra un uso prematuro o inadecuado del invento pero no se les hizo caso. En julio empezó la carnicería de El Somme y en septiembre, tras sufrir 300000 bajas sin avanzar ni un kilómetro, el Alto Mando lanzó los tanques a la batalla. El 15 de septiembre los escasos carros disponibles se abrieron camino por entre las trincheras alemanas de Flers-Courcelette, ganando en unas horas más terreno que en los tres meses previos de lucha. Pero al igual que con el gas, nadie esperaba el éxito: el frente volvió a cerrarse, la matanza continuó como hasta entonces y se desperdició la sorpresa.

Los alemanes no se vieron muy impresionados por los carros, así que no tomaron muchas medidas aparte de diseñar un tanque propio, sin demasiada prisa. Por su parte los aliados vieron que el concepto era viable y encargaron miles de ejemplares y modelos más avanzados. Pero pasaría tiempo antes de que llegaran.

Tanques y ponzoña

El mariscal Haig no creía en las máquinas. Él, inspirado por el mismo Dios, seguía pensando que todo era cuestión de seguir presionando hasta que el frente cediera: después, la caballería se lanzaría en persecución del enemigo y todo habría concluido. Así que pidió más hombres y cañones para alimentar el matadero.

En Passendale los ingleses intentaron de nuevo atravesar la tierra de nadie, y dejaron en los barrizales cientos de miles de muertos. Allí, los alemanes usaron su última arma secreta, la yperita. Las máscaras no protegían, porque se absorbía por contacto. No mataba: quemaba la piel y las mucosas, llegaba a la sangre y dañaba los pulmones.

La yperita tampoco era el arma decisiva: permanecía días y días en el terreno, en los suelos bajos, el barro y los cráteres, atacando por igual a amigos y enemigos. Los aliados también la usaron y un fango amarillento y repugnante separó las líneas de trincheras. Todo seguía igual

Por fin, tras el fracaso de los viejos métodos, se usaron los nuevos: los tanques volvieron a la batalla en Cambrai. Medio millar de Mark IV atravesaron las líneas enemigas de forma concentrada: los alemanes fueron completamente arrollados. Pero aunque las armas eran nuevas, las ideas seguían siendo viejas: los ingleses quisieron aprovechar el éxito con cinco divisiones de caballería, y las ametralladoras volvieron a cubrir el barro de carne muerta. Una vez más la victoria asomó, y pasó de largo.

El arma definitiva.

En el último año, los alemanes decidieron probar, no con nuevas armas, sino con nuevas ideas. En vez de barreras de artillería y asaltos frontales , concentraron el esfuerzo en pequeños sectores con ataques rápidos y concentrados. Las líneas del Somme cedieron.

Ya era tarde: dos años atrás, quizás hubieran logrado una victoria decisiva, pero en 1918 la nación estaba al borde del desfallecimiento tras cuatro años de lucha. Una mañana, los soldados dejaron de combatir por puro agotamiento y hastío. Hubo revueltas , y el Estado Mayor Imperial supo que era el fin.

Habría más batallas, en las que se emplearían miles de tanques y aviones: el motor de combustión interna era por fin el caballo de la guerra, pero para entonces la suerte ya estaba echada y Alemania pidió el armisticio.

Los aliados no comprendieron lo sucedido: unos creyeron que, al final, habían demostrado su superioridad. Otros, atribuyeron la victoria en exclusiva a las nuevas armas. La realidad era más prosaica, Alemania fue vencida por el arma más antigua de todas: el hambre.

Tras la batalla

La revolución industrial convirtió la guerra en una inesperada pesadilla. La masacre hizo imposible que ninguno de los bandos se hiciera con la victoria al comienzo de la lucha. Obcecados, los militares sólo fueron capaces de usar más y más armas, sin ver que lo que no funcionaba era su modo de pensar. Los nuevos medios nacieron para romper esa parálisis, pero no lo lograron: sólo aumentaron la mortandad. no bastaba con cambiar de armas, había que cambiar la mentalidad militar, y eso no sucedió.

En Francia y Gran Bretaña todos creyeron que la victoria reivindicaba sus méritos y no vieron necesidad de cambiar nada. Se limitaron a prohibir a Alemania la posesión de las nuevas armas, convencidos de que así hacían imposible una nueva guerra.

Los alemanes, sedientos de revancha, estudiaron todo lo sucedido en esos años y extrajeron conclusiones muy diferentes. El motor lo cambiaba todo: tanques y aviones no eran sólo armas nuevas en una guerra vieja, sino la puerta a un modo nuevo de luchar. Así, en los siguientes años, planearon la venganza mientras sus enemigos se aletargaban.

Y, cuando la guerra volvió a estallar en 1939, los ejércitos aliados volvieron por los viejos caminos que habían pisado sus padres, convencidos de que ganarían otra vez, como en 1918, sin saber que llegaban al campo de batalla con veinte años de retraso.

sábado, 28 de junio de 2014

LA GUERRA DE LAS MÁQUINAS (I)


Este texto se publicó originalmente en 2008, en la revista Muy Historia. Creo que hoy es un buen día para rescatarlo.

El siglo XX vio surgir un mundo nuevo de la mano de la revolución industrial: en apenas dos generaciones el trabajo, el transporte, las comunicaciones, la política … todo cambió gracias a las máquinas, salvo la forma de hacer la guerra. Cuando ésta estalló en 1914, los militares pensaban que las viejas ideas de Napoleón y Federico el Grande seguían siendo válidas. Y eso, pese a los precedentes que decían lo contrario.

En 1905, Rusia y Japón chocaron. La escuadra rusa fue diezmada por los torpederos, la infantería japonesa se estrelló contra las alambradas y ametralladoras de Port Arthur, cuyas fortificaciones fueron inútiles frente a la poderosa artillería nipona y, en el acto final de Tushima, la flota del zar fue reducida a chatarra por un nuevo explosivo nipón, la shimosa. La tecnología se adueñó del campo de batalla

Pero a ojos europeos los japoneses eran monos imitativos, y los rusos eran bárbaros con un leve barniz de civilización. Nadie tomó nota ni sacó conclusiones, y los generales siguieron pensando que la guerra era un desfile para lucir uniformes brillantes y ganar medallas. Y con ese espíritu caminaron hacia el desastre.

ESTASIS

Al comienzo, así parecía. Invencibles, los ejércitos alemanes atravesaron Bélgica y avanzaron hacia París mientras ingleses y franceses se retiraban sin detenerse. Y de pronto las cosas cambiaron. 

La observación aérea determinó las posiciones y movimientos de los alemanes. Las tropas francesas afluyeron a la capital por ferrocarril justo a tiempo para frenar a los invasores en El Marne. Por primera vez los automóviles fueron a la guerra: las últimas reservas francesas llegaron a la batalla en taxi, directos desde París. Parecía imposible, pero los ejércitos del Kaiser fueron rechazados.

Poco después, en Ypres, el diminuto ejército inglés se cobró un precio terrible sobre los germanos: bien atrincherados, los Old Contemptibles barrieron a las tropas que avanzaban una y otra vez sobre sus posiciones. Cuando los alemanes se retiraron, dejaron sobre el terreno 130000 muertos. Frente a la potencia de fuego de las armas modernas, las formaciones abiertas eran tan sólo una enorme diana.

Desde Suiza al Canal, los soldados empezaron a cavar. El paisaje se cubrió de alambre y trincheras. Nadie sabía qué hacer a continuación, porque nadie había pensado que algo así podía suceder. 

Los mandos dijeron, bastará con abrir una brecha y lanzarse por ella, pero la ametralladora se enseñoreó de la batalla. Frente a los asaltos frontales, las armas automáticas podían hacer pedazos un regimiento en cuestión de minutos. ¿Acaso una Maxim hubiera cambiado la batalla de Austerlizt? proclamaron los generales. Y sí, la habría cambiado.

Barrieron las trincheras con artillería pesada, pero al otro lado también había cañones. Las defensas se hicieron más profundas y los frentes se quedaron quietos. Al amontonar más y más armas, las líneas se hicieron más impenetrables que nunca. A una barrera artillera seguía otra de respuesta, convirtiendo la tierra de nadie en un paisaje muerto e impracticable. Sólo cambió la forma de hablar: los soldados ya no eran combatientes, sólo carne de cañón

Podría haberse buscado una salida negociada, pero nadie quería ceder: todos pensaban que el parón era temporal, que pronto se solucionaría y habría una rápida victoria. Y la contienda siguió.

EL CIELO SE OSCURECE

Tras ver que los asaltos frontales eran inútiles: ambos bandos empezaron a pensar en nuevas maneras de acabar con la parálisis. Los estados mayores no se caracterizaban por su imaginación, pero algunos buscaron la solución en el empleo de nuevas armas. 

En el Artois, los británicos desplegaron sus aviones en cifras nunca vistas: la fotografía aérea, el reconocimiento a gran escala y el bombardeo de las líneas de comunicaciones supusieron una gran ventaja inicial, pero los ingleses no la aprovecharon y la brecha se cerró.

Los aviones no eran buenos duelistas. Algunos pilotos blindaron las hélices para disparar a través de ellas, pero los impactos en las palas las dañaban, y las balas rebotadas eran peligrosas. Los hermanos Morane idearon un sistema que desviaba las balas cuando la hélice pasaba ante el cañón, pero se derrochaba munición y el arma se desajustaba. Entonces Anthony Fokker diseñó un engranaje interruptor que coordinaba el paso de la hélice con el tiro de la ametralladora. Durante un tiempo su invento dio ventaja a los aviones alemanes, pero los aliados lo copiaron e igualaron las tornas. Sobre las trincheras, se sucedieron los duelos aéreos, sin que nada cambiara.

En tierra. la vida se volvió aún más miserable. Alemania tenía los mejores laboratorios químicos del mundo, y en abril de 1915, en Ypres, apareció un arma nueva: el gas tóxico. Una nube de cloro cubrió las posiciones de las tropas coloniales francesas. 6000 soldados murieron asfixiados y miles quedaron ciegos o inválidos. Ante los alemanes se abrió un agujero de casi seis kilómetros en las posiciones enemigas. Todo para nada.

El mando alemán no esperaba nada de la nueva arma, y no había tropas preparadas para atravesar el boquete, que fue cerrado en cuestión de horas. Perdida la sorpresa, el gas se volvió tan sólo un arma más: se diseñaron máscaras que protegían de sus efectos más letales y ambos bandos lo usaron  una y otra vez. Aparecieron nuevas fórmulas y medios, pero la tierra de nadie siguió ahí: envenenada e impenetrable.

Poco después los civiles sintieron la guerra en sus carnes. El 31 de mayo los zeppelines alemanes atacaron Londres. El efecto sobre la moral inglesa fue muy grande: por primera vez una ciudad era víctima de un bombardeo desde el aire. Pero los colosos eran lentos y vulnerables, y apenas causaron daños materiales.

Con los años, la guerra aérea llegaría a ser una atroz realidad, pero 1915 estaba en pañales. La aviación no era la respuesta a la parálisis. El gas tampoco servía. Hacía falta otra solución: de alguna manera había que atravesar el vacío entre las líneas de trincheras y llegar al otro lado pero ¿cómo?  

Inglaterra era la nación más industrializada del mundo, y buscó una respuesta industrial: convertir los motores en armas. Paradójicamente la solución no vino del ejército, sino de la marina. A finales de 1915 la Royal Navy tenía entre manos un extraño proyecto, inicialmente llamado crucero terrestre


lunes, 23 de junio de 2014

DE LA CABEZA AL PAPEL (I) Tiempos muertos y acelerones


Como sabéis, trabajo como ilustrador. Es una interesante manera de ganarse la vida, pero la mayoría de las personas, al saberlo, no pasan del concepto bueno, es que tú sabes dibujar. Lo dicen como si fuera una especie de don, un superpoder: supongo que, en su imaginación, cuando tengo que realizar un encargo, me limito a coger lápiz o ratón y todo sale solo. Pero las cosas son muy diferentes.

Como en tantas otras cosas, he dedicado mucho tiempo a darle vueltas a lo que hago y cómo lo hago. A analizar mi trabajo. Y desde luego se aleja mucho de lo que el público, en general, entiende como arte, es decir, una suerte de inspiración venida de quien sabe donde, y expresada gracias a mi misterioso don.

Primer error: yo no me defino como artista: en ocasiones (no muchas) he hecho arte, pero en mi trabajo me considero, ante todo, un artesano.

Segundo error: no sé qué es eso de la inspiración. Mi trabajo es creativo, y la creatividad sigue unos cauces. Merece la pena pararnos aquí unos momentos, porque pocas personas entienden qué es la creatividad. No es algo que surge espontáneamente, no brota de la nada.

No cae del cielo.

Lo que voy a describir es mi propia experiencia de la creatividad. Para mí, es algo que nace de la experiencia previa: consiste en partir de una serie de premisas y elementos conocidos, y recombinarlos, ya sea como elementos completos, ya sea desmenuzándolos y utilizando sus distintas partes, para obtener con ellos un resultado nuevo. Poniendo un símil arquitectónico*, un edificio no surge de la nada, necesitamos disponer de ladrillos, cemento, vigas,... y conceptos previos, como ventanas, columnas, escaleras, el propio concepto edificio... Al combinar todo ello podemos obtener un edificio totalmente predecible (sin creatividad) o uno desconcertantemente nuevo, es decir, creativo.

¿Cuales son, entonces, mis ladrillos y conceptos previos? es decir ¿cuales son las herramientas de mi creatividad? (e, insisto, hablo exclusivamente de mi experiencia). En mi caso, la base es mi memoria visual que, aunque suene inmodesto, es fantástica:  gracias a ella he ido construyendo un inmenso archivo de imágenes en mi cabeza. Pero eso no serviría de nada sin vínculos.

Al principio simplemente retenía imágenes, muchas. Llevo haciéndolo desde niño, pero a partir de un punto, de una masa crítica, dejó de ser simplemente un acúmulo, porque las imágenes empezaron a relacionarse. Unas llevaban a otras, quizás por un color común, por un rostro, o por una composición determinada... esas otras se enlazaron a recuerdos, sonidos, experiencias...,  las nuevas imágenes que fueron llegando sumaron nuevos vínculos... Con el tiempo se ha formado un entramado inmenso, en todas direcciones, que no sólo crece, sino que se modifica ligeramente con cada nueva entrada.

Desde la llegada de internet y, sobre todo, de Google, mi archivo se ha extendido a un ritmo asombroso. Antes consultaba enciclopedias, anuarios de ilustradores, catálogos de bases de imágenes... ahora voy saltando de enlace en enlace**, y puedo tirarme horas y horas en ese proceso, sin dejar de asombrarme

Veamos un ejemplo práctico. Hace unos meses, en Muy Interesante me propusieron ilustrar un artículo de Paleofreak sobre los errores-lugares comunes que la gente tiene sobre la evolución. Había que hacer diez imágenes, homogéneas en estilo, que no cayeran ni en el chascarrillo ni en la frialdad técnica. Dediqué dos tardes a pensar, o, mejor dicho, a leer el texto, centrar los conceptos de la forma más esquemática posible y dejar la mente divagar, repasando imágenes al azar, es decir, sin una idea previa de búsqueda.

Quien me vea en ese momento pensará que me estoy tocando las narices, o en el mejor de los casos perdiendo el tiempo delante de la pantalla. Quieto, a veces mirando a la pared, otras a la pantalla, navegando de imagen en imagen, dando vueltas por la habitación, saliendo al balcón... Vale, a veces en esas circunstancias me estoy tocando las narices, pero en otras ocasiones, como ésta, estoy trabajando. Y de forma intensa.


Entonces, al pensar en el concepto ¿el hombre desciende del mono? me vino a la cabeza la imagen de un hombre mirando a un mono, de frente, y automáticamente le siguió otra, una ilustración mía, de hace unos años, un fotomontaje en el que Charles Darwin sonríe mientras un chimpancé le mesa las barbas. Entonces pensé ¿y si Darwin se mirara al espejo, y, en vez de su reflejo, viera un chimpancé? Y saltó otro vínculo: la muchacha frente al espejo, de Picasso.


Busqué en google la pintura y la observé, la idea no era descabellada, era factible borrar el rostro de la muchacha y dibujar sobre ella el de Darwin, siguiendo el estilo del cuadro, y lo mismo con el reflejo. De hecho, en cuanto tuve el cuadro ante mí, vi el rostro del chimpancé, y se integraba perfectamente en el conjunto.

Con mi cabeza bien centrada en esos conceptos, se sucedieron las imágenes. Repasé mis recuerdos de Picasso y vi de inmediato que el caballo del Gernica era una base excelente para un tiranosauro que devorase a alguno de los protagonistas del cuadro (¿convivieron humanos y dinosaurios?), que los autorretratos de Picasso marcaban una clara línea evolutiva (¿sigue evolucionando la humanidad?), Que Lucy se vería hermosa junto a las señoritas de Avignon (¿existe el eslabón perdido?)... en resumen, en unos minutos tenía en mente, no sólo los conceptos para resolver ocho de las diez ilustraciones que necesitaba, sino el aspecto que tendrían una vez acabadas.

Todo el proceso me llevó, quizás, unos 8 minutos. Dos días de darle vueltas a la cabeza seguidos de 8 minutos frenéticos.

Frenéticos no es la palabra exacta, más bien es febril. Cuando tienes el hilo cogido firmemente y todo fluye, no puedes parar, porque te arriesgas a perderlo. Me pasó una vez****, y nunca más: desde entonces, cuando siento ese subidón, me dejo arrastrar, da igual la hora o mi agotamiento.

Quedaban dos ilustraciones, dos conceptos más, pero con los otros ocho delante de mis ojos, prácticamente terminados antes de dar ni una sola pincelada, fue cuestión de rutina plantear dos soluciones más, coherentes de forma y estilo con las anteriores. El resultado, tras tres semanas de trabajo a partir de ese momento, fue uno de los proyectos con los que  más he disfrutado en lo que va de año.

Y el momento que mas disfruté fue ése, justo tras organizar en mi cabeza todo lo que iba a hacer, cuando me permití pensar (casi gritar), bien cargado de endorfinas...


... joder ... ¡SOY BUENO!


*Gerd Binning describe la creatividad como la capacidad de posibilitar nuevas unidades de acción a partir de las ya conocidas, y la representa con el símil de una pirámide, donde cada piso se apoya en los anteriores, pero a su vez es nuevo y diferente a ellos.


** Buscando documentación sobre una localidad en el desierto de Atacama*** sólo pude encontrar, en toda la red, tres fotografías del sitio: ese pueblo era el verdadero culo del mundo.



*** Sí, he hecho trabajos muy raros.

**** Tenía que dibujar a Don Quijote y Sancho, y empecé por el hidalgo. Durante horas fue tomando forma, pincelada a pincelada, en un proceso que se volvió puro entusiasmo al ver brotar una de las ilustraciones mas personales e interesantes que he hecho nunca. Al acabar era ya muy tarde y me fui a la cama, pensando que por la mañana haría a Sancho. Sucedió que, por la mañana, al ver el quijote, fui incapaz de retomar el proceso, simplemente no supe como. Sancho no quedó mal,  y el cliente quedó encantado con ambos personajes, pero siempre que los veo noto el desequilibrio: le falta chispa, vida, fuerza... simplemente no funciona,  para mí nunca funcionará.




lunes, 16 de junio de 2014

ALGUNAS RECOMENDACIONES_Y SÓLO SON PATOS (I)


Con 5 años, yo creía que el volcán más grande del mundo estaba en Vulcanovia. Recuerdo la edad exacta porque al año siguiente murió mi abuelo Julio, y yo tenía 6 años en ese momento. También recuerdo que, a esa edad, ya sabía que el Minotauro vivía en un Laberinto, que Genghis Khan tenía una corona, y que hay un valle perdido en medio de las cumbres del Himalaya.

Luego antes de los 5 años ya leía. Y recuerdo también lo que leía. Sigo teniéndolo delante de los ojos, nunca se ha ido.

Eran unos álbumes de lomo cuadrado y gris, llamados Dumbo. Esos tebeos agrupaban historias de diverso pelaje, pero siempre, siempre, la primera historieta, la más larga, era distinta al resto. No por los dibujos, bueno, sí, por los dibujos también, pero a los 5 años no era capaz de apreciarlo. Eran las historias en sí. Esas aventuras eran diferentes, llenas de magia, de emoción. De fuerza.

Y sólo eran historias de patos.

Carl Barks entró en Disney como dibujante intercalador (los que hacen los fotogramas de movimiento entre los fotogramas maestros de una secuencia animada) También hizo algunos storyboards, y ahí habría quedado todo, y nadie conocería su nombre de no ser porque uno de sus stories no pasó a animación, sino que le encargaron convertirlo en una historieta: Donald y el oro de los piratas. Gustó, y le dieron libertad para hacer sus propios guiones. Como intercalador, sabía hacer personajes dinámicos, llenos de movimiento. Como guionista... sus historias cortas eran magníficas, pero las largas simplemente no tenían rival.

El Terror del Río se me quedó grabado en la retina: Donald y sus sobrinos se enfrentaban a un psicópata homicida en el fondo del Mississippi. En la escena cumbre, todo puede pasar, el peligro no es una broma, realmente hay un instante en el que la muerte ronda de cerca, y eso a un niño no se le olvida nunca. En El fantasma de la gruta oí por primera vez el nombre de Sir Francis Drake, de labios de un anciano, secuestrado cuando niño por otro anciano, a su vez secuestrado... eso no eran simples tebeos para pasar el rato: Barks no se limitaba a cumplir, siempre iba un paso más allá. Y no sólo en cuanto a aventura o emoción porque Vacaciones de Verano (Vacation Time)* nos llevaba al corazón mismo de la naturaleza: más que una historieta parecía una película documental.

Huevos cúbicos, un valle lleno de dinosaurios en el corazón de la Amazonia, una ciudad cubierta de huevo rebozado (y llamada, muy adecuadamente, Omelet) donde Donald y los sobrinos son personas non gratas...

... el inefable, cursi y aborrecible primo Narciso, el ganso más odioso de todo el planeta y la némesis de Donald, decidido a quitarle su casa en pleno invierno (y menos mal que Daisy estaba al quite, el primer personaje femenino que hacía algo más que esperar a que la salvaran), en una historia que me sigue haciendo reir a carcajadas.

No siempre basta con la suerte. En Un pato con mala pata (Luck of the North) Narciso se llevará el oro y la gloria, pero Donald y los niños encontrarán un tesoro mucho más valioso, en un triste pedazo de pergamino

Y un día, supimos que Donald tenía un tío, gruñón y tacaño. Y ya nada fue lo mismo. Gilito fue el punto de inflexión, con él, sentado en el almacén de dinero, en la colina que se alza en el centro de Patoburgo, ya no había nada imposible.

Sigo temblando de emoción al ver a Gilito, Donald y los niños, perdidos en el Laberinto de Creta mientras buscan la Piedra Filosofal. Las andanzas en busca de las minas perdidas de Pizarro (con la única pista de una carta encontrada en un viejo galeón español, después que Gilito adquiera el derecho de consulta del Archivo de Indias) El hallazgo de las minas del rey Salomón. las Siete Ciudades de Cibola. El reino de Saba...

Aventura, y cotidianeidad. Recuerdo a Donald paseando con su tío, él intentando hacer ver a Donald que puede hacer grandes cosas con su vida, en vez de pasear y tomarse una gaseosa, y Donald, pacientemente y sin perder la sonrisa, explicándole que, de hacer esas cosas tan importantes ¿qué tiempo le quedaría para disfrutar de las pequeñas cosas, como pasear y tomarse una gaseosa.

También fueron asomando pequeños fragmentos, detalles perdidos, historieta a historieta, que poco a poco nos hablaron de Gilito, de su vida, su sangre escocesa, su infancia limpiando botas para mantener a sus dos hermanas (una de ellas, la madre de Donald, pero eso no lo supimos hasta décadas después), sus comienzos (marinero, vaquero, finalmente minero) y por fin, la riqueza, no por el capricho o la suerte, sino a base de duro esfuerzo, donde sólo los más duros sobreviven: el Yukón.

Siempre con una vieja moneda de diez centavos en el bolsillo. La primera que ganó en su vida, para no olvidar nunca de donde viene y cual es su camino.

Diez centavos,  sólo eso, pero es la obsesión de su archienemiga, Mágica, heredera de la hechicera Circe y decidida a hacerse con esa moneda, al precio que sea, para fundirla y crear el amuleto más poderoso de todos los tiempos, puesto que ese trocito de metal es la base de la mayor de las fortunas,

Y es que Barks no sólo era un maestro narrando, también lo fue a la hora de crear personajes, y entre ellos, nadie destaca más que los villanos. Mágica, bella y poderosa. Los Golfos Apandadores, tan torpes y brutos como peligrosos, y Gilberto Oro, el segundo pato más rico del mundo, tan tacaño y duro como Gilito, pero sin la ética y firmeza del viejo McPato.

Porque no es la riqueza ni la codicia. Gilito busca el tesoro por la pura emoción de la búsqueda. Y, precisamente, en manos de Mágica, confesará que, de toda su fortuna, nada es más valioso que Donald y los niños

Y por si nos quedaban dudas, dos historias que nunca se borrarán de mi memoria: Por Una Mala Cabeza (Back to the Klondike)**, cuando supimos que una vez, sólo una, Gilito se enamoró, y nunca olvidó ese amor, que le rompió el corazón.

Y La Ruina de Gilito (North of the Yukon), cuando, solo, sin testigos, en medio del hielo, tiene que elegir entre su fortuna o la vida del perro guía de su trineo***. El viejo Barko, tan achacoso y reumático como él...

... y un minero nunca abandona a sus perros.


* Vacaciones de Verano no pude leerlo en la colección Dumbo, no recuerdo que fuera como los otros. Además es una historia larguísima, casi 60 páginas ¿alguien sabe quién lo editó?

** Pero la historia que leí de niño era la versión censurada. Los editores USA consideraron que la historia completa era demasiado dura, así que suprimieron las páginas centrales. No pude leerla entera hasta la reedición de los 90

*** Sólo son patos, y sin embargo Barks nos muestra con precisión cómo se lleva un trineo, la función del guía en el tronco de tiro, y el modo en que los huskies se entierran en la nieve para dormir