Mujer iroqués

lunes, 4 de mayo de 2015

LA ANTICIENCIA EN LOS MEDIOS (II) El verdadero pecado



Leí El moderno Prometheo hace ya muchos años, y lo releí más de una vez. Lo tengo delante de mí, ahora mismo, en una edición magnífica, por cierto, ilustrada por uno de los últimos genios del grabado, Bernie Wrightson. Y, a riesgo de que me acuséis de hacer spoilers, os diré que la historia que se nos cuenta está a años luz del cliché infantiloide inmortalizado por la Universal en 1931.

No esperéis encontrar en esta novela jorobados, laboratorios llenos de luces incandescentes, tormentas eléctricas, gruñidos semihumanos o cerebros defectuosos. La parte científica de la obra apenas está esbozada, lo importante sucede casi de improviso: Victor Frankenstein da vida a una criatura, y al abrir los ojos, tras un sueño reparador, la ve ante él, inmóvil, su mente en blanco, incapaz de pensar, hablar, sentir, siquiera de ser, velando el sueño de su creador. Expectante.

Y Victor la ve fea.


Fea. Ese es el pecado de la criatura. No responde a las altas espectativas estéticas* de Victor, así que éste se deshace de ella. La abandona en un bosque, confiando en que muera de hambre y no deje rastro tras de sí. Luego, sintiendo que su trabajo ha sido un fracaso, retoma su vida tal y como era antes de iniciar su investigación. Poco después, empiezan a suceder cosas, muertes extrañas, y una noche una silueta surge ante él.

La criatura no ha muerto, después de todo. Ha sobrevivido, ha crecido, ha aprendido poco a poco a entender el mundo, y ha entendido que no pertenece a ese mundo. Es diferente a los otros seres vivos, sobre todo a los otros seres humanos. Esa diferencia le convierte en algo horrible, un ser rechazado y perseguido, algo que debe ser aniquilado. Y en su corazón, siente que eso es injusto. El no pidió vivir, alguien le dio la vida. Si tan diferente es de los demás, es porque no fue creado igual, así que vuelve sobre sus pasos, busca una respuesta, y encuentra a su creador. No para buscar venganza, sino para pedir justicia.

La criatura pide a Víctor que no le deje así, porque la soledad y el dolor le están volviendo malvado. Es tarde para deshacer lo hecho, para que Víctor pueda darle una vida con un sentido, con afecto, con lazos, pero su creador puede reparar el daño si le da una compañera, alguien como él, alguien que le vea con los mismos ojos, y que no le sienta extraño. Y Víctor, finalmente accede. Viaja, aprende, y vuelve a trabajar, esta vez en una mujer, una Eva para su Adán.

Y, de nuevo, siente que lo que está creando no es bello. Piensa que la criatura se equivoca, que al ver su fealdad reflejada en otro ser como él, se volverá aún más malvado**, y decide romper su promesa. La mujer no llegará a ver la luz: Victor la destruye antes de darle la vida, y luego trata de justificar lo que ha hecho ante su anterior creación, explicándole sus vagas razones estéticas y morales. Intenta que entienda que la soledad es lo mejor para el, dada su deformidad, incapaz de entender que lo que le ha arrebatado es, ni  más ni menos, que la Esperanza. Es entonces, y sólo entonces, cuando empieza la pesadilla, porque la criatura no dará a su creador la muerte, sino el mismo trato que ha recibido de él. Víctor le condena a la soledad, y le pagará con la misma moneda, arrebatándole todo lo que ama, todo lo que le vincula al mundo y a los hombres, empezando por el amor.


... I shall be with you on your wedding night.

A partir de ahí la vida de Victor empieza a desmoronarse, la criatura va dando muerte a todos los que le aman, y el doctor se ve obligado a huir, perseguido a todas partes por la venganza, hasta que encontrará, finalmente, la muerte, en los hielos del ártico. Allí vemos por última vez a la criatura, y por última vez escuchamos sus palabras, mientras maldice, no a su creador, a quien ha perdonado póstumamente, sino a su destino, que nunca eligió.

My heart was fashioned to be susceptible of love and sympathy, and when wrenched by misery to vice and hatred, it did not endure the violence of the change without torture such as you can not even imagine.


I had no choice but to adapt my nature to an element which I had willingly chosen. The completion of my demoniacal design became an insatiable passion. And now it is ended; there is my last victim!


For while I destroyed his hopes, I did not satisfy my own desires. They were forever ardent and craving; still I desired love and fellowship, and I was still spurned. Was there no injustice in this? Am I to be thought the only criminal, when all humankind sinned against me?


Se pueden extraer lecciones morales de esta obra, por supuesto, pero no son las que nos han transmitido machaconamente. Estamos muy lejos de sacrilegios o conocimientos prohibidos. El pecado de Victor no fue su desmedida curiosidad, sino su necia frivolidad. No hubo maldad en la criatura hasta que su creador se desentendió de ella, no es la ciencia quien se equivoca, es el hombre el que no es capaz de asumir sus actos y responsabilizarse de ellos.

Los medios nos han transmitido un mensaje facilón y edulcorado: saber demasiado es malo, mejor vivir una cómoda mediocridad, a salvo tras nuestra ignorancia. Mejor no hacerse preguntas, porque los que se las hacen, los que buscan las respuestas, son diferentes de nosotros. Cooper, Brennan, Grissom... Frankenstein... se nos presentan como sólo aparentemente humanos: son fríos, incapaces de sentir, están separados de nosotros y, en última instancia, son amenazadores.

Sólo es un cliché, cierto. Un cliché muy triste, que invita a la pereza y la comodidad. Y un cliché sostenido por una mentira: el daño que hizo Victor Frankenstein, a sí mismo y a los que le rodeaban, no fue consecuencia de la Ciencia, sino de su humanidad. Sus pecados fueron la indolencia, la incoherencia, y la incapacidad de asumir las consecuencias de sus decisiones.

Y esos, son pecados muy, muy humanos.

* Victor, probablemente, pertenecería a la corriente conocida como Naturphilosophie, que, entre otras cosas, incorpora un ideal de belleza a la ciencia, a partir de una filosofía finalista.

** Porque, siendo deforme, necesariamente es malvado, y ese mensaje sigue también lloviendonos desde las pantallas.
 




domingo, 3 de mayo de 2015

LA ANTICIENCIA EN LOS MEDIOS (I) Frankenciencia


En los últimos años, el analfabetismo científico de nuestra sociedad se ha ido incrementando hasta un punto en el que empieza a afectar al desarrollo de la propia ciencia. El movimiento antivacunas es, actualmente, su cara más visible, pero hay muchas otras. Tenemos a gente convencida de que les fumigan desde el cielo para ponerles enfermos con la complicidad de gobiernos y farmacéuticas, de que las ondas wifi son una conspiración para que cojan cáncer, de que el cáncer* se cura con agüita de limón pero los científicos nos esconden la verdad, de que los laboratorios se pasan el día insertando genes fosforescentes en alimentos para que a los hombres les crezcan pechos y de que habría que volver a los tiempos felices en los que se araba sin tractores y la vida era felíz, natural, y en contacto con la madre Tierra y los ciclos de la Luna**

Este muestrario de miedos no ha surgido de la nada. Los medios de comunicación favorecen la difusión de todo tipo de noticias del tipo ¡vamos a morir todos!, la red está llena de textos e imágenes que muestran los terrores que la ciencia desencadena sobre la humanidad, y el cine, las series, los tebeos y los libros rebosan de científicos jugando a ser Dios y arrastrando a la humanidad a un agujero de horrores y exterminio.

Dado que hoy tenemos muchas series de éxito protagonizadas por científicos, podría parecer que lo que he dicho es exagerado, pero si las observamos con detenimiento, veremos que hay un patrón: el científico, el cerebrín, es un anormal. Los protagonistas de TBBT son cuatro tarados encabezados por un perfecto autista, y la gracia del argumento es ver como esos inadaptados chocan con la gente normal y trata de adaptarse a la vida real. El doctor House es un científico brillante, con una mente afilada como un bisturí, pero la fuerza de su intelecto le lleva a pisotear incluso a las personas que más le quieren. La doctora Brennan es capaz de desentrañar un asesinato partiendo de un rasguño en un hueso, pero no es capaz de entender una metáfora, y la dinámica de la serie se centra en cómo su compañero Booth logra reconducir su frío intelecto hacia la realidad gracias a su fuerza emocional. El caso más paradigmático es Grissom, el protagonista central de CSI: su intelecto es una herramienta casi perfecta, tan objetiva que no hay matices que se le escapen, ni en lo científico ni en lo emocional. Pero fuera de su trabajo es un completo alien, un obseso del orden cuyas principales aficiones son la cría de cucarachas de carreras o las visitas a una granja de muertos, y cuya vida sentimental es un desierto hasta que empieza a relacionarse con una compañera tan inexpresiva como él (en esencia, Sara es Grissom con tetas)

El reflejo del científico como un ente extraño, incluso una fuerza negativa, nació, más o menos, en el periodo de entreguerras, y se consolidó durante los años de la Guerra Fría. Podemos rastrear hacia atrás en busca de la fuente original del miedo a la ciencia, pero no es necesario: hay un término que se popularizó en los años 60, primeros 70, que, si bien está hoy en desuso, señala certeramente a la causa primigenia. La FrankenCiencia (Frankenscience), la ciencia del doctor Frankenstein.

Victor Frankenstein es el prototipo, el MadDoctor original, tan obsesionado en su búsqueda de la sabiduría que no duda en hollar los senderos prohibidos y sacar a la luz conocimientos que la humanidad no debería poseer. Víctor es un Fausto sin Mefistófeles...

...a man of science who sought to create a man after his own image without reckoning upon God.

El castigo a su desmedido orgullo es el caos y la destrucción: ha desencadenado fuerzas imprevisibles que le arrastrarán, a él y a los suyos, a la condenación. Es la misma idea argumental que subyace, un siglo después, bajo el agumento de JurassicPark, El Hombre Invisible o Prometheus (un nombre elegido a conciencia, como veremos en el párrafo final). Los científicos clonan monstruos, investigan un suero maléfico o investigan en conocimientos arcanos más allá de lo humano, y en lógica consecuencia, hay gritos, terror y muerte. En la película del 93, el doctor Malcolm resume muy bien la idea: la naturaleza ya eliminó a los dinosaurios, luego resucitarlos es ir contra la naturaleza (de nuevo el sagrilegio, reemplazando a Dios por Gea).

La figura del doctor Frankenstein se ha vuelto universal. Cuando, en una narración, aparece un científico obsesionado con la investigación, podemos afirmar, con casi un 99% de seguridad, que sus descubrimientos se volverán contra él y morirá de forma horrible. Al buscar el conocimiento, el MadDoctor se alejará de sus seres queridos, perderá el contacto con la moral y romperá todos los límites. Desencadenará epidemias, creará monstruos, abrirá portales, indagará en el corazón de la materia... todo en nombre de la Ciencia, aunque eso signifique condenar a la humanidad a la extinción.

Este cliché muy triste, por dos motivos. El primero, porque entroniza la ignorancia como algo positivo: mejor no saberlo todo, hay conocimientos que el hombre no debe poseer. Y el segundo, porque la universalidad del mito de Frankenstein demuestra la universalidad de la pereza: nadie se ha molestado en leer la impresionante novela de Mary Shelley, Frankenstein o el moderno Prometheo.

* Siempre que leo el típico mensaje el bicarbonato/los limones/el agua hexgonal...cura el cáncer me pregunto a qué cáncer se referirán, porque los vendedores de humo parecen pensar que el cáncer es una sola enfermedad, no docenas y docenas.
** La época feliz y paradisiaca en la que el 75% de los niños morían antes de cumplir los 5 años, cuando cultivar la tierra significaba vivir agarrado a un arado de sol a sol, y un hongo de la patata podía significar el casi exterminio de una población

jueves, 2 de abril de 2015

DIARIO DE LA PATERNIDAD RESPONSABLE (XXI) Éste no es mi adolescente, que me lo han cambiado


Pasmado me hallo.

En estos meses hemos asistido a algunas ... no diré mutaciones, pero casi. Sé que no debería asombrarme: la vida es cambio, y como ya apunté en anteriores entradas, nuestro tierno rapaz alterna detalles de adolescente intratable con instantes de serenidad. Pero en los últimos tiempos hemos visto cosas que no creeríais: asaltar naves en llamas más allá de Orión, Rayos-C brillar en la oscuridad, cerca de la puerta de Tannhäuser, y a mi hijo recoger su cuarto sin protestar. Esta mañana, concretamente.

Los momentos lo mato y ningún juez que haya tenido hijos adolescentes podrá condenarme siguen ahí, y rara es la noche, por poner un ejemplo, que no tenemos que ponerle una recortada en los riñones para que vaya a lavarse los dientes. Cualquiera diría que la pasta de dientes le causa quemaduras de segundo grado, o similar, porque menuda fobia que me tiene  a la higiene bucal. Y a la higiene general, porque salvo para analizarse el acné y recolocarse el flequillo ante el espejo, el jodío no se para ante el lavabo ni por error.

Aunque no tenemos noticia de que ninguna familia británica haya sido ingresada en Liverpool por exposición a gases tóxicos, así que suponemos que, durante su estancia en Inglaterra, se ha lavado de forma más o menos regular. Ahora sólo tenemos que convencerle para que haga lo mismo aquí...

Ah, sí, que no lo sabíais: ha estado una semanita en el Reino Unido.  Y se ha traído de vuelta casi todo el dinero que se llevó, ergo no se ha dedicado a comprarse chorradas. Y, dado que no volvió con la misma ropa puesta con que se fue y ha usado buena parte de las mudas que llevaba en la maleta, está claro que se ha cambiado de ropa asiduamente. 

El tema estudios también avanza razonablemente: se toma las cosas bastante en serio, se esfuerza, va remontando... aún tiene problemas con algunas asignaturas pero, en conjunto, estamos (y él está) muy contentos. La presentación de los trabajos le resta puntos, pero ¿qué voy a decir yo, si Pablo F., mi profesor de dibujo, decía que yo borraba con una mortadela?

Hablando de mortadelas y otras viandas, seguimos ampliando el espectro alimentario. Sigue considerando que un ser humano podría vivir sin problemas a base de salchichas, pizza, arroz y atún en lata, pero se va abriendo a nuevos sabores y texturas.

Otro síntoma de madurez es su reacción a las charlas paterno filiales. Últimamente hemos tenido muchas, tantas, de hecho, que cuando nos quedamos solos y me ve abrir la boca ya se echa a temblar, con cara de ¿qué discurso me tocará ahora? Pero no solo los escucha con paciencia, sino que, lejos de ser un monólogo, interviene, pregunta, debate... os aseguro que su respuesta me ha sorprendido y encantado a partes iguales, incluso en las conversaciones de temática más chunga o escabrosa  (ya supondréis cuales han sido algunos de los temas tratados) 

Pero, más que las charlas, lo que más me ha impactado ha sido su reacción ante algunas situaciones que le hemos planteado. Situaciones en las que podríamos habernos limitado al es así porque lo decimos nosotros y punto, pero hemos preferido hablar con él, explicárselo y conocer su opinión. Y su respuesta ha sido madura y sensata.

Sumémosle que últimamente se implica más en las cosas de casa, que va siendo más independiente (aunque siempre insiste en saber a donde vamos cuando salimos, que te dan ganas de decirle, mira, majo, no se lo decía a mi madre cuando tenía tu edad, no voy a rendirte cuentas a ti ahora), que no ensucia tanto como antes, que protesta algo menos, que ha fregado los platos (casi) voluntariamente y que a veces expresa opiniones sensatas... son síntomas que apuntan en una sola dirección:

Diego ha sido abducido por unos alienígenas procedentes de Proxima Centauri, siendo reemplazado por un sintezoide que ha duplicado su forma de manera perfecta, pero que, inadvertidamente, se ha delatado por su evolucionado intelecto. En cuanto descubra cómo manda sus informes a su mundo de origen avisaré a la TIA.

Bueno, está la otra opción, la de que está madurando, pero, dado que estamos hablando de un teenager bien petado de hormonas, esa resulta mucho menos probable que la hipótesis próximocentaurina.

Sea cual sea, este no es mi adolescente, señores, que me lo han cambiado...

... y me lo quedo, que no soy tonto. Y que no me vengan luego los abductores con reclamaciones y porfa devuélvenos al nuestro, que todo ha sido una broma... nanay, señores, tú te lo llevaste, pues ajo y agua, que te lo quedas.

Santa Rita Rita, lo que se da, no se quita.


viernes, 13 de marzo de 2015

ALGUNAS RECOMENDACIONES Terry Pratchett (III, por desgracia)


Hace cuatro años escribí sobre Terry Pratchett en este mismo Blog. Hoy, por desgracia, vuelvo a hacerlo.

Ayer Terry Pratchett murió.

Todos los que le leíamos sabíamos lo enfermo que estaba. Todos sabíamos que había luchado, pulgada a pulgada, día tras día, sin rendirse. Todos sabíamos que no pensaba morir en vida, que cuando llegara el momento plantaría cara por última vez y, como bien dijo mi amiga Diana, rompería la baraja.

Todos, en el fondo, esperábamos que fuera inmortal, y que de alguna manera el universo le compensara por todos los buenos momentos que nos regaló desde que publicó El Color de la Magia, hace ahora 32 años. Pero el universo, como bien sabía Pratchett, no es un lugar donde nuestras esperanzas cuenten para algo.

Y todos, ayer, nos rompimos en pedazos.

Fue dolorosamente extraño. Leer que había muerto y de pronto descubrirme llorando. Llorando por alguien a quien nunca conocí, y no poder parar. Me sentí un idiota durante unos segundos, hasta que vi, a través de las redes, que la mitad de mis conocidos estaba llorando, como yo. A lágrima viva.

¿Sólo por unos libros? De acuerdo, los libros de Pratchett, de media, son buenos, y algunos son realmente brillantes. Pero he disfrutado, página por página, de toda la obra de Gould, y cuando murió no me sentí así. O sea, sí, me sentí triste* pero nada más.

¿Porque era buena persona? Mandela lo era, y no vi a nadie llorar de ese modo en mi entorno. Quizás porque es una figura cuya dimensión se nos escapa. Quizás van por ahí los tiros.

Pratchett era cercano. No un gigante, sino alguien a quien podrías cruzarte por la calle, con quien compartir una cerveza charlando animadamente. Los que le leíamos, al final, sentíamos que era un amigo, alguien real, no un nombre rutilante sino una persona tan de barro como nosotros. Y sus libros no prentendían pasar a la historia de la iteratura. Sólo hacernos reir, y pensar.

Y pensar riendo. Y reir pensando.

De alguna forma, intuíamos que nos decía la verdad, sin disfraces. Nos quitaba peso, para que viéramos que nada tiene sentido, que no importa, que el mundo sigue girando al margen de lo que pensemos o digamos. Y, al mismo tiempo, ese mensaje, en vez de desesperarnos, nos animaba a disfrutar de todo lo bueno que nos rodea o nos encontramos. Nos animaba a compartir una cerveza charlando animadamente con un amigo, sí, porque quien sabe si mañana ese amigo estará ahí. Nos animaba a amarnos, a reir, a correr y a gritar. Y a protestar y no conformarnos, a no pasar por el aro ni preocuparnos por lo que digan o señalen los demás.

Porque el mundo pasa de nosotros, no le importamos un ápice, y quizás mañana un meteorito nos parta en dos, o te resbales al pisarte un cordón y te abras la cabeza contra el bordillo. Así que no esperes a que las cosas sucedan, no pienses que lo bueno puede esperar, ni dejes para mañana lo que debe hacerse, no sea que mañana no llegue nunca y nadie pueda hacer por ti lo que dejaste para otro momento.

Y, sobre todo, nos dijo, usad la cabeza, y al menos aprended a desconfiar de quien no merece confianza, sobre todo si dice cosas como bien común**, mal menor*** posteridad****, sacrificio***** confianza****** y estabilidad*******

Pratchett nos hablaba como si fuéramos capaces de entenderle. Quizás por eso sentíamos que era un amigo entrañable, alguien que formaba parte de nuestras vidas, y nosotros de la suya. Por eso ayer nos sentimos, todos, huérfanos. Y, al compartir nuestro dolor, nos sentimos un poco menos solos, así que incluso al morir nos dejó un regalo.

(y hablando de regalos, si tenéis que hacer alguno, recordad que comprando un libro de Pratchett, apoyais el derecho a morir con dignidad, y ayudáis a los orangutanes)

Adiós, Terry. Espero que Offler, el dios Cocodrilo, te reciba con una sonrisa (y bien sabe Offler lo difícil que es sonreír con todos esos dientes estorbando)

* En un ensayo Gould hablaba de que todos estamos a seis apretones de manos de cualquier persona. En su caso, me quedé a uno :-(

** Un bien común que, sospechosamente, coincide exactamente con una situación en la que esa persona vive, no sólo rica y próspera, sino mucho más rica y próspera que tú.

*** Para entendernos, cualquier cosa que pueda hacer perder riqueza y prosperidad a quien usa ese término es un mal mayor. Si el que pierde riqueza y prosperidad eres tú, eso es un mal menor.

**** Dado que tu nombre dificilmente saldrá jamás en los libros, la posteridad es algo que no debería preocuparte al nivel en que deberían preocuparte cosas como ¿qué comeré hoy? ¿y mañana? ¿y qué comerán mis hijos? Ninguna de esas preocupaciones suele legarse a la posteridad

***** Los sacerdotes aztecas debían decirle a sus victimas cosas como "todos debemos sacrificarnos un poco, vale, te voy a abrir el pecho con una obsidiana afilada pero ¿tú sabes lo cansado que es abrir pechos con obsidiana? ¿y me ves quejarme, acaso? pues entonces deja de poner esa cara, que luego me acuerdo y duermo mal".

****** Como dijo Rincewind, el que grita "adelante, avancemos sin miedo" suele ser el único que lleva la armadura a prueba de flechas y está escondido tras una roca

******* Estabilidad es un término que se traduce por "a ver si los de abajo os estáis quietecitos, que aquí arriba no hay quien duerma con tanta protesta y tanta tontería"

jueves, 5 de marzo de 2015

MI VIDA COMO ELEFANTE


Si fuera un elefante, cambiaría mi forma de sentir.

Los ojos de los elefantes están separados a los lados de la cabeza, y apenas tienen visión en profundidad. Cada ojo ve algo diferente, y no muy bien: sus pestañas, largas y espesas, les impiden ver con nitidez.

Si fuera un elefante, mi mundo sería borroso. 

Las manos del elefante no cogen ni sienten (aparentemente) pero la nariz lo hace por ellas. Mi trompa no sólo coge: una trompa, sobre todo, toca. Me dice qué hay ante mí, su aspecto, su tacto, su calidez. Me dice si es bueno para comer, si es amistoso. Si es alguien. Si es alguien a quien quiero, en quien confío.

Un elefante solo no es un elefante. Si fuera un elefante querría estar rodeado de elefantes. Desde el día de mi nacimiento, en medio de un bosque de sólidas patas y trompas que me acarician, me confortan, me protegen.Y con mi pequeña nariz iría descubriendo el mundo. 

Si fuera un elefante, acariciaría a los demás elefantes. Mi trompa sobre sus trompas, como un apretón de manos. Mi trompa sobre sus rostros, su cuello. Sus colmillos, tan únicos que, aunque sólo encontrase el cráneo de un elefante pelado al sol, sus colmillos me dirían si alguna vez le conocí.

Si fuera un elefante, mi madre me guiaría y me enseñaría con paciencia. Lentamente. Crecer lentamente, caminar lentamente. Comer lentamente, nuestra comida, después de todo, no se va a ir a ninguna parte

Vivir lentamente, dejando que el día se deslice sobre mi piel, sin prisa.

Salvo si hay agua, mucha, abundante, y mi trompa pasaría a ser un juguete, regocijándome con frescos chorros, y barro en abundancia para mi piel.

Si fuera un elefante, daría gracias por la brisa fresca, y por cada trago de agua, y aprendería como encontrarla. Para ser elefante, hay que saber muchas cosas. Dónde están los pozos que no se secan, cuáles son las mejores rutas, cómo excavar buscando el agua.

Aprendería a leer con mis manos. Sí, esas que, aparentemente, sólo me llevan. Pero también escuchan. Mis manos leen los murmullos del suelo, y los pasos cercanos y lejanos. Si fuera un elefante sabría reconocer las señales de otros elefantes a muchos kilómetros, dando secos pisotones para decir dónde están. Y reconocería el sonido, único, del agua bajo la dura costra reseca bajo el sol.

Sabría guardar esas energías que ahorro lentamente, día a día, para los breves momentos en los que la vida se acelera. Cuando hay que luchar para copular, para defendernos si alguien nos ataca, para proteger a los pequeños.

(Si fuera un elefante, ay de quien molestase cerca de mí a un elefantito)

Y, si fuera un elefante, me alejaría sin prisa de aquí, caminando despacio hacia el crepúsculo, perdiéndome entre las altas hierbas mientras los últimos rayos del sol tiñen de rojo la llanura y acarician mi espalda.

Sí, sería bueno vivir esa vida, una vida larga y calmada, paso a paso, caminando sin prisas a lo largo de los años, viendo pasar las primaveras y los estíos, la lluvia y la sequía.

Si no existieran los humanos, sería bueno ser elefante

sábado, 21 de febrero de 2015

REPASANDO 2014


2014 ha sido un año extraño, lleno de altibajos personales, laborales, anímicos... pero ha llegado a su fin y, como cada 12 meses, llega el momento de darle un repaso (con mucho retraso, enero y febrero han sido muy apretados) a mi trabajo. Y en ese aspecto, no puedo quejarme. Sí, vale, por los monises sí, trabajo el doble para ganar menos, y un par de clientes (exclientes, evidentemente) me han dejado un bonito agujero de impagados. Pero en lo que se refiere a mi propia valoración personal, como autor, ha sido un gran año, y he hecho cosas que antes no me hubiera atrevido a plantearme.

En el apartado de las infografías, mirando hacia atrás veo que estaba atascado en un cómodo sota-caballo-rey. Por suerte no trabajo solo y hay algunas personas (Santi, Óscar, Pampa...) que no dudan en espabilarme (y nada como una colleja a tiempo para desbloquear la cabeza) y ponerme a pensar.

Cuando has hecho, no sé, 600 mapamundis en los últimos 25 años, empiezas a sentirte un poco bloqueado. Sin embargo siempre hay un modo nuevo de representar las cosas, y jugar con tizas y pizarra fue una solución ligera y divertida para un tema que, a priori, era de lo más árido.


El despiece del Dreadnought no tuvo ningún elemento novedoso, sólo mi puntito de orgullo profesional, el decirme, no voy a hacer un buen trabajo, voy a hacer un trabajo aún mejor. Y, perdonadme la inmodestia, lo logré: mi imagen no tiene nada que envidiar a las mejores de las editoriales especializadas como Osprey. Dado que mis primeros trabajos, allá en los 80, fueron perfiles navales, esto ha sido rejuvenecedor.


También he mejorado a la hora de narrar. Sí, narrar, porque si tienes
que explicar un proceso, estás haciendo una narración con elementos gráficos. Ya sea buscando el realismo tridimensional (ficticio, porque en realidad esas imágenes de microorganismos son abstracciones) o reduciendo todos los elementos a lo más esquemático, incluyendo la gama de colores, como en el ciclo de la fasciolasis (aunque ahora, a toro pasado, veo que podría haberlo resuelto con sólo tres tonos, tengo que mejorar)

O en dos tonos, como en esta gráfica donde tuve que agrupar un montón de datos de su padre y de su madre sobre el crecimiento de la población, y salí bastante airoso, a mi (no) humilde entender. Y mira tú por donde, ahí tenemos otro mapamundi que no cansa la vista ¿el 601, ya? un día de estos tendría que hacer un recuento.

El trabajo puramente técnico también tiene su encanto, y siempre es un placer resolver un problema con un poco de creatividad. En este caso necesitábamos una composición con objetos de su padre y de su madre (recuerdos de las trincheras) y, decidido el fondo (adoro la arpillera), ya todo fue ajustar luces y sombras. No es perfecto pero da el pego ¿no?


Y en ocasiones un simple fotomontaje puede ser un trabajo de órdago. La imagen de Alcalá en ruinas es una de las mejores portadas que he hecho en años, De nuevo, un trabajo de equipo, apoyado por docenas de sugerencias útiles.

No obstante, por mucho que me guste el retoque o se me de bien organizar una infografía, ante todo soy ilustrador, y es ahí donde realmente disfruto, antes, durante y después del trabajo.


Sé que sueno creído y encantado de conocerme, pero si he sido capaz de reconstruir 9 especies de pingüinos extintos, incluyendo algunos cuyos restos se reducen a un par de huesos, creo que tengo derecho a estar un poquito pagado de mí mismo ¿no? y ojito, que los pingüinos son dinosaurios, precisamente los únicos dinosaurios marinos verdaderos (y son tan monos...)

He pintado mucho en estos doce meses, le estoy volviendo a coger el gusto a los pinceles (virtuales, pero pinceles al fin y al cabo). Esos pingüinos tienen detrás muchas horas de dibujo, y muchas muchas pinceladas Y aunque el Sketch ha resultado al final demasiado limitado, parece que he encontrado una app medio razonable, ArtRage, a ver qué tal.


También he jugado con los estilos, y he conseguido cosas muy interesantes, desde el dibujo medievalista del calendario del milenio (con un curioso descubrimiento relacionado con el Libro de Horas del D. de Berry) hasta el Nietzsche atormentado de la serie sobre migrañas. En ambos casos, las instrucciones fueron hazlo a tu aire, que puede sonar a No tenemos ni idea pero a mí me suena a Confiamos en tu criterio.


A eso me sonó cuando me pidieron una ilustración sobre osos y neandertales, y ahí eché el resto. Según leí el tema tuve clara la imagen y ya fue simple cuestión de técnica: 3D como base, y un fin de semana entero retocando el render en photoshop hasta conseguir ver en pantalla lo que tenía en la cabeza. Estoy especialmente orgulloso de esa escena, hasta el punto de haber contado su historia en otra entrada anterior.

Pero, de todo lo que he hecho en 2014, lo que más me enorgullece es mi recreación de un poblado iroqués. Me dijeron haz algo diferente y creo que, de lejos, es mi mejor trabajo en mucho tiempo, composición, luz, color... incluso verosimilitud, ya que José M. Mulet me hizo algunas interesantes apreciaciones sobre el maiz, y mi sobrina Yancy también añadió otras. 

Aunque, en realidad, lo que verdaderamente me enorgullece es el detalle de la mujer cosechando (cuyo desarrollo podéis ver al comienzo de esta entrada). Creo, sinceramente, que he logrado una imagen muy bella, y me va acostar superarla: esta vez, yo mismo me he puesto el listón muy alto.

* Imágenes
_ Mapamundi del crimen organizado: publicado en Muy Historia (número dedicado a la Mafia)
_ HMS Dreadnought: publicado en Muy Historia (número dedicado a la Primera Guerra Mundial)
_ Terapia inmune: publicado por la Agencia Sinc
_ Fasciolasis: publicado en Muy Interesante
_ Superpoblación: publicado en Muy Interesante
_ Recuerdos de las trincheras: publicado en Muy Historia (número dedicado a la Primera Guerra Mundial)
_ Alcalá: publicado en Muy Interesante
_ Evolución de los pingüinos: publicado en Muy Preguntas y Respuestas
_ Mes de Julio: publicado en Muy Historia (número dedicado al milenio)
_ Nietzsche: publicado en Muy Salud
_ Neandertal: publicado por la agencia Sinc
: Iroqueses: publicado por Muy Historia, número dedicado a ntaivos americanos

lunes, 26 de enero de 2015

CINCO HORAS CON MARIO (ENTRE LÍNEAS)


Como muchos de los lectores de mi edad, leí 5 Horas con Mario en el bachillerato, y disfruté. Me pareció una obra sorprendente, fluida y original. Y como muchos de mis compañeros, hice el análisis clásico. Delibes nos retrata las dos Españas que conviven dificultosamente hacia el final de la dictadura. La sociedad rancia y engreída, cubierta de telarañas y anclada en el pasado que encarna Carmen (nerviosa, incapaz de parar quieta, quejumbrosa), y el futuro, lleno de incertidumbre pero también de esperanza y dinamismo, de la mano de Mario (de cuerpo presente)

Es un retrato muy crudo. Carmen / Menchu desgrana una letanía de quejas y pullas, acumuladas durante veintitantos años de matrimonio, sobre su indefenso y difunto marido. Alardea de su devoción cristiana a la antigua, de sus linajudos orígenes, de su paciencia y fidelidad, de todas las privaciones a las que se ha sometido por amor a su marido, porque si ella hubiera querido, ja ¡si hubiera querido! Y en medio del bombardeo emerge un Mario virtuoso, comprometido, austero, inteligente, que no se preocupa de las apariencias y que, pese al silencio impuesto por la muerte, rebate uno tras otro los argumentos de su pesada viuda, dejando al descubierto su hipocresía e incapacidad.

Crudo, directo. Y fácil, muy fácil. Es tan sencillo apedrear a Carmen, si hasta ella dispara contra sí misma: en vez de llorar a su esposo, se preocupa porque sus grandes tetas se marcan mucho bajo el sueter (no son pechos de viuda) y de dar la vuelta a los libros para que no haya tantos lomos de colorines a la vista, que eso no hace luto.

Fácil, e injusto. Carmen no puede defenderse, nadie le ha enseñado a hacerlo. Y ese es el principal argumento en contra de Mario. Se supone que él es un intelectual, un docente preocupado por sus alumnos, consagrado al sagrado deber de educar ¿y su esposa es una analfabeta funcional? Algo no cuadra aquí.

Sí, es cierto, Carmen es superficial, y su frustración nace, en buena medida, de no poder aparentar. Pero ¿es culpable? La educaron para ser, precisamente superficial, para aspirar al oropel, para darse aires y postín. Y, lógicamente, no ha disfrutado de eso al lado de Mario. Pero tampoco ha disfrutado de ninguna alternativa, porque él no se ha molestado en dársela.

Mario anota la Biblia, debate con los sacerdotes, busca más allá de la fe ciega. Pero no con Carmen, ella sólo conoce la apariencia de fe que le enseñaron de niña, y nadie parece haberse molestado en mostrarle otro modo de sentir la fe. Si tan importante es su cristianismo renovado para Mario ¿porqué no empezó por explicarselo a su mujer? ¿es que ella no merece la oportunidad de entender ese camino, en vez de seguirlo cogida de la correa de su marido?

Ella se burla, con sus amigas, de un relato escrito por Mario. La primera vez que lee uno. La primera vez ¿es que él está siempre tan ocupado que no ha compartido, siquiera, lo que escribe con su mujer?

Está claro que Carmen no ha crecido como persona y sigue siendo la misma niña bien que se casó con Mario. Pero ¿qué ha hecho él a lo largo de estos 25 años, para ayudarla a crecer?

Nada. No ha hecho nada. Le da lo mismo. Se casó con una ignorante y la ha mantenido ignorante. El sabio y comprometido Mario no tuvo una compañera, una igual, sino una criada que le mantuvo la casa limpia, los niños alimentados y la cama caliente. Y ni eso, en realidad...

la primera vez, te diste media vuelta y me dijiste buenas noches, me quedé fría, que nunca me hizo nadie un feo así... que es la pura verdad, Mario, que en seguida te pasa y a una la dejas con la miel en los labios, ni disfrutar

Nunca ha hecho hecho el amor con su mujer, simplemente se ha corrido en ella de cuando en cuando. Nunca se ha preocupado por su placer o sus sentimientos. Nunca ha pensado en sus necesidades.

Nunca le ha hablado.

Carmen habla y habla ante el cuerpo de su marido,  por fin él tiene que escucharla. Es una vida de frustración, de deseos insatisfechos, de impotencia, que por fin rompe los diques y se desborda. No piensa callar: lleva callando demasiado tiempo. Callando, y viendo como él dedica sus atenciones, su inteligencia a otras personas. Como Encarna. La comprensiva e inteligente Encarna, siempre rondando a Mario, porque Mario es tan especial...

Delibes se burla de los celos de Carmen, es evidente para todos los lectores que Mario nunca se ha acostado con Encarna ¿para qué, si para él la pasión es apenas un rápido culeo, media vuelta y a dormir? Pero Carmen tiene mucha más razón de la que cree, su marido le da a la amiga lo que le niega a su esposa: afecto, tiempo y atención.

Y sí, claro que Carmen odia a los libros. No es por sus cubiertas de alegres colores. No es por su ignorancia. Es porque Mario siempre prefirio los libros a su compañía. Porque un montón de papel era más importante para el gran intelectual que la persona a quien prometió amar ante ese Dios que tanto le preocupa.

¿Porqué se casaron? Menchu no tuvo elección, aunque pueda parecer otra cosa. Se enamoró de José María y, cuando éste faltó, sólo quedó su hermano Mario. O casada, o monja o solterona, esas eran sus opciones. Pero Mario podía elegir así que ¿porqué eligió a ese saco de defectos sin cerebro ni personalidad? ¿simplemente por sus tetas grandes?

La pulla final: Carmen sí buscó fuera lo que no le daba su esposo. Esa es la gran cruz sobre sus espaldas, quiso ser infiel y, aunque no lo hizo, no fue por su voluntad sino porque la dejaron, una vez más, con la miel en los labios.

Contra ella las piedras ¡adúltera!

Pobre Menchu. Frustrada, sin amor, sin pasión, sin vida propia. Sin voz. Y ahora que, por primera vez en su vida, puede hablar sin ataduras, su propia conciencia la aplasta, por haber soñado siquiera que su vida podría haber sido otra. Mario, que vivió para todos, salvo para ella, vuelve a hacerla callar.

Lo sé: 5 horas con Mario es una metáfora. Pero lo es en muchos más sentidos que los oficiales. Delibes eligió como culpable a la que menos culpa tenía. Mario, es cierto, encarna el futuro, pero ella encarna a aquellos a quienes se les niega todo, incluido el futuro.

Carmen se casó con don perfecto, y sólo era humana.