Mujer iroqués

sábado, 1 de mayo de 2010

¿Y por qué Episcophagus?

Me he decidido a escribir esta entrada porque más de uno se habrá preguntado él porqué del nombre de este blog. (también pueden haberse hecho preguntas sobre el precio de los berberechos, o sobre nada, pero ese es su problema, no el mío). La explicación es muy simple: es un homenaje a uno de mis héroes científicos.

Entre otras cosas el darwinismo sorprende por la incendiaria rapidez con la que la teoría de la selección natural se expandió por Europa y América y el impacto social que trajo aparejada. Unas décadas atrás la tesis adaptacionista de Lamarck pasó de puntillas sin provocar demasiado interés, y la enorme figura de Cuvier jamás  suscitó debates tan apasionados como los que tuvieron lugar tras la publicación de El Origen.

Suele aducirse que el avance de las ciencias naturales creó un ambiente propicio y bastaba que alguien encendiera una cerilla para inflamar el escenario. Esto es cierto, pero falta el factor humano: Darwin atrajo a una constelación de talentos fascinados por las puertas que les abrían las nuevas ideas. Fueron estos científicos, unos entusiastas, otros graves y solemnes, los que extendieron el fuego de la evolución. Hombres como Wallace, codescubridor de la selección natural y creador de la biogeografía, Hooker, que siguió el sendero abierto por Humboldt en los estudios sobre botánica, el ya maduro y consolidado Lyell, fundador de la geología moderna o Galton, el alegre primo de Darwin, que lo mismo componía una ópereta que se lanzaba a organizar detalladas estadísticas meteorológicas. Y entre ellos destaca el iconoclasta, intuitivo y deslenguado Thomas Henry Huxley.

La fama mediática de Huxley nació tras debatir en Oxford con el obispo Samuel Wilberforce, que (según la leyenda) le preguntó si descendía de gorila por parte de padre o de madre  a lo que el joven Thomas, tras murmurar  El señor le ha puesto en mis manos respondió Si debo elegir entre un simio o un hombre que emplea todas sus virtudes intelectuales para traer el ridículo a un debate científico, entonces sin duda prefiero descender del honrado simio. Es dudoso que estas palabras se pronunciaran, pero como bien sabían los romanos, lo grabado en bronce, permanece, y una placa inmortaliza ése debate como el instante en que la evolución ganó la batalla. Y si había alguien en Gran Bretaña capaz de hablar con esa determinación, ése era Huxley.

Donde Darwin, tímido y enfermo, elude a la prensa y Lyell trata de mantener las buenas relaciones, Huxley se lanza a la batalla sin mirar a los lados ni tomar prisioneros. Su lengua le gana un montón de enemigos, pero atrae la mirada de la prensa, que ve en el joven Bulldog de Darwin un valor seguro para llamar al público. Una lengua bien afilada a la hora de tratar con los que anteponen la Biblia a la ciencia.

Bajo la cuna de la ciencia yacen los teólogos extintos, como las serpientes bajo la de Hércules. Siempre que ciencia y ortodoxia se han enfrentado la última se ha visto forzada a huir, sangrando y rota, si no aniquilada, desarbolada cuando no muerta. El término librepensador le queda pequeño: es un materialista con ganas de pelea y no duda en  grabarlo en sus tarjetas de visita: Thomas H. Huxley, Episcophagus. El Devorador de Obispos.

No sólo enrojece las orejas de los clérigos. Es un científico de primer orden, dotado de una profunda intuición y libre de corsés ideológicos. Ante el fósil de Archaeopteryx, Huxley comprende que está viendo un dinosaurio emplumado luego las aves descienden de los dinosaurios. Una idea tan absurda a ojos de sus colegas que harán falta 120 años para reivindicarla. Richard Owen, cabeza de la ciencia victoriana, proclama que el cerebro humano es estructuralmente distinto al de los primates, pero Thomas no acepta el magister dixit y y analiza el encéfalo de nuestros parientes. El público sigue atónito en la prensa el Debate del Hipocampo: el pomposo Owen recibe un sonoro vapuleo en su campo de batalla preferido, la anatomía comparada, a medida que Huxley demuestra que las diferencias entre humanos y primates son de grado, no de estructura. El prestigio del Cuvier inglés no se recuperará.

La firmeza darwinista de Huxley no es la de un creyente ciego y no deja de señalar los puntos débiles que encuentra en las tesis de su mentor, ayudando en no pocas ocasiones a corregirlos. También se preocupa de diseñar nuevos programas de estudio que mejoren tanto la capacidad científica de las nuevas generaciones como su ética, para lo que no duda en echar mano incluso de la Biblia (curiosa paradoja en un personaje repleto de matices). Su propio compromiso materialista es firme y meditado. Ante el mazazo de la prematura muerte de su hija Marian rechaza con serenidad el fácil consuelo de los cuervos que pretenden aprovechar su dolor para devolverle al redil de la iglesia.

Hablando de iglesias, el feroz Thomas se permite el placer de ofrecer un epitafio personal a su viejo enemigo, el obispo Wilberforce, muerto al partirse el craneo tras caer de su caballo: Por una vez la realidad y su cerebro entraron en contacto, y el resultado fue fatal

Las siguientes generaciones aflojarán la mano, considerando que el Bulldog ha empleado demasiados esfuerzos en aplastar enemigos inexistentes. Hoy, por desgracia, podemos ver que Huxley no combatía molinos de viento. La irracionalidad sigue campando a sus anchas con los mismos sobados argumentos que Thomas procuró reducir a serrín, y aprovecha todos los resquicios que la pereza intelectual, la cortesía mal entendida y la corrección política dejan a su alcance para cubrir de ruido la voz de la razón. Necesitamos no uno, sino cien Huxleys con los colmillos bien afilados, que muerdan hasta el hueso a fariseos y estafadores.

Una recomendación antes de acabar. La obra de Huxley no se ha publicado en España, pero para aquellos que puedan bregar con el inglés, el proyecto Gutenberg tiene  disponibles la mayoría de sus obras, incluyendo varias colecciones de ensayos (imprescindibles) , sus análisis de El origen, y el trabajo sobre el cerebro de los primates, aunque debo reconocer que éste no interesará a nadie fuera de los aficionados a la anatomía comparada.

http://www.gutenberg.org/browse/authors/h

12 comentarios:

Esperanza dijo...

Cuidado! "Siempre que ciencia y ortodocia se han enfrentado la última se ha visto forzada a huir, sangrando y rota (...)". Sabemos que se te ha escapado una x, pero casi se lee "ortodoncia".

Me ha gustado mucho tu post. Te recomiendo el libro "La ciencia como herejía" de Antonio López Campillo, editorial Endymion, 1998.

luciernagareina dijo...

A mí también me gusta mucho.
De hecho, creo que deberíamos opositar a "Episcophagus".

Esperanza dijo...

Qué bueno leerte aquí, Luciérnaga Reina Madre! (Eres tú porque no hay más que una). Me gusta tu idea de opositar a devorador de obispos... y podríamos montar una academia de preparación de oposiciones, lo veo, veo el negocio.
También veo un filón en las traducciones de las obras de Huxley para ese proyecto editorial que se gesta en nuestras cabezas cada vez que tenemos una caña delante.

José Antonio Peñas dijo...

¡Ouch! Gracias por el aviso. Debía tener mucho sueño cuando tecleé ortodocia orque al verlo ahora duele en los ojos. Corregido.

Guillermo Navalón dijo...

Este blog es una verdadera joya, por dios.
Lo seguiré de cerca...

P.D: El nombre es brutal jajaja

Pabluratops dijo...

Thomas Juxley es lo máximo! era gran amigo de Marsh y me parece que pariente de Aldoux Huxley...en verdad un perosnaje muy interesante, siempre se repite la pregunta tonta de ¿ si su antepasado fue un mono, entonces fue por parte materna o paterna? pero muchos no mencionan la cortante e inteligente respuesta de este científico inglés.
Gracias por compartir este artículo!

José Antonio Peñas dijo...

Aldous fue el nieto de Thomas. Su padre, Leonard Huxley, fue también escritor y su hermano fue un reputado biólogo. Sin lugar a dudas una familia realmente interesante Es una lástima que su hija Marian muriera a los veintipocos, porque seguramente hubiera sido una mujer notable

molinos dijo...

Jo..me ha encantado esta entrada y mira que yo soy poco de ciencias.

Voy a meterte en mi lista de blogs ipsofácticamente y otra cosa..te falta una o en "mayoria" en el último párrafo.

Voy a seguir leyendo que llevo atraso.

José Antonio Peñas dijo...

Gracias por el aviso, Moli (odio dejarme faltas en los textos). Tengo prevista una entrada sobre libros de divulgación científica, a ver si logro que te pique el gusanillo, porque creo que un volumen con un título tan sugerente como "El brontosaurio y las nalgas del ministro" merece al menos una ojeada.

molinos dijo...

Vale..este comment es para el post siguiente pero no sé que pasa que llevo toda la mañana y no me deja colgarlo en el post correspondiente.

Si puedes, lo cortas y lo pegas..

Para tu lista de sinónimos..a mi me llamaron una vez por la calle: felpudín.....

sin comentarios...

José Antonio Peñas dijo...

Lo dejamos aquí, que el mundo sepa que Google, además de continuar con sus tenebrosos plans para dominar el planeta, no nos da buen servicio.

¿Felpudín? Mi chica por mucho menos le dejó a un compañero cinco dedos en la cara que le duraron toda la tarde.

¿Qué fue de esos albañiles de antaño, que sembraban flores con su lírica al paso de cualquier hermosa? Como los que le soltaron a mi amiga Elena un rotundo "¡eso es andar y lo demás es joder baldosas!"

Todo se pierde.

molinos dijo...

Tenia 16 años....si me lo dicen ahora se entera...