Mujer iroqués

jueves, 21 de abril de 2016

MEDIO SIGLO A MIS ESPALDAS...


... y una vida que no deja de sorprenderme por delante.

Sí, hoy Episcophagus cumple seis años y éste su humilde servidor llega a cincuenta.

Ahora debería decir que estoy hecho un chaval, que no hay ninguna diferencia, que la edad se lleva en el alma y no en el cuerpo... pero para soltar sandiadas ya está Coelho. Yo prefiero ceñirme a lo que sé y lo que veo.

Estos últimos 365 días han sido muy movidos. Empezaron con duelo y pérdida, hace ahora doce meses, aunque el duelo ya llevaba en marcha más de medio año. No tuve, de todas formas, mucho tiempo para lamentarme, estaba demasiado ocupado lidiando con lo que la vida me fue trayendo.

No todo ha sido bueno ni mucho menos. Está el cansancio y el agobio que nos rodea tras tantos años metidos en este puñetero agujero del que no se ve la salida. Está el dolor de ver a amigos marcharse por no tener expectativas de futuro en nuestro país. Está el miedo a lo que nos traiga mañana.

Están las heridas que sólo ahora se van cerrando. Las cicatrices me acompañarán siempre, pero la única forma de tener la piel tersa es renunciar a vivir, y prefiero seguir respirando.

Con todo, si tengo que resumir estos doce meses en una frase, sería merece la pena

Cierta amiga íntima y especial, pasó momentos muy difíciles. Salió adelante, y ahí estábamos con ella, en los momentos duros y en los buenos, como ella lo está con nosotros.

Justo al mismo tiempo nuestra familia creció, cuando S se nos unió en marzo del año pasado, casi a la vez que E y L empezaron a entrelazarse con nosotros. Querer tiene estas sorpresas, cuando aceptas que  el amor implica lazos reales.

He disfrutado la felicidad de ver a alguien a quien quiero empezar a romper con sus cadenas y aprender a caminar sin bastones, tambaleándose a veces, pero siempre hacia adelante. Sí, C, me estoy refiriendo a ti, así que ya puedes enrojecer hasta la punta del cabello.

(Otro afecto que ha ido creciendo sin prisa me ha traído aire fresco cuando más lo necesitaba. Gracias, MJ)

Poco a poco, dentro de la diversidad que se ha formado gracias a Poliamor Madrid, ha surgido un pequeño núcleo de amistad, intimidad, confianza y cuidados en torno a cierto dinosáurico local. No voy a citaros unx por unx, polipanerxs, pero sé que cuando leáis esto esbozaréis una sonrisa de complicidad conmigo.

Lo que me recuerda que debo darte las gracias, K, sin ti ni siquiera nos habríamos conocido.

También en el Dinosaurio me he encontrado con sorpresas y afecto. Y una deliciosa tarta de cumpleaños hace apenas unas horas (sí, esa misma que estoy a punto de devorar en la foto de arriba). Gracias, M, por cincuenta más y tú que los veas.

Precisamente fue M la que me animó a ponerme tras el micrófono y atreverme a leer. Sólo espero que mi nivel de vergüenza no sea nunca lo suficientemente intenso como para que el sonrojo me incinere. Y, si sucede, espero que sigan leyendo poesía, y entretanto nadie sople hasta que llegue el forense, como decía nuestro añorado Gila.

No sólo de poesía vive el hombre. Pasado el subidón de ver en papel Detrás del Mito, me he encontrado con encargos inesperados y (creo) he sabido salir airoso de la prueba. Ahora mismo está en edición mi tercer título como autor completo (los otros dos libros que he publicado con HRM son obras en colaboración) y, tras el verano, me gustaría arrancar un nuevo proyecto.

La Historia me ha lanzado también a los micrófonos, de la mano de Antena Historia. Y le estoy cogiendo gustito a esto de divagar y reírnos mientras grabamos. Y de que te escuchen, que eso también es muy chulo.

Hablando de proyectos, estoy ahora mismo inmerso en mi tercera DinoExpo para Japón. Aterrado/agobiado/asfixiado por los plazos, pero decidido a sacarlo adelante aunque sea a mordiscos.

Más paleontología. Humanos, insectos, colembolos, aves... al final sí que acabaré siendo un paleoreconstructor a tiempo completo, como esto siga así. Por suerte en MUY y SINC me dan variedad de temas: espacio, medicina, humor...

En estos doce meses he dibujado mucho. A la antigua: lápiz y pincelada (digital, pero pincelada, al fin y al cabo). También me he animado a hacer algunos retratos personales, y pese al esfuerzo que suponen, el resultado me sorprende y agrada a la vez: sigo aprendiendo.

Y sigo corriendo. Ya pronto llegaré a los 3500 km. En unos meses las zapatillas que estoy usando ahora mismo se quedarán sin dibujo y tocará reponer calzado: el cuarto par desde que empecé.

Sé que me dejo muchas cosas en el tintero. No importa. Lo más importante es que sigo enamorado, y sigo teniendo la increíble fortuna de ser correspondido. Son ya 29 años juntos (16 de ellos viendo crecer a nuestro ya adolescente, protagonista de muchas de las entradas más celebradas de este blog), y un te quiero cada mañana. Diréis que soy un cursi pero... vale, lo seré, pero me importa un carajo la opinión ajena.

Tengo 50 años. Te conocí con 18, nos unimos a los 21. Tres décadas a tu lado. Dije arriba que el resumen del año es merece la pena, pero en realidad, se resume mejor en dos palabras.

Te amo.

Y mañana, con cincuenta años y un día, seguiré amándote.

sábado, 26 de marzo de 2016

Catarsis (a quien lo entiende)

Guardo un esbozo en mi carpeta que nadie verá jamás.
Apenas unas lineas, el bosquejo de un paisaje que sólo yo entiendo:

Caderas que cortan el horizonte
La suave colina de tu vientre
el vértigo de tu sonrisa
y en lo alto,
ojos color de miel

Nunca pude terminarlo,
los trazos gritaban un nombre.

Tu nombre.

Amor es un verbo extraño:
No sé conjugar el pretérito

Adiós dice adiós
y dice silencio,
mirada,
duelo,
caminos que se bifurcan...

y una palabra más, 
la que acude a mis labios siempre que pienso en ti:

Gracias.

lunes, 29 de febrero de 2016

MUJERES DE ESPARTA


Cuando los atenienses asistieron a la primera representación de Lisistrata, las risas estaban garantizadas. La comicidad del espectáculo se apoyaba en dos factores: el primero es la sal gruesa que adorna la historia, que sigue haciéndonos reír 24 siglos después. El segundo, hoy, no nos resulta familiar, y es que las mujeres que apoyan a Lisistrata no se comportan como buenas atenienses, sino como espartanas, porque todos los atenienses sabían que los espartanos, los temibles guerreros endurecidos en mil batallas, vivían bajo el puño tiránico de sus mujeres (no como ellos, que sabían tener a las mujeres en su sitio). De ahí las carcajadas que levanta la entrada de la embajada de los lacedemonios, con una erección tan brutal que sus anfitriones creen que traen armas bajo la ropa: ese es el precio de vivir bajo la dominación de las mujeres, el ridículo y la mofa.

Pero ¿qué tenían esas espartanas que las hacían tan diferentes a las mujeres del resto de Grecia?

La clave está en la propia Esparta. Los espartanos,  enfrentados a los cambios sociales que tuvieron lugar en otras regiones de Grecia, preservaron algunas costumbres muy antiguas, probablemente anteriores a la gran migración doria que dio origen a la ciudad.  Las leyes consolidaron esas costumbres y, entre ellas, estaba la de la matrilinealidad, es decir, la transmisión del linaje y los bienes por via materna. Esta costumbre convirtió a las mujeres de Esparta en las administradoras de facto de los recursos económicos de cada familia, mientras los hombres pasaban a formar parte de la comunidad de guerreros y hacían vida comunal. Por eso la vida de una mujer en Esparta tenía unas características únicas que, para el resto de los griegos, eran, literalmente, una abominación

Lo primero que tenían era educación. Las mujeres, en Grecia eran analfabetas, salvo las hijas de las familias aristocráticas y las cortesanas de más alto rango. Sin embargo, las leyes de Licurgo incluían la educación para niños y niñas a cargo del estado hasta los 14 años. Puede que no dedicaran su vida a declamar poemas ni a filosofar, pero sabían leer, y estaban obligadas a conocer y recitar la Ley.

Tenían bienes y propiedades, algo escandaloso en un mundo en el que las mujeres, en sí mismas, eran bienes y propiedades. Como ciudadanas de pleno derecho (y recordemos que en Atenas la ciudadanía estaba reservada sólo a unos pocos hombres) atendían las tierras, poseían las casas y administraban los recursos. Un caso similar al de las mujeres iroquesas, y por el mismo motivo: entre las cinco naciones, los hombres formaban asociaciones guerreras y eran las mujeres las que se encargaban de la tierra y el comercio.


Para más inri eran fuertes y saludables. Mientras la ateniense de buena familia no veía la luz del sol más que para salir del gineceo de su padre, camino del de su esposo, las jóvenes lacedemonias se ejercitaban en la carrera, el lanzamiento de jabalina, la equitación y la lucha. Competían entre sí, y competían con los hombres. Y lo hacían desnudas, orgullosas de su físico y de su vigor, y orgullosas de ser contempladas por sus compañeros, igualmente desnudos. De hecho, algunas estatuillas erroneamente identificadas como de amazonas, probablemente sean mujeres espartanas.

En sus competiciones, las espartanas se burlaban de los vencedores de los juegos olímpicos, donde ellas no podían participar ni como público, ya que corrían más rápido, montaban mejor y lanzaban más lejos que la mayoría*.

Finalmente, eran libres, no solo de derecho, sino también de hecho. El matrimonio no las esclavizaba. Las bodas se celebraban de forma casi secreta y tras la primera noche el esposo volvía a vivir con sus compañeros de lucha, a los dormitorios comunales, y solo acudía por las noches al lado de su esposa, lo que, según el legendario Licurgo, impedía que los conyuges se hartaran el uno del otro. Y, al tomar a su cargo el estado la educación de los niños y niñas desde los 7 años (la institución de la agoge), ellas no tenían que dedicarse a la crianza y desarrollaban una individualidad fuerte y orgullosa, al servicio de la ciudad. Cuando los hoplitas partían a la guerra y escuchaban a las mujeres decirles, espartanos, volved con vuestro escudo o sobre vuestro escudo, sabían que no eran palabras vacías: un guerrero que regresó sin su escudo fue muerto a manos de su propia mujer, para lavar la deshonra que había traído con él.

Por si todo lo anterior no fuera piedra de escándalo para toda Grecia, la libertad sexual de las espartanas era la comidilla del resto de ciudades ¿no eran tan viriles los espartanos? ¿como, entonces, las mujeres de Esparta tenían la potestad de tomar amantes a su antojo? Y con el apoyo de la ley, siempre y cuando el elegido fuera más alto, más guapo o más fuerte que su marido (lo cual puede sonar muy bien, salvo que fueras el espartano más flacucho, canijo o feo, porque entonces tu santa estaba casi obligada por la ley a follarse a toda Esparta y a ti no te iban a dar una alegría ni las ciegas)

Dice la leyenda que, en una campaña que se prolongaba más de lo debido, y a pedido de las mujeres, los hoplitas decidieron que sus compañeros más jóvenes y guapos regresaran a la ciudad mientras el resto seguía luchando. A los hijos nacidos al año siguiente se les llamó, colectivamente, hijos de la guerra. Sea cierto o no, sólo el que exista esta leyenda dice mucho del modo en que pensaban los espartanos.

Hay otra leyenda, y leyenda debe ser, ya que cuenta el encuentro entre una mujer de Atenas y una de Esparta, y sabemos que, desgraciadamente, es muy dudoso que una mujer de Atenas tuviera libertad para hablar sin permiso de su padre o su esposo. Pero dice este relato que la ateniense, asombrada al ver cómo vivían su contertulia y sus amigas, le preguntó como era posible que, de todas las mujeres de Grecia, precisamente fueran las de Esparta, las hijas de la ciudad más dura de todas, las únicas que tenían dominio sobre los hombres. A lo que le fue respondido...

...quizás las espartanas somos las únicas que parimos hombres de verdad

* La primera mujer coronada en unas olimpiadas fue la espartana Cinisca

 Imagen superior: jovenes espartanas se burlan de sus compañeros, de Degas. En los bocetos preliminares Degás pintó a las muchachas desnudas, depiladas, mostrando claramente sus genitales

Imagen inferior: Muchachas de Esparta, de E. Criose

lunes, 1 de febrero de 2016

DIARIO DE LA PATERNIDAD RESPONSABLE (XXII) Los Diez Mandamientos y otros afanes


La crianza (cada vez que uso esa palabra me viene a la cabeza un gallinero lleno de pollitos, debe ser un tic agrícola) es un camino lleno de sorpresas y, afortunadamente, no todas son malas. Eso no significa que las demás sean buenas, sino que la mayoría son, simplemente, sorpresas, cosas que no esperas pero suceden. Sin embargo, con el tiempo vas echando callo.

Una de las cosas donde no suele haber sorpresas es en la rutina alimentaria. Tú puedes innovar en tu cocina todo lo que quieras, y puedes convencer* a tu vástago de que se lo coma (entre sordas protestas y miradas hostiles) pero al hacerlo estás contraviniendo el sagrado decálogo de la alimentación del adolescente, y a sus ojos eres un sacrílego digno de ser fulminado por el rayo de Jehová o tragado por la tierra como castigo a tu soberbia. Dicho decálogo, como su nombre indica, consta de diez normas sencillas de entender y seguir, a saber...

• Amarás el atún sobre todas las cosas.
• No cogerás el bote de Ketchup en vano.
• Santificarás las pizzas**.
• Honrarás a tu padre y a tu madre siempre y cuando te sirvan otra ración de macarrones con atún y repongan el ketchup.
• No rezongarás (ante una hamburguesa bien pringosa de ketchup, porque ante un plato de pescado*** en salsa verde rezongarás todo lo que quieras y puedas)
• No cometerás actos impuros como poner brócoli en un plato.
• No dejarás que te roben ni una albóndiga de la abuela ¡apartaos, blasfemos, son mías y sólo mías!
• No levantarás falso testimonio, sólo afirmarás con total seriedad que ya te has terminado la coliflor y que no sabes cómo ha podido crecer la ración del plato de tu padre como si alguien le hubiera añadido de tu plato, por dios, es que no confiáis nunca en mí y por cierto ¿hay macarrones? ¿y atún? ¿y ketchup?
• No consentirás pensamientos ni deseos impuros como tomarte una ensalada en vez de un costal de patatas fritas con ketchup.
• No codiciarás la lechuga o los espárragos ajenos.

Estos dos mandamientos se resumen en dos: derramarás ketchup sobre todas las cosas y al prójimo que le vayan dando, haber pillado vuestro bote de ketchup.

¿Pensáis que exagero? Hemos tenido que poner serios límites a la ingesta de ketchup, so pena de ver como se extinguen los tomates a medida que se van agotando sus caladeros tradicionales ¿es que nadie piensa en los tomates, por el amor de Quetzacoatl?

De acuerdo, un poco sí exagero. En los últimos tiempos voy integrando en su dieta platos vegetarianos, pescado en papillote, sopas... y siempre ha sido buen comedor de legumbres, aunque siga torciendo la cara cada vez que toca plato de cuchara. Pero, si por él fuera, desayunaría arroz con atún, comería macarrones con idem y cenaría pizza de ... ¿adivináis que pez de la familia de los túnidos? .... todo ello abundantemente regado con esa ambrosía de color rojo que estáis imaginando.

Aún no ha probado a tomarse las mandarinas con ketchup, pero por si acaso no le doy la espalda.

Pero hablábamos de sorpresas, y es que la capacidad del adolescente para sorprender a sus progenitores nunca llega a su fin. Hace un par de meses D volvió a pedirme que le entrene para correr, y esta vez se lo está tomando en serio. Hemos empezado ya la sexta semana y, pese a sus miradas de porqué, señor, porquéeeeeeee cada vez que le digo que toca salir, se pone las zapatillas con gesto resignado y sale a trotar a mi vera. Aún haremos de él un mozuelo bien formado. Y la mirada de su personal teacher cuando insiste en enseñarle sus recién descubiertos músculos es impagable ¡S, hija, te ganas el cielo con tu habilidad para disimular las risas!

También nos sorprende para bien en su actitud para el estudio. Vamos levantando, superando baches, cogiendo experiencia e incluso en alguna ocasión se ha puesto a estudiar por propia iniciativa. Tras rápida consulta a Mulder y Scully hemos verificado que, en efecto, era él. Ningún alienígena sería tan burro como para cometer un fallo de raccord tan básico tras infiltrarse entre nosotros.

Eso sí, el exagerado optimismo propio de su edad, acompañado de un raciocinio, digamos, flotante, sigue siendo un problema. Por ejemplo, no sólo insiste en creer que sus chistes tienen gracia, además está convencido de que tanto sus chascarrillos como las gansadas protagonizadas por él y sus compañeros son absolutamente originales y jamás se le han ocurrido a persona humana ninguna en el devenir de los siglos. Cualquier día inventará el chiste del perro mistetas, y lo que es peor, se empeñará en contárnoslo varias veces, haciendo el gesto de badummm ¡tssss!

También sigue teniendo la vaga esperanza de que algún día le confesemos que su concepción fue inmaculada, o le encontramos debajo de una coliflor, o... lo que sea con tal de que la historia no incluya sexo. La idea de que alguna vez su madre y yo tuvimos roce y retoce le pone muy nervioso. La sóla mención de que seguimos teniéndolos regularmente le causa ataques de ansiedad y severos daños psicológicos que, según él, deberemos compensar en forma de costosas sesiones de psicoanálisis hasta que logre superar el trauma.

De acuerdo, somos un poco despistados, pero tampoco hay que ponerse así porque se encontró en el salón la funda de un preservativo. Ahora bien, el diálogo subsiguiente, no por breve fue menos ameno, y me alegro de no habérmelo perdido

_ ¡Mamá! (gesto airado, enarbolando el pedacito cuadrado de plástico) ¡¿QUÉ HABÉIS ESTADO HACIENDO?!
_ ¿Te hago un dibujo?
_.... (silencio glacial)...


En fin, otra cosa no, pero que nos quiten lo bailao.

Desde la enterprise, fecha galáctica febrero de 2016. Seguiremos informando.

* Y si no, el sistema del embudo y el palo lleva usándose con las ocas desde hace milenios
** Ver como mis pizzas artesanas de masa madre son devoradas, no ya sin saborear, sino incluso sin masticar, es una experiencia entre halagadora y desoladora. Podría ponerle una pizza recortable de cartón y se la comería igual
*** Entendiendo como pescado cualquier vertebrado con aletas, espinas y escamas que no sea atún, claro está



martes, 15 de diciembre de 2015

NOMBRES A PIE DE PÁGINA (II) Joe el Saltarín



Leí por primera vez esta historia en el foro Gran Capitán. No entiendo como nadie ha intentado convertirla en una película, quizás los productores la encuentran demasiado inverosímil, o la ven falta de patriotismo .

Josep Beyrle, conocido como Jumpin' Joe Beyrle, Joe el saltarín, nació en 1923 en el pueblo de Muskegon, a orillas del Michigan. Sus fotos de juventud nos muestran un rostro muy estadounidense, mandíbula prominente, un poco desgarbado.  Era alto, fuerte, despierto y con mucha iniciativa, así que, en vez de destinarle a infantería, cuando se alistó pasó a la 101 aerotransportada, las águilas aulladoras, pese a ser daltónico. Se adiestró en el campo de entrenamiento  de Toccoa, y en septiembre del 43 viajó a Inglaterra con el grado de sargento especialista en radiotransmisiones y demolición.

Joe fue lanzado dos veces sobre Francia durante la primavera, en misiones de apoyo a la resistencia francesa, pero la suerte se le acabó, aparentemente, el 5 de junio, cuando la 101 voló sobre Normandía. Su avión fue alcanzado, y los paracaidistas tuvieron que saltar desde una altura muy baja. Se perdió contacto con ellos y, el 10 de junio, una patrulla estadounidense encontró su cuerpo destrozado. Recogieron su chapa de identificación y enterraron sus restos.

¿Qué había pasado? Al saltar, Joe quedó aislado de sus compañeros, cayendo sobre el tejado de la iglesia de St. Come du Mont. De ahí bajó al cementerio y, una vez comprobó que nadie le había visto caer, se orientó y se dijo, algo tendré que hacer para matar el rato, así que procedió a cumplir en solitario con la misión que se le había asignado a su pelotón, volando dos puentes en la ruta que llevaba hacia la playa de Utah y una planta eléctrica. Finalmente fue sorprendido y capturado al tropezar con un nido de ametralladoras germano, y conducido a la retaguardia junto a otros prisioneros.

Mientras marchaban tras las líneas alemanas, cerca de Carentan, un ataque aéreo dispersó la columna y Joe, con varios fragmentos de metralla en la pierna, aprovechó para poner tierra de por medio tras atender a otros dos soldados estadounidenses que habían sufrido graves heridas en el bombardeo. Un soldado alemán, que vestía un chaquetón estadounidense, y que le había quitado a Joe su placa de perro como recuerdo, cayó durante el ataque. Ese sería el cuerpo encontrado por sus camaradas pocas horas después. En septiembre, sus padres recibirían el telegrama con la noticia de su fallecimiento, ignorando que su hijo seguía vivo y dando guerra. Mucha guerra.

Joe fue capturado de nuevo y conducido a un campo de prisioneros provisional en Saint Lo. Allí volvió a intentar escaparse, recibiendo una paliza como castigo, y porque sus captores descubrieron que su familia era de origen alemán, por lo que fue acusado de traición al Reich. No sería la última paliza. A lo largo de los siguientes meses, logró escapar otras dos veces y organizó varias fugas fallidas mientras era trasladado de campo en campo. En septiembre llegó al Stalag III de Drecwize. Allí los prisioneros eran maltratados brutalmente y apenas lograban sobrevivir robando patatas en los campos cercanos, muriendo muchos a manos de los guardias. Por esas fechas, su familia recibió un nuevo telegrama informándoles de que, después de todo, su hijo estaba vivo.

En Drecwice descubrió que los planes de fuga del campo fallaban de forma sospechosa, y consiguió desenmascarar a un infiltrado alemán que pasaba información a los guardias, ejecutándolo sumariamente. Luego, organizó una nueva escapada, aprovechando una alarma por un bombardeo. Descubierto, fue entregado por unos civiles a la gestapo, que le torturó para que confesara los nombres de sus inexistentes colaboradores, convencidos de que se trataba de un espía lanzado tras las líneas alemanas. Finalmente fue reclamado por el ejército como prisionero poco antes de ser ejecutado y regresó al Stalag. Entretanto, se informó de su desaparición durante el bombardeo, con lo que, de nuevo, se informó a su familia de que había muerto.

Tras un internamiento en solitario, medio congelado, con el cuerpo lleno de magulladuras, y prácticamente muerto de hambre (le habían reducido las raciones como castigo a su deplorable falta de sumisión), Joe volvió a escapar en enero del 45, sin más provisiones que un cartón de tabaco. Hasta entonces había intentado huir hacia el oeste, o hacia el sur, pero esta vez decidió que sería más sensato caminar hacia el este, buscando la vanguardia soviética .

Mientras avanzaba por un camino forestal, al frente de una columna de carros del I Ejército Acorazado de Guardias, la comandante Alexandra Samusenko, una de las heroínas más condecoradas del ejército rojo, vio a un hombre alto y esquelético que salió del arcén y se les acercó haciendo aspavientos con un paquete de cigarrillos Lucky y gritando ¡Americkansky tovarich!. Tras las oportunas explicaciones, Joe pidió permiso a la oficial para unirse a su tropa. El comisario de la unidad le dio un subfusil y munición, el paracaidista saltó a lomos de un sherman y la columna reemprendió su marcha. Sí, un sherman, los guardias empleaban carros del Préstamo y Arriendo, así que Joe retomó su camino hacia Alemania sobre un vehículo de Detroit, a las órdenes de una guapísima oficial comunista.

Los tanquistas no sabían muy bien qué hacer con Joe, pero tras atenderle y darle de comer (estaba realmente hambriento) vieron que era un buen camarada, y que sabía volar cosas: cada vez que se encontraban un obstáculo en el camino, él cogía los explosivos (por cierto, americanos, también del Prestamo y Arriendo) y despejaba la ruta. Así que nuestro protagonista se quedó con ellos como combatiente. Pocas semanas después, los Guardias arrollaban el Stalag donde había estado prisionero, ya evacuado, y prosiguieron hacia Berlín. En febrero, finalmente, Joe fue gravemente herido  y enviado a un hospital militar en retaguardia*.

Esa semana, el mariscal Zukhov (nada menos ¡el mismísimo Zukhov!) visitó a los heridos y se quedó boquiabierto al ver a Joe. El diálogo, con ayuda de un intérprete, fue tal que...

_... tú no eres ruso
_ No, soy americano
_ ¿Y qué haces aquí?

Joe le explicó su historia al mariscal y éste, fascinado, la verificó con el NKVD. Dado que Joe había sido dado por muerto y no tenía ninguna documentación que demostrara su identidad, no era posible enviarlo directamente con los estadounidenses, así que en cuanto estuvo recuperado de sus heridas le dieron unos papeles de tránsito y un billete hacia Moscú, para que se presentara en la embajada estadounidense y aclarara su situación.

En Moscú los guardias de la embajada alucinaron en colores al ver venir a Joe con su uniforme de retales, y su fuerte acento de pueblo. Convencidos de que se trataba de una maniobra de los rusos para colarles un espía, lo llevaron directamente a un calabozo, pero les convenció para que le tomaran las huellas y así, finalmente, se aclaró todo el embrollo. Joe viajó a Odessa, de ahí navegó a Estambul, luego a Alejandría, de Alejandría a Napoles y, finalmente, el 21 de abril, abrazó a su familia en Muskegon

 Joe siguió con su vida, sin llamar demasiado la atención de nadie, hasta que, en 1994, durante los actos de celebración del día D, los presidentes Clinton y Yeltsin le homenajearon, y el propio Yeltsin le entregó cuatro  condecoraciones como veterano del ejército Rojo.

En Mayo de 2004 Joe volvió a Moscú, y asistió al desfile de la Victoria sobre Alemania junto a otros 15000 veteranos del frente oriental, que le acogieron entre aplausos, como al único estadounidense que compartió con ellos la lucha.  Murió ese mismo año, precisamente en Toccoa, el pueblo donde se entrenó como paracaidista, ya que había acudido a dar una charla como veterano de la 101.


Una placa en St. Come du Mont recuerda dónde empezó su aventura europea, y en Saint Mere Eglise, en Francia, la tumba 48 del ejército estadounidense también lleva su nombre. Nadie la ha abierto pero se supone que ahí está enterrado el soldado alemán que le quitó la chapa. Por su parte, Joe descansa por fin en el cementerio de Arlington, suponemos que definitivamente, aunque con un hombre así uno nunca puede estar del todo seguro,

Su hermana dijo durante el funeral, es la tercera vez que enterramos a Joe. Espero que esta vez lo consigamos.

Su hijo, John Beyrle, embajador estadounidense en Moscú desde 2008, declaró años después,
La gente llama a mi padre "héroe de dos naciones" pero a él no le gustaba, decía que los héroes fueron los que no regresaron . El día que le condecoraron, fue el más feliz de su vida, él nunca olvidó que, cuando estaba hambriento y desamparado, los rusos le alimentaron, le acogieron como uno más, lucharon con él, salvaron su vida en el hospital y le ayudaron a volver a casa con los suyos.

*Alexandra no tuvo tanta suerte como Joe: murió aplastada por un carro poco antes de la rendición de Alemania



miércoles, 25 de noviembre de 2015

LOS POLIPANES



Ya hace tiempo que me preguntan si resulta muy complicado hacer panes como los que suelo mostrar en Facebook o Twitter. Así pues, hoy me lío los trastos a la cabeza y voy a intentar contaroslo. Marchando mi tutorial de polipanes.

SI no queréis empezar directamente con panes de masa madre, os recomiendo con entusiasmo este vídeo de Ibán Yarza, ideal para perderle el miedo al pan (alguna vez lo ha llamado así, pan quitamiedos), y esta receta de Chez Therese, para hacer una deliciosa y sencillísima hogaza. Lo único que necesitáis es harina, agua, sal, levadura de panadero, una báscula y tiempo. Trabajo, lo que se dice trabajo, casi igual a cero.

En cuanto al pan de masa madre, sólo requiere haber hecho eso, masa madre, lo cual es de lo más sencillo (hay varios videos en la red, yo seguí, de nuevo, los consejos de Ibán Yarza ) un poco más de tiempo (en vez de 24 horas, el proceso de estos panes requieren unas 36) y un poco más de trabajo (una hora, aproximadamente)

Ingredientes.

Masa madre (90 gramos aprox.)
Harina panificable de trigo: 600 gramos. Yo uso la del mercadona, la del paquete azul, pero se puede usar cualquier harina con 10 gramos de proteina por cada 100 gramos de peso. No se necesita usar harina de fuerza.
Harina de centeno integral: 50 gramos (si no os gusta el toque de sabor del centeno, reemplazadla simplemente por harina panificable)
12 gramos de sal
Agua

Aperos: un bol grande, una rasqueta para el pan (puede usarse la mano pero me he acostumbrado a la rasqueta), papel de horno, una fuente plana de barro y un trapo de lino limpio

Y sin más, vamos allá.

Día 0/FERMENTO BASE: Partimos de un poco de masa madre. Yo tengo en la nevera un cuenco con 80-90 gramos de madre. En la nevera las bacterias de la masa madre están aletargadas, así que lo primero que hay que hacer es refrescarla para obtener el fermento que usaremos al día siguiente. Personalmente suelo hacer la mezcla después de cenar, sobre las 22:00, aproximadamente.

_Mezclo en el bol los 80-90 gramos de madre que he sacado de la nevera con 100 gramos de harina panificable y 50 de centeno. Añado 150 gramos de agua (o 150 mililitros, si medís en volumen). El resultado es una masa cremosa y elástica.

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Tapo el bol con film transparente y lo dejo reposar toda la noche en un lugar a unos 22 grados de temperatura. A las doce horas tendremos una masa más fluida y burbujeante con olor a yogur suave. Esa será nuestra masa de fermentación. Cogemos un par de cucharadas soperas (80, 90 gramos) y las guardamos en un botecito en la nevera para la siguiente vez que hagamos pan. Nos quedan entre 200 y 250 gramos de masa madre despierta.

Día 1/AMASADO: Mezclo en el bol los 200 gramos de madre con 500 de harina panificable y unos 250 gramos de agua. La cantidad de agua puede variar un poco en función de la harina y la temperatura, eso es algo que se va notando con la práctica. Mezclo bien a mano o con una cuchara hasta formar una bola de masa y la dejo reposar unos 15 minutos (suelo aprovechar para desayunar). En este punto del proceso podemos añadir una pizca de levadura de panadería seca, un gramo a lo sumo, pero no es estrictamente necesario.

Sobre la encimera, bien limpia, espolvoreo la sal y pongo la masa. Procedo a amasar entre cinco y seis minutos. Muevo la masa para que coja toda la sal mientras amaso. El sistema de amasado es plegar y rodar, como se ve en este vídeo, en el minuto 14. Tras el amasado tendremos una bola de masa bastante homogenea, y la dejamos reposar10 minutos. Tras ese tiempo, le damos un nuevo amasado, más breve, apenas un minuto. Con ello la bola, que aún tenía una textura ligeramente grumosa, queda suave, sedosa. La ponemos en el bol, tapamos con film, dejamos que repose otra media hora, y a la nevera con ella hasta la mañana siguiente (es decir, unas 24 horas de reposo)

Día 2/FORMADO Y HORNEADO: Saco de la nevera el bol. A lo largo de la noche la bola se habrá hinchado y puede que presente algunas burbujas grandes.Despejo y limpio la encimera y espolvoreo harina. Dejo al lado un trozo de papel de horno sobre una tabla de corte grande o una bandeja y lo espolvoreo igualmente. Con la rasqueta de pan (o la mano) saco con cuidado la bola de masa, procurando no desgarrarla, y la dejo sobre la harina. La extiendo presionando con cuidad para que se desgase sin romperse, y formo una plancha de entre dos y tres centimetros de grosor.


Corto por el centro, longitudinalmente, la plancha de masa. Al hacerlo lo normal es que la zona por donde cortemos se estire un poco, eso nos vendrá bien. Tomo una de las mitades y la moldeo un pelín, aprovechando para darle forma de pez. La enharino un poco y le doy la vuelta, dejando la cara más plana y enharinada al descubierto. Procedo a doblarla longitudinalmente, como quien cierra una carpeta, la ruedo un poco para que coja tensión y la dejo sobre el papel de horno con el pliegue hacia abajo. Repito el proceso con la segunda pieza. Dejo un poco de espacio entre ambas  sobre el papel y las acerco, de forma que el papel enharinado se pliegue entre ellas y no se toquen.

Lo dejo reposar dos horas con unos libros presionando los lados para que las barras fermenten sin desparramarse. Si estamos en verano, os aconsejo poner sobre los libros, estirado, el trapo, tras humedecerlo en el grifo. Así evitaremos que la masa se reseque por fuera y se agriete al levar.

Unos 15-20 minutos antes de que terminen las dos horas, pongo el horno a 250 grados con la bandeja metálica dentro, por debajo de la altura central (o una piedra de horno, si tenéis) y una fuente de barro en la parte inferior del horno. Cuando pasen las dos horas, le doy la vuelta a las barras rodandolas sobre el papel de horno, para que el pliegue quede ahora hacia arriba, y adentro con ellas (en el video del pan quitamiedos podéis ver como se hace, de un golpe seco). Echo un vaso de agua sobre la fuente de barro para que se forme mucho vapor y, según cierro el horno, bajo la temperatura a 170.

El horneado tarda 40/45 minutos, en función de si os gusta el pan más tierno o más cocido (yo, personalmente, lo prefiero bien cocido y crujiente). Comprobad que la corteza es adecuada (dando unos toquecitos con un cuchillo) y si todo os parece correcto, apagad el horno y poned a enfriar el pan sobre una rejilla, sin tocar la encimera. En una hora se habrá enfriado y habrá reposado lo suficiente.

Y ahora, la parte friki ¿porqué hemos hecho todo esto? Vayamos por partes

Al refrescar la masa madre con esa cantidad de levadura multiplicamos mucho las bacterias, que se tirarán toda la primera noche reproduciéndose como locas y generando ácido láctico. El porcentaje de madre que usamos con el pan final es muy alto, casi un 20 por ciento del total. Ahora todas esas bacterias van a trabajar mientras la bola amasada reposa en la nevera 24 horas, y en ese tiempo van a zamparse buena parte del gluten y convertirlo en otras proteínas más digestibles, a modificar las cadenas de hidratos, haciendo que la miga resultante sea firme y elástica, y los hidratos de más calidad, no de absorción inmediata como en el pan industrial. Además le van a dar un sabor espectacular a la masa y, finalmente, van a generar miles de bolsitas que se hincharán en el horno, dejándonos un alveolado de lujo.

El reposo, como dice Yarza, amasa. Por eso dejamos la mezcla de madre y harina reposando antes de empezar a amasar. Añadimos la sal entonces porque poniéndola directamente en la mezcla alteraría la consolidación de la masa, y si hemos añadido un poco de levadura, la neutralizaría. Por eso se añade durante el amasado. El reposo tras el amasado hace que, cuando metamos la masa en la nevera, la fermentación ya esté en marcha.

Fermentar en frío, en la nevera, permite que nuestras bacterias trabajen sin prisa, y sin que el pan leve excesivamente. Con doce o 16 horas es suficiente, pero yo prefiero darles un poco más de tiempo

El doblar el pan por la parte más enharinada es para que, al meterlo en el horno con el pliegue hacia arriba, se abra por esa zona mientras sube con el calor. Da un resultado muy bonito y evitamos que la barra se rompa por un mal sitio. Dado que no habremos presionado igual las barras, no saldrán dos iguales, lo cual a mí me encanta


Así que ya sabéis, no se trata de trabajar, sino de planificar y tener paciencia. Y, creedme, el resultado os dejará picuetos, hasta el punto de que os costará un esfuerzo comer pan comercial.


 Dicho sea de paso, el horneado no consume demasiada corriente. Una hora de horno viene a salir, en un horno medio decente, por 40 céntimos. Las cantidades de harina y agua que he indicado arriba dan para dos barras, pero si os limitáis a duplicarlas podéis hacer cuatro barras por hornada, como hago usualmente (doblad todas las cantidades, empezando por la del prefermento, pero amasad en dos bolas, no me intentéis amasar un mogote de kilo ochocientos). Eso supone un coste de unos 60 centimos de harina (precio del mercadona) y 40 de luz, es decir, cuatro barras de 400 gramos cada una por un total de un euro.

Ahora, cortad con un buen cuchillo, y con un poquito de aceite disfrutad del placer del pan recién hecho. Lo que sobre, cortadlo en rebanadas y al congelador, este pan congela de puta madre y tienes rebanadas para desayunar, merendar o cenar para varios días. Bon appetit!






domingo, 1 de noviembre de 2015

SER INVISIBLE


El Hombre Invisible, uno de los primeros personajes con poderes de la ciencia ficción, suele ser un villano. El protagonista de la novela de H. G. Wells quiere usar su poder para chantajear al mundo, pues nadie podrá esquivar su mortal y asesino ataque.Ese planteamiento se mantiene hasta la última versión cinematográfica, donde los protagonistas van cayendo uno por uno ante el monstruo (ya sabéis, la típica peli de se salvan el chico tímido o la chica virgen)

Bueno, pues debo decir que la invisibilidad es el poder más mierder que te puedes echar a la cara. Sí, ya sé lo que estáis pensando: si yo fuera invisible me colaría en los bancos, y en los vestuarios de las animadoras (modo masculino), y le daría de hostias a todos los chulitos que me cruzara y...

Vamos a centrarnos en el hombre-mujer invisible de la ciencia ficción (descartamos el argumento "fue un mago") cuyo cuerpo se vuelve transparente a la luz visible (pero es visible en el espectro infrarrojo, ya que sigue generando calor, circunstancia felizmente aprovechada por Mr Hyde en la segunda serie de The League of Extraordinary Gentleman)

Tenemos, pues, a una persona totalmente transparente (presupongamos que es un hombre, los tíos somos más de hacer este tipo de mongoladas). Nuestro amigo ha inventado el suero de la invisibilidad o le ha picado una araña invisible, así que ya puede salir a la calle a iniciar su reinado de terror y... bueno, eso siempre y cuando viva en un clima cálido, porque como llueva, nieve o se levante el Moncayo (¿qué pasa, que el hombre invisible no puede ser de Zaragoza?) se va a pelar de frío y le van a descubrir por el  tilín tilín de sus helados cojoncillos. Ay, amiguete, la ropa no es invisible, así que hay que salir a la calle en pelotas y descalcito.

De acuerdo, nuestro hombre invisible es murciano: descartamos el frío y la lluvia. Pero como no cruce por los semáforos, su carrera criminal va a durar poquito. Si lo hace a pelo, o por un paso de cebra, el primer conductor se preguntará qué cojones es lo que le ha abollado el capó, y el segundo qué es eso que ha pasado por debajo de sus ruedas.

Supongamos que había suficientes semáforos y nuestro coleguita ha logrado llegar a su objetivo, el vestuario femenino del polideportivo donde compite la selección de boleyplaya brasileña. El mozo se introduce subrepticiamente en una esquina, se agarra el mango feliz y se dispone a darse un homenaje visual... un momento, no, no puede.

Porque el hombre invisible es ciego

Para ver, es necesario que la luz se refleje en la retina del ojo. Si eres transparente, la luz te atraviesa sin reflejarse, así que no hay de donde rascar: un topo tuerto en un túnel del metro ve más que el hombre invisible. Y dado que un bastón flotante cantaría mucho en la acera, nuestro héroe lo tiene negro, no ya para cruzar la calle, sino para esquivar ñordos y meos perrunos, botellas rotas, condones usados, colillas encendidas, cáscaras de pipas, chicles y todo aquello con lo que sus conciudadanos decoren las aceras. Así que, o se para en todas las fuentes disponibles a lavarse los pies, o le delatará la mierda que lleva pegada a los mismos, y el montón de sordas maldiciones que proferirá cada vez que pise un regalito.

Por no mencionar otros detalles, como que si acaba de comer, llevará en el estómago un montón de cosas masticadas (a menos que antes de zamparse un pollo lo vuelva invisible), y como haya tenido caries veremos unos sospechosos empastes flotando a media altura. Y también habrá algo así como una bolsita de pis flotante, salvo que nuestro rompetechos sepa como invisibilizar el ácido úrico.

Estirando mucho mucho mucho nuestra credulidad, si el hombre invisible fuera capaz de ver, tampoco sería demasiado problemático librarse de él. Bastaría con enviar tras él a un comando bien entrenado de vendedores de la ONCE armados de gruesos garrotes. Y, si ha logrado infiltrase en nuestro cuartel general/laboratorio secreto/apartamento en Torrevieja, cubriremos el suelo de tachuelas, apagaremos la luz y nos descojonaremos escuchando los ¡ay! ¡huy! ¡me ca...! ¡ouch! cuando intente acercársenos.

El Hombre invisible, lo mires por donde lo mires, es un loser.

Aún así, habrá quien piense que debe ser genial hacerse invisible: A esas personas, las invito a disfrutar de la experiencia real. Encontrarte entre treinta, cuarenta, cien personas, y que nadie repare en tu presencia. Porque no eres una persona alta y guapa, no tienes una sonrisa deslumbrante, no destacas por la calidad de tus ropas ni lo hermoso de tu timbre de voz. No tienes una vida fascinante. 

No importas.

Da igual que valgas la pena, nadie repara ni un instante en ti, ni se toma la molestia de descubrirlo. Si hablas, no te escuchan, si preguntas, no responden. Si falta un asiento te toca estar en pie, si no hay suficientes plazas eres quien se quede en tierra, si hay planes nadie cuenta contigo y, si no estás, nadie se preocupa ni se pregunta porqué no estás, porque nadie te echa en falta. 

Están en su derecho, ninguna ley puede obligarles a prestarte un solo minuto de atención. Pero eso no hace que duela ni un ápice menos.

Bienvenidos al maravilloso mundo de la invisibilidad, que no es un regalo, sino una cadena. Por mucho que pienses que ya te has acostumbrado a su peso, volverá a doler cada vez que te den de lado y seas consciente de que sigues arrastrándola.

Eres un mendigo. Y nadie va a darte una limosna: no te ven.