Mujer iroqués

viernes, 3 de julio de 2015

LOS FOLLASAURIOS (III) Tengo un archienemigo


Querido público, estimada audiencia, muy ilustres integrantes de la Academia, señor Nuncio Apostólico, les he reunido aquí para comunicarles que los follasaurios son, de lejos, el trabajo que más satisfacciones me ha aparejado en los útimos años. No sólo fueron divertidos de concebir y ejecutar, sino que se han convertido en mi gran éxito de ventas, mi obra más publicada, mi carta de presentación de cara al mundo.

Estoy acariciando la idea de hacer una nueva serie de láminas, dedicándola esta vez, en exclusiva, a animalicos encontrados en los subsuelos patrios, como concavenátor, turiasaurus, dacentrurus, mantellisaurus... sería algo así como un homenaje a las pelis de Esteso y Pajares, incluso a las pelis guarreras de nuestrea añorada juventud, en clave mesozoica (Turiasauria bisexual necesita semental, El concavenator, su mujer y otras cosas de meter, Caray con el plecanimimus, que largo tiene el... el .... vale, las rimas me las tengo que trabajar un poco más, pero podéis coger la idea ¿no?)

Pero no es por eso por lo que hoy me ha dado por sacar este tema. A las satisfacciones personales y crematísticas, este pasado junio se añadió una inesperada y gratificante sorpresa: gracias a los follasaurios, ahora tengo un detractor.

Sucede que hace unos años, The Huffintong adquirió los derechos de mis imágenes para un artículo sobre dinosex, que generó una buena cantidad de comentarios y algunas réplicas divertidísimas, como la de Daniel O'Brian. Me encanta su aseveración de que, probablemente, me puse palote preparando las imágenes, y el modo en que me describe

Sure, the scientific illustrations weren't as graphic and deeply unsettling in the old article, but finding an illustrator who was the right combination of scientist and pervert isn't reason enough to rewrite the exact same story and pretend it's new news.

¿El  ilustrador con la correcta combinación de veracidad científica y perversión? QUIERO UNA CAMISETA CON ESE LEMA, Y LA QUIERO YA

Pero no, O'Brian no es mi archirrival, es más, le considero un colega, un amigo, un hermano. Cómo me has calado, cabroncete *guiño *guiño *codazo

El prota de esta historia es un tal J, británico, autor de un libro sobre el sexo en la naturaleza. Pues bien, resulta que J (a quien desde ahora llamaremos el Triste) debió ver el artículo del Huffintong, y su alma de esteta se aterró ante lo que estaba contemplando, y que describe como pornográfica colección de imágenes generadas por ordenador en las que puede verse a los dinosaurios en plena faena. Veamos las perlas que dedica a la cópula de T-Rex que encabeza este texto, en el capítulo denominado Jurassic Pork.

La más grande de todas muestra a un macho de T. rex... ¿como diríamos?... forzando a una hembra desde atrás. Ella parece sometida por completo, inmovilizada por el peso de él, esperando a que todo termine de una vez mientras él la penetra..... el ilustraor "científico" ha dotado al macho de una sonrisa malévola, una mueca levemente psicótica, rayana en el frenesí, cuando no en la degeneración... su cabeza se asoma con mirada demoníaca a sus ojos mientras la embiste... ella, pasiva, está capeando el temporal. Tiene los ojos entrecerrados, la expresión es de resignación, aunque aprita los dientes. Es siniestro.

¿Dónde ve este señor todas esas cosas? él está acuclillado sobre ella, porque me pareció que esa pose era físicamente estable para animales de 10 toneladas. Ella le ofrece su nuca en un gesto de confianza y él la acaricia con los dientes (porque los brazos son demasiado cortos, sólo los usa para sostenerse sin resbalar sobre la espalda de la hembra). La expresión de ella, al menos según las personas (mujeres) que la han visto, es de relajación y placidez, y la de él no es ninguna mueca, o sea ES LA FORMA DE SU BOCA, los tiranosaurios tienen esa expresión hagan lo que hagan, porque su mandíbula tiene exactamente esa curva.

En esta otra opina que el macho está furioso ¿furioso? es un gesto de placer. Ella, según el Triste, pone cara de aburrida. Pues claro, como la de la mayor parte de hembras cuadrúpedas hervívoras, como vacas, ovejas, cabras, búfalas, conejas, ratonas... para las que la cópula es un simple trámite ¿o alguien ha visto alguna vez a una tortuga hembra con los ojos en blanco y poniendo caritas?

Suele decirse que el pecado está en el ojo del que mira. Evidentemente este señor tiene un problema de visión, ya que es capaz de ver psicosis, frenesí y degeneración en la forma de una mandíbula, por no mencionar la mirada demoníaca o los gestos de rabia. Pero no voy a mentiros, ME ENCANTA. He logrado provocar reacciones, escándalo, asombro, indignación, el público es ahora parte de la obra ¡SOY UN DADAISTA DE LA PALEONTOLOGÍA!

En fin, no voy a aburriros con más detalles, sólo quería compartir con vosotros la exultante sensación de tener un adversario, una némesis, un enemigo mortal. Me siento como el dr. Doom frente a Reed Richards, pero en alegre y sin tanta parafernalia. DE hecho, el Triste me define como Hombre armado con una erección, y mi chica encuentra que es una descripción muy acertada.

Os dejo, acaban de encender la Follasaurioseñal, así que corro al Follasauriomóvil para recorrer las calles de Gotham, sembrando la depravación y el mal a mi paso, a la espera de que algún héroe intente detener mi carrera, embutido en pristinas y patrióticas mallas.

Pobre pringado

¡¡¡¡¡¡MUAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAH!!!!!!


jueves, 11 de junio de 2015

VA DE VIÑETAS Las Torres de Bois-Maury


No voy a mentiros: odio a Hermann Huppen. Al principio no, cuando leí Yugurta y Comanche me gustó, sin más. Era un excelente dibujante, con un estilo propio y original, que me llamaba la atención, sobre todo por el modo de trabajar los rostros, muy alejado del realismo idealizado de otros dibujantes (nada de mandíbulas de acero, narices rectas y frentes despejadas). Entonces descubrí Jeremiah, y la cosa empezó a mosquearme. O sea, sí, puedes ser buen dibujante, pero ese señor además era un buen narrador, y a medida que la serie fue avanzando vi que era un GRAN narrador. Y eso jode ¿vale? porque te acompleja ver a alguien tan bueno. Pero cuando Norma publicó en CIMOC el primer episodio de Las Torres... ¿como decirlo? pensé QUÉ CABRONAZO DE MIERDA.

Porque Hermann estaba mostrándonos que era el puto amo.

Las Torres es una gran saga medieval, ambientada en el siglo XI. Su protagonista, el caballero Aymar, viaja por Europa buscando reunir los medios para reconquistar su antiguo hogar, del cual fue expulsada su familia siendo él apenas un niño: el castillo de Bois Maury

... cuyas torres son las más altas de la cristiandad

... como dice continuamente su escudero, el fiel Olivier. Él no ha visto jamás el castillo, pero en su mente es incluso más real que en los recuerdos de su señor. Juntos nos van mostrando una Edad Media muy diferente a la que conocemos. No hay brillantes cortes, palacios, gloria, belleza, sino barro, chozas, hambre, desesperación y violencia. Todas ellas retratadas con crudeza por los lápices de Hermann.Y con un realismo que no se limita a los lápices (impresionantes, esos rostros y cuerpos tan alejados de nuestros cánones) porque no hablamos de personas que piensen como nosotros, personajes que vean la antigüedad con los ojos del siglo XXI. Aymar y Olivier son gentes de su época, y ven el mundo con los ojos de la época, sin anacronismos ni concesiones.

Los protagonistas van cruzando su camino con otros senderos, a veces familiares, a veces ajenos. En ocasiones, implicándose, porque el caballero cree firmemente en sus deberes y su honor, y eso le apareja más de una pesada carga. En otros momentos sólo son testigos de lo que va sucediendo, al igual que el lector, y quizás la historia transcurra a su alrededor sin que ellos sean conscientes, como en Sigurd, donde una vieja maldición vive sus últimos estertores ante los ojos de Aymar.

El tono de la historia cambia cuando Bois-Maury decide viajar a Tierra Santa. Asistimos a un inacabable viaje, donde conoceremos la parte que nadie nos ha narrado de las cruzadas: la atroz devastación que fueron dejando a su paso cruzados y peregrinos. Luego, de pronto, descubrimos un aspecto de la obra de la que hasta entonces no hemos sido conscientes: la luz. La luz del Oriente que lo llena todo, y nos muestra que gris y helada era, por comparación, la Europa de la Cristiandad.

Aymar conseguirá allí las riquezas necesarias para recuperar sus tierras, cerrando así la saga. Una saga donde no es la acción la que nos guía (aunque la acción nunca nos abandona, y Hermann la retrata de forma impecable) sino las personas. Como Germain, el albañil convertido en saqueador, Reinhardt, el impetuoso caballero del norte, Khaled, el joven musulmán de quien todos se burlan... y Olivier. Olivier nunca nos deja indiferentes, siempre fiel, siempre constante, siempre sacrificado y, en el capítulo final, por fin protagonista, hasta el punto de ser el verdadero artífice de la reconquista de Bois-Maury

¡Señores caballeros, sé que soy poca cosa a vuestros ojos, pero si sentís algún aprecio por el señor Aymar, no renunciéis a devolverle su tierra, para que así pueda reposar en ella!

Junto con la intensidad de la historia, el dibujo de Hermann no deja de crecer, álbum tras álbum, casi página a página. Los paisajes son parte de la narración, no un simple decorado. Las planicies sedientas, la grandeza de las cumbres, las espesuras que no han conocido apenas el hacha o el fuego, los castillos sólidos, sin adornos, los pueblos míseros y rebosantes de vida.

Vida que duele. A lo largo del camino, nos acosan el dolor, la miseria, las víctimas... víctimas, víctimas, víctimas. Muerte, violencia, enfermedad, hambre, rabia... la rabia que desborda al pope ortodoxo que, al final de William, alza sus brazos en medio de su aldea en llamas, implorando ¿justicia? ¿venganza? Tal vez solo maldiciendo a ese Dios que no ofrece más que tormentos, tan sediento de sangre como los antiguos ídolos paganos.

La serie debería haber concluido en Olivier, pero Hermann siguió más adelante*, presentándonos en siglos posteriores a diversos descendientes del caballero. Obras excelentes, sin duda, pero la saga hace cumbre en la primera etapa de esta nueva serie, Assunta, en medio del asombroso escenario de la lucha en Sicilia, antes de las Visperas. Esta vez la luz y el paisaje se apoderan de todo. La primavera, con el verde de los campos empapado por la sangre de los campesinos, el asfixiante verano siciliano, la violencia creciendo como el vapor de una olla a presión, el otoño, en el tremendo infierno del Etna, y el blanco manto del invierno, que amortaja la isla preparándola para la muerte que llegará con la próxima estación. Hermann abandona la tinta y se lanza a acuarelar con una brillantez que uno casi desearía ofrecerle mis dos manos por la suya izquierda.

No quiero dejar esta reseña sin mencionar un apartado muy especial: las mujeres. En Jeremiah, apenas hay protagonismo femenino. En Las Torres la cosa cambia. Sí, es un mundo de hombres, donde las hembras (y así las llaman) apenas tienen un espacio en el que respirar, sean campesinas, mendigas o señoras. Pero no son invisibles a los ojos de Aymar, ni a los nuestros. Babette, violada y posteriormente muerta a golpes por su propia familia. Eloise, implacable, a la búsqueda de la venganza. Concetta, tan dura y bella como Sicilia, alma de la revuelta contra los Anjou. Y, para mí, la figura más dura y compleja de todas: Alda, la ladrona, decidia a sobrevivir por mucho que el mundo intente impedírselo.

No creáis ni una palabra de lo que acabáis de leer. De verdad, no confiéis en mí, sino en vuestro propio criterio: buscad Las Torres y leedlas. Descubrid la fuerza de un verdadero narrador. Disfrutadla, y viajad. Es un viaje apasionante, de millas y de siglos. Merece cada céntimo que gastéis en él.

Odio a Hermann, muy cierto, por eso sigo buscando cada una de sus obras**, cada vez que saca un nuevo trabajo: así puedo seguir pasmándome, envidiándole y odiándole con más ganas y motivos.

* Personalmente recomiendo leer la saga inicial, diez volúmenes, y rematar con Assunta. El resto de los álbumes son más dispares y no los considero imprescindibles, aunque el siguiente, Rodrigo, tiene la peculiaridad de estar ambientado en la Castilla de la Reconquista y es una delicia para los sentidos.

** En particular os aconsejo buscar Caatinga, una historia soberbia sobre los Cangaçeiros

lunes, 4 de mayo de 2015

LA ANTICIENCIA EN LOS MEDIOS (II) El verdadero pecado



Leí El moderno Prometheo hace ya muchos años, y lo releí más de una vez. Lo tengo delante de mí, ahora mismo, en una edición magnífica, por cierto, ilustrada por uno de los últimos genios del grabado, Bernie Wrightson. Y, a riesgo de que me acuséis de hacer spoilers, os diré que la historia que se nos cuenta está a años luz del cliché infantiloide inmortalizado por la Universal en 1931.

No esperéis encontrar en esta novela jorobados, laboratorios llenos de luces incandescentes, tormentas eléctricas, gruñidos semihumanos o cerebros defectuosos. La parte científica de la obra apenas está esbozada, lo importante sucede casi de improviso: Victor Frankenstein da vida a una criatura, y al abrir los ojos, tras un sueño reparador, la ve ante él, inmóvil, su mente en blanco, incapaz de pensar, hablar, sentir, siquiera de ser, velando el sueño de su creador. Expectante.

Y Victor la ve fea.


Fea. Ese es el pecado de la criatura. No responde a las altas espectativas estéticas* de Victor, así que éste se deshace de ella. La abandona en un bosque, confiando en que muera de hambre y no deje rastro tras de sí. Luego, sintiendo que su trabajo ha sido un fracaso, retoma su vida tal y como era antes de iniciar su investigación. Poco después, empiezan a suceder cosas, muertes extrañas, y una noche una silueta surge ante él.

La criatura no ha muerto, después de todo. Ha sobrevivido, ha crecido, ha aprendido poco a poco a entender el mundo, y ha entendido que no pertenece a ese mundo. Es diferente a los otros seres vivos, sobre todo a los otros seres humanos. Esa diferencia le convierte en algo horrible, un ser rechazado y perseguido, algo que debe ser aniquilado. Y en su corazón, siente que eso es injusto. El no pidió vivir, alguien le dio la vida. Si tan diferente es de los demás, es porque no fue creado igual, así que vuelve sobre sus pasos, busca una respuesta, y encuentra a su creador. No para buscar venganza, sino para pedir justicia.

La criatura pide a Víctor que no le deje así, porque la soledad y el dolor le están volviendo malvado. Es tarde para deshacer lo hecho, para que Víctor pueda darle una vida con un sentido, con afecto, con lazos, pero su creador puede reparar el daño si le da una compañera, alguien como él, alguien que le vea con los mismos ojos, y que no le sienta extraño. Y Víctor, finalmente accede. Viaja, aprende, y vuelve a trabajar, esta vez en una mujer, una Eva para su Adán.

Y, de nuevo, siente que lo que está creando no es bello. Piensa que la criatura se equivoca, que al ver su fealdad reflejada en otro ser como él, se volverá aún más malvado**, y decide romper su promesa. La mujer no llegará a ver la luz: Victor la destruye antes de darle la vida, y luego trata de justificar lo que ha hecho ante su anterior creación, explicándole sus vagas razones estéticas y morales. Intenta que entienda que la soledad es lo mejor para el, dada su deformidad, incapaz de entender que lo que le ha arrebatado es, ni  más ni menos, que la Esperanza. Es entonces, y sólo entonces, cuando empieza la pesadilla, porque la criatura no dará a su creador la muerte, sino el mismo trato que ha recibido de él. Víctor le condena a la soledad, y le pagará con la misma moneda, arrebatándole todo lo que ama, todo lo que le vincula al mundo y a los hombres, empezando por el amor.


... I shall be with you on your wedding night.

A partir de ahí la vida de Victor empieza a desmoronarse, la criatura va dando muerte a todos los que le aman, y el doctor se ve obligado a huir, perseguido a todas partes por la venganza, hasta que encontrará, finalmente, la muerte, en los hielos del ártico. Allí vemos por última vez a la criatura, y por última vez escuchamos sus palabras, mientras maldice, no a su creador, a quien ha perdonado póstumamente, sino a su destino, que nunca eligió.

My heart was fashioned to be susceptible of love and sympathy, and when wrenched by misery to vice and hatred, it did not endure the violence of the change without torture such as you can not even imagine.


I had no choice but to adapt my nature to an element which I had willingly chosen. The completion of my demoniacal design became an insatiable passion. And now it is ended; there is my last victim!


For while I destroyed his hopes, I did not satisfy my own desires. They were forever ardent and craving; still I desired love and fellowship, and I was still spurned. Was there no injustice in this? Am I to be thought the only criminal, when all humankind sinned against me?


Se pueden extraer lecciones morales de esta obra, por supuesto, pero no son las que nos han transmitido machaconamente. Estamos muy lejos de sacrilegios o conocimientos prohibidos. El pecado de Victor no fue su desmedida curiosidad, sino su necia frivolidad. No hubo maldad en la criatura hasta que su creador se desentendió de ella, no es la ciencia quien se equivoca, es el hombre el que no es capaz de asumir sus actos y responsabilizarse de ellos.

Los medios nos han transmitido un mensaje facilón y edulcorado: saber demasiado es malo, mejor vivir una cómoda mediocridad, a salvo tras nuestra ignorancia. Mejor no hacerse preguntas, porque los que se las hacen, los que buscan las respuestas, son diferentes de nosotros. Cooper, Brennan, Grissom... Frankenstein... se nos presentan como sólo aparentemente humanos: son fríos, incapaces de sentir, están separados de nosotros y, en última instancia, son amenazadores.

Sólo es un cliché, cierto. Un cliché muy triste, que invita a la pereza y la comodidad. Y un cliché sostenido por una mentira: el daño que hizo Victor Frankenstein, a sí mismo y a los que le rodeaban, no fue consecuencia de la Ciencia, sino de su humanidad. Sus pecados fueron la indolencia, la incoherencia, y la incapacidad de asumir las consecuencias de sus decisiones.

Y esos, son pecados muy, muy humanos.

* Victor, probablemente, pertenecería a la corriente conocida como Naturphilosophie, que, entre otras cosas, incorpora un ideal de belleza a la ciencia, a partir de una filosofía finalista.

** Porque, siendo deforme, necesariamente es malvado, y ese mensaje sigue también lloviendonos desde las pantallas.
 




domingo, 3 de mayo de 2015

LA ANTICIENCIA EN LOS MEDIOS (I) Frankenciencia


En los últimos años, el analfabetismo científico de nuestra sociedad se ha ido incrementando hasta un punto en el que empieza a afectar al desarrollo de la propia ciencia. El movimiento antivacunas es, actualmente, su cara más visible, pero hay muchas otras. Tenemos a gente convencida de que les fumigan desde el cielo para ponerles enfermos con la complicidad de gobiernos y farmacéuticas, de que las ondas wifi son una conspiración para que cojan cáncer, de que el cáncer* se cura con agüita de limón pero los científicos nos esconden la verdad, de que los laboratorios se pasan el día insertando genes fosforescentes en alimentos para que a los hombres les crezcan pechos y de que habría que volver a los tiempos felices en los que se araba sin tractores y la vida era felíz, natural, y en contacto con la madre Tierra y los ciclos de la Luna**

Este muestrario de miedos no ha surgido de la nada. Los medios de comunicación favorecen la difusión de todo tipo de noticias del tipo ¡vamos a morir todos!, la red está llena de textos e imágenes que muestran los terrores que la ciencia desencadena sobre la humanidad, y el cine, las series, los tebeos y los libros rebosan de científicos jugando a ser Dios y arrastrando a la humanidad a un agujero de horrores y exterminio.

Dado que hoy tenemos muchas series de éxito protagonizadas por científicos, podría parecer que lo que he dicho es exagerado, pero si las observamos con detenimiento, veremos que hay un patrón: el científico, el cerebrín, es un anormal. Los protagonistas de TBBT son cuatro tarados encabezados por un perfecto autista, y la gracia del argumento es ver como esos inadaptados chocan con la gente normal y trata de adaptarse a la vida real. El doctor House es un científico brillante, con una mente afilada como un bisturí, pero la fuerza de su intelecto le lleva a pisotear incluso a las personas que más le quieren. La doctora Brennan es capaz de desentrañar un asesinato partiendo de un rasguño en un hueso, pero no es capaz de entender una metáfora, y la dinámica de la serie se centra en cómo su compañero Booth logra reconducir su frío intelecto hacia la realidad gracias a su fuerza emocional. El caso más paradigmático es Grissom, el protagonista central de CSI: su intelecto es una herramienta casi perfecta, tan objetiva que no hay matices que se le escapen, ni en lo científico ni en lo emocional. Pero fuera de su trabajo es un completo alien, un obseso del orden cuyas principales aficiones son la cría de cucarachas de carreras o las visitas a una granja de muertos, y cuya vida sentimental es un desierto hasta que empieza a relacionarse con una compañera tan inexpresiva como él (en esencia, Sara es Grissom con tetas)

El reflejo del científico como un ente extraño, incluso una fuerza negativa, nació, más o menos, en el periodo de entreguerras, y se consolidó durante los años de la Guerra Fría. Podemos rastrear hacia atrás en busca de la fuente original del miedo a la ciencia, pero no es necesario: hay un término que se popularizó en los años 60, primeros 70, que, si bien está hoy en desuso, señala certeramente a la causa primigenia. La FrankenCiencia (Frankenscience), la ciencia del doctor Frankenstein.

Victor Frankenstein es el prototipo, el MadDoctor original, tan obsesionado en su búsqueda de la sabiduría que no duda en hollar los senderos prohibidos y sacar a la luz conocimientos que la humanidad no debería poseer. Víctor es un Fausto sin Mefistófeles...

...a man of science who sought to create a man after his own image without reckoning upon God.

El castigo a su desmedido orgullo es el caos y la destrucción: ha desencadenado fuerzas imprevisibles que le arrastrarán, a él y a los suyos, a la condenación. Es la misma idea argumental que subyace, un siglo después, bajo el agumento de JurassicPark, El Hombre Invisible o Prometheus (un nombre elegido a conciencia, como veremos en el párrafo final). Los científicos clonan monstruos, investigan un suero maléfico o investigan en conocimientos arcanos más allá de lo humano, y en lógica consecuencia, hay gritos, terror y muerte. En la película del 93, el doctor Malcolm resume muy bien la idea: la naturaleza ya eliminó a los dinosaurios, luego resucitarlos es ir contra la naturaleza (de nuevo el sagrilegio, reemplazando a Dios por Gea).

La figura del doctor Frankenstein se ha vuelto universal. Cuando, en una narración, aparece un científico obsesionado con la investigación, podemos afirmar, con casi un 99% de seguridad, que sus descubrimientos se volverán contra él y morirá de forma horrible. Al buscar el conocimiento, el MadDoctor se alejará de sus seres queridos, perderá el contacto con la moral y romperá todos los límites. Desencadenará epidemias, creará monstruos, abrirá portales, indagará en el corazón de la materia... todo en nombre de la Ciencia, aunque eso signifique condenar a la humanidad a la extinción.

Este cliché muy triste, por dos motivos. El primero, porque entroniza la ignorancia como algo positivo: mejor no saberlo todo, hay conocimientos que el hombre no debe poseer. Y el segundo, porque la universalidad del mito de Frankenstein demuestra la universalidad de la pereza: nadie se ha molestado en leer la impresionante novela de Mary Shelley, Frankenstein o el moderno Prometheo.

* Siempre que leo el típico mensaje el bicarbonato/los limones/el agua hexgonal...cura el cáncer me pregunto a qué cáncer se referirán, porque los vendedores de humo parecen pensar que el cáncer es una sola enfermedad, no docenas y docenas.
** La época feliz y paradisiaca en la que el 75% de los niños morían antes de cumplir los 5 años, cuando cultivar la tierra significaba vivir agarrado a un arado de sol a sol, y un hongo de la patata podía significar el casi exterminio de una población

jueves, 2 de abril de 2015

DIARIO DE LA PATERNIDAD RESPONSABLE (XXI) Éste no es mi adolescente, que me lo han cambiado


Pasmado me hallo.

En estos meses hemos asistido a algunas ... no diré mutaciones, pero casi. Sé que no debería asombrarme: la vida es cambio, y como ya apunté en anteriores entradas, nuestro tierno rapaz alterna detalles de adolescente intratable con instantes de serenidad. Pero en los últimos tiempos hemos visto cosas que no creeríais: asaltar naves en llamas más allá de Orión, Rayos-C brillar en la oscuridad, cerca de la puerta de Tannhäuser, y a mi hijo recoger su cuarto sin protestar. Esta mañana, concretamente.

Los momentos lo mato y ningún juez que haya tenido hijos adolescentes podrá condenarme siguen ahí, y rara es la noche, por poner un ejemplo, que no tenemos que ponerle una recortada en los riñones para que vaya a lavarse los dientes. Cualquiera diría que la pasta de dientes le causa quemaduras de segundo grado, o similar, porque menuda fobia que me tiene  a la higiene bucal. Y a la higiene general, porque salvo para analizarse el acné y recolocarse el flequillo ante el espejo, el jodío no se para ante el lavabo ni por error.

Aunque no tenemos noticia de que ninguna familia británica haya sido ingresada en Liverpool por exposición a gases tóxicos, así que suponemos que, durante su estancia en Inglaterra, se ha lavado de forma más o menos regular. Ahora sólo tenemos que convencerle para que haga lo mismo aquí...

Ah, sí, que no lo sabíais: ha estado una semanita en el Reino Unido.  Y se ha traído de vuelta casi todo el dinero que se llevó, ergo no se ha dedicado a comprarse chorradas. Y, dado que no volvió con la misma ropa puesta con que se fue y ha usado buena parte de las mudas que llevaba en la maleta, está claro que se ha cambiado de ropa asiduamente. 

El tema estudios también avanza razonablemente: se toma las cosas bastante en serio, se esfuerza, va remontando... aún tiene problemas con algunas asignaturas pero, en conjunto, estamos (y él está) muy contentos. La presentación de los trabajos le resta puntos, pero ¿qué voy a decir yo, si Pablo F., mi profesor de dibujo, decía que yo borraba con una mortadela?

Hablando de mortadelas y otras viandas, seguimos ampliando el espectro alimentario. Sigue considerando que un ser humano podría vivir sin problemas a base de salchichas, pizza, arroz y atún en lata, pero se va abriendo a nuevos sabores y texturas.

Otro síntoma de madurez es su reacción a las charlas paterno filiales. Últimamente hemos tenido muchas, tantas, de hecho, que cuando nos quedamos solos y me ve abrir la boca ya se echa a temblar, con cara de ¿qué discurso me tocará ahora? Pero no solo los escucha con paciencia, sino que, lejos de ser un monólogo, interviene, pregunta, debate... os aseguro que su respuesta me ha sorprendido y encantado a partes iguales, incluso en las conversaciones de temática más chunga o escabrosa  (ya supondréis cuales han sido algunos de los temas tratados) 

Pero, más que las charlas, lo que más me ha impactado ha sido su reacción ante algunas situaciones que le hemos planteado. Situaciones en las que podríamos habernos limitado al es así porque lo decimos nosotros y punto, pero hemos preferido hablar con él, explicárselo y conocer su opinión. Y su respuesta ha sido madura y sensata.

Sumémosle que últimamente se implica más en las cosas de casa, que va siendo más independiente (aunque siempre insiste en saber a donde vamos cuando salimos, que te dan ganas de decirle, mira, majo, no se lo decía a mi madre cuando tenía tu edad, no voy a rendirte cuentas a ti ahora), que no ensucia tanto como antes, que protesta algo menos, que ha fregado los platos (casi) voluntariamente y que a veces expresa opiniones sensatas... son síntomas que apuntan en una sola dirección:

Diego ha sido abducido por unos alienígenas procedentes de Proxima Centauri, siendo reemplazado por un sintezoide que ha duplicado su forma de manera perfecta, pero que, inadvertidamente, se ha delatado por su evolucionado intelecto. En cuanto descubra cómo manda sus informes a su mundo de origen avisaré a la TIA.

Bueno, está la otra opción, la de que está madurando, pero, dado que estamos hablando de un teenager bien petado de hormonas, esa resulta mucho menos probable que la hipótesis próximocentaurina.

Sea cual sea, este no es mi adolescente, señores, que me lo han cambiado...

... y me lo quedo, que no soy tonto. Y que no me vengan luego los abductores con reclamaciones y porfa devuélvenos al nuestro, que todo ha sido una broma... nanay, señores, tú te lo llevaste, pues ajo y agua, que te lo quedas.

Santa Rita Rita, lo que se da, no se quita.


viernes, 13 de marzo de 2015

ALGUNAS RECOMENDACIONES Terry Pratchett (III, por desgracia)


Hace cuatro años escribí sobre Terry Pratchett en este mismo Blog. Hoy, por desgracia, vuelvo a hacerlo.

Ayer Terry Pratchett murió.

Todos los que le leíamos sabíamos lo enfermo que estaba. Todos sabíamos que había luchado, pulgada a pulgada, día tras día, sin rendirse. Todos sabíamos que no pensaba morir en vida, que cuando llegara el momento plantaría cara por última vez y, como bien dijo mi amiga Diana, rompería la baraja.

Todos, en el fondo, esperábamos que fuera inmortal, y que de alguna manera el universo le compensara por todos los buenos momentos que nos regaló desde que publicó El Color de la Magia, hace ahora 32 años. Pero el universo, como bien sabía Pratchett, no es un lugar donde nuestras esperanzas cuenten para algo.

Y todos, ayer, nos rompimos en pedazos.

Fue dolorosamente extraño. Leer que había muerto y de pronto descubrirme llorando. Llorando por alguien a quien nunca conocí, y no poder parar. Me sentí un idiota durante unos segundos, hasta que vi, a través de las redes, que la mitad de mis conocidos estaba llorando, como yo. A lágrima viva.

¿Sólo por unos libros? De acuerdo, los libros de Pratchett, de media, son buenos, y algunos son realmente brillantes. Pero he disfrutado, página por página, de toda la obra de Gould, y cuando murió no me sentí así. O sea, sí, me sentí triste* pero nada más.

¿Porque era buena persona? Mandela lo era, y no vi a nadie llorar de ese modo en mi entorno. Quizás porque es una figura cuya dimensión se nos escapa. Quizás van por ahí los tiros.

Pratchett era cercano. No un gigante, sino alguien a quien podrías cruzarte por la calle, con quien compartir una cerveza charlando animadamente. Los que le leíamos, al final, sentíamos que era un amigo, alguien real, no un nombre rutilante sino una persona tan de barro como nosotros. Y sus libros no prentendían pasar a la historia de la iteratura. Sólo hacernos reir, y pensar.

Y pensar riendo. Y reir pensando.

De alguna forma, intuíamos que nos decía la verdad, sin disfraces. Nos quitaba peso, para que viéramos que nada tiene sentido, que no importa, que el mundo sigue girando al margen de lo que pensemos o digamos. Y, al mismo tiempo, ese mensaje, en vez de desesperarnos, nos animaba a disfrutar de todo lo bueno que nos rodea o nos encontramos. Nos animaba a compartir una cerveza charlando animadamente con un amigo, sí, porque quien sabe si mañana ese amigo estará ahí. Nos animaba a amarnos, a reir, a correr y a gritar. Y a protestar y no conformarnos, a no pasar por el aro ni preocuparnos por lo que digan o señalen los demás.

Porque el mundo pasa de nosotros, no le importamos un ápice, y quizás mañana un meteorito nos parta en dos, o te resbales al pisarte un cordón y te abras la cabeza contra el bordillo. Así que no esperes a que las cosas sucedan, no pienses que lo bueno puede esperar, ni dejes para mañana lo que debe hacerse, no sea que mañana no llegue nunca y nadie pueda hacer por ti lo que dejaste para otro momento.

Y, sobre todo, nos dijo, usad la cabeza, y al menos aprended a desconfiar de quien no merece confianza, sobre todo si dice cosas como bien común**, mal menor*** posteridad****, sacrificio***** confianza****** y estabilidad*******

Pratchett nos hablaba como si fuéramos capaces de entenderle. Quizás por eso sentíamos que era un amigo entrañable, alguien que formaba parte de nuestras vidas, y nosotros de la suya. Por eso ayer nos sentimos, todos, huérfanos. Y, al compartir nuestro dolor, nos sentimos un poco menos solos, así que incluso al morir nos dejó un regalo.

(y hablando de regalos, si tenéis que hacer alguno, recordad que comprando un libro de Pratchett, apoyais el derecho a morir con dignidad, y ayudáis a los orangutanes)

Adiós, Terry. Espero que Offler, el dios Cocodrilo, te reciba con una sonrisa (y bien sabe Offler lo difícil que es sonreír con todos esos dientes estorbando)

* En un ensayo Gould hablaba de que todos estamos a seis apretones de manos de cualquier persona. En su caso, me quedé a uno :-(

** Un bien común que, sospechosamente, coincide exactamente con una situación en la que esa persona vive, no sólo rica y próspera, sino mucho más rica y próspera que tú.

*** Para entendernos, cualquier cosa que pueda hacer perder riqueza y prosperidad a quien usa ese término es un mal mayor. Si el que pierde riqueza y prosperidad eres tú, eso es un mal menor.

**** Dado que tu nombre dificilmente saldrá jamás en los libros, la posteridad es algo que no debería preocuparte al nivel en que deberían preocuparte cosas como ¿qué comeré hoy? ¿y mañana? ¿y qué comerán mis hijos? Ninguna de esas preocupaciones suele legarse a la posteridad

***** Los sacerdotes aztecas debían decirle a sus victimas cosas como "todos debemos sacrificarnos un poco, vale, te voy a abrir el pecho con una obsidiana afilada pero ¿tú sabes lo cansado que es abrir pechos con obsidiana? ¿y me ves quejarme, acaso? pues entonces deja de poner esa cara, que luego me acuerdo y duermo mal".

****** Como dijo Rincewind, el que grita "adelante, avancemos sin miedo" suele ser el único que lleva la armadura a prueba de flechas y está escondido tras una roca

******* Estabilidad es un término que se traduce por "a ver si los de abajo os estáis quietecitos, que aquí arriba no hay quien duerma con tanta protesta y tanta tontería"

jueves, 5 de marzo de 2015

MI VIDA COMO ELEFANTE


Si fuera un elefante, cambiaría mi forma de sentir.

Los ojos de los elefantes están separados a los lados de la cabeza, y apenas tienen visión en profundidad. Cada ojo ve algo diferente, y no muy bien: sus pestañas, largas y espesas, les impiden ver con nitidez.

Si fuera un elefante, mi mundo sería borroso. 

Las manos del elefante no cogen ni sienten (aparentemente) pero la nariz lo hace por ellas. Mi trompa no sólo coge: una trompa, sobre todo, toca. Me dice qué hay ante mí, su aspecto, su tacto, su calidez. Me dice si es bueno para comer, si es amistoso. Si es alguien. Si es alguien a quien quiero, en quien confío.

Un elefante solo no es un elefante. Si fuera un elefante querría estar rodeado de elefantes. Desde el día de mi nacimiento, en medio de un bosque de sólidas patas y trompas que me acarician, me confortan, me protegen.Y con mi pequeña nariz iría descubriendo el mundo. 

Si fuera un elefante, acariciaría a los demás elefantes. Mi trompa sobre sus trompas, como un apretón de manos. Mi trompa sobre sus rostros, su cuello. Sus colmillos, tan únicos que, aunque sólo encontrase el cráneo de un elefante pelado al sol, sus colmillos me dirían si alguna vez le conocí.

Si fuera un elefante, mi madre me guiaría y me enseñaría con paciencia. Lentamente. Crecer lentamente, caminar lentamente. Comer lentamente, nuestra comida, después de todo, no se va a ir a ninguna parte

Vivir lentamente, dejando que el día se deslice sobre mi piel, sin prisa.

Salvo si hay agua, mucha, abundante, y mi trompa pasaría a ser un juguete, regocijándome con frescos chorros, y barro en abundancia para mi piel.

Si fuera un elefante, daría gracias por la brisa fresca, y por cada trago de agua, y aprendería como encontrarla. Para ser elefante, hay que saber muchas cosas. Dónde están los pozos que no se secan, cuáles son las mejores rutas, cómo excavar buscando el agua.

Aprendería a leer con mis manos. Sí, esas que, aparentemente, sólo me llevan. Pero también escuchan. Mis manos leen los murmullos del suelo, y los pasos cercanos y lejanos. Si fuera un elefante sabría reconocer las señales de otros elefantes a muchos kilómetros, dando secos pisotones para decir dónde están. Y reconocería el sonido, único, del agua bajo la dura costra reseca bajo el sol.

Sabría guardar esas energías que ahorro lentamente, día a día, para los breves momentos en los que la vida se acelera. Cuando hay que luchar para copular, para defendernos si alguien nos ataca, para proteger a los pequeños.

(Si fuera un elefante, ay de quien molestase cerca de mí a un elefantito)

Y, si fuera un elefante, me alejaría sin prisa de aquí, caminando despacio hacia el crepúsculo, perdiéndome entre las altas hierbas mientras los últimos rayos del sol tiñen de rojo la llanura y acarician mi espalda.

Sí, sería bueno vivir esa vida, una vida larga y calmada, paso a paso, caminando sin prisas a lo largo de los años, viendo pasar las primaveras y los estíos, la lluvia y la sequía.

Si no existieran los humanos, sería bueno ser elefante