Mujer iroqués

lunes, 20 de junio de 2011

LOS OKUPAS DEL QUINTO (y otros encuentros con la naturaleza)


Como ya he mencionado, tenemos  una abundante fauna gracias a nuestra cercanía a diversas zonas campestres. Eso es algo que puede apreciarse especialmente en los meses de mayo y junio, cuando las florecillas se abren airosas por todas partes y los animalicos, repletos de hormonas, se dedican a procurar que una nueva generación venga al mundo (lo que viene a ser, dicho vulgarmente, follar sin condón, pero en plan zoológico)

Es en estas fechas cuando más fácil resulta encontrarse de frente (o de costado) con la vida en plena ebullición, y nuestra casa ha sido mudo testigo de varios de esos encuentros. El último, y uno de los más prolongados y ruidosos que recuerdo, empezó a finales de abril.

Nuesto piso es un cuarto, que en esta zona es la máxima altura permitida para una vivienda, pero la azotea encima nuestro se ha convertido en un quinto habitado. No por humanos, sino por una animosa familia de mirlos. Al principio y sólo de cuando en cuando oíamos un revoloteo encima de nuestra cocina seguido de algunos tímidos pi, pi, pi poco perceptibles.

A finales de mayo hubiéramos tenido que ser completamente sordos para no saber lo que teníamos encima. Por que los mirlitos crecen, y muy rápido. Y crecen sus exigencias de alimento y sus voces, a la par que empeoran sus modales. Francamente, espero que los mirlos disfruten de la follada mientras la echan, porque las consecuencias de la misma no se parecen demasiado a las románticas imágenes de niditos acogedores con educados y alegres pollitos cantando felices ante sus orgullosos padres.

El escenario usual de un plácido sábado por la mañana, cuando un servidor de ustedes se dispone a desayunar con la mujer de su vida en un ambiente de relajación y, por qué no decirlo, todavía una agradable somnolencia, se veía interrumpido aproximadamente cada cinco minutos por la llegada de alguno de los emplumados progenitores, verdaderos estajanovistas de la alimentación. Al veloz revoloteo seguía una serie de estruendosos ¡PIO!¡PIO¡PIO! a cuatro voces, acompañados del sonido de una batalla campal, con arrastrones, empujones y forcejeos, seguidos en las últimas semanas de una ruidosa persecución mientras el papi o la mami intentaban arrojar las viandas a las bocas de sus hijines mientras intentaban no ser devorados en el proceso. Luego, mientras los hermanitos se zurraban por los despojos, los responsables, no sin alivio, se alejaban a toda velocidad en busca de más provisiones para su plaga familiar.

Ya hace una semana que no oigo peleas pajariles, así que probablemente nuestros ruidosos inquilinos han abandonado ya el hogar que les vio nacer. Por desgracia no parecen haber logrado comerse a sus papis, luego la próxima primavera volveremos a ser deleitados por tan musical crianza.

Otro contacto usual en esta ciudad abundante en picos y plumas es el avistamiento de nidos de paloma torcaz. En teoría encontrar sus nidos no es fácil, dado que suelen situarlos en lo alto de árboles muy frondosos para escapar al calor y las solaneras, pero un sutil detalle permite al observador atento descubrir su presencia. Se trata del acúmulo de ñordos que se forma a sus pies, ocupando de media una superficie de dos metros cuadrados por nido, y veteado de un lamentable color violáceo motivado por la ingesta abusiva de moras de árbol. Ingesta que, sospecho, también se relaciona con el enorme volumen de las deposiciones.

Eso no supondría un problema demasiado grave de no ser por dos motivos. El primero es la escasez de plazas de aparcamiento, que obliga a los conductores a dejar sus vehículos en zonas extremadamente peligrosas. En el caso de automóviles que no se mueven entre semana, el resultado puede ser la pérdida casi completa del color original bajo el bombardeo caquil, salvo que por casualidad el coche fuera previamente de color morado (e insisto, no es un morado especialmente atractivo).  El otro es la abundancia de parques donde, indefectiblemente, los bancos se sitúan bajo árboles frondosos para ofrecer una sombra adecuada a las mamis en los calores del estío. Por desgracia ese es el tipo de árboles más apreciado por las simpáticas avecillas, y los bancos suelen necesitar un repintado a su color original cada mes y medio, precedido de un cuidadoso raspado de deposiciones y (espero) un buen desinfectado con zotal.

No quiero que penséis que todos los encuentros con el mundo animal son incómodos. Hay contactos muy instructivos gracias a la abundancia de insectos que nos rodea. Tenemos afanosos y culigordos abejorrotes zumbando por todas partes, con una curiosa predilección por los setos de madreselva (no tan curiosa, ya que huelen maravillosamente, con un tono a vainilla que casi hace salivar) y una buena cantidad de avispas cazadoras. No me refiero a la clásica avispa papelera negrigualda, que suele hacer nidos comunales de cartoncillo gris, sino a avispas alfareras, de cintura larguísima y vida solitaria, siempre ocupadas en la confección de nidos individuales donde depositar un huevecito y algo de comida, generalmente en forma de larva anestesiada.

Estos elegantes himenópteros buscan lugares resguardados, tranquilos y frescos, y han decidido que nuestro hogar es uno de ellos. En lo que va de año nos hemos encontrado ya cuatro vasijitas de barro adheridas a nuestras cortinas, tanto en el salón como en la cocina, que sólo esperaban el regreso de su autora con provisiones para recibir el sellado y los toques finales. Son una verdadera curiosidad, recipientes formados a base de pedacitos diminutos de tierra masticada por la avispa hasta formar un anforita alargada o rechoncha de hasta tres centímetros, firmemente adherida a a tela. Por desgracia mi chica no comparte mi entusiasmo por la observación en directo de la naturaleza y ha procedido en todos los casos a un inmediato desahucio.

Las avispas no se dan por aludidas. Parece que nuestra vivienda está clasificada en su guía michelín como un alojamiento de muchas estrellas, porque no pasa una semana sin que alguna de esas abnegadas artesanas ronde por nuestras ventanas, buscando una oportunidad para aportar su granito de arena (o de barro) a l ajuar.

Como punto final quiero mencionar un simpático encuentro que tuve hace una semana. Estaba en mi dormitorio calzándome cuando vi una forma gordota y llena de patas moviéndose al lado de nuestra camilla de masajes. Afortunadamente para el visitante, fui yo quién le localizó. De haber sido avistado por mi chica, ésta hubiera empuñado la zapatilla y sólo a posteriori hubiera intentado intentado una identificación, si es que hubiera quedado algo lo bastante entero como para un análisis forense. Porque nuestro torpon amiguete no era una cucaracha (animal fascinante, sin duda, pero al que creo que todos preferimos mantener a una distancia razonable de nuestras casas) sino una regordeta cetonia, uno de los escarabajos más bellos de la cuenca mediterránea. 

Supuse que se trataba de eso cuando vi su forma robusta y un ligero brillo metálico en su dorso, incluso en la penumbra del dormitorio. Debió ser arrastrada por el viento, que ese día soplaba muy fuerte y buscó refugio entrando por nuestra ventana. Avisé a mi chica y nuestro hijo, les pedí un vaso y una hoja de papel para cogerlo sin dañarlo y luego lo llevé al balcón para que lo vieran al sol, con todo su esplendor. Allí pudimos deleitarnos con el soberbio verde irisado de su cuerpo, producto de un asombroso efecto de polarización lumínica. Bueno, mi hijo y yo nos deleitamos. Ella lo vio, dijo sí, muy bonito, y ahora sácala de casa, así que procedí a dejarla en una maceta del balcón para que se recuperara del susto (en cuanto notó que lo cogían se hizo el muerto) y al caer la tarde ya se había largado.

Pese a las molestias que pueden surgir de forma ocasional, creo que vivir en una población con tantos vecinos no humanos es una suerte. Siempre me paro a observar cuando noto un movimiento inusual en la hierba, o escucho algún trino desconocido, y teniendo hijos es bonito dar en directo una breve clase sobre entomología u ornitología, de esas que despiertan el entusiasmo de los chavales, con espontáneas frases del tipo  Papá,  ¿queda mucho? y vámonos ya, que quiero llegar a casa. De acuerdo, no me darán el premio al papi más divertido y enrollado del año, y sí, reconozco que cuando me encuentro con un bicho interesante me pongo un poco plasta. ¿Qué puedo decir en mi defensa? Me fascinan las cosas vivas, incluyendo algunas que suelen dar bastante repelús a mucha gente.

Soy rarito, lo sé, y en general mis intentos de interesar a mi chica por un nuevo espécimen son recibidos con miradas cansadas y gestos de somnolencia. Pero aún no me ha echado a la calle, así que supongo que compenso mis defectos frikunos con mis virtudes como compañero y amante. Y no os riáis, no, porque tengo en marcha un experimento a largo plazo para saber si ése es el caso. Seguiré dando la vara con los bichos año tras año, y si el día en que ya no se me levante la picha me toca dormir en el rellano, sabré que tenía razón. Será un momento triste y frío, pero podré consolarme diciéndome José Antonio, amiguete, eras lo bastante bueno follando* como para que te aguantaran tus rarezas.

* Ya pensabais que no iba a hacer ninguna alusión marranilla ¿eh? Qué poco me conoceis.

jueves, 9 de junio de 2011

MADRES VARIADAS (y II)


Continuando con el repaso a los grupos de mamis, hay uno que resulta interesante porque sus miembros sufren una evolución relativamente rápida. Se trata de...

• Las comeflores

Este tipo de señora, usualmente madre primeriza, cree que la infancia es un precioso jardín donde angelicales niñitos de grandes sonrisas y brillantes ojos viven con candor el descubrimiento del mundo. Esta actitud suele deberse a una excesiva exposición a manuales de crianza bienintencionados, de esos que suelen escribir personas con un  doctorado en psicología y ningún niño en su haber para respaldar sus ideas.

No dudo que en algún rincón deben existir esos preciosos y sonrosados retoños, pero los que pueblan los colegios son, en su mayoría, una tribu de bárbaros bajitos cuyos principales intereses en la vida son gritar hasta desgañitarse, correr como un ejército de lemmings, sacar de quicio a los adultos a su cargo y zurrarse con sus compañeros. Tienen muy pocas ganas de aprender, esforzarse, o comportarse bien y, por supuesto, resultan impermeables a las benignas influencias de la educación no represiva.

Como he dicho, lo interesante de esta categoría de ingenuas mujeres es la rapidez de su evolución. Antes de un año y medio sólo unas pocas irreductibles creen todavía en la natural bondad de sus vástagos. La mayor parte se convierten en madres normales y lidian junto al resto de nosotras para desbravar a su progenie mediante el viejo sistema del palo y la zanahoria, tarea que debería estar reconocida como ocupación laboral de alto riesgo. Las restantes, en cambio, sufren tarde o temprano otro tipo de metamorfosis, transformándose en...

• Las vencidas.

Fáciles de reconocer por su actitud pasiva ante la vida. No han resistido la presión y han tirado la toalla, justificando su actitud con expresiones del tipo es que no puedo con ella o el pobrecito es así. El sueño dorado de estas mamis es conseguir que algún psicólogo demuestre que su criaturita sufre algún tipo de desmotivación, dislexia, hiperactividad, autismo... vale cualquier cosa, incluso un certificado de borderline. Lo que sea con tal de poder esgrimir un papelito que las desvincule de cualquier responsabilidad al respecto. Y dado que esas clasificaciones tienen unos límites generosamente amplios, suelen salirse con la suya, porque los médicos también son humanos y al final firman lo que sea con tal de sacarse a una pelmaza de encima.

Ojo, no estoy hablando de gentes que se rinden ante un adolescente problemático con tendencias sociopáticas, sino de madres que no soportan la responsabilidad de educar a una niña de 6 o 7 años, incluso de menos. Y a veces hay rendiciones colectivas, como la de una clase que tuvo la desgracia de dar con una profesora de infantil bastante incompetente. La chiquillería llegó a primaria sin saber siquiera leer o escribir sus nombres, salvo un par de niñas cuyas madres se negaron a aceptar esa situación como algo normal. El resto lleva ya varios años viviendo en  en la comodidad de la excusa (es que es un grupo que va más lento, es que no hay que agotar a los niños con tanta teoría). De hecho, cuando su actual profesora ha cogido el toro por los cuernos y ha tratado de solucionar las cosas, se ha encontrado con un coro de protestas por parte de un montón de madres que temen que la presión pueda traumatizar a sus pequeños holgazanes.

• Las que no se rinden.

En el polo opuesto a las anteriores están estas esforzadas mujeres que cuentan con toda mi admiración. En vez de apalancarse en la excusa, ellas se esfuerzan por que sus peques salgan adelante, buscando mil y una maneras de motivarles, echando sobre sus espaldas responsabilidades de maestra, buscando actividades de refuerzo... L, una chica joven, bastante ingenua y, a priori, no demasiado bien preparada para lidiar con un hijo tirando a vaguete (hablemos claro, un vago con calzas coloradas) no cejó hasta encontrar un colegio con un proyecto educativo adecuado para el niño y, con un montón de esfuerzo, ha logrado sacarlo adelante. Mi aplauso para ella y todas las que son como ella. Y para...

• La supermami

Y no lo digo peyorativamente. Hay mujeres que merecen ese título, como mi vecina M, que tiene tres vástagos (nena, nene, nena) de esos que parece que desayunan anfetas y rezuman energía por todos sus poros. Yo acabo el día roto con un niño ¿Cómo se las apaña ella con tres? Y no es que simplemente sobreviva, porque siempre que me cruzo con su pequeña tribu veo tres críos alegres y vivarachos, rodeando a una madre con aspecto agotado, pero un brillo en los ojos que habla de felicidad y optimismo. No sé cual es su secreto, pero espero que algún día me acepten en su logia y me lo cuenten.

• La agobiadora profesional.

No suele haber más de una por curso. Esta señora vive convencida de que su nene es una víctima de la incomprensión, un ser angelical al que todo el mundo tiene manía porque la gente es envidiosa y no reconoce al Mesías cuando lo tiene ante sus ojos.  La agobiadora se dedica a la zapa continua, quejándose casi a diario ante las profesores de lo frágil, especial y delicada que es su criaturita y cómo es injustamente tratada por sus compañeros, la sociedad y el Universo en general. A fuerza de dar la murga un día tras otro acaba por erosionar la capacidad de la docente para discernir la realidad y al final, quizás víctima de un síndrome de Estocolmo a nivel escolar, la maestra acaba por aceptar que dos más dos son cinco. La agobiadora profesional, en nuestro caso, ha llegado al extremo de amenazar al colegio con una denuncia por acoso contra su inocente y maravillosa niñita, un querubín que, según sus propias palabras, hay que tratar con especial atención porque  no es como los demás niños. Debe estar hecha de carnes más nobles, o a lo mejor es que en vez de follar a la mami, su papi metió la polla en una jarrón de porcelana de sevres, vaya usted a saber.

Dentro de esta categoría tenemos la sublclase de la Separada profesional. La mayoría de madres separadas que conozco, pese a lo duro de su situación personal*, se esfuerzan por sacar adelante a sus hijos con la mayor normalidad y dignidad posible, pero la profesional es de otra pasta. Ella ha hecho de la separación un arma, y le saca partido. ¿Que la niña apalea a sus compañeros? Es que la pobre ha sufrido mucho por la separación ¿Que jamás entrega sus deberes? Es que, como sus padres están separados, la pobre no se centra ¿Que ha intentado sacrificar a su compañera de pupitre a Moloch-Baal? Es que su triste situación la ha vuelto un ser muy sensible. La excusa se repite més tras mes, año tras año, hasta que, como hemos visto, las profesoras, hartas de que las monten un pollo cada vez que intentan hacer bien su trabajo, acaban por ceder.

Lo malo no es sólo la diferencia de trato (y es malo que un alumno reciba un trato preferencial porque sí, no nos engañemos), sino que la niña o el niño acaban comprendiendo que pueden subírsele a las barbas a quien quieran. Porque sea cual sea el caso, ahí estará su mamá dispuesta a rechazar todas las evidencias y defenderles a muerte, y en poco tiempo se convierten en unos tiranos insoportables y resabiados. Como digo, la agobiadora es un ejemplar escaso, y mientras que en una clase tenemos a una agobiadora estándar (el curso está dividido en dos clases) en la otra nos encontramos con la separada profesional. Una desgracia, porque quizás, de haber coincidido en la misma aula ambas niñas tiranas, la cosa se solucionaría con un enfrentamiento a muerte entre sus progenitoras, en un espectáculo marcial de esos que atraen al público.

• Las cotillas.

Más abundantes que la anterior, las cotillas requieren un mínimo de dos para funcionar adecuadamente, ya que resulta muy frustrante tener la boca repleta de noticias sin nadie dispuesto a compartirlas y añadir más de su cosecha. Estas señoras no parecen dedicarse a nada en especial, no trabajan fuera de casa, no tienen ninguna actividad de ocio conocida y siempre pululan por el colegio o las cafeterías cercanas (conozco al menos tres grupitos que desayunan juntas todos los días, y hablamos de desayunos muyyyyyyyy largos). Pero esa falta de actividad es engañosa, ya que oculta su verdadera vocación: el comadreo. De alguna manera siempre están al tanto de todo y saben que Z ha perdido los nervios, M ha tenido una trifulca con P, N le pone ojitos al marido de R, H va de Reina de Saba pero no tiene donde caerse muerta...

No os sorprenderé si os digo que este colectivo forma el núcleo duro de las mamibulto del AMPA, anteriormente mencionadas, ya que así al espionaje a nivel del patio añaden detallados análisis de los problemas del profesorado. Y lo que no saben, se lo inventan ¡Si será por tiempo libre! Y no lo digo por decir, porque resulta que vivo esa experiencia debido a mi amistad con S.

• La amiga

Inicialmente no pensaba hablar de S, pero lo cierto es que ella forma una categoría por sí sola. Es normal hacer amistades en el patio. Conoces gente de edades parecidas a la tuya, con preocupaciones similares, nos cruzamos en el parque, charlamos, quedamos si los críos se llevan bien... pero hacer una verdadera amiga es raro. Nuestro caso empezó como una amistad más, S y yo nos caímos bien, charlábamos a menudo... lo normal. Y un día, debido a un accidente (que no detallaré, pero no se trata de nada escabroso, no seáis mal pensados), conectamos. Y ya va para siete años. Casi todas las semanas nos vemos alguna tarde, sacamos a los niños a que se desfoguen, les preparamos una pizza, les reñimos colectivamente... hemos intimado, y no sólo entre nosotros, ya que ambas parejas nos entendemos bien.

Es una mujer alegre, inteligente y con carácter. Y paciencia, mucha, muchíiiiisima. J, su chico, viaja mucho por temas de trabajo, y donde mi chica y yo somos dos contra uno, ella lucha en clara desventaja, una contra dos. Y qué dos. Sus niñas, si se empeñaran, harían desesperar al Mahatma Gandhi. Como mi hijo, pero en femenino y por partida doble.

Si tuviera que clasificarla en las categorías anteriores, entraría holgadamente en las de las normales, las que no se rinden y, si no fuera porque suele vestir de forma muy discreta, en la de las macizas. Bueno, creo que sería así. Lo cierto es que no soy muy objetivo, dado el cariño que nos tenemos, pero es guapetona y puedo afirmar que tiene buena planta y un trasero estupendo. Y sí, sé que me estás leyendo, S, y espero haberte sacado los colores.

Pues bien, hace unas semanas llevamos a los niños a la feria, y por el camino nos cruzamos con otra madre de clase. Entonces le dije, uno de estos días van a pensar que estamos liados, y ella me dijo, no, te equivocas, ya lo piensan. Resulta que el núcleo de cotillas nos ve juntos a menudo, en el cole y fuera de él, y como no entienden el concepto amistad sin roce han llegado a la conclusión de que ella se ha divorciado de su marido y está enrollada conmigo. Lo que demuestra una vez más que el exceso de tiempo libre nunca es bueno. Claro que eso no deja de tener sus ventajas, porque si algún día nos diera por liarnos, eso que llevaríamos adelantado.

Y con esta nota personal, doy por terminado mi repaso. No obstante, si podéis sugerirme otras categorías (como las de las mamás del Hummer ¡qué hallazgo!) estaré encantado de abrir un apéndice, porque estoy seguro que el tema aún puede dar mucho de sí.

* De los casos de parejas separadas que conozco, como un 40% son gente que nunca debió juntarse, y el resto se separan por culpa de él. Muy rara vez por culpa de ella, con lo que en general las mujeres  se llevan la peor parte.

martes, 31 de mayo de 2011

MADRES VARIADAS (I)


Dado que trabajo en casa, suelo encargarme de llevar a nuestro hijo al colegio por las mañanas. Por ello conozco a muchas mamás del cole, e incluso he alcanzado un razonable grado de confianza con buena parte de ellas.

No pretendo llevar a cabo un estudio sociológico sobre el tema, pero creo que puede resultar interesante detallar, aunque sea someramente, el tipo de madres que suelo encontrarme a diario en el patio. Con los lógicos matices inherentes a la individualidad, es posible establecer a grandes rasgos una clasificación en base a determinados aspectos de la propia personalidad y de la relación establecida con los hijos y el resto de progenitores.

Hablaré sólo de madres, no por establecer un sesgo desde mi mirada masculina, sino porque mi caso es bastante raro: en la clase de mi hijo sólo hay otro progenitor masculino que se ocupe de forma usual de sus niños. Así pues no es posible establecer un desglose similar respecto al sector masculino a menos que lo dividamos en padres que acuden al colegio regularmente (nosotros dos, tres a lo sumo), padres a los que sólo vemos el pelo de Pascuas a Ramos (un 50%, así a ojo) y padres cuya existencia presuponemos*  (como un 48%).

Afortunadamente no tengo lectoras en el colegio, salvo una, y creo que puedo explayarme sin miedo a represalias. De no ser así, me enteraré cuando se me ahorque públicamente de la entrada del patio. Y sin más preámbulos, vamos a meternos en harina.

Madres normales

Más de la mitad de mis conocidas se encuadran en este grupo. Gente normal, con preocupaciones y actitudes normales. Mujeres con la cabeza bien amueblada, con las que es posible mantener una conversación agradable, sin tiranteces ni malentendidos. Con el tiempo, a fuerza de coincidir en el cole y en los parques, organizar cumpleaños multitudinarios y compartir algunas crisis infantiles, acabas alcanzando un cierto grado de entendimiento y amistad con ellas. En resumen, se trata del grupo de madres con las que merece la pena relacionarse.

Madres macizas

Como hombre que soy no puedo dejar de mencionar este subgrupo, que, salvo excepciones, puede englobarse dentro del anterior. No hablo de supermodelos, sino de ese tipo de ibérica sanota, de risa fuerte, pisada firme y carnes contundentes. De acuerdo a la leyenda estas señoras deberían ser tan tontas como atractivas, pero lo desmiento con rotundidad. La macicez femenina no idiotiza a la mujer, sólo al hombre, ya que la hinchazón de las gónadas tiende a debilitar el flujo de sangre al cerebro. Obviando esa molestia, el trato con las mamimacizas es, de promedio, agradable y positivo.

Alguien me dirá que un colegio no es el sitio más idóneo para encontrar macizas, pero de nuevo es un prejuicio sin fundamento. La media de edad de las mamis con hijos en Infantil/primaria oscila entre los 35 y los 45 años, es decir, la edad idónea para ese rotundo esplendor tan caro a los ojos masculinos.

Como digo, la maciza suele pertenecer al conjunto de la gente normal, con los pies en el suelo, con quien se puede mantener una relación amistosa y sin riesgos. Justo lo contrario que la siguiente categoría de madres, con las que pronto se aprende a mantener las distancias.

Las monotemáticas

Porque sí, tener hijos, verles crecer, educarlos... es una tarea apasionante, pero existen otros horizontes en la vida, salvo que seas miembro del club mamis-las 24 horas del día. Hablar con ellas resulta agotador, entre otras cosas porque yo también tengo un niño, así que el tema infantil me resulta sobradamente conocido. Vale, es divertido comentar anécdotas, intercambiar información o comparar patrones de conducta, pero sólo un ratito. Así que cuando os encontréis en medio de uno de esos círculos de madre que sólo saben hablar acerca de niños, excluyendo puntualmente cualquier otro tema que salga en la conversación, corred, alejaos, huíd. Vuestra cordura os lo agradecerá. Entre otras cosas porque los vástagos de las monotemáticas suelen ser niños bastante poco originales, y esperar que salga a la luz alguna historia realmente interesante es un esfuerzo baldío.

Eso cuando se mantiene una conversación, porque hay una clase especial dentro de la familia de las monotemáticas, una categoría Golden Extra. Me estoy refiriendo a...

Sor Angustias

Éste espécimen se caracteriza por su tendencia a expresar públicamente lo dura, traumática y sacrificada que es la vida de una madre. En sus manos, cualquier labor (llevar a los nenes al cole, darles de comer, cuidar que hagan los deberes, respirar...) se convierte en un sacrificio casi insostenible, que sólo logra llevar a cabo gracias a su devoción como Madre con mayúsculas. Suele hablar en voz queda hasta que logra sacar alguno de los temas antes referidos, momento en el que el tono se eleva, los ojos se le iluminan y abre las compuertas a un torrente de angustiosos testimonios, entrecortados con profundos suspiros. Es inútil intentar incorporar a la conversación (mejor dicho, monólogo) nuestra propia experiencia, porque nadie más que ella conoce los terribles sacrificios que apareja la maternidad. No es que el resto sean malas, simplemente son menos madres.

Nuestra Angustias particular tiene una hija. De creerla, sería la niña más sensible, vulnerable y frágil del universo, siempre al borde del colapso nervioso, la enfermedad mortal o el trauma irreparable. Yo personalmente la considero una holgazana consentida con calzas coloradas y buena mano para la manipulación, que se pasa por el arco de triunfo todo lo que le llora su madre. De hecho, en alguna ocasión la hemos escuchado describir a su madre como una cursi insoportable. Eso, en el fondo, debe suponer un secreto placer para mami Angustias, ya que en unos años podrá alcanzar un nuevo estatus materno: madre mártir víctima de una hija desagradecida que no es capaz de apreciar sus infinitos sacrificios.

Fuera del ceñido universo del monotema, podemos encontrar otros tipos de madre aburrida, que sin duda resultaran familiares a todas mis lectoras con niños en edad escolar.

Las del AMPA

La Asociación de Madres y Padres atrae fundamentalmente dos tipos de personas. Primero están las madres con energía e ideas, que sacan adelante las actividades y mantienen en marcha la asociación. Nada puedo objetar a estas estupendas mujeres, menos aún cuando yo fui durante dos años miembro activo del AMPA en mi colegio. Pero luego están las madres de relleno, cuya principal función es hacer bulto**. Se trata de señoras cuya única vida social parece ser el AMPA, ya que se pasan ahí toda la jornada. A veces, llego a dudar que tengan un hogar al que regresar por las noches.

No contenta con ocupar así cinco días a la semana, la mamiAMPA acude entusiasmada a todo tipo de actividades de finde (rafting, trekking, bocadilling...), y saraos callejeros como desfiles de carnaval, pasacalles festivos o coreografías sonrojantes. Sus hijos suelen pasar largas tardes en el patio entre actividad y actividad, y en general puede describírseles como asilvestrados, ya que campan a sus anchas y sobreviven sin demasiado control. Lo que en el fondo no deja de ser un buen adiestramiento para la vida, no nos engañemos.

Pero si la mamiAMPA se caracteriza por su gran visibilidad*** la siguiente madre destaca justo por lo contrario.

La mujer invisible 

También llamada la pánfila, la sosainas o la pan sin sal. Suele haber una por cada curso: sabes que está ahí porque la persona que hay detrás se ve un poco borrosa. Nunca dice una palabra más alta que otra, de hecho casi nunca habla, y cuando lo hace usa un tono monocorde, apenas audible, casi ratonil. Su aspecto es totalmente gris, se ponga lo que se ponga. Podría vestirse de rojo valentino, y seguiría pasando desapercibida. No es cuestión de físico o de cara, la invisibilidad va incluida en su personalidad.

Nuestra mujer invisible lo es incluso para su hijo, que no la hace el más mínimo caso. Alguna vez, en el parque, he sido yo quien ha convencido al chaval de que ya era hora de volver a casa, porque a ella ni la escuchaba. Siento bastante lástima, porque sospecho que si su hijo actúa así es porque su pareja la ningunea, y el crío se limita a repetir lo que hace su padre. A veces me dan ganas de darla dos bofetones a ver si despierta y da de una vez un buen puñetazo en la mesa, pero no creo que funcione.

Eso sí, resulta que al teléfono es diferente. Una amiga llamó al departamento donde trabaja para pedir una información y ella respondió de malos modos, en plan borde y prepotente, hasta que la otra la reconoció y dijo ¿M...?, momento en que volvió el tono bajito e impersonal. Así pues, cuando la protege el anonimato, la mujer invisible se crece.

(Continuará...)

*A fecha de hoy no es factible la clonación humana luego alguien habrá colaborado con la madre para engendrar al tierno infante.


** Y vaya si lo hacen: por motivos que escapan a mi comprensión la mamiAMPA típica devora en un festejo alimento suficiente como para nutrir a una familia de chinitos, y de promedio abulta el doble que cualquier otra madre ajena al organismo
.
***Véase la nota anterior 

lunes, 23 de mayo de 2011

ALGUNAS RECOMENDACIONES: Fantasía (II)


Por motivos que escapan a mi comprensión, Lord Dunsany fue incluido en los años 80 dentro del conjunto de autores relacionados con los Mitos de Cthulhu. Resulta raro, ya que no podria haber más diferencias entre el colectivo de imitadores de Lovecraft y la frescura y originalidad del autor irlandés.

Edward John Moreton, barón de Dunsany, escribió una buena cantidad de relatos breves y tres novelas, todos de temática fantástica. Su estilo es ligero, a veces en la línea de las Mil y una Noches, otras ácido y divertido, siempre ameno y muy, muy placentero de leer. Sus personajes son, como mínimo, atípicos. No dudan en lanzarse a aventuras surrealistas y rara vez salen bien parados. En ocasiones son mezquinos, otras simples espectadores, a menudo románticos, las menos de las veces, heróicos. 

Los títulos de sus relatos son un buen anticipo a su lectura: La angustiosa historia del joyero Thangobrind, La improbable aventura de tres hombres de letras, La señorita Cubbidge y el dragón del romance, El Gámbito de los tres marineros, De cómo llegó Plash-Goo al país que nadie desea... 

A título de curiosidad, Dunsany era un enamorado de la España Medieval, y dos de sus novelas, Don Rodrigo y El Crepúsculo de la Magia, están ambientadas ahí. En cambio su novela más célebre, La hija del rey del País de los Elfos, combina dos escenarios extrañamente dispares, una población pequeñoburguesa en una Inglaterra atemporal, y la nebulosa tierra faérica. Dicho sea de paso, por más que algunos fanáticos se obstinan en considerar esta obra como una antesala al Señor de los Anillos, yerran de cabo a rabo. La novela de Dunsany no tiene nada que ver con el universo de Tolkien, más allá de usar una terminología común.

Si tuviera que elegir una lectura inmediata, no sería una de las novelas, sino alguno de sus relatos. Si sólo pudiera elegir dos, empezaría la noche con el primer cuento suyo que leí, Días de ocio en el País del Yann, que puede conseguirse en Alianza Bolsillo, en la recopilación Cuentos de un soñador. Pero si me obligaran a tomar uno y sólo uno, no tendría dudas. En la misma selección está Blagdaross, el diálogo que entablan en un vertedero una tetera rota, una cerilla mojada, la soga de un suicida y Blagdaross, un caballito de madera roto y abandonado. No me avergüenza decir que cada vez que llego al final del relato, lloro a lágrima viva de pura emoción.

Antes mencioné a Lovecraft. A los 17 años me volví un lector entusiasta de su obra, de mano de uno de mis amigos (y padre de mi supersobri). Honradamente, debo confesar que el nivel literario del amigo HP, sin ser desdeñable, no me invita a recomendárselo a nadie, ya que la mayoría de sus historias, aunque amenas, son bastante repetitivas y sólo aptos para fans. Pero hay uno cuya lectura me parece más que aconsejable para cualquiera que quiera leer fantasía de calidad, un extraño y siniestro relato titulado El Color que cayó del Espacio.

El Color suele incluirse en las recopilaciones de los Mitos de Chtulhu, pero no tiene relación más allá del lugar donde se ambienta la historia, una aislada granja decrépita, habitada por una familia de campesinos de escasas luces y excesiva consanguineidad, en la mohosa Nueva Inglaterra que fascinaba a Lovecraft. Un investigador indaga sobre la caída de un meteorito, que aparentemente no tuvo más consecuencias que la propia caída, pero pronto empieza a descubrir cosas siniestras, relacionadas no con monstruos, hechizos o seres alienígenas, sino con algo tan indefinible como un color, una extraña tonalidad más allá del púrpura que no pertenece a este mundo. Que nadie espere descripciones detalladas repletas de vísceras y carnaza, Lovecraft era un maestro del ambiente, y es en ese ambiente donde reside la fuerza escalofriante del relato.

Mi edición es un tanto atípica, un volumen en tapa dura de la colección Fantásticas Edhasa. Hoy es inencontrable, pero Alianza ha reeditado todas las obras del autor dentro de Libro Bolsillo , así que éste  no es difícil de rastrear.

Y de la oscuridad a la luz, porque si hay algo que vive en las obras de Italo Calvino, es la luminosidad de nuestro sol mediterráneo, incluso en sus historias más alejadas del mare Nostrum, incluso en Las Ciudades Invisibles

La premisa del libro es sencilla, pero impagable para cualquier amante de los relatos de viajes, porque es el mismísimo Marco Polo quien nos guía. El gran Khublai sentía un fuerte afecto por el veneciano, sobre todo por su capacidad para narrar y describir los mil paisajes que conformaban su imperio. Y eso hace Marco: como Sherezade, cada noche se sienta junto al Khan y le cuenta una ciudad, sólo una más de las muchas que viven bajo su dominio. Apenas dos, tres páginas para cada urbe, pero los muros, las calles y las fuentes se despliegan ante nuestros ojos, no de forma detallada, sino regalándonos el espíritu del lugar.

No desvelaré sus secretos, sólo nombraré mis favoritas. Armilla, la ciudad que sólo tiene fontanería. Sofronia, con su feria ambulante. Perinzia, tan perfecta como el universo, Procopia, llena de gente amable. Raissa, ciudad infeliz. Cecilia, cárcel de los cabreros.

De la luz a la sombra, pero seguimos en el mediterráneo. Malpertuis es la historia más fascinante que he leído jamás dentro del trillado género de las casas malditas. El joven jean-Jacques acude a Malpertuis, un sombrío caserón rural, debido a una extraña llamada. Su agonizante tío Cassave ha convocado a sus parientes: todo el que quiera participar de la herencia deberá vivir en la casa hasta que sólo quede un superviviente, que se llevará todo. Hasta aquí suena familiar ¿verdad? Pero más allá de la introducción se acaban los tópicos. 

No desvelaré la trama porque mataría el placer de descubrir las claves del misterio. Sólo diré que Jean Ray consiguió, bajo una excusa argumental levísima, plantear una historia fascinante, repleta de belleza formal, escalofríos y preguntas sin respuesta. Hay una versión cinematográfica, con aparición estelar del propio Orson Welles como Cassave, pero la estética psico-mistérica de los 70 hacen bastante difícil seguir la historia, con lo que sólo se puede recomendar su visionado después de leer el libro.

No sé si hay alguna edición disponible en el mercado, ya que mi ejemplar es bastante viejo, de la colección Valdemar Gótica, saldada hace ya veinte años. En cualquier caso podéis leerlo o descargarlo aquí.

Termino esta entrada con una joya del Siglo de oro, El Diablo Cojuelo, de Vélez de Guevara. Se trata de una obra satírica, protagonizada por un simpático diablillo, viejo y resabiado, acompañante del joven don Cleofás, que huye por los tejados de Madrid para escapar de un matrimonio de consentimiento, pues no es hombre dispuesto a pagar en solitario lo que otros se merendaron a escote. El Cojo muestra a Cleofás toda la podredumbre del mundo levantando los tejados para que vea lo que se cuece en la noche tras las fachadas de honradez y virtud. Luego emprenden un divertido viaje iniciático repleto de sabrosos encuentros.

Guevara, para ser sinceros, no fue demasiado original, ya que su obra es parte de una corriente literaria muy particular, el relato lucianesco, es decir, deudor de Luciano de Samosata. Fueron lucianescos personajes tan dispares como Cyrano de Bergerac, Diego de Velázquez*, Quevedo, Rabelais, Swift... todos amigos de la sátira, el onirismo y los viajes. Lo que me lleva a recomendar igualmente y con entusiasmo añadido las aventuras de Gargantúa y Pantagruel, de Rabelais, el Libro por excelencia. Pocas veces me he reído tan a gusto como leyendo las andazas del gigante Gargantúa, de rollizos y mantecosos miembros, amplia sonrisa, excelente apetito y abultada bragueta. Su despiece de las convenciones sociales es impagable y no hay nada que escape a sus afilados dardos. Asetea sin piedad a la templanza, la virtud, la filosofía, las jerarquías eclesiales, las convenciones burguesas y, en suma, todo aquello que afea y vuelve grises nuestras vidas.

Como digo, hay otras obras lucianescas, desde los Diálogos del propio Luciano hasta los Viajes de Gulliver de Swift, pasando por Los Estados e Imperios del Sol y de la Luna de Cyrano o el Coloquio de los Perros de Cervantes, pero nada tan fresco y exultante como el Gargantúa, probablemente la más colorida y explosiva celebración del placer, el exceso y la vida que ha caído nunca entre mis manos.

* En el Prado está la obra de Velázquez que apoya mi afirmación: el retrato de Menipo. Hoy nadie recuerda al personaje central de las obras de Luciano, amigo de Diógenes y eterno peregrino, pero en el Siglo de oro era bien conocido, y el modo en que Velázquez compuso su lienzo demuestra que sabía muy bien lo que estaba haciendo. Porque Menipo no posa en su cuadro, sino que lo abandona. Nos da la espalda, petate al hombro, y nos echa una última mirada de reojo, sonriente pero desinteresada, porque no ha visto en nosotros nada para que le merezca la pena quedarse.

miércoles, 11 de mayo de 2011

ALGUNAS RECOMENDACIONES: Fantasía (I)



 El género fantástico se ha convertido en las últimas décadas en un cajón de sastre donde cabe cualquier mierda mal perpetrada, con tal de que cumpla alguno de estos requisitos:

1. Que se pueda incluir la palabra Tolkien en la portada. No es necesario que sea una obra de Tolkien, ni siquiera uno de los engendros de su patético hijo: basta con decir homenaje a..., inspirado por..., la obra más influyente después de... Las posibilidades son infinitas.

2. Que haya elfos, enanos, dragones, orcos... con esos nombres o similares. El mejor ejemplo es el enterminable bodrio de la Dragonlance, o cualquiera de sus múltiples secuelas. Lo que nos lleva directamente al punto tercero.

3. Que sea inacabable. Se empieza por una trilogía, luego se hacen dos más para tener una trilogía de trilogías, luego se hacen precuelas, versiones alternativas, orígenes de personajes, ensayos sobre aspectos poco conocidos... No es preciso esforzarse demasiado, sólo dar vueltas una y otra vez a los mismos tópicos, como descubrió Michael Morcook, que se ha hecho rico escribiendo una y otra vez la misma novela.

4. Que haya vampiros, hombres lobo, zombies... pero con su toque humano, porque los monstruos también tienen su corazoncito. Y su pichita, porque junto a la ñoñería, el porno duro es la gran baza para humanizar a las criaturas de la noche.

5. Que el prota sea un niño/niña* que ignora la verdad sobre sus orígenes pero es sacado de su insulsa vida y llevado a un lugar increíble donde sabios maestros le enseñarán a dominar sus poderes y descubrir las claves de su oscuro pasado.

6. Que se puedan colocar tetas en la portada. Por cierto ¿Cómo se supone que van a sobrevivir en el campo de batalla unas heroinas cuya armadura apenas les tapa los pezones y la raja del culo? y ya que estamos en eso ¿No rozan demasiado los tangas de acero? Por su bien espero que las compresas no les vengan blindadas y con pinchos.

Tras lo que acabo de decir, alguien podría pensar que aborrezco la fantasía. Nada más lejos de la realidad: es uno de mis géneros favoritos, y me enfurezco cuando lo arrastran por el barro. Algo demasiado habitual en estos tiempos en los que los editores, antes de ojear un manuscrito, preguntan primero ¿Se parece a Harry potter?. En mi biblioteca hay unos 400 títulos etiquetados en esa categoría, y me parece que es un buen momento para reseñar algunos. No están entre los más célebres pero me han dejado buen sabor de boca en cada relectura. Empezando por una historia de conejos...

• La Colina de Watership, de Richard Adams, fue uno de los cuatro primeros libros que adquirí con mis escasos recursos de adolescente, y uno de los que más quebraderos de cabeza me dieron. Se lo dejé hace más de dos décadas a C, la amiga de mi chica, y a ella se lo robaron. Recorrió todas las librerías de Madrid buscando otro ejemplar, pero sólo encontró una edición en LibroAmigo que me dio con la cara roja de vergüenza. Me hizo mucha ilusión que se hubiera tomado tantas molestias, lo que mitigó la pérdida de un libro que significaba mucho para mí. Un par de años después, alguien me mangó ese segundo ejemplar (¿Hay alguna sociedad secreta de conejófilos?) y dediqué una década a buscar otro. Había tirado la toalla cuando SeixBarral lo reeditó para la Feria del Libro, lo compré y me aislé esa tarde en casa para volver a disfrutarlo.

El argumento puede parecer infantil, pero el libro no lo es en absoluto. Un conejo llamado Quinto tiene la premonición de que su conejera va a ser destruida. Casi nadie le cree, pero su hermano Avellano y el ousla Pelucón encabezan a un pequeño grupo que decide abandonar el lugar. Viven todo tipo de aventuras y deambulan durante semanas hasta llegar a un lugar donde vivir, la Colina. Allí fundarán su hogar, sólo para enfrentarse a la amenaza de Efrafa, la conejera secreta guiada con mano de hierro por el gigantesco y terrible general Vulneraria. La obra, de por sí fascinante, tiene un añadido impagable: cuando llega la noche y los conejos, cansados y asustados, buscan en la oscuridad cualquier indicio de los Mil (los depredadores), el joven Diente de Leon les conforta relatándoles las hazañas de El-Arairal, el Señor de los conejos. De su boca descubrimos cómo El-Arairal consiguió el trasero de los conejos, cómo burló al Arco Iris para robarle sus zanahorias, y cómo buscó al Conejo Negro para entregar su vida a cambio de la salvación de los suyos.

Conejos, sí, pero pocas veces he leído una obra que me atrapara de esa manera. Sex publicó también una colección de Cuentos de la Colina, del mismo autor, más bien mediocres, así que es prescindible, porque la historia original es irrepetible.

• Jürgen, de James B. Cabell, cayó en mis manos pese a que en su contracubierta afirmaba que la obra anticipa el encanto de la obra de Tolkien. Por suerte lo ojeé antes de devolverlo al estante, porque si alguna vez Tolkien leyó esa novela, debió quemarla en la hoguera y correr a confesarse. Jürgen, hombre afable, le hace un favor a Satán, y éste, agradecido, se lleva a su esposa. Nuestro héroe acaba por echar de menos a su vieja gruñona y emprende un viaje para recuperarla,. Por el camino no duda en recuperar el tiempo perdido y crearse gran fama de guerrero, con su poderosa espada Caliburn, su larga lanza de combate, su rígido bastón de mariscal... y si alguien no acaba de entenderlo, anoto un breve diálogo de Jürgen con la diosa Afrosita, con la que convive durante una temporada. Ella le nota compungido y le pregunta qué le pasa...

– Verás, aunque yo voy razonablemente armado con Caliburn, Príapo lleva una lanza que envidio...
– Desde luego es un arma muy espectacular, pero no resulta útil en un combate real.
– ¡Cariño!...¿Y tú como lo sabes?
–... por intuición...


La novela se lee con verdadero placer. No sólo por sus giros de palabras y dobles sentidos**,  sino por la evolución del personaje, que va madurando poco a poco, de hazaña en hazaña, hasta aceptar que quizás lleva demasiado tiempo pasándose de listo. Por desgracia hoy es casi inencontrable, fuera de las librerías de viejo, así que si la veis en algún montón de saldos, criando polvo, no dudéis en comprarla y darle un buen hogar.

• El Aleph / Ficciones / El libro de Arena
. Jorge Luis Borges tocó muchas cuerdas en su vida, y la fantasía fue de las más memorables. Esas tres recopilaciones reunen la mayor parte de sus mejores relatos, incluyendo no sólo sus cuentos más célebres, como el propio Aleph, sino obras tan fascinantes como Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, donde una consulta a la Britannica desvela una conspiración para alterar la realidad de nuestro mundo mediante el añadido de pistas y fragmentos referidos a un universo imaginario, o La Casa de Asterión, donde conocemos la historia del Minotauro por boca de él mismo.

Borges es un maestro del lenguaje, capaz de convencernos de que un francés nacido en el siglo XIX puede llegar a ser tan autor del Quijote como Cervantes, que un troglodita incapaz de articular palabra podría ocultar a Homero, o que la lotería es una buena forma de establecer un sistema social inagotable. No hay grandes hazañas ni héroes todopoderosos, sólo relato sólido y palabras de una fuerza inigualable. Y si su obra fantástica os da alas para leer el resto de sus trabajos, eso que salís ganando. Y todo a un precio razonable, ya que Alianza ha publicado su obra completa en su renovada Libro de Bolsillo, fácil de conseguir y cómoda de guardar.

• El Maestro y Margarita
. La literatura rusa suele parecer plomiza y mayestática a ojos del lector medio, pero está cuajada de joyas. Mijail Bulgakov era un gran joyero y un gran bromista, porque si no ¿cómo pudo plantearse una historia en la que Lucifer, decidio a reirse, visita el Moscú estalinista de 1930 para volverlo todo cabeza abajo con humoradas a cual más surrealistas? Y mientras el Maligno apalea con sus humoradas a la burocracia literaria del régimen, la hermosa Margarita, reencarnada en bruja por obra de Lucifer, toma cumplida venganza de los grises funcionarios que han hundido el alma de artista de su amado Maestro, un escritor desencantado con el mundo y ciego al amor, para luego reclamar el derecho de la Mujer a no pagar por los males de los Hombres..

Aún más increíble que esta obra es el hecho de que no acabara sus días en un cenicero, ya que la primera versión, expurgada, fue publicada en los años más duros del régimen, y la primera edición completa vio la luz durante los años plomizos del gobierno de Breznev. Hay otras obras de Bulgakov igualmente hilarantes, como un curioso relato en el que un perro es transformado en hombre y proletario, con insospechados resultados para su hacedor, pero ninguna resulta tan deliciosa como esta novela de caos y amor.

* Harry Potter es un ejemplo muy triste de machismo en literatura. Si la misma saga hubiera sido protagonizada por una niña, ningún editor se hubiera molestado en echarlo un vistazo, porque parten de la idea de que las niñas leen historias protagonizadas por niños, pero los niños no leen historias protagonizadas por niñas. Eso sí, a la hora de sacar clones sí pueden emplearse niñas, para saturar bien el mercado de basura por encargo.

Y encima Harry es un protagonista patético, todo el día lloriqueando porque él es el niño que sobrevivió y hay que hacerle caso. Si no fuera por que Hermione le saca las castañas del fuego, no habría vivido bastante para completar su primer curso, mucho menos para liquidar a Voldemort, caso flagrante de victoria del protagonista por exigencias del guión.

** Como cuando explica a la reina de los Filisteos la importancia de los números, dedicando toda la noche para llegar llegar al 13 (pasando por el 1, el 2, el 3, el 4...). Ella, desde luego, queda muy satisfecha con la explicación, y deseosa de ampliar aún más sus conocimientos.

miércoles, 27 de abril de 2011

CRÓNICA DEL MERCADILLO




Como ya comenté en una entrada anterior, M, mi chica, y su amiga C, tienen un pequeño negocio de complementos artesanales, 2d2, vía internet. Puede parecer un hobby como cualquier otro, pero ellas siempre hacen las cosas muy en serio, con las licencias pertinentes, su registro comercial, su marca, sus logos y mascotas (obra mía, dicho sea de paso, no es que dibujar hadas sea lo mío pero ¿como negarme ante unas caídas de ojos tan bonitas?)

El caso es que hace un tiempo se dijeron ¿Y si vamos a alguna feria y hacemos nuestros pinitos en la venta directa al público? Dicho y hecho, empezaron a planificar el asunto. Y hace cosa de un par de meses, nos pusieron al corriente del tema a mí y a F, el chico de C.

El tema de las ferias es complejo, ya que la mayoría se administran a través de alguna empresa organizadora que expide las licencias, lo que desde luego no resulta barato. Las chicas no querían dejarse una pasta desde el primer día, así que eligieron para estrenarse un pequeño mercadillo de artesanía en Navahermosa, Toledo, que no cobraba por la asistencia. La fecha elegida fue este puente de Semana Santa, para evitar problemas de agenda y tomarse las cosas con calma.

La calma era relativa, porque estos dos meses últimos han estado cargados de actividad. Primero, para poder presentar un buen repertorio: soy testigo de que las socias de 2d2 trabajan como hormiguitas y destilan creatividad por todos sus poros. M no ha parado salvo por dolor de manos, y no ha habido día que no me sorprendiera con nuevas ideas. Así a ratos sueltos, se han hecho un muestrario de casi 300 piezas chulísimas, cubriendo una amplia gama de posibilidades y precios.

Segundo, la logística. Hay que tener a punto una instalación decentita, la mesa-tenderete, una pequeña carpa con cortinas para estar cómodas, tarjetas, bolsitas, etiquetas... y organizar la estancia, que entre adultos y niños somos seis bocas para alimentar y seis culos que transportar y alojar. Pero con ganas todo va saliendo y el día 21, jueves, ultimamos los detalles y dejamos todo listo para irnos de feriantes.

El viernes nos pusimos en marcha tempranito, con un tiempo de perros que no nos ha dejado casi en ningún momento. Inevitable, son las cosas de la Semana Santa. Hora y media de viaje, algún pequeño despiste de ruta, pero llegamos a destino sin incidencias y la agradable visión de varios arco iris, uno de ellos doble.

El mercadillo se celebra una vez al mes en un camping de la sierra, y las jefas decidieron que lo más sencillo sería alojarnos allí. Dadas las fechas no pudimos alquilar un bungalow (estaban todos ocupados) pero pudimos acomodarnos en una roulotte escueta a la par que decentita. El camping lo llevan dos chicas la mar de agradables, Me y L, que nos dieron una agradable bienvenida y muchas facilidades. Debido al mal tiempo no iba a ser posible montar el mercadillo al aire libre, y como tampoco esperaban demasiada asistencia nos ofrecieron instalar las cosas en el edificio de la cafetería-comedor.

La mañana se nos fue entre descargar, organizar el campamento, enfundar a los niños en ropas impermeables, amenazarles de muerte como se les ocurriera volver a meterse en un barrizal (mira que les gusta el barro) y trasladar las cosas al edificio. Ellas se encargaron de colocar su exposición entre dos mesas y, sobre la hora de la comida, lo tenían todo listo.


 El tiempo por la tarde osciló entre abundantes lluvias y algunos claros escuetos, y la asistencia de público fue bastante escasa. Pese a ello, nuestras campeonas hicieron algunas ventas mientras nosotros nos llevábamos a los niños a dar una vuelta por los alrededores.

El sitio es, dicho sea de paso, una maravilla, una hondonada rodeada de bosques por todas partes, con varias crestas rocosas, cerquita del parque de Cabañeros. Mucho pino y encina, enebros, abundantes jarales. Muchísimas aves: rabilargos, mirlos, verdecillos, jilgueros, abubillas... Varias parejas de buitre leonado anidan en la cara sur de los roqueros, y pude verles varias veces, cogiendo las térmicas cada vez que el sol calentaba un poco.

La primera tarde se nos hizo un poco pesada por las lluvias y la escasa luz, sumada al cansancio del viaje. Ellas eran las que estaban en mejor forma, ya que, no nos engañemos, nos dan sopas con honda en cuanto a entusiasmo. Tuvimos alguna bronca con los enanos a la hora de acostar pero luego  pudimos por fin relajarnos un poco los cuatro alrededor de una bolsa de cacahueses y pistachos. Luego, a dormir, más o menos. Una pareja en el dormitorio, la otra en el comedor-cocina-salón. Descanso, pues escaso, no vamos a engañarnos, por las apreturas, pero algo se durmió.

La mañana amaneció de nuevo lluvioso, aunque fue mejorando un poco. Las chicas aprovecharon para recolocar algunas cosas, pero el público siguió siendo escaso ya que el sitio queda ligeramente apartado del pueblo y el tiempo no ayudaba. Aún así vino gente e incluso tuvimos nuestra primera clienta foránea: una mujer holandesa, muy interesada en las cosas que vio, aunque no pudo encontrar una pulsera adecuada para su muñeca. Echando mano de mi macarrónico inglés y el de F pudimos explicarle cómo trabajaban las chicas y cómo contactar con ellas a través de la red. Fue un rato muy divertido.

Tras un ameno mus, F y yo nos quedamos defendiendo el fuente mientras ellas estiraban las piernas, y hasta hicimos nuestra primera venta, lo que siempre es emocionante. Los chavales se dedicaron a zascandilear por el campo y pasar el rato con las dichosas maquinitas, única manera de tenerles entretenidos cuando la lluvia impedía la estancia en el exterior.

La segunda noche fue, más o menos, como la primera, con intercambio de plazas para dormir. Lo que me recuerda que en futuras experiencias debo incluir en el equipaje una colchoneta inchable, que uno ya no tiene años para dormir en el duro suelo. Pero estaba cansado y acabé doblando, pese a todo.

El domingo, por fin, amaneció un poco despejado, pero no aumentó demasiado el número de visitantes. M y C aprovecharon para recolocar algunas cosas, cubrir los huecos y sacar algunas piezas que no habían puesto el primer día. Vendieron algunas cosillas, ofertaron mis servicios como masajista a Me, que estaba bastante dolorida de cuello y, tras la comida y unos regalos que las chicas querían hacerle a Me, L y algunos de los otros feriantes, iniciamos la recogida.

Una vez que empezamos a plegar lució un sol espléndido que nos acompañó todo el camino, pero no nos hicimos mala sangre por eso, y volvimos de un humor excelente.

Resumamos la experiencia. Pese a la escasa asistencia, las chicas se bandearon bien e hicieron unas cuantas ventas. No como para amortizar la estancia (que tampoco era la previsión, esto era una prueba piloto) pero sí como para compensar el esfuerzo y animarlas a nuevas aventuras. Compraran o no, a la gente le ha gustado mucho su trabajo. Se lo han pasado en grande en contacto con el público, han aprendido bastante y han tomado nota de nuevas ideas y modos para la próxima vez. Y además hemos roto con el día a día, lo que siempre sienta bien.


La compañía ha sido agradable, tanto por parte de las chicas del camping como de los otros artesanos, que por cierto trabajan estupendamente la madera y el cuero. El viaje, sin ser corto, no fue fatigoso. El sitio, como ya he dicho, nos ha gustado mucho, hemos hecho amigos y todos, adultos y nanos, lo hemos pasado bien.

Conclusión final: positiva. ¿Volveremos? Pues sí, ellas están decididas a estrenar su carpa. caiga quien caiga, y aunque uno ya peina canas debo reconocer que a mí también me hace ilusión la idea. Así que en cuanto 2D2 recupere el aliento y coja fuerzas, el estado mayor empezará a preparar la siguiente expedición.

No saldremos de pobres pero oye ¿Y lo bien que lo pasamos?.

* A ver si las convenzo para que saquen una línea erótica, tengo muchas ganas de hacer las fotos para el muestrario, con ellas de modelo, of course.

lunes, 25 de abril de 2011

PEREZA Y PSEUDOCIENCIAS


Pensando en las pseudociencias y similares, comprendí ya hace tiempo que, hagamos lo que hagamos, van a estar muchos años entre nosotros. No porque ofrezcan algún atisbo de verosimilitud o eficacia, sino porque apelan a una de las lacras humanas más difíciles de erradicar: la pereza intelectual.

Antaño pecado capital, la pereza goza hoy de un notable prestigio. Éxitos como GoogleWikipedia, o los diversos iGadgets se basan en facilitar la vida a sus usuarios minimizando el esfuerzo mental requerido para su uso. No seré yo quien despotrique contra ellos, líbreme el monesvol: como ilustrador veterano he vivido la era pre-internet y soy muy consciente de las increíbles posibilidades que la red pone a mi disposición gracias a esas herramientas*. Pero la cuestión es que la pereza es un valor en alza.

Ahora bien, las pseudociencias se caracterizan, entre otras cosas, porque simplifican el trabajo intelectual hasta su mínima expresión. Entender cómo funcionan teorías sencillas, como la selección natural, o adquirir conocimientos básicos de Historia, por mencionar dos áreas del conocimiento al alcance de cualquier persona mínimamente capacitada, requieren al menos una cierta base intelectual, dedicación, comprensión lectora, espíritu crítico... pero ciertas características de las magufadas hacen que hasta el zoquete más limitado y holgazán está en condiciones de convertirse en un experto en apenas unos minutos y epatar a sus amigos con su erudición.

¿Qué características son esas? Citaré las más llamativas.

1. UNIVERSALIDAD

Un arqueólogo se ve obligado a plantearse un montón de preguntas cuando analiza los restos dejados por cualquier civilización desparecida. Los ufólogos no tienen ese problema: ¿Los moais de Pascua? ¡Extraterrestres! ¿Las pirámides de Egipto? ¡Extraterrestres! ¿Las líneas de Nazca? ¡Extraterrestres! ¿La iglesia de mi pueblo?¡Pues también extraterrestres! (como demostraré en una futura entrada).

Si hablamos de medicina, la cosa es aún más fácil. Un oncólogo requiere minuciosos análisis antes de determinar el tipo de tratamiento adecuado para cada una de las enfermedades tumorales. Un hidroterapauta no pierde su tiempo con menudencias como diagnósticos: ¡agüita de mar para todo, que es bien sana! Y no digamos los quiroprácticos: ¿Jaquecas, dispepsia, angustia, terrores nocturnos, asma...? Un buen estirón a la columna y ¡arreando!

El summun de la universalidad es la conspiranoia, porque ofrece la respuesta universal: cualquier prueba que demuestre que los humanos no volaban en pterosaurios, que la Atlántida sólo existió en la fantasía de Platón, que los humanos no descendemos de los delfines, que en Rokwell no se estrelló ninguna nave espacial o que la homeopatía vende azucarillos a precio de oro es una falacia urdida por ellos (el gobierno, los bancos, los masones, los illuminati, los hombres de negro, los pitufos...) y el que sostiene dichas pruebas es un vendido, un cómplice involuntario o un clon malvado. Fin del debate.

2. SOFISTICACIÓN

Otra cosa no, pero los alternativos gastan muchas palabras de las de a cien euros, y eso da mucha prestancia. Prueba a soltar en cualquier conversación términos como holístico, biosostenible, reduccionismo, bioenergético, prospectiva, semiótico, deconstructivo, postevolucionista...  Deberían vender una guía con los términos alternativos más usales y una breve introducción con los usos socialmente más favorables. ¡Sorprenda a sus amigos! ¡Conviértase en el alma de la fiesta! ¡Sea popular! Y si no recuerdas ningún palabro prometedor, invéntatelo ¿Qué mas da que no entiendas nada de lo que estás diciendo? Tus conocidos tampoco lo hacen, y tú quedas como un señor.

3. ESTABILIDAD

Una gran ventaja, sin duda, es que las pseudociencias no cambian. La medicina no deja de avanzar a medida que se aprende más sobre biología, genética, metabolismo... el darwinismo de síntesis no ha dejado de incorporar nuevos conocimientos y teorías, incluso la geología, aparentemente inamovible, puede cambiar sus paradigmas, como hizo con la tectónica de placas. Pero el psicoanálisis no ha modificado ni una coma desde que Freud soltó sus chorradas, la homeopatía sigue fielmente las directrices de su fundador, sin desviarse ni un sólo paso, más allá de reducir el número de sacudidas al frasco (se les cansaba el brazo y, claro, luego no te quedan fuerzas para hacerte pajas) y la acupuntura sigue usando los mismos mapas de alfilerazos desde hace muchos cienes y cienes de años. Y precisamente la acupuntura nos da paso a otra notable virtud de las pseudochorreces.

4. EXOTISMO

Porque da igual cuál sea la chorrada que quieras vender: lo primero es darle aires orientales. Los fanáticos de la magia, los ufos, la medicina alternativa, o el new age piensan de forma lineal: si es oriental, es BUEEEEEEENOOOOOO, si es occidental, es MAAAAALOOOOOO. Eso incluye a las culturas indígenas americanas, porque los mayas o los sioux están al oriente de oriente, lo que los hace aún más chupiguachis de la muerte. Pensemos en el Reiki: la imposición de manos era una práctica religiosa occidental, todavía viva en congregaciones como los adventistas y los evangelistas. Claro, eso no ayuda, porque suena mucho a misa occidental, pero si le cambiamos el nombre y fingimos que viene de China, voilá, ya tenemos otra pseudociencia vendible. Y dicho sea de paso, perfecta para perezosos, porque comparada con el Reiki, la acupuntura exige el ímprobo esfuerzo de cargar con las agujas.

5. TRADICIÓN

Eso sí, no vale con ser oriental, si así fuera todos los espiritistas usarían un mp3 sony para comunicarse con el más allá. No, además hay que estar avalado por siglos, o mejor milenios de antigüedad. Si los mayas anunciaron el fin del mundo, será que es cierto, no en vano eran señores muy añosos. Lo curioso es que hay otras personas que opinan que si la Biblia prohibió cosechar en las esquinas de los campos y vestir ropas mezclando lino y algodón, hay que apedrear a todo el que cometa esas atrocidades, porque la Biblia es antigua y hay que hacerla caso. Pero los alternativos parecen ser bastante puntillosos a la hora de evaluar cuál antigüedad es más adecuada, o será que la antigüedad judía es occidental, lo que nos devuelve al punto 4.

Excepto si hablamos del carro de fuego que arrebató a Elías o la Rueda de Dios, porque aquí la antigüedad de la Biblia la convierte en una prueba i-rre-fu-ta-ble de la existencia de OVNIS.

6. NATURAL

El santo grial particular de los ecomajaderos, pero también de todo tipo de freakies: Si es natural, es bueno. Rallar corteza de sauce es lo mejor del mundo para el dolor de cabeza, pero tomar una dosis de ácido acetil salicílico es un atentado contra el universo. Intentar explicarles que rallar sauce para aliviar el dolor de cabeza de 6000 millones de humanos acabaría con todos los sauces del mundo, no sirve de nada: se tapan las orejas y cantan lalalalalala eres unvendidoalasmultinacionalesynoteestoyoyendo lalalalalalalala. Otra cosa que no acaban de comprender es que la naturaleza es, principalmente, una gran cabrona. Lo natural es que de cada diez niños, nueve mueran antes de llegar a adultos. Lo natural es coger el cólera al beber agua. Lo natural es morir de malaria, porque los mosquitos son animalicos de lo más natural, como las garrapatas, los piojos, las tenias... lo natural es el hambre, porque los cereales o la soja son alimentos diseñados por el ser humano a lo largo de miles y miles de años de selección artificial, y no sobrevivirían más allá de una generación en la naturaleza, sin nuestros cuidados para reproducirse.

Seis premisas muy simples, pero son verdaderos ases en la manga. Coja cualquier absurdez y/omentira, pásela por el tamiz de las Seis, y ya puede montarse su propio chollete. Las brujas no eran nada fashion, viejas arrugadas y malolientes que echaban maldiciones, pero tenían el toque necesario de antigüedad. Le añadimos el aire naturalista, le pegamos a capón ritos místicos repletos de palabras ininteligibles, se le inventan lazos con la sabiduría de la India y el Tibet y como remate se descubren pruebas ocultas que demuestran que el secreto de la brujería pasa, inamovible, de madres a hijas desde hace miles de generaciones por todo el orbe. Voilá: ya tenemos la wicca, vayan pasando por caja, señores.

Da igual que razonemos pacientemente y aportemos todas las pruebas habidas y por haber. La pereza mental es una coraza impenetrable. Acostumbrémonos a la idea: las pseudociencias, los misticismos y las magufadas van a seguir aquí, porque son facilonas y no requieren esfuerzo alguno. Pensemos en los testigos de Jehová: su fundador C. T. Russell, anunció la Parusía y el Fin del Mundo para 1874, luego para 1914, después para 1918, más tarde para 1925 y finalmente para los años 40. Dado que estamos aquí, está claro que se equivocó, pero eso no parece importar demasiado a sus seguidores. ¿Porqué? Porque aceptar que lo que creen es erróneo requeriría pensar, y es más sencillo balar, seguir pastando y mirar para otro lado. Y eso hablando de algo tan aburrido y desustanciado como la fe de los Testigos ¿cómo vamos a esperar que alguien renuncie a ideas mucho más divertidas y exóticas, que ofrecen respuestas a prácticamente todas las preguntas imaginables?

Lincoln dijo que no es posible engañar a todo el mundo todo el tiempo, pero olvidó un detalle, y es que siempre podemos encontrar un cierto volumen de gente decidida a engañarse a sí misma de una u otra manera, por pura holgazanería. El espíritu crítico y el esfuerzo intelectual son armas muy poderosas contra la mentira, pero la pereza las anula por completo.

* Sí me permitiré despotricar contra Apple: a ver cuando los señores de Cupertino se dignan sacar un ordenador que además de hacer alegres cabriolas de colore sirva para hacer trabajo 3D de verdad. Las pijadas con manzanita son muy fashion, no lo pongo en duda, pero sucede que algunos curramos.