Mujer iroqués

lunes, 21 de junio de 2010

Algunas recomendaciones (III)

Por fin he iniciado la demorada limpieza de mi biblioteca. De momento ya he bajado dos carros (uso el de la compra) al contenedor de reciclado y he cedido en adopción un par de docenas de títulos. Pero esta vez el dolor de la criba se ha visto mitigado por una maravillosa sorpresa, porque he recuperado Mi Familia y Otros Animales. Resulta que sí me lo devolvieron pero quedó traspapelado junto a otros trastos y apareció al apartar una torre de papelotes: cubierto por un dedo de polvo pero entero, con sus esquinas gastadas y sus restos de arenilla. Le he dedicado una cariñosa relectura, para volver a disfrutar de una traducción con un sabor ya inencontrable (debido a la puta corrección política la actual edición de Alianza ha eliminado el impagable acento de Spyros Chalikiopoulos)

En tan feliz circunstancia, creo llegado el momento de una nueva entrada sobre uno de mis autores fetiche: Philip K. Dick

Descubría este señor gracias a mi amigo PG. Los que me conocéis me consideráis bastante frikie pero al lado de PG parezco anodino y estandarizado. Entablamos amistad a los 16 años, tras una encendida discusión sobre El Señor de los Anillos, y en su biblioteca pude disponer de obras tan dispares como El Libro Rojo del Cole (ah, tiempos felices), las Fundacion (la trilogía básica, no la basura posterior), Cómo tener la Casa como un Cerdo (imprescindible volumen de autoayuda) y ¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas? de Dick.

Leí Sueñan… poco después de ver Blade Runner, y me llevé dos sorpresas: la primera, que la novela no tenía nada que ver con la película. Los protagonistas y la acción son similares, pero la historia de los androides es tan solo un fondo sobre el que desarrollar la trama de la obra. La segunda fue que Dick era fascinante: me quedé atrapado de principio a fin y dio comienzo una cacería febril en busca de más títulos. Me llevó años, pero entre librerías comerciales y libreros de viejo conseguí prácticamente todo lo que se ha publicado de Dick en castellano.

No es ciencia ficción al uso. Sus historias transcurren en un futuro más o menos cercano pero no hay heroicas hazañas, invasiones extraterrestres o brillantes naves espaciales. Sus protagonistas son vulgares, incluso inadaptados, como el restaurador de cerámicas de Gestarescala, cuya profesión ha dejado de ser útil, o el protagonista de Tiempo Desarticulado, que se gana la vida rellenando un concurso de prensa. Su visión del futuro es sucia y gris pero tampoco trata de hacer antiutopías.

¿De qué habla entonces? De Dick: sus obsesiones, sus frustraciones, sus paranoias y la realidad que aparentemente le rodeaba. Aparentemente es la clave: era un enfermo mental, hijo de una madre posesiva, incompetente y fanática de la farmacopea, crecido en un entorno social absurdo, y consumidor compulsivo de anfetaminas y sustancias más psicoactivas. Su obra trata de dos temas: la pérdida de la fe y la imposibilidad de distinguir lo real de lo irreal.  Es decir, lo que él sentía.

Ninguno de sus mundos iguala la insanía de Los Clanes de la Luna Alfana, cuyos habitantes pertenecen a la tribu de los Depresivos, al clan de los Obsesivo-compulsivos o a la hermandad de Esquizofrénicos. El protagonista, lider de los Paranoicos, se plantea si entrar en la sala de reunión de los clanes o hacer entrar al doble robótico por si le disparan pero ¿y si sospechan que mandará al robot por delante? entonces lo lógico es entrar él, pero quizás han deducido que el descubriría que sospechan que mandará primero al robot y esperarán que entre el primero para asesinarle… Pero la luna de Alfa no es amenazadora: mucho más siniestro es el retrato que hace Dick de otras sociedades muy similares a la nuestra, cuyos pequeños matices las vuelven escalofriantes en su familiaridad.

En su cuento Foster, estás muerto, asistimos al día a día de un niño aterrorizado porque va a morir: su padre no paga la mensualidad del refugio atómico de la escuela, y cuando los rusos lancen las bombas no le dejarán entrar. Cuando va de la escuela a casa corre enloquecido de la puerta de un refugio a otro, confiando en que si llega el ataque podrá colarse dentro, y vive pegado al escaparate de una tienda de refugios, estudiando ansioso los últimos modelos. ¿Absurdo? No tanto: en esos años los niños recibían clases de supervivencia en caso de un ataque nuclear y todo el mundo construía refugios para una guerra que pensaba inminente.

Dick y su primera mujer eran beats, y un día él recibio la visita de unos agentes del FBI: querían que espiara a su esposa, sospechosa de comunismo. Él racionalizó que el mejor camuflaje para un comunista sería el de miembro del FBI, y de sus debates con los agentes nació El Ojo en el Cielo.

En varias de sus obras, como en Dr. Bloodymoney, Dick revela la obsesión por su hermana melliza muerta a poco de nacer, que se convertiría en una presencia fantasma a lo largo de su vida. ¿Suena enfermizo? Su madre enterró a la niña en un nicho con el nombre de ambos hermanos, para que se reunieran en la muerte, luego no es extraño que el pequeño Philip tuviera sueños confusos.

Su segunda esposa (se casó cinco veces) le convenció para hacer algo que no fuera ciencia ficción, y escribió Confesiones de un artista de mierda, protagonizada por un esquizofrénico cuya dominante hermana se obsesiona con la juvenil pareja de Beats que viven al lado, arruina su matrimonio y el de ellos y se casa con el joven recién divorciado. Su esposa, que se obsesionó con Dick y su mujer, arruinó su matrimonio y el de ellos y se casó con él nada más obtener el divorcio, se sintió agredida por la novela (vaya usted a saber porqué) lo que aparejó su segundo divorcio.

En 1974 Dick perdió los últimos asideros con la realidad al descubrir que un judío cristiano del siglo III llamado Tomás se había reencarnado en su cuerpo y trataba de escapar de las garras del Imperio Romano, que nunca desapareció. Nos lo contó en tres novelas, o mejor dicho una novela contada tres veces: Valis, Radio Libre Albemuth y La Invasión Divina.

Stanislaw Lem (hablaré de él otro día) escribió en Polonia un artículo sobre Dick, a quien consideraba el escritor americano más relevante de la segunda mitad del siglo, y logró que una editorial publicara Ubik, la espeluznante historia de unos personajes que ignoran que han fallecido. Dick debía ir a Varsovia para firmar los contratos y Lem organizó un evento con otros entusiastas de la ciencia ficción, para ofrecer a su visitante una espléndida bienvenida y dedicarle un pequeño congreso literario. Entonces recibió una carta del agente de Dick, explicándole que su representado había llegado a la conclusión de que Lem no existía, que se trataba de un ente ficticio creado por el KGB a petición de Nixon para hacerle viajar a Varsovia y, una vez allí, asesinarle y reemplazarle por un doble. Quizás Lem no se sorprendió demasiado, después de todo ya había demostrado en un ensayo su propia inexistencia.

Todo lo que pueda deciros de Dick es poco: en la última década Minotauro ha ido recuperando sus títulos (excepto Ubik, publicado por Factoría de Ideas), así que no tendréis dificultades para haceros con su obra. Recomiendo empezar por sus relatos breves, editados en cinco volúmenes, y considero imprescindibles Sueñan los Androides, Ubik, Tiempo de Marte, Fluyan mis lágrimas dijo el policía, una mirada a la oscuridad, Dr Bloodymoney, y Los Tres Estigmas de Palmer Eldritch.

Dosificadlo: es adictivo y peligroso, puede llegar a hacerte dudar de lo que ves y logra ponerte un escalofrío en la espalda con las situaciones más cotidianas. Y si llaman a vuestro teléfono de madrugada, no respondáis, no sea que una voz angustiada os revele la terrible verdad, que Dick está vivo y nosotros estamos muertos.

7 comentarios:

molinos dijo...

yo no soy de ciencia ficcion la verdad...pero en tu honor le daré una oportunidad. ¿ Por cual empiezo?.
Ah y en la fiesta del otro día...hablamos de ti...jijijiji.

José Antonio Peñas dijo...

Pues ya me dirás qué te parece. A mí me sigue maravillando cada vez que retomo alguna de sus historias.

Si prefieres novela en vez de relato corto arranca con Tiempo de marte o Ubik, si no, Minotauro ha editado sus cuentos cortes en cinco volúmenes (estaba pirado, pero trabajaba mucho)

¿Hablábais de mí? Pues dado que (evidentemente) no lo hacíais de mi musculoso y bien proporcionado físico, me echo a temblar

Anónimo dijo...

No tiembles, Peñas, sabes que te quiero...
Yo creo que este verano también le daré una oportunidad a Dick, qué tal si empiezo por ¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas?
María

José Antonio Peñas dijo...

Es una excelente novela, pero tiene un problema, y es que todo el mundo la lee con Blade Runner en mente, y como ya he comentado se parecen lo que un huevo a una castaña.

Por cierto que Dick vio Blade Runner antes de morir, ya que se le hizo un pase especial anterior al estreno.

Otra película fascinante, El Show de truman, se basa en Tiempo Desarticulado, cuyo protagonista se obsesiona con la sensación de que la ciudad en que vive parece estar centrada en él.

Fernando Pio dijo...

Por si alguien se aburre... un aperitivo de Philip K. Dick:

http://www.quedelibros.com/autor/639/Dick-Philip-K.html

CUIDADO: esa página es altamente adictiva...

Teresa, la de la ventana dijo...

Yo tampoco soy muy de ciencia-ficción, pero me gustó mucho "Farenheit 451" y no dejé a medias las "Crónicas Marcianas"...

José Antonio Peñas dijo...

Chica, es que me estás mentando lo mejorcito de Bradbury. A veces era un pelín cursi, pero cuando se ponía a escribir en serio sabía muy bien lo que hacía