Mujer iroqués

viernes, 23 de abril de 2010

Libros y Rosas (I)

Esta semana coinciden mi cumpleaños y el día de San Jorge, así que entre otras cosas, mi chica me ha regalado varios libros: las novelas Primera nieve en el monte Fuji de Y. Kawabata y Al Sur de la frontera, al Este del Sol de H. Muramaki, y el ensayo Hitler 1938, el año de las decisiones de G. MacDonogh

Pronto tendré que hacer una limpieza para hacer sitio a los nuevos títulos, ya que desde primeros de año he acumulado una montañita al lado de la mesa de trabajo, así que me parece que es un buen momento para hablar de mi librería.

Según mi base de datos tengo en mis estanterías algo más de 1400 libros y 4700 tebeos (entre álbumes y comic-books). A eso hay que añadir otros 600 libros de mi chica (a ojo, ella opina que hacer una ficha de cada libro es una prueba de mis procesos obsesivo-compulsivos y sólo tengo archivados unos 300) y cosa de un centenar de nuestro hijo.

Dado que el espacio en casa es limitado, cada cierto tiempo hago una criba y decido qué libros se van porque han dejado de interesarme, se han quedado desfasados o no soportan una nueva lectura. Por ejemplo hace poco me releí la Trilogía de R, de J. Sadoul, y al final no fui capaz de entender qué pudo moverme a guardarla la primera vez. Bueno, sí lo sé: yo tenía dieciocho añitos y la prota se pasaba el día follando, lo que añadía a la obra un valor extraliterario que el tiempo ha borrado.

El caso es que mi biblioteca es bastante peculiar. Incluye cosas que mucha gente no considera como lectura, casi todos los libros están guardados en bolsitas de plástico para protegerlos y su distribución por la casa obedece a una mezcla entre plano mental y limitaciones físicas.

Según entras por la puerta, te encuentras las dos primeras estanterías, bastante amplias (unos 12 metros de baldas), donde están nuestras novelas en rústica. Ya en el salón hay un mueble sobre el que monté una chapucilla con algunas maderas para colocar los libros de arte, ya que son demasiado grandes para las baldas normales, y en los armarios del mueble, bajo los libros de arte, guardo las colecciones bolsillo. Por suerte el armario tiene fondo y me cupieron muchos libros en tres filas de profundidad por balda. Tengo buena memoria y recuerdo más o menos donde está cada colección así que no es difícil localizar un título, o no lo sería si lo tuviera ordenado, pero me temo que ahora mismo ahí dentro hay un verdadero caos.

En nuestro dormitorio mi chica guarda la mayoría de sus novelas, incluyendo una amplia colección de títulos vampíricos (pero de los que muerden y hacen pupa, no esos vampiros acomplejados de ahora) y el núcleo principal se encuentra en la habitación de al lado, mi cuarto de trabajo. Ahí se encuentran mis tebeos, algunas novelas y mi biblioteca de ciencias e historia, que a ojo de buen cubero suma unos 500 títulos. Lo bueno es que si una guerra nuclear me pilla en mi cuarto estaré protegido de las radiacciones por un grueso muro de papel. Lo malo es que la onda de choque me sepultará bajo un alud de libros pero al menos tendré lectura para entretenerme mientras muero de hambre y sed. Y menos mal que no fumo, porque entonces tras el alud vendría un fogonazo y luego el CSI recogería mis restos con una escobilla.

6 comentarios:

Esperanza dijo...

No entiendo bien eso de los libros en bolsitas. Fotos, please.

José Antonio Peñas dijo...

http://img687.imageshack.us/img687/3833/dscn0969r.jpg

http://img541.imageshack.us/i/dscn0971t.jpg/

Fotos, entonces. Vista a mano derecha desde mi silla de trabajo a mano (un día, hijo mío, todo ese desorden será tuyo) y un detalle de la sección ciencias. Son bolsas para tebeos que compro en las librerías especializadas como Elektra. Un libro en rústica de unas 300 páginas entra bien en una bolsa tamaño comic-book. Para otros tengo que tirar del formato antiguo, un poco mayor, o incluso del formato Espada Salvaje de Conan (no es coña, ese tamaño de bolsa se llamaba así en los 90). Las bolsas tienen solapita así que cachito de celo y adios al polvo y las humedades.

Lo sé, ha sonado raro. Sobre todo en mí.

Mi amigo Maqueda se reía mucho cuando venía a casa. Decía que nunca había visto que nadie les pusiera condón a los libros

Esperanza dijo...

Tengo miedo. Esto que haces es muy raro, incluso en ti.
Por cierto, "Desde la nada" es un libro precioso. Qué sorpresa verlo ahí envasado al vacío.

José Antonio Peñas dijo...

En realidad no debería sorprenderte, porque en una de nuestras primeras conversaciones (ya ha llovido, bien es cierto) empezamos a hablar de creatividad y derivamos a ese libro

Esperanza dijo...

Es verdad, recuerdo esa conversación... pero no la relacionaba contigo. Claro, eras tú ese tipo peculiar, el único que me hablaba los primeros días. Ya caigo.

José Antonio Peñas dijo...

No sólo hablábamos: teníamos entre manos lo de los materiales invisibles, que por cierto fue lo que me abrió el mercado polaco (no es como conquistar la Gran Manzana, pero por algo se empieza)