Mujer iroqués

domingo, 1 de marzo de 2020

CUIDADOS (III) Cuidados logísticos

Llegamos a la parte más ¿materialista? del tema. Puede ser una buena palabra, después de todo yo soy materialista, desde el momento en el que creo que las cosas que nos suceden tienen bases materiales.

¿Porqué llamo logísticos a este tipo de cuidados? La logística (cito al diccionario) es el conjunto de los medios necesarios para llevar a cabo un fin determinado. En nuestro caso, el fin es el bienestar de nuestras personas más íntimas y de nosotros mismos, y si bien muchos de los medios que llevan a ese fin son de tipo no material, como los reseñados en la anterior entrada, otros son mucho más físicos. Vamos a ver algunos ejemplos.

_ Mudanzas. Todas conocemos unas diez mil anécdotas graciosas sobre mudanzas, sobre el escaqueo, el follón... pero eso no debería esconder el hecho de que una mudanza puede ser un trastorno muy duro y que es un momento en el que no basta con hacer acto de presencia, además hay que hacerlo de forma útil y razonada. No se trata sólo de cargar cajas, hay que asegurarse de que cuando la mudanza acabe dejes preparado un espacio realmente habitable. Caso real: en la que hicimos hace dos años el primer porte fue colectivo, para llevar los elementos más grandes, y en los siguientes una parte de los asistentes siguió con los portes mientras la otra iba montando armarios y distribuyendo los elementos más básicos, de forma que esa noche se pudiera dormir ahí y empezar a hacer vida a la mañana siguiente. Hacer acto de presencia, saludar y marcharse no es una ayuda, como no lo es mandar corazones y abrazos.

_ Transporte. Caso real, persona lesionada necesita apoyo para llevar bombona de butano. En esta ocasión quien acudió fue alguien que es una intersección (maravillosa) con nuestra red. De nuevo es importante tener claro quienes son las personas que realmente están ahí y cual es su disponibilidad y eficacia.

Sí, suena de lo más frío, pero como dije al principio de esta serie me parece absurdo creer que la gente es intercambiable. Es tan simple como saber que yo no tengo coche, luego yo no podría ayudar en esa situación. Y alguien con una lesión de espalda no debería ayudarnos a mover muebles. Hay que saber siempre con quién puedes contar en cada situación*.

_ Habitabilidad. Caso real, alguien necesita resolver una acumulación prolongada de caos en su casa. Esa persona podría hacerlo por su cuenta, poco a poco, pero ese mismo esfuerzo puede resultar menos gravoso si estamos disponibles para vaciar estanterías, mover, fregar, clasificar, empaquetar... y de nuevo calculando con frialdad cuantas personas debemos estar para no estorbarnos unas a otras y resultar lo más eficaces posible.

_ Planificación de actividades. En todo grupo hay una lamentable tendencia a descargar esas funciones en la persona que sabe. Pero como ya he dicho en varias ocasiones, si somos adultos funcionales, todos deberíamos ser capaces de planificar y no dejar que sea siempre la misma cabeza la que se coma ese esfuerzo. Y si de verdad sólo ella está en condiciones de hacerlo, procurad descargarla de todo el trabajo adicional que suponga esa planificación. Por muy capaz que parezca alguien de asumir peso, si lo asume todo, se romperá.

Todo lo que estoy diciendo de nuevo son lugares comunes, pero no por ello deberíamos dejar de machacarlos. Caso real, una conocida necesitaba ayuda para una reparación doméstica. Aunque nuestra relación no iba más allá de una simpatía mutua acudí a ayudarla porque NI UNO SOLO DE SUS VÍNCULOS SE OFRECIÓ. Debían estar demasiado ocupados fluyendo, no pensemos mal.

La cuestión es que estas ayudas que suenan tan banales son las que mejor encajan en la metáfora que vimos inicialmente, la de las cucharas. Si una persona se encuentra con situaciones como esas y no tiene ayuda, va a consumir una cantidad desproporcionada de cucharas. Y eso puede parecer intrascendente a quienes de partida tienen una buena reserva, pero hay quien va siempre muy, muy justa.

Y eso por lo que se refiere a situaciones puntuales, pero hay al menos dos formas de cuidados cotidianos que pueden ser básicos a la hora de apoyar.

_ Cocinar de forma cooperativa. Qué chorrada ¿verdad? Qué pedestre. Pero puede suponer una diferencia muy grande si cuando planificamos nuestras comidas lo hacemos de modo que esas comidas puedan compartirse.

Caso práctico. Si trabajas en casa puedes planificar bien tus tiempos de cocina. Si decides preparar croquetas, el trabajo previo (hacer la masa con el relleno y dejarlo reposar) es exactamente el mismo si preparas 50 croquetas que si preparas 90. La diferencia viene a la hora de envolver, ya que ahí sales a croqueta por minuto. Diferencia final, 40 minutos. Si le pasas esas 40 croquetas a alguien para que las congele y dosifique, a razón de 7 por vez tiene entre cinco y seis comidas resueltas, lo que supone facilmente unas 10 horas de trabajo suyo ahorradas por 40 minutos tuyos. Quien dice croquetas dice guisos, escabeches, empanadas, bollería... y de paso llenas tu instagram de fotos apetitosas

Y no se trata solo de guisar. Hablamos de cosas como planificar compras, organizar un grupo de consumo... insisto, sé que es algo muy básico, muy banal, pero es que el mayor gasto de energía, de cucharas, es el día a día, el agotamiento, el sentir que todo recae sobre nuestras cabezas. Si una persona llega a casa sin fuerzas, sin tiempo para respirar porque vivimos situaciones laborales que más parecen un paso por un exprimidor de limones que un modo de ganarnos la vida, el saber que no tienes que ponerte a cocinar en ese momento puede ser la diferencia entre consumir tu última cuchara o poder descansar un poco. Y más si esa comida es, además, un gesto de afecto, con todo lo que implica

La cultura del tupper, esa que vinculamos a nuestras madres y abuelas, debería ser parte integrante de nuestras relaciones. Si es que de verdad nuestras redes son nuestras familias elegidas, y no una distracción temporal.

_ Crianza. Y llegamos a la madre del cordero. Si entre tus vínculos hay personas con peques, y vuestra confianza mutua es la necesaria para algo tan importante, podéis colaborar en la crianza. Si no lo habéis vivido no podéis imaginar el desgaste físico y emocional que supone maternar.

¿Qué implica esto? que las personas de una red que vayan a colaborar en una crianza deben estar bien organizadas, de modo que siempre haya alguien disponible tanto para el día a día (ir y venir del cole, revisiones médicas, ocio) como en casos de emergencia (enfermedad, accidentes, puentes, festivos sólo lectivos...) de modo que esa persona a nuestro cuidado nunca se sienta dejada de lado y su padre/madre pueda respirar, e incluso dedicarse un poco a sí misma. Le estás dando lo que más falta le hace: TIEMPO

Eso es importantísimo, si nos involucramos en una crianza NOS COMPROMETEMOS. Hace unos años Alicia Murillo habló de lo dura que puede ser la vivencia poliamorosa para les peques, sobre todo si quienes están a su cargo se dejan llevar continuamente por la NRE y además toman sus decisiones en base a sus emociones del momento. Siento decirlo así, porque suena a que si hay menores en juego tu libertad se ve restringida, pero criar implica dar a esa persona que no puede defenderse una estabilidad emocional y presencial. No puede ser que une peque vea como sus personas de referencia, sus cuidadores, van cambiando cada pocos meses. Algo así le supone, por una parte, tener que adaptarse una y otra vez a situaciones nuevas y estresantes, y por la otra puede llegar a sentir que sus afectos son algo volátil y sus emociones carecen de valor para los demás.

Si te comprometes en una crianza ES PARA CUMPLIR. Si no va a ser así, no se te ocurra ni proponerlo ni pensarlo siquiera. Asume que no es para un día o una semana, que te comprometes a largo plazo. Y que en esa relación lo importante no vais a ser los adultos, que si hay que trocear un pollo, te vas a comer el pescuezo y lo harás asegurando que está delicioso

Si hay menores contigo, no sexteas, no fumas, no llevas drogas (ni una miserable pastilla) ni vas a recogerle oliendo a alcohol, hablas de forma correcta y, si conduces, vas en primera y con el freno de mano echado.

Y añadiré una dificultad más. No basta con que tu vínculo y tú esteis de acuerdo y tengáis esa confianza. Debes contar también con la confianza y la aceptación del/la menor. Si no cuentas con su confianza, con su permiso, NI TE ACERQUES.

Siento ponerme tan radical y tajante, pero he conocido al menos un caso muy doloroso y no quiero ver que se repite por la inconsciencia o la falta de compromiso de quien no sabe donde se está metiendo.

Ahora bien, si todo encaja, y si cuentas con esa aceptación, entiende que te están haciendo un presente valiosísimo y doble. Por una parte estás recibiendo un regalo de la confianza más elevada que puedes imaginar, y por el otro tienes la oportunidad de hacer algo muy valioso, un aporte real, quizás el más importante en términos de cucharas.

Se dice, hace falta la tribu para criar a un niño. Bueno, se supone que lo que hacemos no es pasar el rato, que estamos configurando algo diferente. Y no es mala cosa formar una tribu

Y aquí termino mi exposición. Sé que lo que he contado en estas tres entradas no contiene nada revolucionario, no ha sonado nada glamouroso y no se parece en nada a esa vida festiva y plena que se supone vivimos cuando entramos en las relaciones abiertas (y que existe, ojo, hay redes de afecto sin problemas de cucharas, benditos sean)

Como dije al comienzo de todo, sólo puedo hablar de lo que conozco, y no tengo los conocimientos necesarios para teorizar sobre nuevos marcos de referencia. Pero si vosotros los tenéis, no pasa nada si, mientras teorizáis, dedicáis parte de vuestro tiempo a lo práctico. A compartir vuestras cucharas, porque sin ellas no hay teoría que valga una mierda.

Anexo de última hora: si queréis leer más sobre este tipo de temas (lo que no te cuentan de las relaciones abiertas, o lo que creemos que sabemos, hasta que nos damos con la realidad) os recomiendo con fervor que visitéis https://31ninjas.home.blog/


* Hay casos muy evidentes. Si uno de tus vínculos necesita hospitalidad, sólo podrás ayudar si tienes espacio para acoger**. Si necesita un respaldo económico, como un aval para un alquiler, sólo podrás apoyar si tu situación económica es buena. Y no nos engañemos, vivimos en unos tiempos de precariedad que hacen que esos casos sean muy reales, no algo que vaya a pasar en lugares ignotos

** Y sólo podrás hacer eso si vuestra confianza y sobre todo vuestra flexibilidad y adaptabilidad es la adecuada como para convivir sin que eso se vuelva un lastre. Estamos hablando de una situación que puede ser muy problemática

sábado, 29 de febrero de 2020

CUIDADOS (II) Concretando los cuidados emocionales

Ya he definido los cuidados y sus circunstancias. Ahora toca revisar los diferentes tipos. Yo los divido en dos grupos: emocionales y logísticos. Podría decir materiales en vez de logísticos pero prefiero ese término, creo que una vez lleguemos a ese punto lo entenderéis.

Los cuidados emocionales nos ayudan a sobrellevar los momentos difíciles. Situaciones que nos ponen al límite de nuestras fuerzas y nos llevan al borde de la desesperación. Y no se trata sólo de acontecimientos extraordinarios, de hecho la mayor parte de nuestro agotamiento y nuestra tensión provienen del día a día, de situaciones que hemos normalizado de puro cotidianas, pero nos desgastan y nos llevan poco a poco hacia abajo.

Voy a desarrollar algunos los cuidados de este tipo que me parecen más importantes.

_ Escucha activa. Parece fácil, pero implica mucho más que oír lo que esa persona necesita decir. Implica atención, empatía y diálogo constructivo. Aunque el tema te parezca trivial, para tu vínculo no lo es, así que no intentes verlo desde tu perspectiva, sino desde la suya. Y, por supuesto, eso significa que debemos centrarnos en lo que necesita compartir, no compararlo con nuestra propia situación ni desviar la conversación ni mucho menos interrumpirle para mirar mensajes. Igual que hay tiempo de calidad, hay escucha de calidad.

_ Atención. Debemos ser capaces de notar cuando nuestros vínculos se encuentran mal. En demasiadas ocasiones las personas tienden a ocultar sus problemas, porque sienten que deben afrontarlos solos, así que es preciso estar atentos a los síntomas. Y si vemos indicios de que algo no va mal, no debemos callar. Creo que en esos casos lo mejor es ser directos, no preguntar ¿Cómo estás? sino decir lo que estamos notando y expresar con claridad nuestra preocupación. Si pese a todo esa persona prefiere sobrellevar la situación a solas debemos respetar su decisión, recordándole que si cambia de idea estaremos ahí.

Acogimiento/abrigo. En ocasiones no necesitamos escucha o consejo, sólo un paréntesis, un espacio seguro para dejar a un lado la carga, vaciar la cabeza y recuperar fuerzas. Puede ser salir, ir de fiesta, pasar unos días juntos aislados de todo, pasear, o tan sólo disfrutar de unas horas calmadas debajo de una batamanta. Se trata de ayudar a construir ese espacio seguro y disfrutarlo, sí, pero sin olvidar que estamos cuidando, que no se trata de nuestra diversión, sino de su reposo. Quiero decir, que si vais a una rave, será porque te ha propuesto explícitamente ir a una rave, no porque a ti te apetezca mucho asistir.

Respetar el espacio. Esto es algo que en demasiadas ocasiones pasamos por alto. A lo mejor lo que necesita nuestro vínculo es su propio tiempo, su propio espacio y su propio aire, y en ese caso tan importante como saber estar es el saber NO estar. Si estoy agotado y tengo por delante unos días libres, a lo mejor lo último que necesito es que aparezcas en mi puerta para animarme. Puede que no necesite animarme, sólo tener ese tiempo para mí, para recoger, limpiar, disfrutar de una lectura, darme un baño relajado, masturbarme, mirar el techo LO QUE SEA. Sarah Anderson lo explica mucho mejor que yo.


Por supuesto, como dije en la primera entrada, ni somos telépatas ni adivinos, pero como medida preventiva nunca deberíamos dar por hecho que hay que rescatar a alguien de su soledad. Y la manera de hacer las cosas es muy simple: preguntar. No es tan difícil, sólo decir ¿te apetece que vaya a verte, o necesitas intimidad?*.

_ Acompañamiento. Justo lo contrario de lo que acabo de plantear. Hay situaciones en las que es es preciso acompañar físicamente porque afrontarlas en solitario puede ser muy duro. Y debemos estar ahí sí o sí. Por ejemplo, pruebas médicas, intervenciones quirúrgicas, poner una denuncia, hospitalizaciones, exponer un TFC, una charla en público, presentar un libro... algunas de esas situaciones pueden parecernos banales, pero la diferencia entre vivirlas con angustia y pasarlas con calma, puede ser tu presencia y tu apoyo.

Y lo mismo cabe si nuestro vínculo sufre una crisis de ansiedad, un ataque de pánico... si no puedes estar ahí en ese preciso momento, usa el móvil: habla que escuche tu voz, que te sienta, no intentes solventarlo con un chat.

Cumplidos. Es una palabra que me encanta. Se refiere a decir a esa persona las cosas buenas que pensamos de ella y recordarle todo lo positivo tiene. Sí, suena a obviedad, pero muchas veces se nos olvida lo obvio.

_ Amabilidad. Con este término me refiero a la forma de decir las cosas. Si crees que alguien está actuando equivocadamente no debes mirar para otro lado: debes ser sincero y explícito. Pero también creo que es muy importante ser amable. La sinceridad sin amabilidad puede ser treméndamente cruel. Yo he sido cruel y me he autoengañado diciendo que estaba siendo sincero, que me estaba protegiendo, que no estaba preparado para una situación así... pero son sólo excusas. Fui cruel porque no vi nada malo en serlo, y es un error horrible.

Hay muchas otras formas de cuidar emocionalmente. Algunas, como veis, no son necesariamente presenciales, pero salvo que se trate de relaciones a distancia no es mala idea tener en mente cosas como, en caso de una emergencia ¿cuanto tardaría en llegar hasta ti? Vale, eso suena un poco a paranoia pero quiero decir que es bueno tener un protocolo. Por precaución y por respeto, hacia tu tiempo y hacia el de tus vínculos. Por poner un caso menos exagerado, conviene establecer y respetar una agenda, saber cuando no podemos centrar nuestra atención (por ejemplo por motivos laborales) porque, como hemos visto, estas situaciones requieren ese nivel de atención.

Y aunque no haya ninguna situación mala, tener pequeños espacios dedicados específicamente a nuestro vínculo es algo muy positivo. Reservar, quizás, unas horas al día para simplemente charlar, o mandarnos mensajes moñas, o contarnos chistes bobos... lo que nos apetezca, eso también es cuidar, y cuidarnos. Si no es posible establecer esa, digamos, rutina de afecto (no todos tenemos una vida razonablemente ordenada y previsible, de hecho en nuestro entorno lo imprevisible es más normal) sí reservar parte de nuestro espacio libre, y ofrecérselo cuando surja, nunca como una obligación, sino como una opción. Y si no puede o no desea aprovecharlo, aceptar eso igualmente con una sonrisa, porque tan importante como facilitarle a alguien los momentos duros es facilitarle el poder decir No.

Un último punto antes de terminar: los cuidados no son terapia. Si alguien está mal podemos ayudarle a sobrellevarlo, pero si necesita ayuda más cualificada, salvo que seamos profesionales de la psicología (y tampoco, ya que estaríamos implicados emocionalmente) debemos animarle a buscar esa ayuda.

No esperaba alargarme tanto con el tema de los cuidados emocionales, pero una vez más me ha perdido mi logorrea (¿Hay una palabra equivalente para el concepto "extenderse demasiado al escribir"?) así que dejaremos los cuidados logísticos para otra entrada.

 Y, por favor, si creéis que podéis añadir o corregir algo, no lo dudéis, como dije en la primera entrada esto es sólo mi opinión y mi experiencia, y puedo ser muy ignorante o estar muy equivocado.

* Y, por supuesto, preguntar las cosas de una forma no agresiva , no es lo mismo decir ¿no quieres verme? que ¿necesitas espacio?


jueves, 27 de febrero de 2020

CUIDADOS (I) conceptos básicos

En las últimas semanas he leído bastantes comentarios sobre el tema de los cuidados dentro de las relaciones abiertas. En algunos momentos la conversación derivaba hacia detalles que, personalmente, se me escapan, por demasiado teóricos o demasiado abstractos. Pero creo que vale la pena hablar del tema, por eso me he decidido a desarrollarlo en esta mi (no santa) casa virtual.

Vaya por delante que no tengo la formación ni la experiencia precisas para teorizar, por eso voy a limitarme a opinar sobre lo que conozco de primera mano. Hoy expondré el contexto y en la siguiente entrada iremos a lo concreto, los tipos de cuidados.

Lo primero que debemos hacer es explicar qué son y qué no son los cuidados. Para mí son el conjunto de acciones que mejoran la vida de nuestras personas queridas, de modo que puedan superar mejor las dificultades del día a día y las de las situaciones inesperadas. Eso significa que, salvo en contadas ocasiones, cosas como salir de copas, ir de fiesta, echar un polvo... no son cuidados, sino ocio y diversión compartidos. Por supuesto puede haber momentos específicos en los que esa persona necesite esa diversión y ese ocio, pero la diferencia, a mi entender, radica en que no suponen en sí un esfuerzo para la otra parte.

He usado la palabra esfuerzo. De nuevo desde mi punto de vista, las relaciones y los vínculos implican un esfuerzo. En las relaciones laborales, docentes, familiares, amistosas... hay esfuerzo, no de forma continuada, pero sí en situaciones puntuales, y es absurdo plantearse que las relaciones emocionales no funcionen así.

He oído en demasiadas ocasiones (sobre todo dentro del entorno de la anarquía relacional, pero también en el ámbito poliamoroso) que en las relaciones no hay que esforzarse sino fluir. Llamadme escéptico o materialista, pero en general cuando alguien usa ese tipo de términos, sospecho que no estará ahí cuando sus vínculos realmente necesiten apoyo. Si estás agotado/a, has sufrido acoso en el trabajo, te encuentras en una mala situación económica, tu salud está por los suelos, te han duplicado el alquiler o se te ha caído todo el enyesado de la cocina, probablemente necesites algo más que un guasap con corazoncitos y caras sonrientes o un comentario del tipo cómo te comprendo, voy a hacer biodanza para enviarte mis energías positivas.

Eso no significa que la persona fluida sea un jeta o pase de ti. Puede que realmente piense que eso que está haciendo es cuidarte, igual que hay quien cree que rezar es hacer algo. El problema es que tú vives en la Tierra, y él en el Planeta de las Piruletas.

Otro término con el que no estoy de acuerdo es el de la reciprocidad exacta. Hay quienes requieren más cuidados, y quienes están en mejores condiciones para cuidar. Me gusta mucho el símil de las cucharas  porque asume de forma explícita ese desequilibrio. Algunas personas tienen una cantidad de cucharas muy reducida, y para ellos es tremendamente costoso compartirlas. Otros, en cambio, disponen de una reserva enorme de ellas, y pueden ofrecerlas con asiduidad. Es imposible ajustar las cuentas a cero, siempre va a haber un desequilibrio, porque nuestras circunstancias no son iguales.

Eso no implica que la gente cuidadora tenga un suministro inagotable de cucharas. Tienen más, eso es todo. Pero si en una relación, del tipo que sea, es una sola persona la que siempre aporta los cuidados, acabará viniéndose abajo*. Podemos encontrarnos con gente que toma y nunca ofrece nada, y por eso es importante plantearse la siguiente pregunta:

¿A quien debemos ofrecer o pedir cuidados?

Caso real. Hace años, una conocida con quien no tenía ningún vínculo emocional me solicitó cuidados. Esa persona tenía (tiene) pareja y relaciones, pero esos vínculos no le daban cuidados, así que me los pidió a mí. No se los di: por grande que parezca mi suministro de cucharas, tiene un límite. Y si lo derrocho  mis vínculos (y yo mismo) pueden quedar desatendido. Así que tengo que tener claras las jerarquías.

Hay quien opina que no debe haber ningún tipo de jerarquía en nuestras relaciones. Yo no estoy de acuerdo porque para mí las personas no son intercambiables. Por muy bien que me cayera esa conocida, y por mucho que la encontrase agradable, interesante e incluso atractiva, yo no era quien debía atender sus necesidades. Si no era capaz de pedirle esos cuidados a sus vínculos, o si sus vínculos no eran capaces de ofrecérselos NO ES MI RESPONSABILIDAD

Y llegamos a otro término que mucha gente le causa rechazo. La responsabilidad. Cito a Mosca Cojonera: El poliamor (y similares) no son una forma de tener menos ataduras: es una forma de tener más. (léase responsabilidades donde dice ataduras)

Soy responsable de mis vínculos. Aunque puedo apoyar o ayudar puntualmente a otras personas, mis vínculos son a quienes voy a dedicar mis cuidados de forma consensuada y estable. Y no quiero decir mis amantes o mis amores, porque puedo no tener sexo con una persona o no estar enamorada de ella y sin embargo establecer un vínculo afectivo real.

Esto es bidireccional. Tan responsable es quien cuida como quien es cuidado. Si alguien me ofrece sus cucharas, ni debo derrocharlas ni debo tomarlo como un derecho. Agradezco tus cucharas, me esfuerzo por aprovecharlas y, si más adelante estoy en condiciones de compartir las mías contigo, las ofrezco igual que me ofreces las tuyas.

Puede que os esteis preguntando porqué he escrito términos como ataduras o responsabilidades. Porque una relación de este tipo implica un compromiso, no un gesto ocasional. Si uno de mis vínculos sufre, por ejemplo de depresión, o de acoso laboral, o un problema grave de salud, eso no va a solucionarse mágicamente con unos abracitos, y va a ir para largo. He oído en más de una ocasión comentarios del tipo es que no se puede contar contigo para nada o parece que estés esperando a que me lo esté pasando bien para llamarme. Y yo los habré usado en más de una ocasión y ahora me daría de bofetadas por ello

Repito: bidireccional. Si estoy recibiendo cuidados de alguien, respeto sus espacios, su intimidad y sus tiempos. Puede haber situaciones de emergencia, pero si somos adultos funcionales no podemos descargar el peso de nuestro bienestar en otra persona ni reclamar constantemente su atención.

Esto se consigue acordando las cosas con claridad. Si necesitamos el cuidado de alguien, debemos expresarlo con claridad, no esperar a que la otra parte lo intuya. Cuando E y yo vimos que podíamos confiar y entendernos, me expuso con términos concisos el tipo de cuidados que podía requerir de mí y viceversa. Eso nos permitió establecer un mínimo de base, y ese mínimo es una atadura, un compromiso real que sigue vigente mientras no negociemos otro. Todo lo demás es un extra que nos ofrecemos porque lo deseamos, no una obligación.

Atadura. Compromiso. Obligación. Suena muy poco divertido. Pero es que la parte divertida la disfrutamos ambos, no supone un esfuerzo.

Para terminar, esto no significa que una relación sin compromisos ni cuidados sea mala en sí. Se habla mucho dentro del discurso poliamoroso del consumo de cuerpos, presentándolo como algo negativo por la carencia de vínculo emocional, pero en sí la promiscuidad no tiene nada de malo, siempre y cuando las partes implicadas sepan qué está pasando. Y sucede lo mismo en el caso del consumo emocional: hay gente que inicia una relación, disfruta del subidón inicial y, en cuanto se le baja el chute de endorfinas pasa directamente a la próxima. Y ni siquiera da por terminada la previa, porque se trata de una relación abierta y eso evita el conflicto de una ruptura, ya se encargará el tiempo. Ambas posturas son legítimas, insisto, una relación puramente hedonista es tan válida como cualquier otra.

Ahora bien, si eliges relaciones en las que no se te requieren cuidados, no tienes derecho a protestar y quejarte por no recibirlos: como adulto funcional eres responsable de cómo decides relacionarte, y debes asumir las consecuencias de esas decisiones.

Un último punto: no puedes cargar con el peso del mundo. No hay nada vergonzoso en decir no puedo y tomarte un respiro del mundo, y tus vínculos deben ser capaces de entenderlo y respetarlo.

* la queja de mucha gente (hombres) sobre lo mucho que se divorcian las parejas ahora parece obviar el hecho muy descarado de que el peso de los cuidados en las parejas sigue gravitando desproporcionadamente sobre las mujeres. Y no es que ahora tengan menos paciencia, es que hoy en día tienen una salida

domingo, 23 de febrero de 2020

LOCURAS CHURCHILLIANAS

Demasiado tiempo sin escribir. Tenía el propósito de publicar más seguido en enero, pero ya sabéis lo que pasa con los planes de los ratones y de los hombres. Pero bueno, aquí estoy de vuelta, así que gracias a quienes sigáis por aquí por vuestra paciencia

Hace poco he acabado el trabajo para un nuevo monográfico de tecnología militar, esta vez centrado en los aparatos que no funcionaron como se esperaba, o que resultaban tan sofisticados que resultaba imposible producirlos e incluso usarlos, y dentro de ese proyecto he incluido una sección que se podría resumir en PERO ¿QUIÉN PENSÓ QUE ESTO ERA UNA BUENA IDEA?

Pues bien, dentro de ese apartado de Cacharros Majaretas, hay uno que no me resisto a comentar por aquí, ya que lo tiene todo: ideas imposibles, fantasía desbordante, esfuerzo tecnológico valdío y un rostro famosísimo detrás. Ni más ni menos que el ínclito, el inimitable, el único....*redoble de tambores*... ¡¡¡¡¡WINSTON CHURCHILL!!!!!, que cuando estaba inspirado era para echarse a temblar

Porque, como la Historia la escriben los vencedores, a veces parece que las ideas ridículas sólo se les ocurrían a los alemanes. Pero los aliados en general, y los ingleses en particular, tienen una buena cantidad de inventos absurdos, y el que voy a presentaros es digno, no sé ¿de Julio Verne?

Pues resulta que una mañana nuestro primer ministro británico favorito Winston se levantó así, como animado, y le comentó a su mayordomo ... porque yo me imagino a Winston con un mayordomo, así, muy serio, con su elegante traje negro y su plastrón, y siempre una bandeja a mano con una botella de brandy para el desayuno del señor... Bueno, pues eso, que Winston, se levanta murmurando, qué magnífico día para matar boches, y luego le dice al mayordomo

James, mi buen amigo, estaba yo pensando anoche antes de dormirme, con eso de que en nada tendremos una nueva guerra de trincheras como en 1914, sería una buena cosa que hubiera un tanque subterráneo. 

- Por supuesto, milord. Permítame decirle que me parece un pensamiento muy inspirado

- Nah, una fantasía imposible, mi buen James. Construir algo así sería complicado, costoso... probablemente no lograríamos llevar un proyecto así a buen puerto, es mejor centrarnos en las cosas prácticas

- Si me permite la osadía, milord, añadiría que para construir algo tan formidable hace falta tener los huevos bien puestos, los ingleses, le ruego me disculpe, ya se sabe...


(James, por si no lo habéis deducido, es un mayordomo escocés, y con su delicioso acento de las Highland diría... There aren't english eggs to build an underground tank, Mylord)

...Y Churchill, tomándose su brandy con colacao, le miraría frunciendo el ceño y diría...

_ That there aren't eggs? WHAT ISNT EGGS? HOLD ME MY BRANDY WITH COLACAO !!!!

Y luego cogería su teléfono y diría, Elizabeth, querida, páseme con la oficina de ideas chorras, digoooo, el Departamento de Vehículos Especiales

Y, dicho y hecho, a finales de 1939 estaba en marcha el desarrollo del primer y único tanque subterráneo del mundo, un proyecto que sería conocido como The White Rabbitt (por el conejo de Alicia), Nellie (apodo cariñoso dado por Churchill) o, en nombre clave, The Cultivator nº6.

Por resumir, os diré que se trataba de un vehículo excavador de 130 toneladas de peso y 24 metros de largo, formado por dos cuerpos articulados, el principal situado detrás, con un sistema de tracción oruga y dos motores, uno para mover todo el artefacto y otro para dar potencia a la parte delantera, una sección frontal con dos palas rotatorias a ras de suelo y presidida por una gigantesca reja de arado de 10 toneladas de peso. Éste aparato, en la mente de Winston, excavaría una zanja de algo más de dos metros de profundidad y otros tantos de anchura, avanzando sigilosamente hacia las líneas alemanas, y abriendo así un paso seguro a las tropas que le seguirían para saltar sobre los desprevenidos alemanes surgiendo de la tierra delante de sus trincheras. Aquí abajo podéis ver mi recreación del invento

La idea era que la reja iría abriendo el terreno para facilitar el trabajo de las palas rotatorias: estas recogerían la tierra y los escombros y los expulsarían por las tolvas laterales que se aprecian en la parte delantera. Todo el conjunto iría dirigido por su comandante, asomado a esa especie de torrecita cuadrada que hay en la parte superior, que sería lo único que sobresaldría del suelo. La máquina, por cierto, avanzaba excavando a razón de un kilómetro por hora.

Por increíble que parezca, Winston logró convencer al gobierno de su majestad y al gobierno francés, y se encargaron en firme ¡¡¡240 unidades!!! Es más, entre enero y marzo del 40 los observadores alemanes en la línea Sigfrido informaron de un inusual aumento de la actividad en las líneas francesas, sin poder encontrar una explicación, dado que las patrullas enemigas no parecían estar llevando a cabo nada parecido a un reconocimiento táctico. Lo que ignoraban los alemanes era que lo que hacían los franceses era tomar muestras del terreno, para ver por donde sería más fácil lanzar el ataque con las tuneladoras churchillianas, de las cuales Winston (que aquí vemos asistiendo a una demostración) estaba muy, muy orgulloso


Pero ya sabemos que los mejores planes pueden torcerse por circunstancias incontrolables, y sucedió que la guerra no se desarrolló como se esperaba, y no se formó un frente de trincheras con su tierra de nadie y sus líneas de alambradas, tal y como esperaban ingleses y franceses que pasara, y en su lugar hubo una guerra acorazada de alta velocidad que se llevó Francia por delante en un pis pas, y Nellie dejó de tener sentido antes de nacer

Ojo, por increible que parezca, Nellie FUNCIONABA. Aunque, como podéis ver en las siguientes fotos, no era lo que se dice un aparato de manejo sigiloso y discreto.





He mencionado que esta máquina hubiera tenido sentido en 1914. Sí pero no. Porque Nellie tenía un problemilla, o al menos yo creo que lo tenía, algo en lo que ni Churchill ni los ingenieros del departamento de vehículos especiales tuvieron en cuenta

Recordemos la idea: La maquina irá excavando una zanja seguida por la aguerrida infantería, que saldrá practicamente de debajo del suelo para tomar por sorpresa a los atónitos boches. Vale, obviemos que se les ha visto venir desde varias horas atrás. Imaginemos que todos los centinelas alemanes están ciegos de schnaps porque es el cumpleaños de una prima del Führer y no ha tenido lugar ningún diálogo del tipo Hans, oye, esa zanja de hace un rato sigue avanzando despacito hacia nosotros, lanzando chorros de tierra a gran altura, y el caso es que cada vez que caen cascotes en la cosita cuadrada que hay en medio se oyen como insultos en inglés. Qué raro ¿no?

Pues sucede que la incontenible furia de los infantes ingleses tiene un pequeño e insospechado obstáculo en su camino: La propia Nellie, con sus 130 toneladas y sus 23 metros de largo, QUE ESTÁ JUSTO EN MEDIO ¿O acaso va a asomarse el de la cajita y decirles a los alemanes, señores nazis malvados, que no nos vale ¿eh? cruci, que ahora tenemos que meter la reversa y volver a nuestras líneas, y ya si eso en un par de horas llega el asalto incontenible y sorpresivo. Ustedes, como si no nos hubieran visto ¿vale? y ellos Jawoll, jawoll, ustedes a su aire, hagan, hagan.

En fin, para rematar la historia, os diré el primer prototipo funcional fue presentado en 1941, un año después de la caída de Francia. Así que para unas prisas, pues tampoco era. Winston redujo el pedido a 33 unidades que al final se quedaron en 6, entregadas en 1942. Como excusa, y para justificar el coste de todo el proyecto, se adujo que en realidad esas máquinas eran excavadoras de trincheras (Trench-digger) y que su función era trazar líneas defensivas de emergencia en caso de una invasión paracaidista alemana. Al acabar la guerra las 6 máquinas fueron desguazadas y se corrió un tupido velo sobre el proyecto.

En cierto modo es una pena que no guardasen alguna. Yo, cuando veo las fotos, lo veo ideal para una distopía steampunk, sólo necesita una buena caldera de vapor con una fenomenal chimenea y un elegante ribeteado dorado en la hoja del arado.

Pero, aunque no queden las máquinas, tenemos las fotos y, sobre todo, el testimonio del propio Churchill, que mencionó el proyecto en sus memorias y lo comento con esta, a mi parecer, gloriosa frase, digna del viejo león:


ME DECLARO CULPABLE, PERO NO ARREPENTIDO (I'm guilty, but impenitent)

martes, 31 de diciembre de 2019

SEGUIMOS RESPIRANDO


... pero no nos vendría mal un respiro

Porque menudo año, la leche.

Si tengo que resumir 2019 me salen 8 meses navegando contra el viento y sólo estos últimos cuatro pudiendo bajar un poco la guardia y dándole un respiro a los remeros.

Ha sido difícil en todos los aspectos. Para mí y para mis personas más íntimas. Enfermedades largas, cirugía, bullying, problemas familiares, problemas laborales, mudanzas... hemos pasado por momentos realmente duros, y sólo hemos logrado mantenernos a flote a base de esfuerzo, cuidados y atención.

Paradójicamente, eso es lo mejor de este año: que ante un montón de problemas seguidos y, demasiado a menudo, amontonados, todas hemos respondido sin esperar a que nos preguntaran. Sin pegas, sin excusas, funcionando como un equipo bien entrenado. O como varios. Porque cuando mi madre sufrió un accidente en primavera nadie hizo preguntas, los 5 nos organizamos de inmediato sin un roce, todos decididos a dejar las cosas, no como estaban antes del accidente, sino mejor. Y lo hemos logrado. Aunque también ha ayudado que nuestra madre siempre ha sabido adaptarse a los cambios. También ha sido duro para mi chica y su familia, y por ese lado igualmente nos hemos encontrado con algunas luces, trabajo en equipo, reconciliación y dos niñas saltimbanquis convertidas en grandes (y alborotadoras) amigas. Lazos que surgen donde no lo esperas.

Y nuestra red/polifamilia también ha respondido de inmediato a varias crisis graves, algunas simultáneas, lo que dice mucho de su fexibilidad y energía (Tendríais que ver a las chicas moviendo cajas y muebles como si no hubiera un mañana, o amedrentando capullos sin necesidad de desenfundar el bate de beisbol)

Ha habido proyectos truncados o aplazados, desengaños, caminos que no llevaban a ninguna parte... y una vez asumido que hay que pasar página, nuevos proyectos y nuevos caminos. Difíciles y de recorrido desconocido, pero mejor eso que quedarse enfangados en un lodazal hasta que el barro nos cubra ¿no?

A nivel personal, o mejor dicho individual, porque lo que afecta a mis personas más cercanas me afecta personalmente a mí, ha sido un periplo alrededor del sol muy estresante. No recordaba haber estado tan mal de salud en mucho tiempo. Empezó por una alergia que me cogió de sopetón y me dejó tocado durante buena parte de la primavera, y siguió con una lesión que me ha tenido medio año en barbecho corredor, pudiendo salir lo justo como para no perder del todo la forma, pero sin esforzarme ni una micra más de ahí. Parece que ya estoy recuperado, pero no me atrevo a tocar fanfarrias antes de llevar un mes seguido sin molestias.

El trabajo fue causa de mucha tensión. Por una parte, publiqué mi segundo monográfico de paleontología y, sin falsas modestias, creo que he superado (y mucho) el nivel que alcancé en 2018. Por la otra, en vez de descansar en los meses que siguieron me agobié con la falta de encargos y me comí el coco de mil maneras. Me estalló finalmente la cabeza cuando una publicación de renombre quiso publicar mi trabajo... gratis. Y tal y como lo hicieron me llegué a sentir mal por pretender que me pagasen por mi trabajo, como si les estuviera perjudicando con mi egoísmo.

A partir de ahí, por suerte, me centré. Ahora cojo encargos de todo tipo, no sólo de divulgación, y en estos momentos estoy embarcado en el primero de varios proyectos para el año que viene. Puede que necesitara que me estallara la cabeza, después de todo.

Y hasta logro disfrutar como un crío con pequeñas sorpresas, como una charla o un taller en Cuenca, acompañado de mis amores

No es exactamente trabajo, pero mi afición por la Historia me ha dado alguna alegría. Ha salido la segunda edición de mi primer libro, y tengo en marcha el quinto, no tan avanzado como debería, pero voy cogiendo ritmo. No creo que nunca pueda ganarme la vida escribiendo pero está bien saber que la editorial no ha perdido dinero conmigo. Y grabar mis primeros programas en solitario con AHistoria ha sido tenso pero divertido

Y por fin me he parado a mirarme con crudeza, y he visto cosas que no molan nada. No voy a empezar a gritar ¡contra mí las piedras! pero hay cosas que debo (y he empezado a) corregir.

Menudo año fui a elegir para salir del armario con mis hermanos y mis amigos. Pero total, una vez en medio del oleaje, no me iba de un chapuzón más o menos. Tras un chapuzón literal, por cierto, me reuní con una vieja amiga para decirnos todo lo que no nos dijimos en demasiado tiempo, lo torpes que fuimos (yo, desde luego, lo fui) y recordar lo mucho que nos echábamos de menos.

No todo ha sido catarsis. En estos meses he pasado buenos momentos con una persona que siempre está ahí y que sólo con estar me ha ayudado en los momentos más confusos de esta década que, contra todo pronóstico, ha resultado ser la más movida de mi vida, si exceptuamos el embarazo y los primeros años de nuestro hijo. Y, qué leches, ya nos íbamos mereciendo un poco de calma para disfrutarnos.

Y hablando de nuestro hijo, está a veces de un maduro y sensato que me asusto y me dan ganas de decirle ¿de qué planeta vienes y qué has hecho con mi adolescente? Y otras veces simplemente quiero abrazarle y decirle lo orgulloso que estoy de él por mucha vergüenza que le de.

Mi chica y yo nos regalamos unos días tranquilos cerca del mar, y de verdad nos hacía falta aislarnos un poco y dedicarnos sólo a nosotros. El finde friki padre/hija/nuera 😉 en Zaragoza fue otro regalazo, en compañía de gente estupenda de principio a fin, y ganas de volver pronto para volver a abrazarnos, qué carajo.

(Ojalá más tiempo para estar con las maravillosas personas que me rodean, pero soy afortunado de poder compartir de cuando en cuando una tarde con alguna de ellas)

Una aventura y un megacumpleaños han marcado el cierre de una etapa y el comienzo de la siguiente, con incertidumbre (otra vez) aunque ¿quién quería una vida previsible, M? Tú seguro que no. Y yo tampoco, para qué mentir.

Me he encontrado con una amistad inesperada, y una relación amable. Dos regalos a sumar al haber de 2019. Y esos últimos meses, cuando hemos podido bajar la guardia en todos los frentes, he empezado a respirar un poco más calmado. Lo necesitaba.

En resumen, y para no aburriros. El año termina mejor de lo que esperábamos hace unos meses. Mañana nuestras chicas y #putoperro vendrán a disfrutar del cambio de año a casa, y cogeremos fuerzas para hacer frente a lo que sea que nos traiga 2020.

Nuestra pequeña familia de Lilo y Stich sigue remando. Y eso es lo que de verdad me importa. En cuanto a lo demás... ya pensaremos cómo cruzar el próximo río cuando lleguemos a su orilla

martes, 5 de noviembre de 2019

MALDITOS MACROBIÓTICOS O porqué le tengo tirria a Rudolf Hess

Ahora que se habla tanto de fachas, debo confesaros que yo tengo un encono personal con Rudolf Hess. Algunos ya sabéis el porqué pero ¡qué leches! Lo voy a explicar para los paseantes.

El señor Hess era un nazi pata negra, un camisa vieja de los que participaron en el putsch de la cervecería. Posteriormente fue secretario de Hitler en prisión, y ahí compiló y mecanografió Mi Lucha. 

Hess, pese a tener esa cara de pardillo, llegó a ser jefe del Partido Nazi tras la subida de Adolf al poder, organizó grandes apoteosis como las olimpiadas de Berlín y, empezada la guerra, se hizo célebre al volar a Escocia para negociar un acuerdo de paz con Gran Bretaña. 

Espoiler: le salió regular. Los ingleses le trincaron, le pusieron a la fresca y, acabada la guerra, le llevaron a Nuremberg para juzgarlo. Una vez allí, su estrategia de defensa consistió en hacerse el loco. 

Literalmente. Cada vez que el juez o el fiscal preguntaban algo él decía ¿mande? y si le insistían respondía no sé quién es ese Hitler de quien me hablan ¿me pueden devolver mi osito de peluche?


No coló, y se tiró el resto de su vida en Spandau, donde diñó hace ya unos años. 

Pues bien, este buen mozo, al igual que muchos gerifaltes nazis, tenía la capacidad intelectual de una avutarda.

Suponiendo que las avutardas fueran gilipollas.

Que no lo son. Dejemos en paz a las avutardas.

Vamos, que era un gilipollas a a secas.

Pues así como a Himmler le dio por buscar pruebas de que los alemanes estaban emparentados con los samurais, y algunos otros nazis se empeñaron en que el yeti era el antepasado de los arios, al señor Hess se flipó con la macrobiótica.

No voy a explicaros lo que es la macrobiótica. Si tenéis curiosidad, tiráis de wikipedia, que no os lo voy a dar todo masticado.

Volviendo a Hess, el menda creía que gracias a la dieta macrobiótica su mente y su cuerpo se purificarían y alejaría la vejez, la enfermedad y las malas vibraciones.

Así que sólo comía comida macrobiótica. Siempre y en todo lugar. Lo cual tiene su dificultad porque no es que haya muchos restaurantes macrobióticos. Pero él tenía un cocinero macrobiótico que le hacía sus cositas macrobióticas y todo bien.

Peeeeeeeeeero...

(Llega el drama)

Resulta que Adolfo, que era un señor muy hogareño, tenía la costumbre de invitar a comer a sus amiguicos. 

Y Hitler era vegetariano, no macrobiótico.

Que no es lo mismo, OJO.

Aunque Hitler decía que el vegetarianismo le daba paz de espíritu y limpiaba su cuerpo. Y le había quitado la violencia.

HITLER.

SÍ.

QUE GRACIAS AL VEGETARIANISMO YA NO ERA MALO.

Badum tsssss

Pues eso, que Hitler invitaba a comer a su casa a Hess, Goering, Goebbels, Bormann, Ley... la NaziPandi, vamos. Todos juntitos comiendo delicias vegetarianas en amor y compañía.

Pero no. TODOS NO.

Porque Hess, como he dicho, sólo comía macrobiótico, así que se traía un Tupper de casa. Se iba para la cocina, se lo daba a la cocinera de Hitler, y esta se lo servía disimuladamente.

Y resulta que un día Hitler se dio cuenta de la jugada, se cabreó, y le puso de patitas en la calle y ya no le ajuntó más, por malqueda.

Y tenía toda la razón del mundo. Porque mi mamá me enseñó que si vas a casa ajena COMES LO QUE TE PONEN EN EL PLATO.

SIN REMILGOS.

SIN DEJARTE NADA.

Y DAS LAS GRACIAS, QUE SE NOTE QUE HAS IDO A BUENOS COLEGIOS.

Lo dicho, Hitler tenía todo el derecho del mundo a cabrearse. Y por eso le tengo especial inquina a Hess 

Porque por su culpa, por su falta de modales en la mesa LE TENGO QUE DAR LA RAZÓN A HITLER.

Y por eso no le perdonaré jamás y espero que tuviera unas hemorroides del tamaño de un balón de rugby y que la comida macrobiótica estriñera mucho y le hiciera cagar duro. Y que en Spandau el papel higiénico fuera El Elefante.

Y me diréis, qué rencoroso. Y os diré, mucho. Que eso no se me hace a mí, Hess, que yo no olvido.

Imbécil. 

Que eres un imbécil y un maleducado.





lunes, 14 de octubre de 2019

¿DE QUÉ ME SUENA SU CARA? Drama amoroso en un acto



Esta majaronada fue una improvisación para la fiesta del 7º Aniversaurio. Se propuso que quienes quisiéramos hiciéramos algo a partir de la frase ¿De qué me suena tu cara? y me vino a la mente una canción del genial Juako Malavirgen llamada "El Caso Es Que Me suenas" . Con ese pie de partida, me monté la película.


Mi memoria, que en algunas cosas resulta prodigiosa, tiene algunos puntos flojos, entre ellos el de asociar caras y nombres. Me puede pasar estar hablando durante horas con alguien sin tener ni puñetera idea de como se llama pese a habernos encontrado media docena de veces. Pero hay ocasiones en las que el problema se pone realmente serio.

La cosa empezó en una fiesta. Risas, copas, música, perreo, algunas sustancias ilegales... lo normal. Entonces veo como se me acerca una chica y me digo, leches, yo a esa la conozco pero no logro ubicarla... ¿de qué me suena su cara?

Y de pronto la moza se planta delante de mí y me dice ¡hola! ¿te acuerdas de mí? y me planta dos besos. Claro, en esas circunstancias no vas a decirle, pues mira, la verdad es que no tengo ni puta idea de quién eres, así que sales del paso con un ¡hostia, cuanto tiempo, tía! ¡qué alegría verte! y empiezas una conversación que sería de lo más inofensiva de no ser porque A: la chica está francamente bien y b: se la ve muy pero que muy ilusionada de estar ahí hablando conmigo, así que en un momento decido lanzar un envite a ver si saco algún dato para recordar de qué me suena...

_ Oye ¿y sigues currando en lo mismo?


¡El comodín del trabajo nunca falla! Bueno, nunca falla salvo hoy porque me responde...

_ Na, eso era un rollo, ahora estoy tomándome las cosas con calma ¡No como tú, que veo que sigues con tus dibujos a tope!

Vale. Al menos ya sé que no se ha confundido de persona, así que, por seguir echando balones fuera le suelto...

_ Pues ya ves, siempre con los lápices. Y ya sabes que si algún día te apetece que te haga un retrato, me tienes a tu disposición

Un por quedar bien ¿no? pero claro, uno está preparado para un vale, un genial, un ... lo que sea menos...

_ Anda que no eres listo ni nada ¡tú lo que quieres es volver a desnudarme!

Para, para, para, ... volver a desnudarla... ¿VOLVER a desnudarla? ¿QUÉ YA LA HE DESNUDADO, Y NO LO RECUERDO? ... Decidido, hoy mismo dejo las drogas, está claro que me afectan más de lo que pensaba

Y ella que me ve la palidez y se parte de risa...

_ ¡No seas tonto, hombre, que estuvo genial, de verdad! Si no te volví a llamar fue porque se me jodió el móvil y no pude recuperar tu número

¡De pronto veo la luz al final del túnel!

_ Oye, pues eso se arregla en un momento, anota, 6, 9.... y hazme una perdida, no sea que también se me haya borrado

¡Dicho y hecho! y cuando me hace la perdida, sale el mensajito "¿desea añadir el número a contacto" ¡¡¡¡SÍ!!!! le damos al OK y el contacto pertenece a....

¿"Tetas"? ¿En serio? ¿Fui tan gilipollas que no puse Juani Tetas, MariPili Tetas, Carlota Tetas? Vale que sí, que la chica es bastante torácica pero ¿Cómo de pedo iba ese día? normal que no me acuerde de nada

A este paso tampoco me acordaré mucho del día de hoy porque en cuanto levanto la mirada del móvil me mete la lengua hasta el gañote y, no sé ustedes, pero a mí en esas circunstancias se me suelen desconectar muchas neuronas. Y entre morreos y magreos la fiesta acaba sin saber quién leches es la moza, pero al menos hemos quedado para el próximo finde, y digo yo que algo averiguaré entretanto.

Y vaya si averiguo cosas, porque el martes se viene a verme mi colega Carlos, a tomar unas cervezas, y me suelta que ya nos vió a la rubia y a mí (¿era rubia? leches, con tan poca luz no lo tengo claro), que ya sabía que la chica me tenía ganas, que lleva varias semanas apareciendo por el bar, preguntando cuando íbamos a quedar, haciéndose la encontradiza... vamos, que él le tiró un par de indirectas, porque está bien buena, pero que nada, que sólo hablaba de mí todo el rato y no le hizo ni caso, que menuda potra tengo, oyes

¿Potra? ¿con amigos como tú?

¡¡¡MAMON!!!

¡¡¡CABRONAZO!!!

¡¡¡VAYA AMIGO DE MIERDA!!!

¡¡¡METIÉNDOLE FICHA A MI DESCONOCIDA!!!

Bueno, de momento he ido salvando los muebles cuando quedamos, que por suerte siempre hay a mano algún apelativo cariñoso para salir del paso ¿no? Churri, pichurri, pichurrina, cielo, corazón, cariño, amor, cosita, reina, princesa, infanta, duquesa, marquesa, condesa... (la aristocracia da mucho de sí), bombón, quesito, torreznito mío (sí, es de curvas generosas)...

Y cuando estamos follando, pues le llamo cochinadas y mira, por ahí tampoco me ha pillado, Dios bendiga al diccionario de sinónimos.

Reconozco que cuando empezamos a ir a comer a casa de sus padres lo pasé mal, pero me dije, bueno, por aquí al menos sacaré su nombre, pero ¡Ja! ¡Que si quieres arroz, Catalina! Que su princesita ya les había hablado de lo nuestro, que qué bien se nos ve juntos a su muñequita y a mí, que me llevo a su pequeña, que no se me ocurra hacer infeliz a su pitufina... Al final he aceptado la realidad: ellos tampoco se acuerdan de como se llama.

Debo decir que mis amigos, pues muy espabilados no son, que llevamos como 11 meses saliendo y aún no se han coscado de que jamás menciono su nombre. Claro que entre porros y birras, tampoco es que piensen mucho, y ya se sabe, que cuando te echas novia empiezas a ver menos a tus colegas y eso te distancia

Sobre todo de Carlos, hijo de la gran p... ¡¡¡¡QUE NO SÉ COMO NO TE METO PEDAZO DE MIERDA!!!!

Pero no creáis que voy a dejar que esto siga así. No señor, he decidido coger el toro por los cuernos de una vez. Llevo ya un par de meses dándole la murga con que, pese a las apariencias, en el fondo yo soy muy, pero que muy tradicional, y al final ha accedido. Así que, el próximo domingo, y de acuerdo a la tradición, el Padre jeremías se dirigirá a mí primero, y cuando me pregunte

_ José A. ¿Aceptas por legítima esposa a...?

SABRÉ CÓMO LECHES SE LLAMA LA MUJER CON LA QUE VOY A COMPARTIR MI VIDA EN LA RIQUEZA Y EN LA POBREZA.

Y, digo yo, que una vez sepa su nombre, por fin averiguaré de qué me suena su cara