Mujer iroqués

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lunes, 8 de abril de 2024

EL ARTE DE LA PODA


Como ya sabéis los habituales de este blog, a veces hago alguna entrada dando voz a otras personas. Y hoy quiero hacerlo con mi amada y cómplice Marisol Torres que, además de tener unos ovarios de acero forjado y unos ojos del color del mar, juega con las palabras con la misma dedicación y cuidado con la que acaricia la tierra. 

Es un texto muy breve, pero me despierta sensaciones y recuerdos que no quiero dejar correr.



EL ARTE DE LA PODA


Podar olivos por la mañana, podar novela por la tarde, eso es lo que he estado haciendo estos últimos días, aprender el arte de la poda.

Es curioso cuan similares son ambas actividades, porque lo que importa de verdad, en los dos casos, es dejarlo todo limpio, claro, que corra el aire, que entre el sol.

En el caso de los olivos centenarios de mi finca, dice mi maestro, mi tío Gregorio, es importante que el centro del árbol esté  despejado, sin ramas, para que circule el viento y dé el sol; hay que mantener las ramas que tienen fuerza, quitar las partes viejas y cortar todas esas pequeñas ramitas que consumen energía. Tú eliges las ramas que quieres mantener.

En el caso de mi nueva novela,  Piedraescrita, ambientada en mi valle, siguiendo a Raymond Queneau,  estoy haciendo lo mismo. Hay que dejar la trama principal clara y despejada, cargarse cualquier subtrama que le quite fuerza y despiste al lector. Podar algunos adverbios, adjetivos, alguna descripción que no aporta nada…  podar, podar y podar.

Y, curiosamente, cada ramita, cada adjetivo, duele cuando lo cortas.

sábado, 24 de febrero de 2024

Donde vivimos la magia




La magia existe. Mucha gente piensa que se trata de agitar una varita y pronunciar un hechizo. No, eso no funciona. La magia es la creación de un espacio y unas condiciones en las que suceden cosas estadísticamente improbables. Los magos profesionales, como Randy, Tamariz, Copperfield... lo hacen estimulando la mente de su público de forma que dejen a un lado su mirada analítica y se entreguen a la maravilla. Pero también puede surgir de forma no intencionada.

Marisol no es maga profesional, y no pensaba en ello cuando abrió su local en la calle Lavapiés. Pero, sin pretenderlo, creó un espacio en el que la magia era posible: El Dinosaurio Todavía Estaba Allí o, como pronto fue conocido, el Dino, a secas.

La clave no era el local en sí, sino ella. Es una mujer muy peculiar, con un carácter firme y una visión del mundo que no coincide con la de quienes la rodean. Cuando quiso escribir poesía la dijeron ¿qué sabes tú de poesía? lo que escribas no va a interesar a nadie. Cuando quiso seguir su camino, y no el que otras personas habían previsto para ella la dijeron ¿cambiar de vida, a tu edad? menuda locura. Y cuando quiso tener un local centrado en los buenos los vinos, la buena mesa y la poesía la dijeron ¿Abrir un bar? si tú no sabes nada de hostelería.

El primer Dino era pequeñito y cuqui
El primer Dino era pequeño y cuqui. Y perverso, pero esa es otra historia

Pues resulta que es una buena poeta (mejor de lo que ella misma cree) ha seguido su camino pese a todas las dificultades (y han sido muchas, y acompañadas de muchos dolores) y ha regentado un local de vinos y poesía (y excelentes platos con nombres sorprendentes) en el que la magia podía ser.

Ser, un verbo que no usamos con toda la intensidad que merece

Yo la conocí en 2012, en una quedada de Golfxs con Principios en el primer Dino (pasado un tiempo, decidió trasladarse a un local mayor, en la calle Ave María) y me dejó sorprendido por cómo lidió con un imbécil que había venido a montar un escándalo. Le hizo frente con firmeza y tranquilidad, y pensé, esa mujer tiene un buen par de ovarios.

Buenos no: buenísimos, y forrados de titanio. Pero eso lo supe más tarde.

Libre se escribe con M de Marisol

Empezamos a conocernos un poco mejor cuando nuestro Grupo de Lectura empezó a acudir al Dino, y no éramos la gente más rara que podías encontrarte ahí. Siendo ella una persona fuera de la norma, su local atraía a otras personas fuera de la norma. La policía debía flipar en colores cuando pasaba por esa calle los miércoles, cuando se celebraban las jornadas de Shibari para todos los públicos. El día que alguien empezó a atar a su modelo en la reja de la ventana, por la parte de fuera, pararon el coche y bajaron frotándose los ojos y buscando en el código qué delito se estaba cometiendo, porque eso debía ser delito ¿no?

Cuando abrió el segundo Dino ya nos teníamos confianza. Flirteábamos, nos reíamos, teníamos pequeñas charlas muy amenas, sacaba a pasear alguna vez a su perrete*... nos habíamos hecho amigos casi sin darnos cuenta. Y, cuando supo a qué me dedicaba, me propuso hacer una exposición de mi trabajo sobre dinosaurios en el Dino, que ahora era, además, una pequeña galería de arte y un espacio para presentaciones y recitales. 

Mi primera exposición, y mi hijo ya me sacaba media cabeza

Yo estaba seguro de que Marisa se sentiría muy a gusto en el Dino, y que ella y Marisol iban a gustarse. Así que un día fuimos allí. Casualmente era noche de poesía. Casualmente Marisol recitaba. Y, casualmente, escuché unos versos suyos que no conocía, y que me atravesaron el pecho y se clavaron bajo mis huesos. Casualmente o no, Marisol y Marisa tuvieron una conversación sin que yo lo supiera: ellas iniciaron una firme amistad y unas semanas después Marisol me llamó para proponerme una cita.

Si enamorarse por un poema no es magia, que baje Houdini y lo diga.

Una vez Marisol me dijo, siempre te veo con mujeres poderosas. Y ellas lo son

Así, en 2016, empezamos a ser pareja, y ya va para 8 años, para pasmo de mucha gente, que no entiende qué es lo que está pasando. Y de esa forma el Dino se convirtió en mi segundo hogar, y empecé a sentir y aceptar la magia.

La gente fuera de la norma atrae a más personas fuera de la norma. Y si se supera una cierta masa crítica, la magia surge. Para muestra, cuatro pinceladas

Una tarde, ella y yo estábamos hablando sobre si hacerse trenzas de estilo africano sería apropiación cultural, y de pronto entró una diosa. Sí, una diosa en forma humana que resolvió nuestras dudas. Y aún volvió un par de veces más, quizás porque quiso bendecirnos con su presencia antes de volver a su panteón, o porque le entusiasmó el plato secreto que Marisol sólo ofrecía a las personas especiales.

En un maravilloso aniversaurio intimamos con una artista que parecía vivir entre dos mundos, y fuimos amigos, apoyo y familia hasta que, una buena mañana, desapareció sin dejar rastro. Quiero creer que regresó a la parte de su vida de la que nunca nos hablaba y que estará bien. Ojalá leas algún día estas palabras, C.

Una tarde de poco movimiento, justo cuando ella se estaba planteando adelantar el cierre, vino un chaval a preguntar si habría sitio para tomar unas copas y tapeo, y acto seguido una docena  larga de paleontólogos entraron y se adueñaron del local. Entre ellos yo tenía algunos conocidos, y se quedaron muy sorprendidos al verme ahí.

Hemos llorado todos juntos, sin pretenderlo pero sin poder resistirnos, a moco tendido, mientras una mujer entonaba en el escenario Canto a la Libertad, de Labordeta. Y luego, aun llorando, nos abrazamos unos a otros, conocidos y desconocidos.


Como digo, me he pasado ahí buena parte de mis días en los últimos 7 años. He sido cliente, masajista, limpiador, recadero, camarero, pinche... creo que lo único que no he hecho es servir cervezas. He comido y cenado de lujo, compartido magníficos debates, reuniones estupendas, disfrutado de recitales y lecturas geniales, hecho amigos y amigas, cuidado a una niña que, de alguna forma, se convirtió en mi hija, reído, llorado, bailado, me he indignado, he celebrado varios cumpleaños, uno de ellos por sorpresa... y me he subido más de una vez al escenario, como podéis comprobar aquí.

Y, por asombroso que resulte, no me han apedreado

El Dino ha sido un rincón seguro para personas que no se sentían seguras ni en su casa. Ha sido un espacio LGTB permanente, no sólo en la semana del Orgullo. Ha sido punto de encuentro y escenario, photocall, referencia para muchos y sorpresa para muchos otros. Se nos han juntado cenas familiares con sesiones de cuerdas, tardes de dibujo con charlas sobre sexo, akelarres feministas** y noches de danza vikinga.

También conocí en el Dino a Eva, mi amigaamada, y allí fuimos tejiendo una amistad que un día resultó ser amor. Así que si hoy estoy casado tres veces es porque un día Marisol abrió el Dino.

Allí hemos sido familia. Simple y llanamente.

Por desgracia, quienes no conocierais de antes el Dino ya no lo podréis descubrir. Todo tiene un final, y, tras una década llena de emociones (y agotadora) Marisol ha echado el cierre y terminado esa aventura para empezar con otras nuevas. Porque así como hay que saber construir, también es bueno saber cuando soltar. Además, la magia, como he dicho, no depende de un espacio físico, sino que la hacemos nosotros. Y una vez la conoces, ya no te abandona.

El último aniversaurio fue, finalmente, el último. Con risas, canciones y baile. Y, sobre todo, amor

No sé qué vendrá ahora, y eso es lo mejor. Vivir sabiendo cual será el siguiente paso es aburrido, yo prefiero disfrutar la próxima sorpresa, y eso es otra cosa que me ha enseñado el Dino: que vale la pena sorprenderse.

* Blue merece una entrada aparte, así que hoy no le mencionaré más

** En una presentación del Manifiesto Scum Silvia, una amiga que hice ahí (y qué paciencia tuviste, Silvia) me pidió que fuera como representante masculino por si a las asistentes les apetecía linchar a alguien. Y allá que fui.


domingo, 30 de julio de 2023

VELAS QUE SE APAGAN

 


Esta es una entrada que hubiera querido no escribir jamás, pero, por desgracia, hay cosas que simplemente no podemos detener.

Mi madre se apaga. 

En diciembre, pese a tener fallos de memoria, lapsus, confusiones... ella seguía ahí, con nosotros. Y con todo su carácter y cabezonería de maña intactos y presentes.

En enero, fue hospitalizada, no llegamos a saber qué le pasó, pero suponemos que fue un microictus. Y a partir de ahí el deterioro fue vertiginoso. Nos dimos cuenta, a la fuerza, que cuando decíamos que nuestra madre estaba bien, lo que en realidad sucedía es que ella estaba en un equilibrio precario, y ese equilibrio se rompió. Desde ese momento, ya todo fue cuesta abajo.

Dejó de poder caminar, de valerse por si misma para tareas tan básicas como vestirse o asearse. Dejó de leer y de hacer crucigramas (su pasatiempo favorito durante años y años) sospecho que porque las palabras ya no le dcían nada. Dejó de prestar atención a sus series televisivas. Poco a poco sus días se convirtieron en un simple espacio entre levantarse y acostarse, y durante un tiempo incluso perdió la noción de la noche y el día. 

En estos ¿seis meses? ha seguido teniendo momentos de lucidez, y aun era posible mantener conversaciones, pero semana a semana los momentos de lucidez se han ido volviendo más escasos, y las conversaciones, de forma progresiva, se han convertido en apenas algunas frases sueltas.

Todavía tuve con ella, en abril, algunas conversaciones fluidas e, incluso, compartimos algunas confidencias íntimas. Pero los últimos fines de semana que la cuidé ya no hubo nada de eso, sólo el dejar pasar el tiempo con algunas frases sueltas y destellos ocasionales. En palabras de mi chica, era una vela que se va consumiendo.

Este será su último verano en el pueblo. Y en su casa: necesita atención permanente y ya no estamos en condiciones de cuidarla. Ella siempre nos dijo que, cuando llegara el momento, quería que la lleváramos a una residencia y no ser una carga, y el momento ha llegado.

Ya no nos reconoce más que en breves instantes. Pronto, me temo, incluso eso desaparecerá.

En uno de esos destellos, hace unos meses, mientras yo la aseaba y vestía, me miró con muchísima tristeza y me pidió perdón por todo el trabajo que me estaba dando. Yo le dije, cuando era pequeño, tú me limpiabas y vestías, ahora es mi turno. Y sonrió, pero esa tristeza siguió ahí. Y la he visto cada vez que pasaba junto a su foto con mi padre, cuando murmuraba que ya llevaba demasiado tiempo aquí.

Soy muy afortunado, mi madre ha estado ahí hasta prácticamente ayer. Supongo que cada uno de mis hermanos y hermanas tendrá su propia experiencia con ella, la mía ha sido muy hermosa. La presenté a Marisa, vio nacer y crecer a Diego, me ha visto ser quien soy. Pude hablarle de mi vida personal, de mi forma de amar y relacionarme. Pudo conocer a Eva, y acogerla con un abrazo y una sonrisa. Y compartió conmigo cosas muy especiales.

Yo no lo entiendo del todo, Josela, pero hay muchas cosas que nadie ha entendido de mí.

No es una mujer perfecta, ni mucho menos, es una persona real, con sus defectos y sus virtudes, y me siento feliz y orgulloso de ser su hijo y merecer y corresponder su amor.

Ahora empieza la etapa final, y no va a ser fácil. No me engaño, va a ser doloroso, mucho. Para ella y para nosotros. Y sólo tiene un final posible.

Cuando llegue ese final, espero estar tan entero como ella lo ha estado en los momentos más difíciles. Y acoger ese momento junto a todos los demás que hemos compartido. Porque el final es también una parte del camino.

Mamá, te amo. Y seguiré amándote aunque apenas estés.

Gracias por todo.



viernes, 23 de junio de 2023

SOBRE LOS PUTOS MENTIROSOS

 Debido a unas circunstancias que no voy a detallar, en los últimos tiempos nos hemos visto expuestos, mi familia/círculo de tiza y yo, a varios mentirosos. Y creo que explicar aquí lo que siento acerca de ese tipo de persona es una buena forma de hacer catarsis.

Algunos pensaréis, a ver, no te pongas melodramático, no estás hablando de criminales, sólo de mentirosos. Y estáis muy equivocados. Primero de todo, la mentira, en determinadas circunstancias, sí es un delito, así que decir de alguien que sólo es un mentiroso es, como mínimo, ambiguo. Y, cometa o no un delito, el daño que hace el mentiroso es desproporcionado.

Voy a aclarar un punto importante: todos mentimos, en algún momento de nuestra vida. Nadie dice siempre toda la verdad. Por miedo, por vergüenza, por pereza, por ignorancia... en algún momento todos mentimos en mayor o menor medida. Pero eso no nos convierte en mentirosos. El mentiroso lo es porque hace de la mentira su herramienta, su forma de relacionarse y de medrar. El mentiroso miente porque piensa que le compensa, y porque en realidad no le preocupa en lo más mínimo el bienestar de aquellos a quienes miente. El mentiroso carece de empatía y ve a las personas de su entorno como simples recursos a exprimir.

El mentiroso es un parásito: material y emocional.

Esto no significa que este tipo de personas sean malvados de opereta. No. En su fuero interno, el mentiroso encuentra mil razones para justificar sus mentiras. Lo hace por el bien de la otra persona, él sólo quiere embellecer la verdad, sólo es un juego inocente, las circunstancias no son favorables, no quiere hacer daño... Nadie es el malo de su propia película, así que cuando al mentiroso le estalla su mentira en la cara, busca excusas para justificarla, y lo hará, en un 99% de los casos, procurando colocarle buena parte de la culpa a la víctima.

¿Cómo iba a saber que eso te estaba haciendo daño? Tendrías que habérmelo señalado, si lo hubiera sabido, si hubieras sido más explícita, lo que pasa es que no me atreví a decirte la verdad porque eres demasiado sensible, te lo tomas todo por la tremenda, en el fondo los dos tenemos un poco de responsabilidad en lo que ha pasado...

¿Sabéis los violadores que, cuando se les entrevista en la telebasura, se aferran a que la víctima no expresó claramente su negativa o su rechazo y que la gente no ha entendido el contexto? Pues es el mismo caso. Incluso, el mentiroso intentará darle la vuelta a la acusación acusando a la otra persona de no ser sincera.

Y por eso el mentiroso es, además, un maltratador. Porque la mentira sistemática es un maltrato. Y puede que volváis a llamarme exagerado pero pensad por un momento en lo que le sucede a la víctima cuando descubre que todo aquello que creía es una puta mentira.

Imagina que tu pareja de pronto te dice, bueno, me voy a hacer la compra, por cierto, voy a separarme de ti porque hace seis años que tengo una amante pero no quería decírtelo porque siempre lo ves todo como algo personal y eso me agobia un montón. O imagina que descubres que tu ex, que siempre ha insistido en que seguís siendo amigos, y en quien confías a ciegas lleva años difundiendo que eres una perturbada con delirios y mejor no hacerte demasiado caso, que sólo dices locuras. O que tus padres van diciendo por ahí que si no fuera por ellos tus hijos estarían comidos por la mierda y en la indigencia porque eres una madre espantosa, cuando eres tú quien les mantiene a ellos.

No son casos hipotéticos. HE VISTO ESAS SITUACIONES Y HE VISTO LAS CONSECUENCIAS

Por cierto, muy probablemente el mentiroso será, ADEMÁS, un abusador sexual, dado que las mentiras invalidan el consentimiento* ¿de verdad os sigue pareciendo tan inofensivo el asunto?

Y ¿porqué actúan así? Como he dicho, porque creen que les beneficia. Porque la mayoría de la gente no es mentirosa, ni desconfiada, porque en general confiamos en quien nos rodea y eso nos convierte en un recurso muy cómodo. Al mentiroso le va bien, así que sigue mintiendo, y si alguna vez le pillan en una mentira, la tapa con otra. 

Dicho así, parece que mentir renta, y sí, en ocasiones lo hace. De no ser así no seguirían las mentiras. Pero en general eso sólo funciona a corto o medio plazo. La gente puede ser confiada, pero no es idiota, y poco a poco van apartándose del mentiroso. Así que éste se ve obligado a buscar nuevas víctimas, pero cada vez tiene menos oportunidades. 

Porque el cuento de Mi ex estaba loca puede funcionar una o dos veces, pero la cuarta vez es muy posible que suene raro, y porque poco a poco se va corriendo la voz. Al final el mentiroso empieza a verse solo y a tener cada vez menos recursos y entra en pánico. Porque mentir le ha ido muy bien, así que no ha hecho otra cosa que mentir, sólo sabe relacionarse a través de la mentira, y resulta que ya no funciona. Y esa persona jovial, que siempre estaba contando chistes y haciendo gracietas, de pronto se vuelve un amargado ** porque hay que ver qué mala es la gente, porqué nadie confía en él, con todo lo que ha hecho él por esos desagradecidos.

Insisto, el mentiroso nunca se va a decir Esto me lo he buscado yo solito porque soy un cabrón y un imbécil. No, él es la víctima de la incomprensión, de la envidia, de las circunstancias...***

Que la mayor parte de esas personas acaben mal (de momento ha sido así en la mayor parte de casos que conozco) no compensa el sufrimiento que causan. El daño que hace la mentira es muy profundo, y las heridas que deja detrás tardan mucho en cicatrizar. Así que no, no creo en el perdón para esa gentuza. Si escucho que a alguno de esos miserables le va mal, me alegro. Si me entero de que le han dado una paliza, confío en que quien quiera que haya sido se haya ensañado y quedado a gusto, y si me entero de que han muerto, celebro que hay algo de oxigeno que ya no se desperdiciará en ellos.

Y, tras el desahogo, voy a daros un consejo no solicitado. No mintáis, no uséis la mentira como herramienta. Porque, salvo que logréis alcanzar una situación de privilegio, o ya la tengáis de partida, o podáis engañar a alguien lo bastante a fondo como para chuparle la sangre hasta su último aliento, acabaréis completamente solos. Y una vez se os caiga el tenderete, quedará al descubierto lo que hay debajo: la puta NADA, el fétido aire caliente que llena el globo, y esa NADA seréis vosotros.

De verdad, por mucho que pueda parecerlo, no compensa ser una puta bolsa de mierda.

* En concreto, sé que uno de esos mentirosos se excita especialmente cuando viola el consentimiento. Y cuando no es así, su libido se va por el retrete. Decidme a la cara que eso no es ser un abusador sexual. 

** Un miembro de mi familia materna, mi tío B, era un mentiroso profesional, se pasó toda su vida engañando y abusando de cuantos le rodeaban, incluyendo a sus propios hijos y hermanos,  y sus últimos años han sido una queja continua de lo mala que es la gente y la mala suerte que le persigue.

*** Cierto parásito al que ayudé a hacer su mudanza cuando se vio obligado a salir a patadas de nuestras vidas, lloriqueaba quejándose de que todo el mundo estaba contra él, no sólo su ex, o los amigos que ahora le daban la espalda. También estaban en su contra las empresas, los bancos, los médicos, los jueces... y en ningún momento fue capaz de decir quizás la he cagado, no, él no tenía la más mínima culpa de nada.

domingo, 14 de mayo de 2023

AZAR (pero también gente buena)

Hola de nuevo.

Lo primero, disculparme por la larga ausencia. Me temo que el esfuerzo de sacar tres libros casi seguidos el año pasado me dejó... quemado, sin ánimo de seguir escribiendo. Gracias a quienes me cuidan ( y pienso muy fuerte en Marisa y Eva) y a quien me ha metido caña para que retome la escritura (¡esa Marisol!) estoy de vuelta. 

Sin embargo, no basta con estar bien. Y, sí, tengo algunas cosas en cartera para escribir, pero varias de ellas son más bien negativas o, como mucho, sardónicas, y eso no me parecía adecuado para arrancar. Otros temas que tengo en mente son simplemente descriptivos (por ejemplo, quiero contar como ha sido para mí la experiencia de publicar la última parte de mi serie sobre historia) Finalmente, quiero contar cosas que han pasado en estos meses que hace un año apenas me parecían imaginables. Pero necesitaba un empujoncito, algo que me hiciera decir, AHORA.

Hoy ha llegado ese empujoncito, y lo ha traído el puro azar. Pero si algo he aprendido desde que mi vida dio un vuelco hace ya 12 años es que el azar no es solo azar, sino un elemento más de un paisaje mucho más amplio.

El paisaje, en esta ocasión, tiene un colorido muy hermoso. Se trata de una tarjeta que mi chica ha hecho para su madre. Hoy comíamos con ella y su familia, y anoche estaba ella rematando el trabajo, intentando que todo quedara tal y como quería y adaptándose sobre la marcha a incidentes de última hora. A mí, personalmente, me parece una preciosidad, es una combinación de acuarela y bordado con un juego de color que ya quisiera yo ser capaz de emular.


Pues bien, esta mañana hemos salido para coger el metro, con tiempo sobrado dado que íbamos bastante lejos. Y, en el primero de tres transbordos, la bolsita con la tarjeta quedó olvidada en el asiento. Cuando Marisa fue consciente ya estábamos a varias estaciones de distancia, y Diego recordó entonces que había oído a alguien preguntar ¿es esto suyo? a una señora, pero no pensó que tuviera que ver con nosotros.

En fin, en un caso así poco se puede hacer, dimos por perdida la tarjeta y seguimos nuestro viaje, que aún se prolongó una hora por diversos incidentes (como la escasez de taxis en Valdemoro)

La comida fue muy agradable, pasamos unas horas estupendas y, finalmente, iniciamos el camino de vuelta. Al llegar a Atocha pillamos un tren hasta Chamartín, y allí nos planteamos si esperar el cercanías hasta casa o tirar de metro. El metro tiene muchas paradas, pero el tren tardaría en llegar así que optamos por cogerlo. 

Llegamos al transbordo donde habíamos perdido la tarjeta, pasamos los tornos, fuimos hasta donde solemos esperar en el andén y, al apoyarse en otro torno, Marisa tocó algo, se giró y allí, delante suyo, estaba la bolsa con la tarjeta.




No nos lo podíamos creer, pero era real, la teníamos delante de nuestros ojos. Marisa y yo nos dimos un abrazo, lo recogimos y ya subimos los tres al tren. Por el camino repasamos lo sucedido y comprendimos lo extremadamente improbable de lo que acababa de suceder.

Pensad en todos los elementos que se han conjugado para que pudiéramos recuperar esa tarjeta:

_ Primero, la persona que la encontró, al no ver al dueño o dueña, decidió dejarla en un lugar visible por si acaso esa persona regresaba. 

_ Segundo, NADIE de las muchas personas que han pasado por esos andenes en casi 8 horas decidió llevárselo ni tirarlo a una papelera. Tampoco la dieron un golpe por accidente, tirándola al suelo

_ Nosotros llegamos a Chamartín justo cuando se iba el tren que debíamos coger, y decidimos tomar el metro por no esperar otros 20 minutos al siguiente. De haber llegado un minuto antes, habríamos subido al cercanías.

_ Cogimos el metro porque el conductor nos vio cuando ya había cerrado las puertas y las abrió para nosotros. Podríamos haber tenido que esperar al siguiente y, quizás, en ese intervalo, la bolsa con la tarjeta habría desaparecido.

_ Finalmente, llegamos al andén del transbordo unos minutos antes que el tren que debíamos coger y Marisa se apoyó, por casualidad, en ese torno.

Si esto fuera una peli y en vez de una tarjeta esa bolsa contuviera un chip vital para la seguridad nacional, este curso de acontecimientos haría que la peli fuera absurda por inverosimil. Pero no es una peli Y HA SUCEDIDO

Y sí, soy muy consciente de que el azar juega un papel muy importante en mi (nuestra) vida. La mayor parte de las cosas que me han sucedido en esta última década empezaron por azares casi imposibles. Pero en este caso concreto, todo ese azar tendría un peso igual a cero de no ser por el primer punto de la sucesión:

UNA MUJER RECOGIÓ DEL SUELO LA TARJETA Y DECIDIÓ DEJARLA EN UN LUGAR VISIBLE, PARA QUE NO SE PERDIESE DEL TODO.

Fue un gesto pequeño, anodino. Quizás abrió la tarjeta y vio una dedicatoria a una madre, y le pareció importante, o simplemente le dio pena que perdiéramos algo tan bonito. E hizo lo único eficaz* que podía hacer para devolvérnosla, que fue dejarla en un sitio donde estuviera a salvo de que la pisaran y pudiéramos verla.

Un gesto pequeño de amabilidad para con unos desconocidos.

Y así es como hacemos entre todos que el mundo sea un lugar más llevadero. Haciendo lo que podemos, con pequeños gestos, con pequeños detalles. Recoger una tarjeta perdida, indicar a una persona una dirección que no encuentra, agradecer su trabajo a un dependiente o a la cajera del metro, seguirle la broma a un bebé que se ríe al vernos, abrirle la puerta del metro a unos viajeros que llegan a la carrera por el andén... sí, lo sé, estoy sonando CURSI, y no me avergüenzo de ello. Me gusta ser CURSI.

Hoy hemos tenido un día muy bueno, que empezó con una pequeña sombra. Una mujer amable nos ha permitido terminarlo borrando esa sombra y dándonos una alegría, y desde esta tribuna bajita y anodina quiero decirle, gracias, señora, quien quiera que sea usted. Gracias de corazón.

Y le doy las gracias también al conductor que decidió esperarnos, e igualmente al chico que, un rato después, cuando salíamos del metro, se ha dado cuenta de que a nuestro hijo se le había caído un billete de 20 euros del bolsillo y le ha dicho, señor, se le ha caído ese billete**. Tres personas amables en nuestro camino de hoy.

Citando a mi amiga Diana, y debería citarla más a menudo, no penséis que todo el mundo está contra vosotros. La mayor parte de la gente es como tú y como yo, no desea ni hacerte daño ni aprovecharse de ti, y si le das la oportunidad, te lo demuestran. Hoy tres personas nos lo han demostrado, y me siento cálido al decir GRACIAS.

Y, sí, me noto también sorprendido, por no decir flipando, por todo el azar que se ha condensado hoy en nuestro camino.

* Podría haberlo llevado a las taquillas, pero nunca hubiéramos pasado por ahí.

** Por otra parte, el ver que un chico de unos 15 le llamaba señor ha dejado un poco tocado a mi hijo, que por primera vez se ha sentido viejer

lunes, 19 de diciembre de 2022

Sentirte. Sentirme

Fue una tarde, en una sesión de terapia. 

Sí, terapia. No era simplemente masaje, había mucho más.

Desde hacía un tiempo, la sesión de shiatsu concluía con un largo abrazo. Sentados el uno frente al otro. Nuestras piernas abiertas, abrazándonos también. Notaste que tenía la piel de los brazos seca y me propusiste darme un poco de aceite. Me pareció bien. Te pedí permiso para hacer lo mismo y ambos nos quitamos la camiseta. Luego nos abrazamos de nuevo. Pero esta vez no había tela entre nosotros y sentí el calor de tu piel en la mía. 

Por primera vez.

Alguna sesión más adelante, estando en la misma situación, abrazados con el torso desnudo, te pedí permiso para tomar tu pecho en mi mano. Me miraste sorprendida pero, por alguna razón, no te sentiste incómoda y me dijiste que sí. O quizás si te sentiste incómoda pero también sentiste curiosidad por saber qué iba a pasar.

Tomé, en efecto, tu pecho izquierdo en mi mano derecha. No lo cogí: lo alcé ligeramente por debajo, con la palma de mi mano. Sentí su peso, su firmeza. Su calor, diferente al de la piel que lo rodea. Su suavidad. Sentí que era hermoso, no estéticamente, ni por su sexualidad. Eran los pechos que habían alimentado a tu hijo. Eran parte de ti, no un adorno o un juguete.

Me sentí un privilegiado. Retiré mi mano con cuidado y te di las gracias. Tú seguías mirándome sorprendida. Lo que yo había hecho no te había incomodado, de hecho te había agradado. Pero te desconcertaba.

Yo también estaba desconcertado. No era capaz de entender porqué te pedí eso, ni porqué aceptaste. Sí sentí que había compartido algo que no conocís previamente.

Mucho tiempo después, más de un año, de hecho, intimamos. En esa primera noche estuvimos horas y horas abrazados, desnudos. Hablando con la voz, pero también con la piel. Sólo eso, hablando. Pero hubo algo antes que me dejó asombrado: nuestro primer beso.

Sin ansia, sin tensión. Rozar apenas nuestros labios, sentir, rozarnos un poco más intensamente, prolongar esa caricia, abrazarnos suavemente, acariciar nuestros rostros el uno al otro mientras el beso seguía tomando forma, sin prisa. 

No sé cuanto tiempo nos besamos, sé que nos miramos y te reíste al leer la sorpresa en mi cara. Y esa noche, mientras hablábamos, nos besamos durante horas.

Hubo otras noches, exploramos un poco más allá, y sentimos que era agradable. Y de nuevo te pedí permiso. Para besar tu sexo. No pusiste cara de sorpresa cuando lo hice. La pusiste después, cuando lo besé. Porque hice eso, exactamente eso: besarlo. No lamerlo, ni acariciarlo ni estimularlo: besarlo. Y besé tu vientre al subir de nuevo a abrazarte. Tu vientre me parecía (y me parece) bellísimo. Y esta vez me sorprendí yo, porque al rozarlo con mis labios, noté un estremecimiento en tu piel. Y al acercar finalmente mi rostro al tuyo leí tu sorpresa y también... reconocimiento.

Hace poco me dijiste, sentí que me venerabas. Y era cierto. 

Esa noche, o una de las siguientes, me pediste tú permiso para besar mi sexo. Y yo también sentí algo sorprendente cuando lo hiciste. Me estabas acariciando con tus labios. Igual que cuando me acariciabas con tus manos, no intentando que me excitase o que eyaculara, sólo acariciándolo.

Un día te pedí permiso para besar tus pechos. Sí. Nos pedimos permiso muy a menudo. En realidad, siempre.

Cuando me dijiste, hazlo con cuidado, procuré cuidarlos. Y recibí una caricia dulcísima en mis labios al besarlos. Con respeto y amor.

Y así hemos transitado, ambos, de sorpresa en sorpresa. descubriéndonos, unas veces con miedo, otras con confianza. Descubriendo tu yo masculino, el mío femenino. Tu pene, mi vulva. Tu risa, la mía. Siempre con cuidado y...

... dulzura.

Incluso en los momentos más intensos, cuando ardemos y rompemos todos los límites que pensábamos que eran inamovibles unos minutos antes. Dulzura incluso en mitad del incendio.

Y preguntando. Pidiendo permiso. Sí, todavía, a día de hoy. Y recordando que no pedimos permiso para escuchar un sí, sino para escuchar una respuesta. Porque un sí es tan válido como un no.

Aunque, en el fondo, creo que siempre hacemos la misma petición, aunque cambien las palabras, las situaciones, las sensaciones, la pregunta siempre es la misma:

Por favor ¿puedo sentirte?


Y la respuesta, sea cual sea, es recibida con un gracias.


domingo, 23 de octubre de 2022

CÓMO SE DIBUJA UN ÁRBOL


A veces tengo ganas de borrarme de las rrss y dejar de perder mi tiempo leyendo a opinólogos, gente insultante, supuestos graciosos, nazis mal disfrazados, terfs y machitos llorones. Entonces, de cuando en cuando, me encuentro con hilos que me recuerdan que lo mejor de las redes es, precisamente, la oportunidad de rozar a personas que aportan y te hacen un poquito más rico de lo que eras un instante antes.

María Sender es una de esas personas, y hace poco me emocionó con un texto a quemarropa, inesperado. Con su permiso (gracias, María) quiero compartirlo aquí con mis lectoras (plural genérico, sé que, de siempre, este ha sido un blog con mucho más público femenino que masculino)

Y ya me callo y cedo la palabra.



CÓMO SE DIBUJA UN ÁRBOL


Tuve una compañera que siempre les decía a los niños:

Un árbol es como una piruleta.

Un árbol es un palito marrón y una redonda verde.

Si quieres, le puedes hacer redonditas rojas y serán manzanas.

Pero así no se dibuja un árbol.


Un árbol tiene tronco y ramas, hojas y raíces, flores y frutos. 

El tronco es la columna que sostiene al árbol. Su cuerpo, joven y flexible, viejo y retorcido por los siglos. El tronco tiene marcas y heridas, agujeros que son nidos y madrigueras.

Las ramas brotan del tronco y son los dedos del árbol que quieren tocar el cielo y el viento y acariciar las plumas de los pájaros. 

Las hojas cubren las ramas. Son verdes, grandes, ovaladas. Son delgadas como agujas. Son marrones, rojas, amarillas, naranjas, púrpura. 👇


A veces no son.


Las raíces no se ven, pero están, y sin ellas no hay árbol. A veces asoman como dragones dormidos. Otras veces se esconden como lombrices bajo el suelo.


También hay flores y frutos. Y animales que se alimentan de los frutos. Pájaros, insectos, criaturas de ojos brillantes que te miran desde arriba.

Un árbol es sombra y refugio. Es frescor, y aire, y sustento.

Un árbol está hecho de historias, de años y de savia. 

El árbol puede estar en el bosque, o en un agujero en la acera, o en la plaza que hay el centro del pueblo, donde se reúnen los viejos para recordar y los jóvenes para crear recuerdos.


Los gatos se suben a los árboles.

También las ardillas.

Y las hadas.

Y los cuentos.

A veces una mujer se sienta a la sombra del árbol y recolecta las historias que cuelgan de sus ramas, y a cambio le deja las suyas.

La mujer tiene el pelo blanco, la mayoría de las veces. 

La siguen los niños y los gatos que se suben a las ramas.

A veces no.


A veces el árbol está solo. Aunque nunca está solo. Se cuenta los cuentos a si mismo mientras espera, y las ardillas, los gatos, los pájaros y los insectos le escuchan sin hacer ruido y luego se comen la fruta y reparten las historias.

Un árbol es historias.

Un árbol es vida.


Así sí.

Así es como se dibuja un árbol.

María Sender

miércoles, 19 de octubre de 2022

ME APETECE QUEJARME UN POCO (un poco mucho)


Sé que me voy a meter en un jardín, pero allá voy: ESTOY HASTA EL ORTO DE LAS BANDERITAS A LA MEDIDA PARA ORIENTACIONES SEXUALES Y AFECTIVAS

Si se eligió la bandera arco iris para el movimiento LGTB fue porque el arco iris abarca TODOS los colores. Simboliza todas las opciones, y lo simboliza correctamente. Es cierto que además tenía un significado new age, ya sabeis, el amarillo es el sol, el rojo la vida, el morado el espíritu... y eso hoy en día ya se ha perdido (afortunadamente, a ver si ya vamos sacándonos de encima todas las herencias chorras de ese movimiento pijipi)

En cualquier caso, insisto, el arco iris representa TODO, por eso es un símbolo magnífico, elegante y muy agradable de ver. En buena lógica, si representa todos los colores, todo el mundo está incluido ahí, sea cual sea su opción/elección/tendencia/diversidad. Pero no, desde hace más o menos una década y media tooooooooodo el mundo quiere tener su propia bandera.

Y la razón, al parecer, es que nadie se siente adecuadamente representado al 100%. Según algunas personas, eso es debido a que la comunidad gay masculina se ha apoderado de ese símblo y ahora sólo les representa a ellos. Pues mira, NO. 

Evidentemente, la lucha por los derechos de la gente gay ha sido la más visible desde los 70, pero eso no significa que la bandera arcoiris pertenezca a ese movimiento. Y si alguien se cree con derecho a quedársela, lo mejor que se puede hacer con esa persona es reírse en su putera cara (de hecho incluso hubo un juicio cuando alguien quiso exigir la posesión de los derechos sobre la bandera arcoiris, Y PERDIÓ)

Así que no, el arcoiris no representa a la comunidad gay masculina en exclusiva, aunque ellos hayan sido los más visibles y el orgullo gay, en demasiados sitios (Madrid, por ejemplo) se haya convertido en una fiesta de exhibición de señores con dinero y gym.

Entonces ¿porqué ese afán en buscar representación exclusiva para cada tendencia? Pues, desde mi punto de vista (que puede ser erróneo) porque, al parecer, aquí se trata de demostrar que se es más especial y se está más oprimido que el otro. Y, por supuesto, da igual qué categoría quieras representar, esa también se subdividirá porque EH, QUE YO ESTOY MÁS OPRIMIDO QUE TÚ

Y sí, estoy mirando a los pansexuales, mejor dicho, pijobis. Esa gente que se considera oprimida si se les dice que son bisexuales porque ellos aman más allá del género y no más alla del sexo, o algo así (nunca he visto que nadie diera una explicación coherente, quizás sea porque la mayor parte de la gente pansexual que he visto en redes se caracterizaba por ser, oh sorpresa, pijos niños de papá)

A esa gente taaaaaannnnn oprimida y sufridora porque al parecer no respetan sus matices dialécticos (bueno, no creo que sepan lo que es la dialéctica, pero aceptamos pulpo por animal de compañía) sólo puedo decirles ANDA Y QUE TE FOLLEN MAL, POCO Y DE MALA GANA.

Pero, volviendo a las banderas, inevitablemente, la más patética tenía que ser la del poliamor, QUE PARECE UN SOBRANTE DE REPÚBLICA EXOVIÉTICA

No, no voy a enlazarla aquí, porque cualquiera de sus versiones (que no hay acuerdo ni en cual es la buena) es HORRENDA.

Y me la pela muy fuerte lo que diga ningún gurú de mierda. 

_ A: NO NECESITO UNA BANDERA POLI

_ B: NADIE ME HA CONSULTADO SOBRE EL DISEÑO

_ C: DE HECHO YO NO VOTÉ A NADIE PARA QUE DISEÑARA UNA MIERDA NI DECIDIERA POR MÍ


Y ya tener los güevazos de decir que estás oprimido por ser poli... sí, es una mierrrrrrrda no poder tener una relación legal con mi otra pareja y tener que buscar maneras laterales de vincularnos o de encontrar atajos para poder proteger a los menores, pero a mi nadie me ha dado una paliza ni me han perseguido por la calle ni me han echado de un trabajo ni he sido repudiado por mi familia por ser poliamoroso, así que mi situación no es buena, pero no creo que se pueda hablar de opresión, si lo comparamos con otras opresiones mucho más graves. Y, realmente, el cambio legal que se necesitaría para cubrir nuestras reivindicaciones es muy pequeño, sólo haría falta buena voluntad política. 

Y dar ejemplo, sacarlo a la luz más allá de la anécdota de le famose de turno, la noticia con clickbait o la película topica del jiji y el jaja. Demostrar que es real y SE PUEDE. 

La cuestión es que nadie me mira mal, nadie me señala por la calle, si acaso piensan que estoy mal de la azotea pero hasta mi madre a sus 86 católicos y conservadores años ha querido conocer a Eva, joder.

Por supuesto, ayuda mucho el hecho de que soy hombre, si fuera mujer dirían MIRA QUÉ PUTA.

Pero, amigo, eso no es opresión por ser poliamorosa, eso es POR SER MUJER, luego no hace falta una bandera poliamorosa femenina SINO UNA BANDERA MORADA MUY GRANDE Y MÁS APOYO A LA LUCHA FEMINISTA INCLUSIVA, LA QUE NO DEJA FUERA A NINGUNA MUJER, CIS O TRANS.

En fin, exigir mi exclusiva parcelita que me represente bien a mi y sólo a mi porque "yo yo yo yo yo soy más especial que tú" sirve exactamente para NADA. Es atomizar cualquier reivindicación. Es esa cantinela de "yo no voto a tal partido porque no me representa al 100%"

No necesito mi bandera personalizada, ni camisetas ni merchandising exclusivo de mi orientación o elección. Me siento perfectamente representado por la bandera arcoiris, y además me gusta PORQUE ES PRECIOSA.

Es que, de verdad, MENUDOS HORRORES ESTÉTICOS QUE HAY POR AHÍ

Es que como el mensaje monogamo habla de la media naranja, yo creo que nuestro símbolo como poliamorosos debe ser un racimo de uvas.

¿PERO TÚ TE HAS OIDO BIEN, MAJADERO? ¿Y PORQUÉ NO UNA MACEDONIA, O YA PUESTOS UNA JARRA DE SANGRÍA, RAMPANTE SOBRE CAMPO DE LISES?

Y luego tenemos el otro lado, el de los bienintencionados que quieren actualizar la bandera arcoiris porque así todo el mundo podrá incluirse.

Hemos añadido el triangulo con la raya marron para incluir la lucha racial. De acuerdo, entiendo la buena intención, pero a ver cuanto tarda en salir alguien diciendo que ese color no representa a la comunidad nativo americana o a la sinoespañola y exija otra raya color siena tostado. O una franja extra de azul cobalto porque patatitas. Porque si añades más colores, al final la única opción es añadirlos TODOS

Y así, donde había un símbolo conceptualmente universal (INSISTO, EL ARCO IRIS SIMBOLIZA  TODOS LOS COLORES, Y SOLO NECESITA 6 FRANJAS PORQUE ES UN SÍMBOLO, NO UNA FOTO REALISTA DEL ESPECTRO VISIBLE) tenemos un mar de banderitas diminutas y peleadas o un catálogo pantone de 10000 rayitas.

Y hasta aquí mi desahogo de señor mayor, protestón y viejuno, porque no veo solución. Por desgracia, buena parte de la falta de eficacia de los movimientos sociales se debe, precisamente, a que el sistema se sostiene atomizándonos, y repitiendo la idea de que lo importante es el individuo y no la colectividad.

Gracias por asistir a mi tedtalk quejica. Besos a todes (si es que aceptáis y deseáis ese beso)



jueves, 28 de julio de 2022

OHANA IV: Eva



_ (Jose de 2022) Hola. Vengo del futuro. ¿Sabes, esa chica que conociste ayer? Pues, dentro de unos años, seréis pareja

_ (Jose de 2017) Tú flipas

_ (Marisol) Hazle caso, escucha a las brujas a tu alrededor

 Sí, esa habría sido mi reacción. Y la de Marisol.

Era miércoles, día de cuerdas en El Dinosaurio (los miércoles se celebraban quedadas de shibari) y alguien propuso echar una partida de ¿Bang? No, era algo de fantasy.

Ese día vi a Eva por primera vez. Una mujer menudita, de gafas y pelo corto, muy alegre. Su forma de hablar y de mirar era traviesa y risueña. Y nos metió una soberana paliza con las cartas.

Esa tarde hablamos un poco en la barra y nos caímos bien. No nos vimos muy seguido, pero con el tiempo fuimos cogiendo algo de confianza.

Tiempo después conocí a E, su hijo, que tenía 4 años. Vino a ver con él la expo de dinosaurios que hice en El Dinosaurio y le llevé en brazos, explicándole cada imagen. Creo que se lo pasó bien porque no quería bajar.

Un día Eva me propuso una sesión de masaje/shiatsu. Yo solía ir a fisioterapia  así que me dije ¿porqué no? puede que sea buena.

Es buena. De hecho es una excelente masajista, pero va más allá. Lo llama su poder de bruja. Yo lo llamo lectura: lee a su paciente, con las manos, con los ojos, con la piel... y aplica lo que lee.

Puede ser desconcertante. Hay quien se asusta porque te explica lo que ve y les coge por sorpresa. Quizás por eso muchos no repetían. 

Yo repetí. Eva se convirtió en mi masajista, o, mejor dicho, mi terapeuta. No era una cuestión de relajación física. Hablábamos, mucho, y nuestras conversaciones me aliviaban. No porque me dijera lo que quería oír, sino por mostrarme lo que no quería mirar. Me hizo ver que llevaba mucho peso que no era mío, y que no cuidaba de mí mismo. También vio partes de mí que no me atrevía a sacar, y buscó cómo darme herramientas para ello. En ocasiones, al acabar una sesión, me parecía que algo se había disipado, y en otras me parecía que había abierto una puerta y no sabía a donde llevaba.

No era unidireccional. A medida que pasaba el tiempo nos atrevimos, poco a poco, a compartir temas muy personales, tanto ella como yo. Y así, escuchándonos, fuimos ganando más confianza. 

Meses después pasé por un momento muy duro. En Polimad me señalaron (y era cierto) que era invasivo, abusivo, agobiante y, en general, un machito de mierda. Llamé a Eva para disculparme y despedirme, porque también lo fui con ella. Y, para mi sorpresa, me dijo que no deseaba dejar de vernos. Sí, era consciente de como había actuado yo, pero me veía capaz de corregir mis cagadas*, y quería darme esa oportunidad.

En 2019 se vio en una situación difícil. Más que difícil. Confió en mí y me pidió consejo y apoyo. Afortunadamente, pude dárselos. Y pasamos de ser amistades a amigos. Amigos reales.

Entonces llegaron 2020 y la pandemia. Tras la cuarentena quedamos para una sesión y, entonces, pasó algo que no esperábamos: nos abrazamos intensamente, antes y después del masaje. Estuvimos ¿media hora? tal vez más, abrazados. Sin hablar mucho, sólo sintiendo. Al acabar estábamos mareados, como borrachos. Entendimos que nos habíamos echado muchísimo de menos, pero también supimos que ahí había algo de lo que no habíamos sido conscientes. Creo que ambos nos asustamos, pero ninguno salió corriendo.

Empezamos a comprender que, más allá de las sesiones de terapia, e incluso de nuestra amistad, nos estábamos cuidando, el uno al otro. Un mes o dos después, muerto de miedo, me atreví a decir te amo. Y, para mi sorpresa, ella me dijo, yo a ti también.

Nos preguntamos ¿qué somos entonces, el uno para el otro? Amigos no abarcaba lo suficiente, y las otras palabras que suelen usarse no contenían lo que sentíamos. Y, de pronto, de forma espontánea, surgió una palabra. Que era solo nuestra.

Amigaamada

Amigoamado

Los siguientes meses fueron de mucha precaución: no queríamos dar nada por supuesto y, muy despacio, fuimos acercándonos. No había atracción sexual, así que exploramos lo que creímos sería una amistad intima con mucha calma, viendo a dónde nos llevaba.

En Navidad me hizo un regalo. Unos mitones en los que había bordado mis iniciales. Ese día, le dije a su hijo, E, quiero que sepas que amo a tu madre. Y creo que primero dijo ¡Por fin! y luego añadió, con esa mirada tan suya, que ve más allá de lo que tiene delante, ya lo sabía. Y ella también te ama a ti, me lo ha dicho.

Pasamos nuestra primera noche juntos justo cuando se desataba la tormenta sobre Madrid y la nieve empezaba a borrar la ciudad. Esa noche bajamos con cuidado nuestras barreras y, entre los dos, creamos un espacio seguro en el que mostrarnos desnudos. Teníamos mucho miedo, pero nos abrazamos y no dejamos que nos dominara. Hablamos de cosas que nunca habíamos hablado con nadie, expresamos, escuchamos, lloramos, nos dimos aire el uno al otro para seguir... fue una noche de catarsis. Al final, emocionalmente agotados, nos dormimos. 

No nos despertamos hasta la tarde del día siguiente. Y al levantar la persiana de la terraza nos encontramos con casi un metro de nieve y un silencio como yo no había escuchado jamás.

Casi sin darnos cuenta, empezamos a explorar nuestra sexualidad y, sobre todo, nuestra sensualidad. No nos poníamos, no era una fiebre feroz en plan, dios, cómo te deseo. Descubrimos que hacernos el amor era algo que surgía de forma natural, sin prisa y sin temor. Y a medida que exploramos, empezamos a ir mucho más allá de lo que habíamos imaginado. 

Todo ha sido paulatino, hemos ido muy despacio. Ambos tenemos vidas complejas, y encajar algo así en ellas requiere afecto y cuidado, porque no deseamos romper lo que tenemos ni lo que previamente teníamos. Pero eso no significa que pensemos y planifiquemos cada paso. De hecho, todo ha fluido casi sin rozamiento. 

Hubo un momento clave, cuando, estando juntos en un festival, una tragedia golpeó a mi familia. Marisa me dijo, no intentes correr de regreso, no puedes hacer nada, quédate ahí, Eva te cuidará. Y así fue. Al regresar, cuando se vieron, se abrazaron: un gesto de unión entre ellas, gracias por cuidarle, gracias por confiar en mí. Una manera de decir, esto es real, y queremos que permanezca.

Han pasado dos años, quizás un poco más. Poco a poco nos hemos ido dando más espacio, y haciendo que vernos deje de ser algo especial, una cita, para convertirse en algo natural. Incluso hemos empezado a hacer vida cotidiana, compartiendo, no lo mágico y apasionado, sino el día a día. Planificar la compra, tener unas horas de trabajar juntos, cada uno en lo suyo, cocinar, una jornada de limpieza. Intentar que su gata comprenda que las 5 de la mañana no es hora de ponerse a cazar nuestros pies...

Quizás lo más importante, hemos aprendido a comunicarnos. A veces con miedo, porque el miedo está presente, y hemos aprendido que es valioso, y que al ponerlo en palabras le damos una dimensión real, y podemos gestionarlo. Y hemos aprendido a expresar nuestras dudas y nuestro asombro.

También hemos comprendido que No es una respuesta tan válida como Sí. Y no tememos un No porque, sin él, el Sí no vale nada nada

No siempre estamos de acuerdo, lo que no es malo. La diferencia es positiva: ambos aprendemos del otro y encontramos formas diferentes de ver las cosas, fuera de la caja, más allá de nuestra forma previa de pensar**. 

Ha conocido a mi familia, a mi madre, le he hablado de ella a mis hermanos, primos y sobrinos, mi amiga Susana lleva un tiempo diciéndome TÚ, MALQUEDA ¿CUANDO VOY A CONOCER A EVA? Y lo mismo con su familia. No queremos ser un secreto para nadie, porque los secretos son aquello de lo que te avergüenzas, y no vamos a avergonzarnos de amar

Evidentemente nuestra relación tiene límites, y muchas incertidumbres. Pero esos límites no son paredes rígidas e inamovibles, y las incertidumbres son parte de cualquier vínculo. No sabemos qué ríos nos tocará atravesar, pero ya veremos como lo hacemos cuando lleguemos a la orilla.

Entretanto, seguimos caminando, cogiéndonos de la mano y sintiendo que, a donde quiera que nos lleve este camino que estamos creando juntos, estaremos bien.


Y, de cuando en cuando, nos hacemos esa pregunta. ¿Cómo sucedió? ¿Cómo pudimos enamorarnos sin darnos cuenta siquiera? y ¿Cuando pasó eso?

A día de hoy, no hemos podido responderla, y en el fondo me gusta que sea así. No es necesario saberlo todo

*Quiero creer que he sido capaz de dejar atrás esa actitud de mierda, pero me llevó mucho tiempo. Asumir que eres el malo de tu propia película es algo muy duro de tragar

**Por ejemplo, gracias a ella, he empezado a entender el significado de la magia, o al menos uno de sus significados

miércoles, 8 de junio de 2022

OHANA III. C


Hace muchos años, alguien me hizo un encargo desde Tasmania.

No, no estoy bromeando, un señor me escribió un correo desde Tasmania, para encargarme una pequeña secuencia animada con un tilacino. Construí el tilacino, hice la secuencia, y aproveché el modelo para sacar algunos renders como el que veis en esta entrada. Luego subí esos renders a la red, y C los vio.

Me dio follow en twitter, y le devolví el follow. Empezamos a hablar y, al poco, nos cogimos confianza.

Se acercaba el verano ¿2013? y Gs con Ps iba a celebrar una fiesta de despedida. C me dijo, jo, que envidia, aquí nunca pasan cosas tan chulas (vivía en el remoto norte, más allá del muro, en tierras de bárbaros con costumbres retrógradas) y le dije, vente, estás unos días en Madrid, y vamos juntos.

Supongo que ese flussssssh que se oyó hacia el septentrión era ella poniéndose colorada, porque se ponía muy colorada. Se lo sigue poniendo. Le he mostrado este texto antes de publicarlo y sus mejillas han contribuido al calentamiento global.

Hubo muchos jaleos, muchos mensajes, muchos malentendidos... pero al final vino. La recogí en la estación y al verla pensé, qué maja, me gusta. Llegamos a casa, nos dimos una ducha juntos, y luego preparamos la comida a la espera de que llegaran mi chica del trabajo y nuestro hijo del cole. Estaba cada vez más asustada, en plan...

_ Pero ¿tú mujer sabe que me quedo con vosotros un par de días?
_ Sí
_ Y sabe *tono de cara rojo tomate* que vamos a ir a esa fiesta
_ Sí
_ Y lo que puede que hagamos en esa fiesta
_ Sí
_ *Ojos abiertos como platos* ¿Y le da igual?
_ No, no le da igual, le parece bien.

En fin, fue un fiestón, y para nosotros fue un comienzo bueno. Le siguieron muchas movidas, muchas idas y venidas y muchas emociones muy intensas. Y no todas las gestionamos bien. De hecho, muchas las gestionamos fatal. Para ambos era una primera vez en muchos aspectos y no entiendo como logramos no matarnos por el camino. No nos hicimos daño a propósito, pero metimos muchas veces la pata, yo y ella, y más a menudo yo.

Mantuvimos una relación, lo dejamos, lo retomamos, ella vino a vivir a Madrid, fuimos amigos, fuimos amigos y amantes, y después de ser amantes logramos seguir siendo amigos. Y a día de hoy seguimos siendo amigos y seguimos queriéndonos. Así que, quizás, no lo hicimos todo mal.

Ella se siente, en ocasiones, torpe, y a veces se creía cobarde. Yo, que la veo con más objetividad, la considero valiente, inteligente y cuidadosa. Cuidadosa en el sentido de cuidar a quien quiere. 

Es tímida, guapetona, grande y fuerte. Fuerte nivel, me podría matar con un brazo atado a la espalda. Hablé de ella en mi monólogo y ella podrá deciros que no exageré ni un ápice. Se ilusiona con lo que hace, porque por fin, después de muchos años, ha descubierto el placer de hacer las cosas por ella misma, no para contentar a otros. Y es un placer escucharla cuando habla de sus plantas (resulta que tiene muy buena mano con plantas complicadas, a mí se me mueren todas) o de su nueva amiga *guiño, guiño*.

Y, sí, puede que mi criterio no sea neutral, pero sé de alguien (a quien no mencionaré porque es menor de edad) que la quiere y la admira, y esa opinión vale mil veces la mía.

9 años ya de aquel encargo desde Tasmania

Bendito tilacino

jueves, 7 de abril de 2022

OHANA II El porqué

 
Ya hacealgún tiempo que no escribo por aquí. Tanto que por un momento me he preguntado si no debería dar por cerrada esta bitácora, pero al final me siento cómodo teniendo este espacio para hablar de lo divino y lo humano, sin limitaciones de espacio ni tiempo. Y sabiendo que lo que aquí pongo, aquí sigue, y cualquiera puede buscar y leer las cosas que he ido escribiendo en los últimos ¿12 años?

En cualquier caso, vengo pensando de unos meses para acá en tocar algunos asuntos muy personales, no tanto porque crea que quien entre a leer por aquí vaya a encontrarlo interesante (aunque supongo que para algunas personas lo será) sino porque lo que no se menciona, no existe. Y hay hechos y personas que merecen estar a plena luz y recibir nombre.

Sobre todo, personas. Personas que son parte de mi vida y que me hacen preguntarme qué he hecho de bueno para ser tan afortunado. Empezando, como ya supondréis, por mi chica. Si hay un karma y un equilibrio universal, en mi próxima vida me tocará ser grillo, para compensar el habernos conocido.

Pero no es sólo de Marisa de quien quiero hablaros, porque ya la conocéis y suscribo cada palabra que he escrito sobre ella desde que abrí mi blog. Ni de nuestro hijo, personaje queridísimo por los lectores gracias a la serie de entradas del Diario de la Paternidad Responsable. Aunque sí que prometo entradas nuevas sobre ellos, porque es maravilloso llevar más de treinta años al lado de una persona y seguir sorprendiéndome cada día.

Bueno, vamos a tirarnos a la piscina. No es que vaya a salir del armario, del armario ya salimos hace cuatro años, y aquí tenéis el escalofriante documento gráfico que inmortalizó el momento:


Venga, sin anestesia. Algunas de las personas que leéis Episcophagus ya lo sabíais, y otros lo habréis supuesto, pero para el resto, quiero explicar el porqué de Ohana. Como alguien dijo hace un par de años, somos la familia de Lilo y Stich, y eso significa que somos algo más que una familia biológica. De hecho, somos una red.

Hace unos 11 años, Marisa y yo abrimos nuestra pareja. En realidad no, porque para abrir algo primero debería estar cerrado, y nosotros nunca sentimos que fuéramos un espacio cerrado. Lo que sucedió hace 11 años es que, por primera vez, eso dejó de ser algo indefinido y se convirtió en un hecho tangible.

Yo inicié una relación que duró varios años y que, por desgracia, terminó de forma muy dolorosa, probablemente porque no supimos como gestionar nuestras emociones, y eran tan intensas que resultaron devastadoras. A partir de ahí, seguimos caminando y algunas personas empezaron a entrar en nuestras vidas. 

Poco a poco, y sin haberlo previsto, Ohana surgió, fue creciendo, y se volvió muy real.

Alguien tendrá en estos momentos en la cabeza cierta palabrita. Sí, esa que empieza por poli y acaba por amor. Y sí, de acuerdo, el término viene a describir (someramente) nuestra red, pero apenas es un maquillaje. En realidad poliamor es una palabra paraguas, es (como dijo una vez Vimes) nuestro verbo pitufar. Significa, literalmente, cualquier relación afectiva/romántico/sexual en la que hay más de dos personas implicadas. Y eso abarca tanto que, al igual que el verbo pitufar, tampoco significa nada en concreto.

En estos años, de hecho, he estado mucho tiempo* en espacios poli (Poliamor Madrid, en concreto, pero he tenido contactos con Poliamor Valencia y Poliamor Barcelona) y, para qué mentir, nunca he sentido que encajáramos del todo ahí. La mayoría de las personas que conocí en ese mundillo eran gente sin vínculos estables, y pocas de las relaciones que vi forjarse en ese tiempo se planteaban como proyectos a futuro, más allá del subidón inicial (la NRE). Ojo, SI LAS HABÍA Y SÍ LAS HAY, pero no eran mayoritarias. También se hablaba muchísimo de cuidados, pero en demasiadas ocasiones sentí que esa palabra no era más que un eufemismo, dado que nadie parecía estar dispuesto a concretar de qué estaban hablando cuando usaban dicho término.

(Dicho sea de paso, por eso decidí escribir mi propia guía de los cuidados, que ustedes pueden consultar en el puesto instalado en el hall del teatro)


Finalmente, apenas conocí personas que tuvieran una estructura orientada a la crianza. Así que, puede que el término poliamor cubriera también nuestra red, pero éramos más bien una anomalía, un ñu en medio de una manada de cebras. Por eso prefiero pensar que simplemente somos personas que han elegido amar sin exclusividad, libremente.

Pero bueno, si os gusta la palabra, usadla.

Otra razón por la que no me acaba de convencer el término es que, por mucho que se repita hasta la saciedad que de lo que se trata es de formar vínculos emocionales, para la mayoría de los usuarios la cuestión importante es la sexual. Y de nuevo, somos anómalos.

Ohana está formada a partir de unos vínculos que se han ido entretejiendo, y la mayor parte de esos vínculos no tienen un caracter sexual. Puede que en un principio sí lo tuvieran, pero no ahora. Y, en dos de los más cercanos e íntimos, el sexo no está ni se le espera. Cuando planteé esa cuestión en una reunión de Polimad, una chica me miró con sorna y me dijo ¿Y en que se diferencia ese vínculo de la amistad?

No me molesté en decirle que había claras diferencias, tuve claro que, a sus ojos, yo era una especie de pringado**.

Bueno, sea cual sea el caso, y nos designemos como nos designemos, funciona. Y es lo único que me parece relevante.

En cuanto a como funciona, no hay exactamente una jerarquía. No pienso que haya una Pareja Principal sino una centralidad, un núcleo, el que formamos Marisa, Diego y yo. Y a partir de ese núcleo, se ha ido tejiendo el resto. Tampoco es lo que se conoce como Anarquía Relacional, porque, de acuerdo a ese concepto, todas las relaciones deben tener el mismo valor y no se deben establecer etiquetas ni categorías. Y eso no me parece ni siquiera funcional, por una razón muy simple: no creo que haya dos personas iguales ni dos vínculos iguales. 

Alguien dijo una vez, en el contexto de la Agamia, que las relaciones deberían ser equivalentes, y que debería ser tan sencillo y cotidiano quedar con alguien para follar que para tomar un café. A lo cual yo pensé, es que contigo yo NO me tomaría un café, porque no siento la más mínima confianza en ti. 

Ni los vínculos ni las personas son intercambiables. Son, precisamente, las personas, con su maravillosa variedad, lo que nos hace ricos. Y, en las siguientes entradas de esta serie, os hablaré de ellas.

Parafraseando a Ana Belén Rivero, nuestra Ohana es pobre en euros, pero rica en personas.

Y yo, personalmente, me siento millonario

* Dejé poliamor Madrid a finales de 2018 después de que una amiga me señalara CON TODA RAZÖN que mi comportamiento era abusivo e invasivo. Me costó mucho asimilar que, en efecto, ése era Yo.

** Sé que esa persona, cuando dejé polimad, me puso a bajar de un burro. Supongo que tendría sus motivos, y no fue la única



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domingo, 2 de enero de 2022

PALABRAS PODEROSAS


Disclaimer: esta entrada no es apta para
#señoros. Si eres el tipo de persona que piensa que su polla es el centro del universo y que responde a cualquier crítica legítima con un #notallmen te has equivocado de blog y deberías buscarte otro espacio en el que sentirte seguro.


Hace poco, hablando con mi amigaamada Eva*, comentamos nuestra sexualidad, cómo la vivimos y cómo influye en nuestro día a día. Entonces ambos fuimos conscientes de un detalle: sexualidad es una palabra de género femenino.

Cuando lo noté, me pareció que se trataba de algo natural, ya que desde siempre he creído (y, en mi experiencia, verificado) que la sexualidad de la mujer es más profunda, intensa y poderosa que la masculina. De ahí que no me resulte sorprendente que la propia palabra sea femenina

Antes de que se me echen al cuello los defensores de la mal llamada incorrección política**, diré que sí, existe la sexualidad masculina. No sólo eso: de hecho es la sexualidad omnipresente. La mayor parte de nuestro entorno sexual se centra en lo masculino y la satisfacción del deseo masculino en todos los ámbitos, desde el publicitario hasta el cultural pasando por el lingüístico (que sigamos diciendo que algo es la polla o cojonudo cuando es sobresaliente, y un coñazo cuando nos aburre, no es una casualidad)

¿Porqué digo que la sexualidad masculina es predominante? Pensemos, por ejemplo, en el porno. El volumen de escenas sexuales dedicadas a un público masculino, en el que todo, desde el vestuario hasta las prácticas van dirigidos a la satisfacción de los hombres, es abrumador. Por supuesto hay quien defiende que videos como los de la productora K, que suelen consistir en violaciones colectivas por parte de una turba de machotes sobre una mujer solitaria con todo tipo de elementos degradantes (violencia, dolor, lesiones en la piel, penetraciones forzadas, ataduras, eyaculaciones masivas en la boca...) son en realidad obras destinadas a un público femenino cuyas fantasías, oh casualidad, coinciden exactamente con la satisfacción de los deseos sexuales masculinos más extremos (y lo mismo sucede en la imaginería BDSM, cuyos defensores a ultranza insisten en lo revolucionario que es que la mujer ocupe siempre el rol sumiso, casualmente el que tradicionalmente se le ha asignado hasta apenas un suspiro).

Y sí, no dudo de que habrá alguna mujer que tenga esas fantasías (hay gente que colecciona sellos, de todo hay en la viña del señor) pero no me trago que ese sea el público al que van dirigidas esas producciones.

Incluso las escenas sexuales supuestamente lésbicas están orientadas, en un 90%, a un público masculino, y coinciden poco o nada con el verdadero sexo entre mujeres (no, lo de la tijereta no es tan divertido, sólo es algo para un momento puramente genital, y tampoco las lesbianas están deseando que entren algunos hombres para completar la fiesta, son así de sosainas, ya veis)

Uno podría verse tentado a creer que si la sexualidad masculina está presente en nuestras vidas de una forma tan abrumadora, será porque es mucho más intensa que la femenina, pero no es así. Sexualmente, los hombres heterosexuales son más burdos que un calcetín de esparto, su concepto del sexo es puramente coitocéntrico (lo que viene a ser, meterla) y su único objetivo es eyacular. Todo el proceso junto puede durar ¿cinco minutos? y fin

En ese mismo esquema la sexualidad femenina es puramente pasiva, la única fuente de placer es la penetración, y si hay alguna caricia, del tipo que sea, se la considera un preliminar, es decir, un simple aperitivo antes del plato fuerte, que es el envite viril del poderoso miembro masculino. Y, por supuesto, esa mujer esperará con éxtasis la eyaculación de su macho o machos.

No es algo de ahora. Este modelo de normatividad sexual nos viene dado desde el siglo XIX. En el imaginario social la mujer esperaba, sumisa y agradecida, a que su esposo reclamara sus derechos sobre su cuerpo. No se esperaba que ellas sintieran deseo sexual alguno, salvo que se tratara de mujeres públicas, es decir, prostitutas, actrices, cantantes, adúlteras, incluso miembros de la servidumbre***... a las que se señalaba como culpables de toda depravación. 

También en los años de la (en mi opinión) mal llamada Liberación Sexual, todo se enfocaba a la satisfacción del deseo masculino. La mujer liberada debía estar siempre disponible, so pena de ser tildada de reprimida. E incluso en los ambientes liberales de nuestros días**** sigue considerándose que una mujer debe orientar su sexualidad hacia lo que desean los hombres. No haciendo aquello que ellas desean, sino dando por hecho que lo que quieren sus compañeros es exactamente lo que ellas ansían. Incluyendo la violencia de la que hemos hablado. 

Yo no soy ningún campeón sexual, ni un rey de la promiscuidad (aunque a ojos de algunos podría parecerlo, vista la estrechez de sus mentes) pero he visto la sexualidad femenina real, cuando se expresa libre, con confianza y sin ataduras. Me he quedado maravillado ante ella, y me he sentido un privilegiado por ello.

Y ahora, parafraseando cierta película de culto, debería deciros que he visto cosas que no creeríais. He visto naves de asalto en llamas más allá de Orión. He sentido que una mujer que pesaba 15 o 20 kilos menos que yo me alzaba en vilo casi sin darse cuenta. Otra que me sacaba una cabeza me dio la vuelta y me dejó flipando con un simple movimiento de sus piernas (de verdad aún no sé cómo lo hizo). He notado bajo mis yemas estremecimientos que no tenían nada que envidiar al volcán de la Palma y me he bebido (y compartido) un torrente cálido de placer que parecía inagotable. También he vivido experiencias dulces y calmadas. O de lo más pedestre, ese polvo que como mucho es un por relajarnos, a ver si dormimos mejor. Y a veces nos ha salido de pena, que más que echar un polvo se nos ha caído, y nos hemos partido de risa juntos, sin malos rollos ni sentirnos culpables, porque a veces no era el momento, o simplemente esa persona y yo no tenemos esa química y no hemos insistido. Porque ni hay dos personas idénticas, ni dos momentos iguales, ni dos relaciones comparables. 

Y la he cagado muchas veces, pero he tenido la oportunidad de aprender y evitar cagarla de nuevo, al menos de la misma manera. Porque nadie está a salvo de cagarla, ni hombres ni mujeres.

Pero la cuestión, lo importante, es que YO NO SOY EL PROTAGONISTA, simplemente colaboro (porque ahí somos dos personas) a crear un espacio seguro en el que dejarnos llevar, sin preocuparnos de nada más que nosotros, sin comparaciones y sin más límites que los que nosotros mismos nos hemos impuesto. Límites que pueden ser muy amplios

Habrá quien exprese su deseo de forma más normativa (aborrezco la palabra vainilla, porque demasiada gente la usa de forma despectiva) y habrá quien deje salir fantasías y kinks inimaginables. La clave es que, sea cual sea el caso, esa persona se sienta libre de hacer lo que desea, sin sentirse presionada, juzgada o evaluada. 

La verdadera sexualidad femenina aflora cuando quitas las trabas y las imposiciones, y es maravillosa. No se parece una mierda a lo que se ve en el porno o se lee en esas publicaciones tan audaces que te explican como debe ser la mujer del siglo XXI. Y es mucho, mucho, mucho más variada, profunda, intensa que la masculina.

Ahora alguno me dirá ¿y no podría cambiarse eso? ¿No podríamos hacer la experiencia masculina más parecida a la femenina. Y la respuesta es SÍ, CLARO QUE SÍ. Sólo que ese SÍ tiene un enorrrrrrrrme PERO. Para vivir algo así, hay que dejar a un lado lo establecido, lo normativo, y eso implica renunciar al privilegio de ser la norma, aceptar todos nuestros matices y diferencias. TODOS. Y experimentar libremente y sin prejuicios.

Y mientras eso no sea algo general (y ya os digo que por mucho que intenten venderme esa libertad sexual tan del siglo XXI, yo sólo veo lo de siempre, maquillado) la palabra SEXUALIDAD, con mayúsculas, seguirá siendo femenina.

* Con su permiso, pronto os hablaré de ella

** Lo que ese tipo de personajes tan tan revolucionarios llama "incorrección política" coincide, oh casualidad, con lo que era el pensamiento dominante hace apenas un par de décadas, cuando todo se regía por la medida masculina y normativa y lo que no entrara en esa categoría era considerado inferior e incluso risible

*** Las mujeres del servicio, en España al menos, solían tener la obligación encubierta de servir de colchón al señorito, y en caso de que la cosa saliera a la luz, se las acusaba a ellas como responsables por su lascivia o bajeza moral

**** Lo que he visto del swinger me da ganas de rascarme como si tuviera sarna, el mundillo BDSM, salvo excepciones, rezuma machismo de una forma casi putrefacta y en el ambiente poliamor que frecuenté hasta 2018 pronto se pasó de una apariencia de apertura de mentes a la norma masculina*****, hasta que la burbuja saltó por los aires. Dado que estoy alejado del entorno desde entonces, es posible que las cosas sean ahora distintas, ojalá sea así.

*****Y, con lo fácil que es disfrutar del privilegio, yo mismo lo hice y actué como un machito invasivo y creído, hasta que me lo señalaron públicamente y me fui. 

lunes, 20 de diciembre de 2021

EPÍLOGO

Hace tiempo soñé contigo. Volvíamos a encontrarnos.

Me alegré de verte. Tú también. Nos sentamos y hablamos. Me sentí bien.

Me dijiste, podríamos volver a vernos. Podriamos tener algo.

Respondí, no. Gracias, pero no. Sigo amándote, pero ese momento quedó atrás. Seguí mi camino, seguiste el tuyo, ya no somos esas personas.

Sólo fue un sueño. Sé que nunca nos encontraremos, ni sonreirás si sucede, ni te sentarás conmigo.

Ni nunca hablaremos.

Pero al despertar, respiré aliviado. 

Me he perdonado.

Lo conseguí. He pasado página.



miércoles, 20 de octubre de 2021

INTENTANDO PENSAR

Por casualidad, por una desgraciada casualidad. lo que escribo hoy enlaza con lo que publiqué hace un par de semanas.

La tragedia que hemos vivido la pasada semana fue tan inesperada, y nos pareció tan... injusta, tan incongruente, que apenas tuvimos espacio para reaccionar. Ahora, unos días después, soy capaz de mirar hacia ese momento, entender alguna de mis reacciones y analizar su razón de ser.

Del momento de recibir la noticia, sólo soy capaz de recordar el mazazo, la incredulidad. La sensación de que tiene que ser un error, que no es posible. Que, por espantosa que sea esa esperanza, seguramente hay un equívoco en los nombres y no es ella sino su madre quien ha muerto.

Y el frío, helador, por todo mi cuerpo al comprender que no hay ningún error.

Tras ello, la inmediata necesidad de comunicárselo a las personas que deben saberlo, fuera de hermanos y hermanas. Y ahí es cuando puedo hacer mi primer análisis. De inmediato acuden tres nombres a mi mente. Una de ellas, Eva, está conmigo, las otras, Marisa y Diego, están lejos. Telefoneo, apenas soy capaz de hablar pero lo logro, y Marisa detiene mi primer impulso, que es correr, y me recuerda, no puedes hacer nada, permanece ahí con Eva, ella te cuidará. Y mientras me lo dice sé que Diego, nuestro hijo, la cuidará a ella, y ella a él. Y comprendo que estamos cuidados.

Me reúno con Eva, y en efecto, me cuida, y pese a lo inesperado de todo encuentra las palabras y la forma, y me envuelve. Protegido, puedo dejar que el dolor me inunde. Y respirar. Porque hasta ese momento no he sido consciente de que no estoy respirando, apenas estoy metiendo aire en mi cuerpo

A la mañana siguiente, pienso en los demás nombres, en vosotres, que debéis saberlo, y debéis saberlo de mí, no de otras voces. Y comprendo que sois pocas, muy pocas personas. Nuestra familia, por supuesto, y ocho nombres más. 

Sólo ocho nombres.

Hace años yo no era capaz de establecer un límite, y mi energía se dispersaba en personas que, en realidad, no importaban. Pero ahora miro a esa mañana y sólo hay ocho nombres fuera de la red (y no están fuera, varias de esas personas son tangencias)

Sumando toda la red con esas personas, no llegan a dos docenas. Son los nombres que de verdad cuentan. Los únicas en quienes pensé en ese momento. Parece que, como diría mi otra pareja, por fin he aprendido a distinguir entre lo urgente y lo importante. Que lo que escribí en mi anterior entrada no fue una parrafada vacía. Es real y tiene consecuencias reales.

En una emergencia, sólo vosotres. Fin del análisis.

Pero hay otro análisis, y ese sólo empieza a brotar al regresar, unos días después, hablando juntos en el coche. Cuando comento que lo sucedido es, de alguna forma, antinatural. Que las madres no deberían enterrar a los hijos. Y ella me dice, no, en realidad eso es lo natural, lo antinatural somos nosotros.

Y es verdad. Una verdad que no queremos mirar, pero que está ahí. La muerte no se ajusta a nuestras expectativas. Simplemente sucede. La gente muere, sin importar su edad, su condición o sus sueños. 

Nos parece aberrante que un niño muera, porque hemos aprendido a proteger a los niños de las amenazas más inmediatas. Pero hace menos de 100 años los niños morían por cien causas y se convivía con esa posibilidad. Los cementerios antiguos están llenos de tumbas de niños. Los ataúdes pequeñitos eran habituales.

La muerte de mi padre me devastó porque sentí que mi padre murió joven, pero apenas una generación atrás, llegar a los 60 y tantos en sus condiciones hubiera sido casi un milagro.

Creemos que las cosas así ya no suceden, porque ya no las vemos a diario. Y nos engañamos. Hasta que llega el golpe y nos coge por sorpresa. Y nos forzamos a recordar que somos frágiles, que puede sucedernos a cualquiera, en cualquier momento, en cualquier situación. Nuestro hijo sintió dolor, sí, al conocer la noticia, pero además sintió miedo, al comprender que eso mismo podría sucederme a mí, o a su madre. 

Y yo sumo mi propio miedo: podría sucederle a él. 

Por supuesto que hay circunstancias agravantes. La pobreza, la enfermedad, la inestabilidad... todo eso abre caminos a la muerte, pero la persona más rica, más saludable y más protegida del planeta puede atragantarse con un hueso de albaricoque y morir antes de llegar a pedir auxilio. Puede resbalar en la escalera y matarse al golpear el suelo unos segundos después. Puede desplomarse, y estar muerta antes de tocar el suelo.

No hay nada antinatural en la muerte. Simplemente sucede. Y al fingir que no es así no nos hemos hecho ningún regalo. Al creernos inmortales no vemos qué merece la pena de verdad y qué no la merece, porque pensamos que siempre habrá tiempo para todo. Que no hay diferencias entre lo urgente y lo importante.

No vemos quién importa y quién no importa. 

En mi caso, apenas dos docenas de personas

La próxima vez que nos veamos, os pediré permiso para abrazaros, y, si no os incomoda, os recordaré lo importantes que sois para mí.

Porque podría suceder. La muerte sucede. Y no quisiera que mañana os llegara esa noticia sin haberos dicho, mirándoos a los ojos...

... que os amo