Mujer iroqués

viernes, 21 de marzo de 2014

UNA NOCHE... hace 120000 años


Cuando observo un cuadro, como NightHawks de Hopper, por ejemplo, no puedo evitar preguntarme qué sucede, cómo y porqué han llegado esas personas ahí, y qué pasará cuando yo me marche. A veces, cuando hago una ilustración, sobre todo si es narrativa, me hago las mismas preguntas. Y así fue cuando hice la mujer neandertal y el oso para la agencia SINC. Cuando me propusieron el tema enseguida vi la imagen en mi cabeza, y a medida que tomaba forma en la pantalla llegaron las preguntas ¿porqué? ¿porqué están aquí, si ambos parecen desear estar en cualquier otro lado? ¿cómo ha sucedido? y, lo más importante ¿cómo va a terminar?

Esta es la historia de esa noche. Tal y como la vi en mi cabeza. Y antes, tratad de imaginar ese mundo, aparentemente el nuestro, pero muy diferente. Un mundo duro, sin segundas oportunidades. Donde, al amanecer, no sabes si vivirás para ver otro.

Ahora, acercaos a la mujer que duerme en la cueva. Entrad y sentidla.

Descansas. Lo necesitas. El fuego aún arde vivo, en unas horas serán brasas pero seguirán dando calor. También calentarán a la niña, que nació hace cinco inviernos, y duerme acurrucada contra ti, abrazando a su hermano, de dos. La hoguera les mantiene cálidos, pero prefieren tu calor al del fuego, les hace sentir que todo va bien.

Tal vez haya algún anciano con vosotros, reposando sus huesos doloridos, y algun adulto más, quizás tu pareja. O no, tal vez estás sola, quizás te apartaste del grupo, o el resto está fuera y tú te quedaste para cuidar y proteger a los pequeños. Sea como sea eres tú quien despierta al oír un ruido apagado... abres los ojos...

... el fuego siluetea la masa parda que tapa la entrada y se acerca en silencio, recelosa de la luz que hace brillar sus pupilas, y sus colmillos. Recelosa pero hambrienta...

¿Gritarás pidiendo ayuda? Tal vez no hay nadie. Y aunque no estés sola, no puedes esperar, la bestia está cerca...

¿Huir? ¿A dónde? Su cuerpo está entre la entrada y vosotros ¿hacia el fondo de la cueva? ¿donde podrá atraparte más fácilmente? ¿y los niños?... los niños... no puedes pensar más. Si sigues pensando el miedo te paralizará y estarás muerta...

No más pensar: luchar. Aferras uno de los tizones que arden a tu lado, y la lanza, que nunca apartas, y saltas hacia él, cortándole el paso.

El oso se frena en seco, no lo esperaba. La presa se ha revuelto y de pronto la luz arde en su cara. Huele su propia piel chamuscada, los pelos de su nariz quemados, y ruge furioso mientras manotea, cegado por un instante. Y tú también gritas: le desafías.

Vuestras voces despiertan a los demás. Si hay adultos, cogerán sus armas y correrán a tu lado. Si estás sola, los niños se refugiarán tras de ti. Sea como sea, no miras atrás: si apartas tus ojos de los suyos, si no sostienes su mirada, todo habrá acabado.

Lanzas un nuevo golpe con la tea, porque el fuego es tu segunda mejor arma. Y golpeas con la punta afilada y endurecida al fuego, porque la lanza es tu tercera mejor arma.

Y das otro paso adelante, porque tú eres tu mejor arma, la única que cuenta. Eres lo que se interpone entre la vida y la muerte.

¿Como termina? No lo sabemos. Hay dos finales. Si el oso está muy hambriento, o muy desesperado, se abalanzará. Y no habrá tiempo para pensar, sólo para poner la rodilla en tierra, apoyar la base de la lanza en el suelo y sostenerla con todo lo que te quede...

Y uno de los dos morirá. O los dos.

Pero si no es así, si el miedo al fuego y el dolor de las heridas son más fuertes que el hambre, el oso retrocederá poco a poco. Furioso, a regañadientes, rugiendo su indignación, porque tiene orgullo, orgullo de oso. Pero, orgulloso o no, sabe que la cosa va mal. Él es más grande, más duro, más fuerte, su boca y sus zarpas están llenas de muerte... pero sabe que no vas a rendirte, y él se juega una comida, pero tú te juegas la vida...

Nadie quiere morir, ni siquiera un oso viejo y hambriento, y ya no quiere comer, sólo salir de una vez de ese atolladero, para buscar una presa menos difícil. Y cuando llega a la salida, gira y se marcha, quizás aguijoneado por un último lanzazo en el trasero, que recibirá un rugido atroz por respuesta. Pero se va. Temblando de ira, y pagando su frustración con todo lo que se encuentre por el camino, sean piedras, plantas o animales. Ay de quien se cruce con él en este momento.

Esperas ante la entrada, la lanza en ristre, inmóvil, hasta que le oyes alejarse, y sabes que no volverá. Y te dejas caer de rodillas, agotada, sintiendo de pronto como late tu pecho

...dum dum DUM...

Esta noche NO. Hoy NO

Y tiemblas, ya puedes permitirte temblar mientras abrazas a los tuyos. Habrá otro amanecer. Viviréis.

Y el oso vivirá. La furia acabará apagandose, encontrará algo que comer y seguirá su camino para vivir otro día, otra luna, otro invierno... pronto sólo serás un vago recuerdo en su mente.

Pero quizás, un día, huela humo, o el olor de tu gente, y recordará el dolor y las quemaduras, las heridas, la humillación... te recordará.

Y por si acaso, cambiará de camino.

No sabemos cual es la palabra que te define. La nuestra no surgirá hasta dentro de miles de años. Al oso le da lo mismo, para él las palabras no existen, pero, mientras recula y se aleja, igual que hace ahora, te maldecirá, y maldecirá, con sus pensamientos de oso, la noche en que creyó haber encontrado una comida fácil...

... y despertó a una mujer

5 comentarios:

Toy folloso dijo...

Me ha parecido interesantísima la serie de posts sobre el Islam que has publicado hace pocos días.

José Antonio Peñas dijo...

Sólo por curiosidad ¿no deberías haber comentado eso en alguna de las entradas sobre el islam? O-o

Toy folloso dijo...

Esto de postear corre incluso más rápido que los habituales 60 minutos por hora. Lo hice para captarte algún que otro perezoso....

lyuti dijo...

Yo a menudo le busco la explicación a lo que dibujo una vez que lo he hecho, salvo cuando quiero una expresión, quiero que el rostro diga algo, que entonces se la busco antes, si no, no puedo hacer nada.
Me emociona tu historia, por la cadencia que le has dado. Es curioso cómo ahora se presenta a los nearden
como gente de mérito y esforzá. Me recuerda a una historia de Lem, libro diarios de las estrellas, será del setentaytantos -ijon tichy- en la que los extraterrestres se empeñan en hablar con seres humanos que valieran la pena, los neardenthales. Un saludo.

José Antonio Peñas dijo...

Recuerdo la historia, Tichy viaja a la confederacion galáctica como representante de la humanidad para ver si nos admiten en ella. Es un despepite