Mujer iroqués

lunes, 9 de octubre de 2023

EL VILLANO



La ficción ha retratado numerosos tipos de villano. Tenemos el científico que quiere dominar el mundo (o demostrar que no está loco*) el médico malvado que esparce una plaga, el policía corrupto, el militar sediento de gloria que sacrifica a sus soldados, el nazi, post nazi, neo nazi, cripto nazi... 

No obstante, hay un tipo de villano que ha pasado muy desapercibido: el arquitecto malvado.

Están Le Corbussier y sus admiradores, decididos a enterrarlo todo en hormigón, los brutalistas que piensan que no se necesita luz o aire para vivir, o el gemelo malvado del reality aquel de reformas de casas, que venía a destruir el futuro de las parejitas.

_ (gemelo bueno) ... y con estos ajustes, la reforma de la casa de vuestros sueños sale por 643.217 dólares con 35 centimos
_ (parejita feliz) ¡qué suerte tenemos, churri, es justito, justito lo que tenemos ahorrado!
_ (gemelo malvado) un momento... ¿esto de aquí no es... (música ominosa) ... AMIANTO?
_ (parejita feliz) NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Pero no me refiero a unos villanos tan previsibles, sino al calculador, ese que perpetra sus obras a sabiendas, goza con las consecuencias de sus desmanes y, como buen villano, tiene un plan secreto.

Despacho del Arquitecto. En las paredes, títulos, galardones, y fotografías de sus obras más afamadas. El Arquitecto está sentado en su sillón giratorio, acariciando un gato persa, rememorando sus hazañas.

No fue fácil hacer destacar su mediocridad en medio de tanto mediocre, pero con paciencia (y contactos en un partido político) pronto empezó a ver su apellido en los titulares. Primero vino aquella estación de tren en una ciudad de nombre impronunciable. Le siguieron sus primeros puentes, un recuerdo que le da un calor especial: sus puentes son lo que más fama le ha dado.

El que todos sean casi idénticos nunca le ha importado a nadie. Hubo años en los que no había un regidor que no quisiera un puente claramente copiado del anterior, que se notara que era del Arquitecto del que todo el mundo hablaba. Era su estilo, y la prensa y los políticos le aclamaban con cada nueva inauguración como si él hubiera inventado el propio concepto del puente.

Lástima que no todo fueran puentes, sólo necesitaba coger la plantilla, cambiar un par de detalles, firmar y llevarse el dineral del proyecto, más los sobrecostes, y algún pellizquito en dinero negro. Pero de cuando en cuando algún alcalde tiene el caprichito de una torre, un auditorio, un edificio de congresos... y eso le obliga a trabajar un poco más. Con unas retribuciones  principescas, por supuesto.

Sí, el Arquitecto se ha hecho muy rico, pero no es el dineroeso lo que le mueve. Su placer viene de lo que sucede después. Porque esas obras tan emblemáticas** están construidas de la peor manera posible, con materiales baratos y acabados inadecuados, y enseguida requieren intervenciones, reformas...

Hay quien dirá, eso es muy normal en la arquitectura moderna, y sí, lo es. Pero lo que distingue al Arquitecto es que están hechos así a propósito.

Él es feliz sabiendo que sus puentes son intransitables, que sus auditorios se caen a pedazos, que sus estaciones requieren reparaciones al mes de inauguradas. Disfruta con titulares como La cubierta ornamental del Nuevo Edificio Multi Funcional se desprende debido a la humedad o Cerrado el aeropuerto, ante el peligro de derrumbe del vestibulo.

El Arquitecto piensa en los presupuestos desperdiciados en parchear una y otra vez sus mamotretos, en las molestias que sufren sus usuarios, y gime de felicidad y placer, en tonos agudos, casi inaudibles, rememorando aquel día glorioso... ¿hace 15 años?

El consistorio de Z, tras cientos de quejas de la ciudadanía porque el puente peatonal resbalaba, y no había día de lluvia en el que alguien no se lesionara una pierna, quiso arreglar el problema instalando una cobertura antideslizante. Y él les demandó, por alterar el concepto artístico de su obra .

Cuando el juez falló a su favor, el Arquitecto eyaculó. Por suerte nadie en la sala se fijó en la pegajosa mancha de sus pantalones.

Sí, el Arquitecto es feliz. Ha sembrado el mundo de edificaciones espantosas, inútiles y defectuosas, amasando una verdadera fortuna y haciendo más infeliz la vida de millones de personas. Pero....

No le basta.

Porque aspira a más. Él sueña con la inmortalidad.

En su despacho, sobre la mesa, hay una foto. La única que no retrata una de sus obras. El Partenón, de Fidias. El nombre que le persigue en sueños, que le atormenta, porque él nunca será Fidias.

Sí, es rico y famoso, pero no se engaña. La fama es volátil, y sus obras no durarán: la mayor parte de ellas amenaza ruina al año de inaugurarse. Y cuando él ya no esté, su nombre se olvidará, reemplazado por el del siguiente mediocre encumbrado por los medios y los políticos.

No quedará nada, ni siquiera su recuerdo. 

Pero tiene un plan. 
Porque hay dos formas de ser inmortal: una es construir una maravilla. La otra es destruir, como Eróstrato***.

Y ahí está su obra maestra, la Ciudadela de los Artistas y los Científicos. Espantosa, mal construida, inútil, increíblemente costosa. Como todo el resto de su obra. Y perfectamente ubicada para su plan.

Porque el consistorio decidió desviar el río  y convertir su cauce seco y rellenado en el eje cultural de la ciudad. Con auditorio, museo, edificios dinámicos, jardín botánico, pajarera, oceanográfico... miles de millones de euros invertidos en una avenida cuyo único valor real es lo bien que queda en las fotos.

El Arquitecto es mediocre, pero no tonto. Sabe que los ríos no siguen un cauce por casualidad, sino porque la gravedad les obliga. Puedes desviarlo, encauzarlo, represarlo, pero esa fuerza sigue ahí, tirando hacia el mar por el camino más corto y directo. Y, un día, llegará una tormenta mucho mayor de lo esperado, tras unas lluvias más intensas de lo normal, y el agua volverá imparable, arrasando todo lo que encuentre en su camino.

Ante los ojos del mundo, la Ciudadela se desmoronará, en cámara lenta, arrastrada por la riada, las aves volarán desde los restos de la pajarera y las belugas del oceanográfico, liberadas por el desastre, nadarán hacia el Mediterráneo mientras miles de personas las filman con sus teléfonos móviles. Las redes se llenarán con las imágenes del desastre y, en cada aniversario, los noticieros recordarán lo sucedido, y repetirán su nombre décadas después de su muerte. 

Y así, el Arquitecto entrará en los libros de Historia.

Pero hay días, y hoy es uno de ellos, en los que le entran dudas ¿No están tardando demasiado las lluvias? Este cambio climático altera tantas cosas... Ya llevamos tres años de sequía y, aunque ha habido riadas catastróficas, ninguna ha afectado a esta jodida comunidad autónoma.

Sus edificios, bien lo sabe él, son de chichinabo. Si amenazan derrumbe antes de tiempo... si el ayuntamiento decide demolerlos... si algún oportunista ofrece un proyecto para reemplazarlos...

Mira al cielo ¿no se está encapotando? 

Podría ser...

Que llueva, que llueva
la vieja está en la cueva
los pajaritos cantan
Las nubes se levantan


* Y para demostrarlo ha clonado un dinosaurio con genes de tiburón blanco y el cerebro de Adolf Hitler, así aprenderán esos estúpidos

** Entendiendo emblemático como horrendo, repetitivo y plagiado

*** Que destruyó el templo de Afrodita en Efeso para que su nombre fuera recordado

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