Mujer iroqués

jueves, 31 de enero de 2019

DIEZ AÑOS MUY MOVIDOS



Cuando empezó el reto ese de subir una foto de hace diez años y una actual para contrastar, pasé bastante del tema. No sé si será o no una estrategia, como han dicho algunos, para probar algoritmos de reconocimiento facial, pero eso me la pela, simplemente no me gustan este tipo de movidas. Tampoco participo en cadenas de esas de "cita tu marca favorita de calcetines y a tres amigos a los que proponer el reto" igual que no lo hacía en aquellas de "reenvía esta carta a diez personas y recibirás bienes y servicios insospechados, pero si no lo haces morirán 10.000 gatitos"

A todo esto ¿alguien sabe quién es el encargado de matar a todos esos gatitos? Porque si ha tenido un puesto de trabajo estable estos años es gracias a mí, y ya podía tener un detallito, vamos, estírate un poco, chaval.

Pero el caso es que hace nada el señor feisbuq, tal vez preocupado al ver que yo no me animaba al reto, me recordó algunas fotos de hace 10 años (nada que sospechar aquí, circulen), y al verme, aparte de los cambios exteriores (notables) me dio por pensar en todo lo que ha sucedido en estos diez años. Y después de darle bastantes vueltas, he decidido retomar mi actividad en el blog hablando, precisamente, de esos diez años.

Ante todo, los cambios (muy evidentes) de mi anatomía: como puede verse* abulto bastante menos, y mi cabellera, amén de más escasa, se ha vuelto gris. Lo segundo se debe al inevitable paso de los años, que ya peino 52, y lo primero a unos cuantos miles de kilómetros recorridos al trotecillo corto desde 2013. No porque se me haya despertado una febril afición al running tras leer a Murakami, sino porque en un momento me dije, si no me pongo en forma ahora, luego será tarde, y lo de correr es un muermo pero es barato.

Aparte de los detalles corporales, no hay más cambios exteriores que reseñar: sigo sin operarme los ojos y mantengo mi desaliñado modo de vestir (lo que viene a ser el look "indigente con estilo"). Afortunadamente, sigue estando bien visto que los dibujantes seamos unos zarrapastrosos, así que de momento no me tengo que gastar ni un céntimo en ropa decente.

Pocos cambios, y, sin embargo, entre esas dos fotos han pasado tantas cosas que, si alguien me lo hubiera dicho en 2009, lo mismo me hubiera escondido debajo de la cama de puro vértigo.

Para empezar, nos hemos comido la crisis, y ésta se ha llevado por delante muchas cosas y a muchas personas. La mayoría de mis conocidos han logrado capear el temporal pero eso sólo significa que, como yo, se mantienen a flote, no que naveguen sin preocuparse.

A nivel profesional, he vivido un gran salto. Sigo siendo, sobre todo, ilustrador, pero ahora planteo mis propios proyectos, de principio a fin, incluyendo conceptos, estructura, textos... He logrado hacerme un nombre como profesional y, aunque las cosas están cada vez más difíciles en esta profesión, de momento aguanto y sigo remando

Escribir siempre ha sido una afición muy gratificante, pero ver publicados mis propios textos ha sido un subidón. Y, dado que se está preparando una segunda edición de mi primer libro, yo diría que no he hecho perder dinero a mi editorial, así que, como autor amateur, me puedo dar una palmadita en la espalda. Y también soltando mis majaronadas de viva voz, colaborando con el podcast Antena Historia. Hemos logrado que 30.000 personas se interesaran en el poema de Gilgamesh: si eso no es un triunfo, que venga Ishtar y me lo diga a la cara

Y lo más importante. A nivel personal, ha sido una década muy intensa. En la que personas maravillosas han rozado mi vida, e incluso me han permitido caminar con ellas, aunque sea un trecho. Y no daré nombres, pero quienes leéis estas líneas os reconoceréis

Nos creció la familia sin esperarlo, y con ella crecimos cada uno de nosotros.

He probado diversos sabores de helado, y al final he comprobado que me gusta la vainilla, en ocasiones con algún topping, por darle un puntito, pero en esencia vainilla.

Me encontré con nuevas amistades, vi la fuerza de algunas antiguas, y entendí, por fin, que amar y amistar comparten mucho más que una raíz.

Supe que, a veces, no puedes limitarte a decir "alguien debería hacer algo". Porque no hay otro: alguien eres tú.

He disfrutado de algunas locuras, en la mejor de las compañías. Porque lo hermoso de estar loco es la complicidad con otros locos.

¿Alguna vez habéis sentido como un poema os atravesaba la piel, golpeaba y os dejaba sin aliento? Que alguien, sin pretenderlo, te enamore con unos versos, es un regalo maravilloso.

He descubierto que el amor carece de barreras, hasta el punto de que ha habido mañanas en las que, al despertar, pensé que todo debía ser un sueño, o un error, que me había caído por equivocación la vida de otra persona mucho más meritoria que yo.

Aprendí a volar. Y ¿sabéis una cosa? estrellarse contra el suelo es terrible, pero la única forma de no estrellarse nunca es no alzar el vuelo jamás. Y por eso sé que, en mi lengua, encore significa toujours.

Y, finalmente: sé que, si alguna vez fui de verdad afortunado, fue cuando conocí a mi pareja. Lo más divertido es verlo en los ojos de otras personas, que a lo mejor, cuando me conocen a mí se dicen "oye, qué tío más guay" pero cuando la conocen a ella flipan en colores y casi escucho como piensan "pero ¿cómo es posible que este pringado esté con esta mujer?"

Las canas, las lorzas... son sólo cambios externos. Lo importante, estos diez años, ha sucedido por dentro. Y lo mejor es saber que, suceda lo que suceda en los próximos diez, también será una sorpresa.

* La foto del fuet en realidad es de 2018 pero es que me encanta mi gara de hacer el gilipollas

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