Mujer iroqués

sábado, 11 de enero de 2014

TENGO ALAS


A veces los sueños te hablan. Esta noche los míos lo han hecho. A gritos. Señalando algo que ya debería saber de sobras, pero a veces lo olvido.

Porque al levantarme y mirarme en el espejo, las vi. Tal y como dijiste.

Me llevé un susto de muerte.

Sé que no han surgido de la nada. Llevan ahí, en mi espalda, muchos años, pero yo no las había visto. Otras personas sí, y daban por supuesto que yo las conocía. Cómo he podido tirarme tantos años sin verlas, es algo que no acabo de entender. Supongo que hay que saber mirar, porque algo así no se esconde.

Pequeñas, no son. Ni redondotas y cursis como las de los angelotes de Murillo. Son grandes, con remeras largas y rectas. Son oscuras, con tonos pardos entreverados de negro, y las puntas de las remeras bandeadas en blanco. Si las extiendo, de lado a lado, tocan las paredes. Es muy extraño sentirlo, notar como tus plumas rozan suavemente un muro.

No pesan, ni me incomodan. Supongo que por eso no las había notado antes. No es que ahora las note, ahí, en mi espalda, pero una vez las ves, ya no puedes hacer como si no estuvieran ahí. Y, aunque las recojo bajo la camiseta y no hacen bultos, tengo la impresión de que se me notan. A veces la gente se me queda mirando, y creo que es por eso.

Y fuertes, lo he comprobado. Una vez eres consciente no te vas a quedar mirándolas, así que te asomas y miras al vacío. Te da respeto, impone, porque no puede ser tan fácil como dar un paso hacia adelante y desplegarlas. Tiene que haber algo más pero ¿qué?

Asusta, no voy a mentir. Pero cierras los ojos y de pronto sientes que tus pies no tocan el suelo, y das un respingo, pero con suerte ese respingo te empuja un poco más arriba. Y sigues subiendo, tanto que de pronto te asustas de nuevo, porque en algún momento te darás con el techo. Y cuando abres los ojos, pensando que vas a darte un testarazo, o que verás el suelo subiendo hacia ti, cada vez más rápido...

... ¡sorpresa! no hay techo. O al menos no lo he encontrado. Y he subido muy, muy alto. No es que no tenga miedo en ocasiones, ojo, pero cuando notas el viento en la cara, deja de pesar, y simplemente sigo volando.

Contigo.

Tú me las señalaste. Pensé que estabas bromeando, porque reías al decírmelo. Y de no ser por ti, aún me miraría al espejo por las mañanas sin notar nada extraño. Creo que, en realidad, hay muchas personas aladas. No sólo las que a veces veo pasar, cogiendo una ascendente, hacia lo más alto, sino muchas de las que caminan por ahí abajo. Sólo que a ellas nadie se las ha descubierto todavía.

Y sigues riendo, y, bromeando, y te quejas de cómo lo dejo todo perdido de plumas. Como sí todas fueran mías. Como si tú no tuvieras las tuyas, firmes, bellas. Con un intenso color de miel. Creo que son mucho más bonitas que las mías, pero, no sé, siempre dices que soy poco objetivo.

¿Te puedo contar un secreto? no te sonrojes, por favor, pero lo mejor de tener alas, lo más especial de volar...

...es volar a tu lado.

2 comentarios:

Irene dijo...

6 extremidades, sin ser insecto... Extraño reves evolutivo, solo visto en la mitologia, y en los sueños :-P

phaskyy dijo...

Cambia de camello. Eso que tomas no es bueno. ;-P